miércoles, 24 de noviembre de 2021

Dignificar la vida a través de mejoramientos de vivienda

Una contribución más al desarrollo para la paz que, junto con otras, realiza la Fundación Forjando Futuros en Colombia.

La rutina de uso del baño para muchos se realiza con normalidad, pero, para otros, como es el caso de Jean Carlos, quien tiene una discapacidad física y cognitiva, es un reto diario. “Casi no era capaz de ir al baño, muy difícil. Ahora es más cómodo, puedo entrar solo para todas las necesidades … y utilizar la ducha sin que mi abuela me ayude”.



                              Los sitios intervenidos

La Fundación Forjando Futuros y Asamblea de Cooperación por la Paz en el marco del proyecto “Mejoramientos sin barreras” acaba de entregar a la familia Amaya Negrete, de la cual hace parte Jean Carlos, uno de los dos mejoramientos de vivienda realizados en el barrio Obrero del municipio de Apartadó, Antioquia, gracias al financiamiento del Ayuntamiento de Cádiz, España.

Esta intervención comenzó con una visita oficial por parte del equipo técnico de la Fundación donde a partir de un primer encuentro se pudieron evidenciar y priorizar las necesidades de la familia, luego, el arquitecto realizó el diseño y lo socializó con el núcleo familiar por quien fue aprobado para comenzar las obras definidas.



                             Luego de nuestra intervención

En conversación con la señora Astrid Negrete, abuela de Jean Carlos, expresó que “ahora es un cambio muy grande, ya el baño está cerrado porque antes era un patio, hay más privacidad para todos los que entran. Ahora quedó muy elegante, muy bonito, el niño está muy amañado con su baño, coge su ducha y empieza eche y eche agua”.

Para este mejoramiento en particular se construyó un baño con las especificaciones técnicas necesarias, se niveló el piso de la cocina y se levantó una pared de la habitación, con el objetivo de quitar las barreras de acceso y de esta manera garantizar el derecho a la vivienda digna para Jean Carlos, quien, como otras personas con diversidad funcional, vive complejas situaciones aún en su propia vivienda.

Astrid deja ver su agradecimiento por la realización de esta intervención en su vivienda y dice que “todo quedó muy bien, cuando esperaba todo esto, por eso le doy gracias a Dios… primero a Dios y a la Fundación Forjando Futuros, la Asamblea de Cooperación por la Paz y el Ayuntamiento de Cádiz, quienes me han cambiado mucho mi casita, estoy muy agradecida”.

Ahora esta familia cuenta con un piso nivelado y un nuevo baño que facilita la vida de Jean Carlos, quien luego de este mejoramiento puede desarrollar su vida dentro de la vivienda de forma más independiente. Una contribución más al desarrollo para la paz que, junto con otras, realiza la Fundación Forjando Futuros en Colombia.


                                Socializando con los beneficiarios

 

 

 

viernes, 19 de noviembre de 2021

La idea que puso a volar el agua en San José La Cima II

Más de 150 familias del barrio San José La Cima II, en Medellín, disfrutan hoy el segundo acueducto aéreo instalado en Colombia. Aquí, la historia de una solución innovadora.

En 55 años de vida en el barrio, Mónica García había logrado con sus vecinos muchos hitos en trabajo comunitario, pero nunca pensó ver agua potable correr por el aire. El lote pelado con unas cuantas casitas al que llegó con su gente a finales de los años 60 es hoy el sector donde funciona el piloto del primer acueducto aéreo del Valle de Aburra.

(Foto/EPM)

Se llama San José La Cima II, pertenece a la comuna 3 (Manrique), y queda en el filo donde termina Medellín y sigue la parte alta de la montaña. Hasta junio de este año usaron agua no potable que recolectaban de un acueducto comunitario:

“El acueducto ha cambiado la vida de la gente porque antes llegaba el agua muy sucia y pocas horas al día. La comunidad se quejaba mucho y constantemente había gente que se enfermaba del estómago o le daba sarpullidos”, cuenta García, presidenta de la Junta de Acción Comunal y quien habita una de las 150 viviendas beneficiadas.

A diferencia del resto de las redes que transportan el agua potable en la ciudad, que van por debajo de la tierra, en ese pequeño y escarpado sector del nororiente de Medellín las tuberías vuelan. A lo largo de 400 metros una serie de postes nuevos, que se instalaron para el proyecto, sostiene el tubo negro de dos pulgadas que se levanta para transportar el agua.

“Es un acueducto convencional, pero colgado de un poste. Fue la solución que encontramos para suplir la necesidad porque el sector tenía limitaciones geográficas, geotécnicas, topográficas y sociales. ¿Por qué más postes? pegarlo a los que sostienen las redes de energía —y de tv y telefonía— no era opción porque esos ya estaban muy cargados”, cuenta Juan Camilo Hurtado, profesional de Planeación de Aguas EPM y mentor del proyecto.

Dibujar un sueño

El boceto de la primera red aérea de acueducto y alcantarillado de Colombia, y quizás una de los únicas en el mundo, nació en una servilleta. El ingeniero Hurtado la rayó hace ya una década cuando se planteó una solución para llevar servicios públicos a una zona de Quibdó, donde todo eran palafitos, en la quebrada La Yesca. La idea estaba cruda y no cuajó: faltaba que le pusieran los pies en la tierra.

(Foto/EPM)

Años después, el borrador del acueducto aéreo volvió a salir a flote cuando se necesitaba una solución para llevar agua potable a tres barrios de Turbo, El Pescador 1, El Pescador 2 y El Progreso, que estaban construidos sobre una zona de manglar que hacía el terreno inestable e inviable para las redes tradicionales.

Así nació el proyecto en Urabá, con más de seis kilómetros de extensión, que se inauguró en 2019 luego de muchos aprendizajes. Esa iniciativa ya ha ganado varios premios internacionales por ser una solución sui géneris en servicios públicos domiciliarios.

Ahora el reto de EPM, y la esperanza de los habitantes en San José La Cima II, será romper otro paradigma: instalar en ese sector de la nororiental una red de alcantarillado elevado usando parte de la infraestructura disponible del acueducto. Un nuevo sueño que ya tiene bocetos y que hace parte del programa Conexiones por la vida.

 

 

domingo, 14 de noviembre de 2021

Marta Quiñonez frente al espejo

La poetisa Marta Quiñonez se presenta tal como es, real, rebelde, frentera, libre y franca, en amplio diálogo con El Pregonero del Darién, se trata de la escritora más prolífera y conocida de Urabá fuera de la región.

Por: Wilmar Jaramillo Velásquez/El Pregonero del Darién

Fotos: Jesús Cataño/especiales para El Pregonero del Darién

Marta en su biblioteca

El diálogo con Marta Quiñonez, la poetisa rebelde se inició un sábado de noviembre en el viejo y firme corazón del viejo Medellín, en la Bastilla, yo caminaba por un mercado de San Alejo montado en el Parque de Bolívar con el artista plástico Jesús Cataño, Chucho, amigo de andanzas culturales de Marta, cuando ella llamó para decir que fuéramos a conversar al lado de los libreros, un lugar donde se mueve con versatilidad.

Eran las siete de la noche, allí estaba ella sentada en una banca de la peatonal, descomplicada e irreverente,  informal como siempre, hablando de libros, de locos y poetas, hablamos de todo un poco, un diálogo desordenado en medio de cervezas y sodas.

Sus ojos vivaces se encendieron como llamas en la oscuridad cuando citamos a Vargas Vila y a Mika Toimi Waltari, el autor finlandés que la tiene hipnotizada. De ambos habla con propiedad.

Era imposible ordenar las ideas esa noche, así que la convencimos de continuar al día siguiente en el taller de Chucho, pero corrigió que sería en su apartamento y que ella misma prepararía el almuerzo.

Rumbo a la comuna Trece

Ya domingo con Chucho abordamos el Metro en la estación San Antonio rumbo a la Comuna Trece, San Javier, la temida Comuna Trece, la misma que los medios de comunicación han vendido y satanizado como el terror de Medellín.

Prevenidos por ese terror y ese miedo infundado llegamos a la estación San Javier, un aire fresco y sereno ronda la zona, propios y turistas alternan con tranquilidad, un grupo de jóvenes guías orientan a los turistas y una flotilla de buses recoge a los pasajeros para distribuirlos por la enorme jurisdicción de la Comuna. Un comercio diverso y activo circunda la estación del Metro.

A nosotros nos correspondía el alimentador de “Altos de San Juan” el cual abordamos sin dificultad, los vecinos orientan desprevenidamente al recién llegado, ya en el bus una simpática familia que se ubicó a nuestro lado se ofreció a guiarnos para señalarnos la parada.

Marta con su amigo Chucho

Fue fácil, muy sencillo, nos bajamos en el lugar indicado y allí nuevamente estaba Martha Quiñonez, la poetisa rebelde, con sus ojos vivaces y su figura descomplicada e irreverente.

Nos recibió con amabilidad y nos dirigió hacia un bloque de apartamentos medianos, rodeados de un   imponente bosque, zonas verdes, frutales y una quebrada en la cual aún extraen arena por métodos artesanales.

Nos mostró lo que es su casa, una vistosa iguana con el sello de Joaquín Mario Murillo se destaca a la entrada, luego libros, muchos libros, más libros, dos cuartos, un baño y una cocina, no necesita más para vivir en la comodidad de su pensamiento.

Con Marta siempre hay que hablar de libros, es la mujer capaz de dejar de almorzar por comprar un libro, ya esté en África, Paris, Cali, Bogotá o Medellín, donde esté, siempre está auscultando libros y comprando, si le toca adquirir uno en mal estado y llena sus expectativas, simplemente lo compra y lo manda a restaurar.

Los lujos que no da la plata

En el entorno de la Bastilla en Medellín es conocida entre los libreros por “regodiona” con los precios” es baratera dicen con discreción, pero ella se defiende diciendo que no se deja tumbar.

Nos detuvimos largo rato frente a su colección literaria de José María Vargas Vila, el mismo al que la godarria conservadora en gavilla con la Iglesia Católica le hicieron la vida imposible y él para vivir en libertad, tuvo que volar hacia América Latina y Europa donde finalmente murió.

Marta estaba en su estado natural leyó apartes de libros de Vargas Vila, contó anécdotas del autor, lo revindicó en su rebeldía y su lucha por la libertad, como un gigante de nuestras letras, además declamó algunos de sus poemas incluidos en su reciente obra, La Casa.

Luego la anfitriona se concentró en la preparación del almuerzo, chicharrones con verduras y un jugo mixto que no supimos de qué era, pero igualmente lo bebimos.

Entre puntada y puntada que Marta daba en la cocina, el diálogo se iba intensificando, Chucho observaba como testigo del encuentro y tomaba fotos discretamente.

La anfitriona prepara el menú

Marta es filóloga hispánica, psicóloga y magister en comunicación y educación, la academia no la asusta, mucho menos los académicos, se hizo a pulso, paso a paso, más golpeada que rodilla de zapatero como reza el tango aquel del arrabal, pero nunca se detuvo a mirar atrás ni a lamentar, tal vez sus lamentos son cánticos poéticos, a veces desgarradores, a veces esperanzadores, otras veces gritos de libertad y hasta de rabia, pero siempre está ahí de pie, mirando a los ojos con su silueta de acero y su férrea voluntad, con su clásica irreverencia.

“La rebeldía es algo que va conmigo, es algo que va ligado con la libertad, por eso me considero una mujer absolutamente libre” dijo sin parpadear.

Otros vientos literarios

Marta está incursionando en el relato, la prosa, otros géneros literarios distintos a la poesía que es como se le conoce.

“Yo siempre he pensado que la poesía son como decías ahora historias contenidas versos, pero que son como tan de uno también que quedan ahí como en el poema, mientras que las historias igual yo siempre fui una mujer que vivió  historias y que sigue viviendo en historias, entonces me gusta mucho ese asunto de escribirlas porque siento que es  uno el que va perviviendo en ellas, la infancia, la adolescencia, porque en mi caso llega como en paisaje y por eso he sentido digamos así como el vértigo también de escribir prosa, no es como que uno pueda contar una historia sino que uno es como si estuviera describiendo un paisaje y en ese paisaje pasan cosas, vivencias con amigos de la infancia incluso con el barrio, como las caminadas al rio, entonces por ejemplo en Prodigios de la Memoria, que es mi primer libro de relatos es un poco recorriendo esas memorias de andar la calle, caminar con los amigos, ver cazar pájaros a Jairo y después volver todo eso relatos y ahora este segundo libro de relatos que lo publicaron  en argentina igualmente”, narra  con la emoción que le produce transitar por otros caminos de la literatura.



“Con este libro en Argentina, Relatos, fue muy chistoso porque cuando me llamaron yo dije que mi fortaleza es la escritura poética, entonces me dijeron que no importaba, que mandara el libro a ver qué tal, que incluso lo mandara sin ninguna expectativa y si así lo hice y traspasó la frontera.” Porque son historias, yo vengo de una familia que además es como todas las familias de este país vueltas mierda, con una mamá soltera, un montón de hermanos, con todas las dificultades que eso implica, imagínese para una mujer, tanto que yo creo que desde chiquita decidí no ser mamá porque me parecía muy maluco ser hija y desde chiquita decidí no ser mamá de nadie” Sigue hablando con la firmeza propia de sus expresiones.

“Son 14 relatos todas las narradoras, todas las que cuentan las historias son mujeres y de alguna manera pues lo que pasa en la literatura y en la vida que finalmente uno lo que hace es como crear unos especies de alter-ego, otros yo que lo habitan a uno, que son las que cuentan las historias, también son historias;  a mí  me gusta Vallejo, por lo mismo, porque es un escritor que uno lee como si le estuviera contando la historia y yo creo que intento hacer un poco como lo mismo, pues antes no lo tenía tan claro”

A un lado el retrato de J.M.V.V

Escribir y escribir

“Solamente escribo porque en uno esta como esa función de escribir y contar, yo siempre le he tenido miedo al mar, el mar siempre ha sido como algo muy mítico en mi como que me gusta, pero me gusta es como estar acá en la orilla y pienso que el relato es un poco como si ya fuese perdiéndole un poco de temor al mar y empiezo a meter un poquito los pies, echarme agüita y de pronto me zambullo y vuelvo y salgo, entonces creo que estoy en esa historia.

“Hoy por ejemplo soñando escribiendo esa biografía sobre Vargas Vila, en fin como que hay un montón de historias en mi cabeza que la poesía no puede abarcar, igual por ejemplo acabo de terminar un libro de poemas sobre la comuna pero principalmente creo que lo ha inspirado la lectura de la Sombra de Orión de Montoya, porque digamos yo la viví un poco por acá pero ahora que vivo acá  dije bueno, vamos a leer este libro y fue muy chévere porque puede uno  como conversar con ese libro y escribir otro libro de poemas leyéndolo una semana, más o menos 10 días, me enamoré de esa lectura, y es un libro de poesías que termino como una especie de conversación cuando como la Sombra de Orión conversando con esos personajes, sintiendo el dolor de esas mujeres buscando esos hijos, como muy doloroso esa aventura muy tesa pero muy gratificante también al final terminar esas lecturas con otras lecturas también que termina siendo finalmente la escritura” continuada narrando.

Vargas Vila

Su colección de V.V.

“Mira, el encuentro con Vargas Vila fue una cosa, yo he sido  muy callejera, me ha gustado mucho andar la calle y esa imagen la tengo grabada porque en el 99 yo estaba publicando mi tercer libro que se llama Acantilado, que es un libro que me gusta mucho, es un libro muy desolado, pero es un libro  en la búsqueda que nunca busqué, también que es el asunto de decir a través de la metáfora la insinuación, es un libro que escribí en Urabá, recuerdo que lo escribí en Triganá en unas vacaciones, porque vi un polluelo de gallinazo en un acantilado y era como amarillito y me dijeron que era un polluelo de gallinazo y me pareció  muy particular porque los gallinazos uno los ve de cerca y son con esa pluma oscura negra, tosca y ver este polluelo en ese acantilado y el mar pa entro y el ahí, bueno de ahí surgió la idea de escribir ese  libro y  Vargas Vila aparece en ese recorrido cuando estaba haciendo ese libro entonces un man en la calle tenía un tendido de libros y me pareció muy particular porque tenía como ocho libros y todos eran de Vargas Vila, y yo dije tan charro que un escritor tuviera tantos libros, cierto porque nunca había visto un escritor así con muchos libros, no tenía como esa sensación en la cabeza de que eso fuera posible, yo siempre pensaba que algún día se me iba a acabar  la fuente para escribir, porque uno sardino piensa mucha vaina, eso ha sido otra construcción de la vida mía como la literatura, la lectura, digamos ese primer encuentro con Juan Mares también me permitió conocer otros libros, otros mundos, en fin pero vi esos libros allí y recuerdo que yo no tenía plata sino que  llevaba  una plata para pagarle al litógrafo que me estaba ayudando a hacer ese libro y yo me arriesgué y me compré esos ocho libros yo no sé, no recuerdo por cuántos pesos pero fue por nada y listo me los llevé para la casa, pero  en la calle abrí uno y yo dije, ve eso es como tan bonito y era como  una novela de esas romanticonas  que él escribió, el Huerto Agnóstico se llamaba esa primera impresión que tuve con él y no sé, me encerré

una semana leí esos libros y no podía como soltarlos y empezó como un delirio tremendo con ese man porque empecé a buscarlo pero si tenía para un almuerzo o un libro me compraba el libro y mira, yo terminé filología en el 2012, de hecho creo que es Vargas Vila el que me lleva a estudiar literatura, yo decía  ese man cómo sabe tanta cosa y por ahí todavía guardo las agendas, las notas que sacaba de sus libros, autores, pintores y ya el internet nos permitió como poder acceder a eso y  vivía impresionada, decía este man tan teso y quería ser como así un poco digamos de esa libertad que lo habita a uno  claro, yo creo que con esas lecturas se consolida también un poco la esencia de uno, en decir aquí  la desadaptada no soy yo,  nací en un mundo que no me entiende o que yo no entiendo, pero sinceramente él me da como esa luz de decir no, es que la desadaptada no sos vos, que el mundo te ve como esa, como que la desadaptada era yo y él me dijo no, usted va por donde va.” Así relata su encuentro con el autor que le robó la calma, la enrutó y que hoy aún la tiene pensando.

Sus libros

¿Algunos autores dicen que sus libros son sus hijos, basados en eso, cuántos libros ha parido Marta Quiñonez?

Marta la poeta rebelde

“Creo que parido parido muchos, pero digamos que he compartido con el mundo  17 con dos que salen este año, me gané un premio hace dos años y la alcaldía de Medellín lo publicó este año, un libro de poemas y ese otro libro de relatos que te contaba que se llama Sobre las Piedras del Rio, es un libro con sus 14 relatos de mujeres, yo creo que de algo tendrá que servir leer tanta vaina, también  hay escritores que son muy generosos o los personajes que ellos crean que son con quien termina uno dialogando, estaba en unas vacaciones en Barranquilla, recuerdo ese libro lo escribí en el 2017 y bueno resultó ese asunto con Argentina lo estuvimos corrigiendo con una amiga profesora de Estados Unidos, lo corregimos las dos y recuerdo que nos reímos mucho entonces yo dije bueno, un libro que le permita a uno tanto hasta después de 17, 18, 19, 20, 21 después de 5 años de escritura todavía le permita a uno reírse y ganas de llorar por esos personajes tan tristes esas niñas tan tremendas, entonces yo dije bueno con razón a ellos les gustó porque ahí estaba como la historia”

¿Qué le dice Candelario Obeso:

A Candelario lo he leído poco realmente, al que he leído mucho más es a Zapata Olivella, me gusta mucho, un libro de Candelario Obeso que ahorita que estuve en Bogotá  no lo compré, pero me compré los de Mika Waltari que me gusta más, pero creo que si son esos escritores afrocolombianos con los que tenemos como esa deuda también de leerlos, de escribir sobre ellos, pero que no son fáciles digamos acceder a ellos porque uno también hace a los escritores desde el clasicismo que se va instaurando en uno con la academia   y con las lecturas de clásicos,  porque a esas lecturas hay que ir como más sueltos, también más tranquilos, igual también pasa con Fernando Palacios, escritor quibdoseño que  incluso me compré un libro de él en Quibdó en marzo que estuve por allá, un libro muy bello, bueno lo tengo en lista para leerlo, con Zapata Olivella me pasó una cosa muy especial porque estuve en un congreso en Bogotá hace dos años y una pelada hizo una exposición sobre todo de las fabulas de Tamalameque y cuando llegué acá yo dije, juemadre yo voy a escribir mi fabula y escribí unas fabulas emulando un poco a Zapata Olivella sobre Apartadó y se llaman fabulas de Pueblo Quemao.

Vivir de ser escritora y sus viajes

“Bueno esos han sido como los extraños regalos de la vida, porque yo como hablábamos antes, particularmente nunca escribí pensando que podía vivir de ser escritora, cuando publiqué el primer libro dije bueno puede ser que si es posible porque yo venía de una época de muchas carencias económicas, yo vendía ese libro y bueno, era un libro que me permitía comer, empezar  a ahorrar para la universidad, hay una inercia en mi por escribir impresionante, eso como que está ahí sale solo, yo todos los días leo, escribo, entonces muy loco porque yo trabajo en otras cosas pero la escritura y la lectura no me abandonan un solo instante de la vida, es como que siempre hay algo que contar, siempre hay algo que expresar y es así como aparecen los viajes,  el primero fue a África que fue algo muy extraño allá escribí un libro que lo publiqué como en el 2002, 2003 y es una experiencia poética en África y en París y luego  han venido otros viajes pero creo que han sido como también fruto de la persistencia en el hacer y han sido muy importantes en el sentido que por ejemplo esta semana que estuvimos en Bogotá yo estaba  en una reunión de trabajo y fue muy chévere porque yo siempre, por inercia cargo mis libros, ahora estoy con el de La Casa que publiqué mil ejemplares a mediados del 2019 y todavía tengo  que montón de libros, pero entonces me llevé como cuatro libros para Bogotá y  le vendí uno a un compañero de acá de Medellín y ya cuando íbamos a rematar el encuentro leí un poema, el poema de Juan, a propósito y todo el mundo como que  ese poema es suyo, que no sé qué, entonces ahí pum, pelé los otros libros que me quedaban y a una señora del Ministerio de Cultura le tocó uno, entonces me dijo que intercambiáramos teléfono  y listo me llamó que quería otros libros para regalar en diciembre, entonces como que una cosa va llevando a la otra”


¿Quiénes escriben buena poesía en Colombia?

“Yo creo que hay mucha gente escribiendo buena poesía, yo leo poetas por ejemplo  del siglo 20 y colombianas digamos en primera línea esta Meira Delmar y yo sigo leyendo a Meira, amo la poesía de Meira, converso con la poesía de Meira, escribo sobre Meira, en fin hay van siguiendo, Matilde Espinosa  una poeta que ya está muerta, en fin entonces hay un montón de mujeres digamos que un poco lo que visiona el encuentro de Roldanillo es que hay miles de mujeres escribiendo en Colombia y muchas lo hacen muy bien, lo que pasa es que igual no llegan todas, no nos llega su literatura pero en ese encuentro es como se permea el asunto y yo sigo leyendo escritoras viejas que nacieron a comienzo de siglo, que ya murieron pero que su poesía sigue siendo eterna”

¿Se siente excluida como mujer?

“Claro eso es indiscutible, de echo  digamos a mí por ejemplo es primera vez que me pasa por ejemplo esa sorpresa que te publiquen en otro país, igual para los editores ellos dicen que la poesía no es negocio y por fortuna es cierto pues eso nos mantiene como al margen también, entonces todos los escritores de poesía en este país o la gran mayoría terminamos auto publicándonos porque no hay otra posibilidad, ósea cuando hay una posibilidad siempre se lo quieren llevar a uno por los cachos, se quieren llevar los libros se quedan con el trabajo, entonces yo creo que por lo menos yo me volví editora hace 20 años, esos libros los hago yo, tengo colegas diseñadores amigos que hacen diseños preciosos y copian lo que yo quiero contar a través de un libro, entonces salen libros como salió La Casa, que es un libro que la gente lo ve y  lo quiere no más con verlo, como que ese ha sido un poco mi fortuna, también que he contado con diseñadores que me oyen porque es que los diseñadores primero son medio bruticos, de ortografía nada, de gramática nada, entonces no te ayudan mucho en ese sentido hay unos que si, por ejemplo Ana María Giraldo es una amiga que tengo que es diseñadora y es la que me ayudó a diseñar el libro de La Casa, muy buena, he contado con un poco de suerte en ese sentido, de encontrarme gente porque al final un libro no lo hace  uno solo, hay un montón de gente, digamos en mi caso, hay mucha gente en esa red que trabaja para hacer un libro posible”

Libros y más libros

El almuerzo está listo, la mesa servida, el tiempo apremia, aún falta un recorrido por el bosque que circunda su casa, faltan muchas historias, otras anécdotas, más risas, otros madrazos, una nube enorme se cruza por el cielo, un aguacero amenaza y hay que salir raudos antes que llegue la noche, Marta no da tregua y nos advierte que el próximo almuerzo será pronto, que preparará camarones al ajillo y que el diálogo no termina, como no terminan sus historias.

La Casa

El libro más reciente de Marta, sin contar los Relatos editado en Argentina y que no ha llegado aún a Colombia, es La Casa, un poemario bellamente editado por ella misma y su equipo de amigos colaboradores, un trabajo autobiográfico de tristezas y carencias, de recuerdos imborrables de su niñez, de la forma injusta en que la vida la trató, hasta que levantó su voz emancipadora y rebelde, para correr libre hasta descubrirse y encontrarse a sí misma tal como es, frentera, franca e irreverente.

“Marta llora al recordar los momentos en los que veía llorar a su mamá y al igual que los niños y las niñas de nuestro medio vino a entender las lágrimas, las rabias y maldiciones en el hogar, cuando al ir creciendo, ampliando y cultivando la mente, o sea, al ir adquiriendo conciencia mediante la experiencia y el estudio, aprendió, aprendemos a pensar la existencia, y entonces se entiende, se perdona, pero no se olvida” escribe el prologuista de la obra.



“Esta casa donde antiguamente

corrió la risa de niños

donde los árboles

florecieron en invierno

y la yerba húmeda

sirvió de cama a las cigarras

y a los insectos

ahora está silenciada por el agravio.

debajo de su techo

rueda el agua de la desolación.

esa casa se agrieta

por la rabia de quienes la habitan

llamados a una espera innecesaria

no miden la inclemencia del tiempo

sobre lo levantado

no sospechan

que en los designios de los dioses

no hay caminos de retorno

estamos frente al desabrigo del amor

las fisuras se abrieron en los corazones

de seres que creyeron apostarlo todo

a su destino

Los relámpagos del llano

no alcanzan

 a procurar la luz necesaria

a los ojos de la madre

la pérdida de lo hallado

nubla su mirada

expectante en sus espejismos

cuando fue la hora

de todas las certezas”

Del libro La Casa, de Marta Quiñonez.

                                                                                   Comuna Trece, Medellín, noviembre/2021.




 

miércoles, 10 de noviembre de 2021

Retomaré los pinceles para nunca soltarlos

En una casa enclavada en un bosque primario, bajo el canto tenue y arrullador de una quebrada cristalina que baja rauda por las faldas de Santa Elena en Medellín, vive la artista plástica, Beatriz Elena Jiménez Valencia, tan ágil con la palabra como con el pincel.

Por: Wilmar Jaramillo Velásquez/El Pregonero del Darién

Beatriz Elena Jiménez Valencia no pudo ubicar un lugar más perfecto para la inspiración, la serenidad del alma y la paz espiritual, que un pedazo de bosque bordeado de una quebrada que le canta al oído las 24 horas del día y que por momentos le hace olvidar que el mundo existe, ese mundo del ruido y de las prisas cotidianas de los humanos.

Beatriz Elena Jiménez

La casa se llama “El Tutuy” y está en las faldas que conducen de Medellín hacia Santa Elena, lugar tradicional de los silleteros, mirador y pulmón de la capital paisa.

Allí nos recibe una mujer amable, serena como su bosque, sus orquídeas acabadas de florecer, sus gatos y su perro; como el aire que se respira y como la hospitalidad que nos brinda.

La casa es bonita, agradable sin más ostentaciones que sus jardines, su ventana hacia Medellín bulliciosa, sus cuadros y sus pinceles. Es la casa de una artista plástica, adecuada para pensar y crear, el estudio que todo artista envidiaría.

Mientras ella prepara el café iniciamos una prolongada conversación que se fue extendiendo con las horas del día, es tan ágil con la palabra como con el pincel.

Nació en Puerto Berrío, se crió en Medellín, vivió en Apartadó, donde sus padres estaban dedicados al negocio farmacéutico y donde según ella el clima no la quiso mucho, la castigó hasta con paludismo. En este municipio vivió un tiempo corto hasta llegar a Medellín.

Obra de Beatriz Elena

“Siempre he estado pintando, desde que estaba en bachillerato, no era buena para las matemáticas, entonces cambiaba tareas por dibujos, así comencé, inspiraba en cualquier cosa, pintaba en los cuadernos, terminado el bachillerato me casé y nunca pinté una obra, pero al otro día haberme separado ya estaba dedicada al arte” cuenta.

Beatriz viene de familia de aristas, su madre fue una pintora y artesana excepcional, lleva el sello de la plástica en los genes.

Arte y tango

Derecho

Mientras agotamos la primera taza de café, Beatriz relata que se hizo abogada en la Universidad Autónoma y que cada año alternada sus estudios con exposiciones en la biblioteca de la Universidad, sus conocimientos y habilidades con la plástica son empíricos, aunque se ha cruzado con maestros, como Gilberto Uribe, Patricia Vélez, Arteaga y con Julio Londoño en escultura, entre otros.

“En el arte soy autodidacta, me he formado con profesores particulares, he ido teniendo algunos reconocimientos como el Premio Juan del Corral de la Alcaldía de Medellín, el Premio Internacional Iberoamericano a la Trayectoria Nevado Solidario de Oro en Argentina, otro en España y en estos momentos tengo obras en diferentes países, he salido a pasantías a España he tenido obra en Argentina, en Perú, España, México y en Estados Unidos”

Para Beatriz los mejores momentos de su vida artística los vivió en la Universidad Autónoma, recuerda las exposiciones allí, donde le abrieron las puertas.

"Nunca he dejado de pintar"

También conserva como la más emblemática una exposición realizada en el Planetario de Medellín en el año 2007, justamente cuando muerte su hija.

“Mi hija se me murió y yo tenía una exposición individual a los 15 días y fue como la más sentida, estuvieron mis grandes amigos acompañándome, quince días después de haberse muerto la niña, estuvo Rangel, el equipo de los que estudiábamos en el taller de Julio Londoño estuvieron conmigo; ósea me acompañaron plenamente”

Beatriz fue duramente golpeada emocionalmente tras la pérdida de su hija, se encerró en su finca de Santa Elena tres años a pintar, a desahogarse, a exponer su obra, hasta que tuvo un momento de reflexión y volvió a ejercer el derecho, más para no morir con su hija que por otra razón.

Volvió a vivir, a darle un nuevo aire a su existencia, retomó de nuevo su profesión de abogada, sin dejar jamás el arte, combinando las dos profesiones, aunque su sueño es terminar como una artista plástica consagrada y por tiempo completo.

Beatriz ha trabajado técnicas como el óleo, la acuarela, el acrílico, aunque prefiere el óleo, y se ha alejado un poco de la acuarela.

Al preguntarle cuál artista colombiano admira y cuál del exterior, no vacila un segundo en profesar su admiración por Rangel Gutiérrez, a quien llama cariñosamente “El Negro Rangel,” suspira levemente al citar a Miguel Ángel y a Vicent Van Gogh, clásicos que no se pueden borrar ni olvidar, según ella.

Vivir para pintar

Como toda artista y profesional organizada, Beatriz tiene una rutina establecida que incluye levantarse a las cuatro y media de la mañana, bajo el inclemente frío de Santa Elena, salir a caminar por el bosque, regresar tipo sesí o seis y treinta, desayunar y comenzar sus actividades como abogada, los fines de semana dedicados a la pintura o de noche, pues siempre mantiene al pie de su cama el kit de acuarela, para cuando la inspiración llame.

“Hoy trabajo la acuarela en formatos muy pequeñitos y cada que me siento estresada termino untándome de pintura y si no puedo pintar, pues voy a la peluquería para que me echen los colores en el pelo, pero igual tengo que tener colores por cualquier parte” dice bastante emotiva.

Beatriz ratifica que habita un lugar inspirador: “Si estoy estresada me salgo, escucho la naturaleza escucho los pájaros, el gallo, el mismo perro que tengo y la quebrada, el ruido de la quebrada para mi es demasiado relajante”

Un paraíso inspirador

No es para más, este lugar debió haber sido formado por la naturaleza para inspirar, para respirar aire puro, para escuchar las sonatas de una quebrada cristalina que no para de cantar, de unos árboles gigantes que se levantan como una muralla protectora para evitar la invasión de casas y de ruido que salen de Medellín y que se extienden por los cuatro puntos cardinales, son como una contención.

En este remanso, en esta réplica de paraíso vive Beatriz con su hijo, con su perro Piter Albeiro, nombre plagiado de las comunas donde se da silvestre, su gata Linda y el gato de su hijo que se llama Pantalones, pero al que todos le dicen calzones, pero entiende, que es lo importante.

La artista tuvo una época en que vivía de la pintura, hoy trabaja menos comercial, aunque vende obras, su profesión de abogada le ha robado parte del tiempo, el cual aspira recuperar muy pronto para tomar los pinceles y no volverlos a soltar.

Beatriz hace parte de un grupo artístico de Medellín conocido como Génesis en el que están comprometidos entre otros, el maestro Miguel Ángel Betancurt, el maestro Gamboa, el maestro Pedro Murillo, un equipo que se constituyó en su familia.

Arte y tristeza

Así concluye la visita al “Tutuy”, una fuerte corriente helada baja de Santa Elena, el canto de la quebrada se torna más agudo, el viento sacude con fuerza los gigantescos árboles, las hojas se desprenden a voluntad, vuelan libres y lentas, es el mensaje de la naturaleza diciendo hay que partir, atrás queda Beatriz, escoltada por su perro, el bosque, la quebrada y sus pinceles, bocetando en sus pensamientos lo que será la nueva obra, su nueva creación.

Una ventana a la Medellín bulliciosa

Santa Elena- Noviembre/2021.