Por: Wilmar Jaramillo Velásquez/El Pregonero del Darién
Beatriz
Elena Jiménez Valencia no pudo ubicar un lugar más perfecto para la
inspiración, la serenidad del alma y la paz espiritual, que un pedazo de bosque
bordeado de una quebrada que le canta al oído las 24 horas del día y que por momentos
le hace olvidar que el mundo existe, ese mundo del ruido y de las prisas
cotidianas de los humanos.
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| Beatriz Elena Jiménez |
La
casa se llama “El Tutuy” y está en las faldas que conducen de Medellín hacia
Santa Elena, lugar tradicional de los silleteros, mirador y pulmón de la
capital paisa.
Allí
nos recibe una mujer amable, serena como su bosque, sus orquídeas acabadas de
florecer, sus gatos y su perro; como el aire que se respira y como la
hospitalidad que nos brinda.
La
casa es bonita, agradable sin más ostentaciones que sus jardines, su ventana
hacia Medellín bulliciosa, sus cuadros y sus pinceles. Es la casa de una
artista plástica, adecuada para pensar y crear, el estudio que todo artista
envidiaría.
Mientras
ella prepara el café iniciamos una prolongada conversación que se fue
extendiendo con las horas del día, es tan ágil con la palabra como con el
pincel.
Nació
en Puerto Berrío, se crió en Medellín, vivió en Apartadó, donde sus padres
estaban dedicados al negocio farmacéutico y donde según ella el clima no la
quiso mucho, la castigó hasta con paludismo. En este municipio vivió un tiempo
corto hasta llegar a Medellín.
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| Obra de Beatriz Elena |
“Siempre
he estado pintando, desde que estaba en bachillerato, no era buena para las
matemáticas, entonces cambiaba tareas por dibujos, así comencé, inspiraba en
cualquier cosa, pintaba en los cuadernos, terminado el bachillerato me casé y
nunca pinté una obra, pero al otro día haberme separado ya estaba dedicada al
arte” cuenta.
Beatriz viene de familia de aristas, su madre fue una pintora y artesana excepcional, lleva el sello de la plástica en los genes.
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| Arte y tango |
Derecho
Mientras
agotamos la primera taza de café, Beatriz relata que se hizo abogada en la
Universidad Autónoma y que cada año alternada sus estudios con exposiciones en
la biblioteca de la Universidad, sus conocimientos y habilidades con la
plástica son empíricos, aunque se ha cruzado con maestros, como Gilberto Uribe,
Patricia Vélez, Arteaga y con Julio Londoño en escultura, entre otros.
“En
el arte soy autodidacta, me he formado con profesores particulares, he ido
teniendo algunos reconocimientos como el Premio Juan del Corral de la Alcaldía
de Medellín, el Premio Internacional Iberoamericano a la Trayectoria Nevado Solidario de Oro en Argentina, otro en España y en estos
momentos tengo obras en diferentes países, he salido a pasantías a España he
tenido obra en Argentina, en Perú, España, México y en Estados Unidos”
Para
Beatriz los mejores momentos de su vida artística los vivió en la Universidad
Autónoma, recuerda las exposiciones allí, donde le abrieron las puertas.
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| "Nunca he dejado de pintar" |
También
conserva como la más emblemática una exposición realizada en el Planetario de
Medellín en el año 2007, justamente cuando muerte su hija.
“Mi
hija se me murió y yo tenía una exposición individual a los 15 días y fue como
la más sentida, estuvieron mis grandes amigos acompañándome, quince días
después de haberse muerto la niña, estuvo Rangel, el equipo de los que
estudiábamos en el taller de Julio Londoño estuvieron conmigo; ósea me
acompañaron plenamente”
Beatriz
fue duramente golpeada emocionalmente tras la pérdida de su hija, se encerró en
su finca de Santa Elena tres años a pintar, a desahogarse, a exponer su obra, hasta
que tuvo un momento de reflexión y volvió a ejercer el derecho, más para no
morir con su hija que por otra razón.
Volvió
a vivir, a darle un nuevo aire a su existencia, retomó de nuevo su profesión de
abogada, sin dejar jamás el arte, combinando las dos profesiones, aunque su
sueño es terminar como una artista plástica consagrada y por tiempo completo.
Beatriz
ha trabajado técnicas como el óleo, la acuarela, el acrílico, aunque prefiere
el óleo, y se ha alejado un poco de la acuarela.
Al
preguntarle cuál artista colombiano admira y cuál del exterior, no vacila un
segundo en profesar su admiración por Rangel Gutiérrez, a quien llama cariñosamente
“El Negro Rangel,” suspira levemente al citar a Miguel Ángel y a Vicent Van
Gogh, clásicos que no se pueden borrar ni olvidar, según ella.
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| Vivir para pintar |
Como
toda artista y profesional organizada, Beatriz tiene una rutina establecida que
incluye levantarse a las cuatro y media de la mañana, bajo el inclemente frío
de Santa Elena, salir a caminar por el bosque, regresar tipo sesí o seis y treinta,
desayunar y comenzar sus actividades como abogada, los fines de semana dedicados
a la pintura o de noche, pues siempre mantiene al pie de su cama el kit de
acuarela, para cuando la inspiración llame.
“Hoy
trabajo la acuarela en formatos muy pequeñitos y cada que me siento estresada
termino untándome de pintura y si no puedo pintar, pues voy a la peluquería
para que me echen los colores en el pelo, pero igual tengo que tener colores
por cualquier parte” dice bastante emotiva.
Beatriz
ratifica que habita un lugar inspirador: “Si estoy estresada me salgo, escucho
la naturaleza escucho los pájaros, el gallo, el mismo perro que tengo y la
quebrada, el ruido de la quebrada para mi es demasiado relajante”
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| Un paraíso inspirador |
No
es para más, este lugar debió haber sido formado por la naturaleza para
inspirar, para respirar aire puro, para escuchar las sonatas de una quebrada
cristalina que no para de cantar, de unos árboles gigantes que se levantan como
una muralla protectora para evitar la invasión de casas y de ruido que salen de
Medellín y que se extienden por los cuatro puntos cardinales, son como una
contención.
En
este remanso, en esta réplica de paraíso vive Beatriz con su hijo, con su perro
Piter Albeiro, nombre plagiado de las comunas donde se da silvestre, su gata
Linda y el gato de su hijo que se llama Pantalones, pero al que todos le dicen
calzones, pero entiende, que es lo importante.
La
artista tuvo una época en que vivía de la pintura, hoy trabaja menos comercial,
aunque vende obras, su profesión de abogada le ha robado parte del tiempo, el
cual aspira recuperar muy pronto para tomar los pinceles y no volverlos a
soltar.
Beatriz
hace parte de un grupo artístico de Medellín conocido como Génesis en el que
están comprometidos entre otros, el maestro Miguel Ángel Betancurt, el maestro
Gamboa, el maestro Pedro Murillo, un equipo que se constituyó en su familia.
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| Arte y tristeza |
Así
concluye la visita al “Tutuy”, una fuerte corriente helada baja de Santa Elena,
el canto de la quebrada se torna más agudo, el viento sacude con fuerza los
gigantescos árboles, las hojas se desprenden a voluntad, vuelan libres y
lentas, es el mensaje de la naturaleza diciendo hay que partir, atrás queda
Beatriz, escoltada por su perro, el bosque, la quebrada y sus pinceles,
bocetando en sus pensamientos lo que será la nueva obra, su nueva creación.
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| Una ventana a la Medellín bulliciosa |
Santa Elena- Noviembre/2021.







