Solamente el resistir con estoicismo el embate diario de una extrema derecha enardecida, con sus medios de desinformación como parlante, hacen de este dirigente un hombre grande, insuperable.
Gustavo Petro inició sus luchas sociales siendo casi un niño, pudo haber elegido el camino fácil, de un burócrata arropado por algunos privilegios del establecimiento, pero no, escogió el más difícil, de hecho, siempre le ha correspondido caminar sobre el filo de la navaja, con la muerte, la persecución, la calumnia, la infamia y hasta el exilio sobre sus hombros.
Siendo
un muchacho inquieto, estudioso, comprendió que las armas serían el camino para
acelerar las transformaciones que soñaba para
su patria y como tantos otros intelectuales de la época ingresó al
Movimiento 19 de Abril(M-19), pero muy pronto comprendió que el camino de las
armas tampoco era el correcto como lo asimilaron otros grandes revolucionarios
de ese entonces, los hermanos Oscar William Calvo y Ernesto Rojas, además de varios de sus copartidarios
en las filas del M, como el mismo Jaime Bateman Cayón, Antonio Navarro, Otty Patiño
o Vera Graves entre otros.
Después
de firmar el acuerdo de paz, de tiempos de prisión y tortura, de soñar con una
nueva Carta Política que rigiera el destino de los colombianos, se fue
insertando en la vida institucional desde el fogoso campo de la política donde
deslumbró como brillante y valiente parlamentario; sus denuncias del saqueo
nacional y el escándalo de paramilitarismo y la forma como había cooptado el
Estado aún resuenan en el colectivo de la sociedad.
Su
visión progresista lo llevaría a confrontar en la plaza pública a una extrema
derecha cruel y despiadada, capaz de hacer uso de los más ruines métodos para atornillarse
al poder, para no soltar sus privilegios acumulados en 200 años esquilmando del
poder.
Su
discurso claro y lleno de esperanza lo llevaría al poder, un poder limitado
porque las viejas castas, los clanes tradicionales del Frente Nacional
disfrazados con diferentes ropajes, hasta camuflados de progresistas se hicieron
a la mayoría del Congreso y allí se atrincheraron para impedir que desarrollara
su programa de gobierno, al lado de una macabra alianza, medios de comunicación
y altas cortes. El trío perfecto para poner el palo en la rueda.
Esos
mismos dueños del poder con sus tradicionales medios de manipulación
informativa se dedicaron a distorsionar la realidad del gobierno, a minimizar
los grandes logros en reforma agraria, incautación de drogas, avances en salud,
la inclusión, el crecimiento económico, el control de la inflación, la caída
del desempleo, el aumento del turismo, de la inversión extranjera y a maximizar
escándalos y hechos triviales.
Paralelo
a esto comenzaron un lobby con sus pares de la extrema derecha norteamericana
en busca de tumbar al presidente mediante un frentero golpe de Estado, han sido
recurrentes los viajes a Estados Unidos de parlamentarios colombianos y
candidatos presidenciales buscando la descertificación al gobierno en su lucha
contra el narcotráfico pese al récord de incautaciones de droga.
Como si algo faltara, la inteligencia colombiana ha documentado 32 intentos de asesinato al presidente Petro, incluyendo lanzamiento de misiles al avión presidencial. Han combinado todas las formas de lucha para acabar con el presidente y su gobierno, por desprestigiarlo usando unos medios de desinformación que sin reato alguno mienten y manipulan las 24 horas del día. Toda esta narrativa hace más grande a Petro.
No
descarto que ahora entre los múltiples enemigos ganados por el Presidente Petro,
se sume el Mossad, máquina internacional de muerte israelí que va por el mundo
asesinando impunemente a quienes enfrenten al estado genocida y no es paranoia
como decían con el golpe de estado, hasta que la prensa española los puso en la
picota pública.
Petro
nos dio cátedra de dignidad y soberanía, expresiones de las que la extrema
derecha no tiene ni idea de su significado y alcances, enfrentó al imperio más
poderoso del mundo y lo forzó para que los nacionales deportados llegaran a su
patria como seres humanos, no como perros rabiosos amarrados a un avión después
de años de producir riqueza en dicho imperio. 3.000 colombianos han retornado
como personas sujetas de derechos.
También reconstruyó la diplomacia internacional y la puso al servicio del país, ya las embajadas no son escampaderos y centros vacacionales de políticos mafiosos para hacer negocios personales y ciertos grupos privilegiados.
Aún con sus muchas equivocaciones y traiciones de su entorno cercano, Gustavo Petro ya escribió el capítulo más grande de nuestra historia republicana, ya hizo la tarea subiendo uno a uno los escaños del poder sin que le regalaran nada por apellidos, alcurnias, linajes o herencias del contaminado poder, trazó una ruta que ya les corresponderá a sus herederos, a sus seguidores seguirla, terminar de consolidarla o rifarla y venderla al mejor postor como Lenin Moreno en Ecuador.
Con
Petro a la cabeza o desde la orilla como guía, incluso sin Petro, el progresismo
tiene ahora un camino para seguir las transformaciones del país, rescatar las
que le negaron al actual gobierno y seguir arrebatándole pedazos de poder a
estas familias y gremios hegemónicos que se autoproclamaron dueños de
Colombia con todo incluido, dueños del
Congreso, del presupuesto nacional, dueños de las embajadas, de la contratación
pública, dueños de la tierra productiva, dueños de los obreros, a quienes la “indiamenta”
(como nos llaman a los de abajo) le repugna y no es buena sino para producir
riqueza como esclavos. Petro nos demostró que indios, negros y mestizos somos
los mismos y en igualdad de derechos, nos reivindicó a todos.
El
progresismo tiene una enorme responsabilidad, dar continuidad a las luchas de
Petro, sin caudillismos, pero con unidad, romper con los egos personales y las
luchas internas por pedazos de poder. Incluso la propia familia de Petro nunca
pudo entender el momento histórico que vivimos.
Al
día de hoy el progresismo se perfila para quedarse en el poder, la extrema
derecha está desesperada, desorientada, aferrada al insulto y la descalificación,
no se ponen de acuerdo sino en eso, no cautivan a nadie, no proponen, su base es
una recua de twitteros desenfrenados vilipendiando y calumniando al Presidente
Petro y su equipo gobierno.
A
Petro lo hacen grande los virulentos ataques a diario, las traiciones de sus
colaboradores a quienes les tendió la mano y lo mordieron, se equivocó al creer
que compartiendo el poder con parte de esas élites reflexionarían y ayudarían a
empujar el barco, pero se dedicaron hacer negocios y a confabular en su contra.
Conspiración pura y desde adentro.
La alianza de poderosos gremios con sus medios de desinformación, el valor para encarar el estado genocida de Israel, hicieron a Petro el Grande, lo situaron en el pedestal más alto de la historia contemporánea de América Latina, no lograron vencerlo, no lo derrotaron.
Urabá, julio de 2025.