Gustavo Petro se ha jugado la vida su libertad, su prestigio y su capital político, luchando por los derechos de los pobres, él no nos necesita, no podemos pagarle con indiferencia e ingratitud.
Al comienzo me estaba invadiendo el pesimismo, la
angustia y hasta la rabia de ver esta patria llena de ingratos y desagradecidos.
No estaba solo en esta ráfaga de incertidumbre, cuando leí la nota del
periodista Iván Gallo, agobiado al ver que después de tanta lucha y pedagogía,
su familia había apoyado el fascismo.
Esa nota me dio impulso a redoblar esfuerzos para
avanzar hacia la segunda vuelta presidencial con mayor ímpetu, la derrota no
está en nuestra agenda, el propio Gustavo Petro nos dice cada día que la tarea
no es, ni será fácil, nos advirtió que al esclavo le es difícil desprenderse de
las cadenas, él como humanista y Jefe de Estado entiende esto muy bien, para nosotros
los de la base social es más difícil comprender.
Uno esperaría que esos ejércitos de la sociedad
civil que se han beneficiado con salud, tierra, educación gratuita, los viejos
recibiendo sus apoyos para afrontar la crítica
situación en que viven, los familiares de las fuerzas Armadas a quienes
le mejoró sustancialmente su condiciones laborales, al menos les quitó era horrible
mancha de enviarlos al asesinato de civiles inocentes para mostrar resultados
contra el delito, que todos en un solo bloque nos hubiésemos multiplicado para
apoyar en masa a Iván Cepeda y darle continuidad a todos estos procesos, hoy amenazados sin tapujos por el fascismo, pero no fue así.
Daba grima ver esos corrillos de pobres,
desarrapados en desbandada apoyando al verdugo, nunca había visto tan de cerca
el síndrome de Estocolmo, los esclavos aún bajo el estridente ruido de sus
cadenas, del despojo y de la muerte como en el viejo circo romano diciendo: “César,
los que vamos a morir te aplaudimos”
Resulta insólito, inaudito que el candidato del fascismo,
anuncia sin ruburizarse las políticas que implantaría en su eventual gobierno y
esto no enciende las alarmas entre la llamada sociedad civil.
De los degradados partidos políticos nada podemos
esperar, el candidato del fascismo los ha tratado de lo peor, igual que lo hizo
hace cuatro años el ingeniero Hernández, les dice corruptos y ladrones en la
cara y ellos de rodillas implorando que los reciba en sus toldas, en busca de
migajas de la contratación y los demás negocios del Estado que es de lo que han
vivido toda la vida.
Los liberales de verdad hace rato tomaron partido
con Cepeda por las causas sociales que son justamente liberales, unos cuantos,
encabezados por la Familia Gaviria, insisten en que son más importantes los
negocios personales, aún estando forrados en oro como lo están, que llevarle
salud, educación y vivienda a los pobres.
Es cierto que medio país sueña con que un monstruo los
gobierne, que construya cárceles, amenace con destripar a los que piensan
diferente a él, que amenace con destruir la multilateralidad, la ONU y la OEA y
que le ofrezca bala a todo el que discrepe de su autoritarismo, pero hay otro
medio país que le apuesta a la vida.
Yo le apuesto al amor, a la vida, cuando escribía
estas notas salía la noticia del primer bebé que nacía en un buque hospital en
el abandonado y discriminando Pacífico, un niño indígena veía la luz del día en
un hospital flotante dotado de las más modernas condiciones, equipos y personal
profesional para llevar salud a los de abajo, a los de la Colombia profunda
como dice Petro.
En vez de cárceles Cepeda ofrece universidad, en
vez de bala, educación, empleo, oportunidades, en vez de destripar, al
contrario, diálogo, concertación y si es posible construir un gran acuerdo
nacional para conducir al país por las sendas de la civilización. En vez de explotar
animales con pólvora en medio de los ritos más macabros de la diversión cavernícola,
Cepeda ofrece amor por los animales, respeto por la vida. Las diferencias son
abismales.
En estos días finales hacia la segunda vuelta,
Cepeda ha dirigido su mirada y su estrategia hacia la juventud, un gran
acierto, esa masa pensante se hará sentir en las urnas este 21 de junio para defender la vida, los animales, la educación, la convivencia, el respeto
por la diferencia. Ellos harán la diferencia no tengo, la menor duda.
Un amplio bloque de votos progresistas de seguidores
de Sergio Fajardo, Oviedo y Claudia López indudablemente irán a la campaña de Cepeda,
sin tanta ceremonia y amagues, no caben en el proyecto fascista, no son
borregos de sus líderes. A esta hora del partido sus líderes se pueden ir a ver
ballenas ya mostraron lo timoratos que son, sus bases en su mayoría son personas
que conocen la política nacional, saben lo que le espera al país, si llegamos a
tener la desgracia de cambiar a Uribe por un fascista demagogo, mucho más peligroso.
A quienes creen que estamos apoyando a Petro, tengo que decirles que él no nos necesita, ya le cumplió al país, saldrá pensionado con muchos privilegios, somos nosotros los que necesitamos la continuidad del cambio.
Puerto Triunfo Antioquia/junio-2026.
