Jesús María Tovar fue un visionario con unos planteamientos adelantados que no fuimos capaces de entender ni asimilar en su momento. Paz en en su tumba.
La semana que concluye fuimos informados sobre la infausta noticia del fallecimiento del psicólogo social y académico Jesús María Tovar Tafur en su Huila natal, después de soportar con valor y estoicismo una despiadada enfermedad. Murió en paz, al lado de sus seres queridos.
Quienes fuimos sus amigos siempre lo llamamos Chucho, un hombre pragmático, teórico y visionario, siempre pensaba en grande, miraba más allá de la frontera, un excelente contertulio durante las largas tertulias que sostuvimos al lado de su hermano del alma, Félix Amín y del arquitecto, Guillermo Peña, amigo de muchas décadas.
Los diálogos en Urabá al calor de una copa o de interminables tintos fueron de antología, de fino humor y dueño de refinados modales, de impecable presentación personal. Ese fue el Chucho con quien compartí por muchos años. Hombre leal y solidario como su hermano Félíx. Les viene de familia.
Chucho fue un animador de nuestro periódico el Pregonero del Darién, lo soñaba con una imprenta diversificando sus productos, daba ideas, proponía, seguía sus pasos con ojo crítico, pero siempre orientador.
Recuerdo con nitidez las discusiones sobre la inutilidad de las ideologías, las detestaba con amplia argumentación, yo veía utópico su discurso, no imposible, dije que Colombia no estaba preparada para un giro de esa naturaleza y le pronostiqué medio siglo más del cáncer del bipartidismo, aunque hoy parece menos.
Chucho tenía razón, las ideologías las construyeron para dividirnos y sus protagonistas sacar la mejor tajada. En China las ideologías valen un comino, a la gran mayoría del pueblo le importa un bledo quien gobierna, mientras haya desarrollo, vivienda, salud, educación y un plato en la mesa, siempre en colectivo.
En Colombia nos rasgamos las vestiduras y nos seguimos matando por colores inanes, mientras una docena de familias usufructúan el Estado en todo su conjunto. Se reparten el botín como corsarios en alta mar.
Chucho llegó a Urabá atraído por su hermano Fèlix con el propósito de ayudar en la organización del gremio platanicultor, los quería ver exportando, capacitados, haciendo parte de un poderoso bloque de decisión dentro del sector agrario del país y no convidados de piedra, arrinconados por el poder económico del más fuerte.
Participó activamente en la organización de juntas municipales y comités en Córdoba, Antioquia y Chocó, diseñó procesos de capacitación, de educación, como Harold Printer entendía la educación como una inigualable herramienta de poder.
Con él tuve la oportunidad de recorrer amplias zonas de Urabá, Chocó y Córdoba, acompañando como periodista estos proyectos, en asocio con el Ministerio de Agricultura, llevaron empacadoras, cables y canales a los pequeños productores de plátano, los motivaba sobre la importancia de fortalecer una organización seria, responsable, con vocería ante poder central y regional.
Lamentablemente sus prédicas no cayeron en tierra abonada, con muy pocas excepciones, muchos de los beneficiados terminaron convirtiendo las empacadoras en gallineros y hubo hasta quienes vendían los cables.
Esta fue una gran decepción para Chucho, hoy los platanicultores siguen divididos por mezquinos intereses personales, estancados, sin vocería seria, algunos gobiernos les arrojan migajas del presupuesto para evitar revueltas sociales, mientras que a su lado el sector bananero, boyante en la producción y comercialización, se codea con el alto gobierno fortaleciendo sus privilegios.
La última cita con Chucho no se dio, la muerte lo impidió, hace escasos tres meses me había invitado con insistencia para que viajara al Huila a conocer la amplia riqueza cafetera, especialmente la producción orgánica que pulula por allá, entre otros lugares emblemáticos de la tierra opita, sobre los cuales se podía escribir unas bellas Crónicas del Camino.
Descansa en paz viejo amigo y resignación a quienes le sobreviven, en especial para Félix Amín, de quien fue su padre, su hermano, su amigo y su cómplice. Doy fe de la estrecha relación entre estos dos hermanos y del vacío que ha dejado Chucho entre sus allegados y amigos. A Félix no me atreví ni a llamar respetando su dolor y privacidad, además no encontré palabras para referirme a tan trágico acontecimiento.
Quienes fuimos sus amigos siempre lo llamamos Chucho, un hombre pragmático, teórico y visionario, siempre pensaba en grande, miraba más allá de la frontera, un excelente contertulio durante las largas tertulias que sostuvimos al lado de su hermano del alma, Félix Amín y del arquitecto, Guillermo Peña, amigo de muchas décadas.
Los diálogos en Urabá al calor de una copa o de interminables tintos fueron de antología, de fino humor y dueño de refinados modales, de impecable presentación personal. Ese fue el Chucho con quien compartí por muchos años. Hombre leal y solidario como su hermano Félíx. Les viene de familia.
Chucho fue un animador de nuestro periódico el Pregonero del Darién, lo soñaba con una imprenta diversificando sus productos, daba ideas, proponía, seguía sus pasos con ojo crítico, pero siempre orientador.
Recuerdo con nitidez las discusiones sobre la inutilidad de las ideologías, las detestaba con amplia argumentación, yo veía utópico su discurso, no imposible, dije que Colombia no estaba preparada para un giro de esa naturaleza y le pronostiqué medio siglo más del cáncer del bipartidismo, aunque hoy parece menos.
Chucho tenía razón, las ideologías las construyeron para dividirnos y sus protagonistas sacar la mejor tajada. En China las ideologías valen un comino, a la gran mayoría del pueblo le importa un bledo quien gobierna, mientras haya desarrollo, vivienda, salud, educación y un plato en la mesa, siempre en colectivo.
En Colombia nos rasgamos las vestiduras y nos seguimos matando por colores inanes, mientras una docena de familias usufructúan el Estado en todo su conjunto. Se reparten el botín como corsarios en alta mar.
Chucho llegó a Urabá atraído por su hermano Fèlix con el propósito de ayudar en la organización del gremio platanicultor, los quería ver exportando, capacitados, haciendo parte de un poderoso bloque de decisión dentro del sector agrario del país y no convidados de piedra, arrinconados por el poder económico del más fuerte.
Participó activamente en la organización de juntas municipales y comités en Córdoba, Antioquia y Chocó, diseñó procesos de capacitación, de educación, como Harold Printer entendía la educación como una inigualable herramienta de poder.
Con él tuve la oportunidad de recorrer amplias zonas de Urabá, Chocó y Córdoba, acompañando como periodista estos proyectos, en asocio con el Ministerio de Agricultura, llevaron empacadoras, cables y canales a los pequeños productores de plátano, los motivaba sobre la importancia de fortalecer una organización seria, responsable, con vocería ante poder central y regional.
Lamentablemente sus prédicas no cayeron en tierra abonada, con muy pocas excepciones, muchos de los beneficiados terminaron convirtiendo las empacadoras en gallineros y hubo hasta quienes vendían los cables.
Esta fue una gran decepción para Chucho, hoy los platanicultores siguen divididos por mezquinos intereses personales, estancados, sin vocería seria, algunos gobiernos les arrojan migajas del presupuesto para evitar revueltas sociales, mientras que a su lado el sector bananero, boyante en la producción y comercialización, se codea con el alto gobierno fortaleciendo sus privilegios.
La última cita con Chucho no se dio, la muerte lo impidió, hace escasos tres meses me había invitado con insistencia para que viajara al Huila a conocer la amplia riqueza cafetera, especialmente la producción orgánica que pulula por allá, entre otros lugares emblemáticos de la tierra opita, sobre los cuales se podía escribir unas bellas Crónicas del Camino.
Descansa en paz viejo amigo y resignación a quienes le sobreviven, en especial para Félix Amín, de quien fue su padre, su hermano, su amigo y su cómplice. Doy fe de la estrecha relación entre estos dos hermanos y del vacío que ha dejado Chucho entre sus allegados y amigos. A Félix no me atreví ni a llamar respetando su dolor y privacidad, además no encontré palabras para referirme a tan trágico acontecimiento.
Urabá-noviembre 30/2025.
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| Chucho, a la izquierda con su hermano Fèlix, haciando trabajo de campo en Córdoba |

