jueves, 26 de junio de 2025

Empresarios de bien…bien ladrones

Sin duda que somos un país de tramposos, mirando como hacemos el quite a la ley, como echamos ventaja en lo que podamos. Respetando claro está las excepciones de la gente buena.

Por arte magia o de mafia, es igual, fueron desapareciendo las Oficinas de Precios, Pesas y Medidas que operaban desde las secretarías de gobierno municipal y se fue dando vía libre a que empresarios y comerciantes actuaran a su libre albedrío, robando todos por igual, enriqueciéndose de manera ilícita, atracando de frente al consumidor final.

Los controles fueron delegados a unas superintendencias inoperantes, corruptas y politizadas al servicio del mejor postor, pero el ciudadano de a pie sigue desprotegido, por propaganda engañosa que exista públicamente para evitar estos abusos.

Hace una semana el analista político y médico, Luis Alfonso Ossa Betacurt ponía el grito en el cielo ante lo irrisoria multa impuesta por la Superintendencia de Industria y Comercio a la empresa Postobón, tras comprobarse que estaba robando a sus consumidores, empacando menos gaseosa que la que cobraba, así de simple y sencillo.0,46 mililitros es el faltante por botella auditada. 134 miserables millones de pesos fue la sanción.

Postobón lleva cien años embotellando gaseosas, ya ha sido sancionada en otras ocasiones por la SIC, y como si alfo faltara estuvo salpicada por apoyar grupos paramilitares, denuncias que logró evadir, aduciendo que quienes pagaban eran sus contratistas.

Igual ha venido ocurriendo con algunas empresas de telefonía, a cada momento se anuncia con bombos y platillos las sanciones de las que son objeto por abusar de sus clientes, pero con lo que se roban pagan las sanciones y quedan excedentes. No se dan ni por enterados.

Bien dice el médico Ossa que estos hechos ratifican que en Colombia robar si paga, no se sabe que produce más indignación, si el comportamiento de empresas de estos niveles o la burlesca multa que les impone la SIC.

¿Podemos estar seguros los consumidores si cuando compramos una libra de arroz o de carne, en realidad estamos recibiendo 500 gramos del producto?

¿En la estación de gasolina nos suministran un galón de gasolina?

Esto para citar solamente dos elementales ejemplos, además, ¿las básculas de graneros, supermercados y los medidores de las gasolineras funcionan con la voluntad de Dios o sobreviven algunos controles por parte de las autoridades?

El colombiano se precia de ser muy avispado, hábil para conseguir plata, pero que la consiga trabajando como la mayoría, no metiéndole la mano al bolsillo de los consumidores.

Una empresa que embotella gaseosas, licores, aceites, que empaca granos al por mayor, en altos volúmenes, con unos pocos gramos o centímetros cúbicos que se robe, frente a lo ofertado en la etiqueta, claro que irá acumulando millones de pesos como producto del abuso directo y sin control alguno al consumidor final.

Ni qué hablar de las leches que se expenden en reconocidos supermercados de cadena que finalmente no es leche sino lactosueros, o de los pescados enlatados que registran contenidos de mercurio por encima de los tolerados por el sistema de salud y otros controles.

Pero si una empresa como Postobón con el monopolio que tiene en el país, con la rentabilidad en su negocio se atreve a violar las leyes del mercado, que podemos esperar de otras tantas que prácticamente pasan de agache en el convulsionando mundo de la oferta y la demanda.

Entonces no puede quedar la menor duda que cuando no nos están metiendo la mano al bolsillo, nos están matando con la pésima calidad de los productores que consumimos.

Hace unos años una empresa atunera que exporta a Francia, despachaba desde Colombia lotes de sus productos bajo el rigor y los estándares de Mercurio tolerantes a la salud de los consumidores europeos y paradójicamente los lotes enviados al consumo nacional eran todo lo contrario el Mercucio sobrepasaba dichos topes, lo que significa que allá hay controles y nos joden, pero en Colombia que se los lleve el carajo, a nadie le importa, nadie se fija en esas pendejada.

Urabá, junio de 2025.