Sin importar credos religiosos, esta semana debe servir para la reflexión y para fijar la mirada y el corazón, frente a tantas rectificaciones que debemos hacer de nuestra existencia.
Por: Wilmar Jaramillo Velásquez/Columnista/ El Pregonero del Darién.
El mundo
católico conmemora esta semana, la llamada Semana de Pasión, el calvario
vivido, según ellos, por Jesús, que finalmente lo llevó a la muerte.
Independiente
del credo religioso que la persona practique, en un mundo cada vez más arrasado
por el materialismo, la comercialización hasta de la fe, por medio de cual han
creado verdaderos imperios económicos.
En un mundo
cada vez más complejo y difícil de habitar, bajo una desigualdad social
aterradora, donde el mal pareciera haber derrotado el bien, como la corrupción,
ganó la batalla a los colombianos.
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| Wilmar Jaramillo Velásquez. |
No
olvidemos que hay ateos mucho mejor cristianos que aquellos que no salen de la
iglesia, dando ofrendas con su dinero sucio.
Si la
Semana Santa no nos sirve como bálsamo y reflexión, de rectificación a los
caminos desviados que hayamos tomado en nuestras vidas, se habrán perdido dos
mil años de enseñanzas.
Esta semana
se debe dicar a alimentar el alma, a abrir el corazón, a descifrar esa
significativa palabra de paz, pero hay algo más importante, al perdón, muchos
no saben ni entienden el universo de esta expresión, a la vista tan elemental y
sencilla. Perdonar es difícil, pero quien lo experimenta conoce su verdadero
poder, como puede llegar a aliviar más al que perdona que al perdonado. Es una
sensación indescriptible.
La paz en
Colombia no ha funcionado, simplemente ante la incapacidad de la inmensa
mayoría de perdonar, de preferir hundirse día a día en el lodazal del dio, de
trasmitirlo de generación en generación, de partido político en partido
político, entre rojos y azules y estos a los otros por ser comunistas y así
sucedidamente, pero sí muy orondos, cínicos y perversos, en las iglesias
pontificando de ser muy cristianos. Tal vez muy sepulcros blanqueados.
Así, que
desde el sitio donde se encuentren, en los ríos, en el mar, en las casas de campo,
simplemente al calor del hogar, dedicar estos espacios, para meditar, para
alimentar el alma, porque muy seguramente el estómago estará lleno.
Tenemos que
aprender a conocer, a disfrutar las riquezas, las bondades del corazón, del
alma, de la paz, del perdón, de la solidaridad, de ese compartir con aquellos
que menos tienen. Todo eso, sin importar si eres cristiano, ateo o evangélico,
se revierte en serenidad y gozo para el espíritu.
Tenemos que
aprender a disfrutar ese dios de Espinoza, desde la luz del día, de las flores,
las corrientes de agua y la naturaleza en todo su esplendor. Ese en un cielo
tangible, que está ahí a su lado, con solo abrir los ojos cuando amanece el
nuevo día. Claro que también puede escoger vivir en ese infierno de Dante, también
está lo mismo de cerca, la decisión es suya.


