No es que en Urabá haya un goce pleno de las libertades,
sino que vivimos una peligrosa autocensura, una herencia de otras siniestras
censuras, que tarde que temprano se tendrá que develar y que por ahora afecta a
casi todo el país, pero que apenas si se aborda tímidamente.
Orgullosos, más no satisfechos, registramos el noveno año de
circulación de nuestro periódico EL PREGONERO DEL DARIÉN. De no ser por la
inmensa cantidad de mensajes, recibidos en las redes sociales, tanto de
ilustres personalidades, de amigos y de personas desconocidas, quienes desde
varias latitudes nos escriben con aprecio, diríamos estar más solos que nunca.
Sin embargo, la conmemoración estuvo empañada por el atentado criminal en
contra del periodista Ricardo Calderón, jefe de investigaciones de la Revista
Semana.
Hoy se vive una realidad dura, cruel y hay que decirla, porque tarde que temprano la región y el país mismo la tendrán que afrontar, la
autocensura está convirtiendo a los medios de comunicación en comités de
aplausos y en batidores de incensarios a los gobiernos locales y aquel que no
se someta a estos reyezuelos pasajeros, entonces hay que aislarlo, desde la
parte financiera y convertirlo en paria, “en enemigo de la democracia, del
desarrollo y con calificativos como resentidos sociales” lo van aislando y
asfixiando lentamente.
Es duro tener que decirlo, pero los medios de comunicación
incomodan al poder político, a quienes se creen dueños de las alcaldías y de
sus municipios, de aquellos que desconocen el poder popular y llegan a los
cargos, ignorando que son puestos mediáticos, pasajeros, la mitad de ellos
terminan llevando a cuestas decenas de investigaciones y el 20% en la cárcel.
Tal vez por su reducida formación cultural y profesional,
estos servidores, desconocen el poder de la comunicación, la función social que
los medios cumplen en la sociedad, se olvidan que lo público tiene dicha condición
legal y constitucional y que los periodistas están en el deber y la obligación
de fiscalizar sus actuaciones, situación que no les gusta nada, los incomoda,
al fin y al cabo han sido los medios de información los que han destapado los
escándalos más funestos de la corrupción estatal, los más recientes, falsos
positivos, las chuzadas del DAS, Agro Ingreso Seguro, la Oficina Nacional de
Estupefacientes y los excesos en las cárceles militares, entre muchos otros.
También hay que decirlo, con angustia y tristeza, que es
Carepa el municipio donde este medio informativo ha sido más hostigado desde la
institucionalidad y cuando decimos que con angustia y tristeza, lo hacemos
porque ni las guerrillas, ni los paramilitares, ni los narcotraficantes u otras
bandas delictivas que operan en Urabá, han afectado en lo más mínimo el normal
transcurrir de nuestro periódico. Entonces afirmamos con vehemencia, ¡Qué
horror tener que temerle a la institucionalidad, porque ese sí que es un golpe
duro y bien bajo!
La investigación periodística quedó en Colombia, en manos de
la Revista Semana, el diario El Espectador y de Noticias Uno, los demás nos
estamos acostumbrando a ver los toros desde la barrera por físico miedo y
hacernos de la vista gorda para proteger el pellejo. Al menos así quedó
demostrado en un reciente foro organizado en Medellín por Teleantioquia y la
universidad EAFIT y ratificado en también reciente debate con Rodrigo Pardo, de
RCN, el ministro del Interior, Fernando Carrillo y la periodista Jineth Bedoya.
Ambos reconocieron la grave situación que vive el periodismo nacional y el
abandono en el cual están los periodistas de provincia, frente al centralismo
para manejar temas como censura, auto censura y amenazas.
EL PREGONERO DEL DARIÉN llega a sus nueve años de vida
pública, fortalecido por la confianza y lealtad de nuestros lectores, de los
pocos anunciantes que sobreviven, de los columnistas y de un equipo de trabajo
acompañante, terco como su director, convencidos de lo que hacemos, con una fe
ciega en este proyecto comunicacional que le ha abierto otras luces del
pensamiento y de la información a una zona que estuvo castrada por el miedo
durante tantos años; logramos mantener un equilibrio informativo, serio,
responsable, lejos del chisme y los comentarios de corrillo y nos dimos el
lujo, solamente con el ejemplo, de derrotar el periodismo extorsivo que se daba
en Urabá: “Me pauta un aviso o le hago un escándalo”, solían decir. También nos
reconocen como el medio que más respalda los procesos culturales de la región y
eso nos anima a seguir batallando. Como siempre, a todos y todas mil gracias
por la confianza.
Urabá, mayo de 2013