martes, 7 de mayo de 2013

Editorial - Nueve años batallando por las libertades



No es que en Urabá haya un goce pleno de las libertades, sino que vivimos una peligrosa autocensura, una herencia de otras siniestras censuras, que tarde que temprano se tendrá que develar y que por ahora afecta a casi todo el país, pero que apenas si se aborda tímidamente. 


Orgullosos, más no satisfechos, registramos el noveno año de circulación de nuestro periódico EL PREGONERO DEL DARIÉN. De no ser por la inmensa cantidad de mensajes, recibidos en las redes sociales, tanto de ilustres personalidades, de amigos y de personas desconocidas, quienes desde varias latitudes nos escriben con aprecio, diríamos estar más solos que nunca. Sin embargo, la conmemoración estuvo empañada por el atentado criminal en contra del periodista Ricardo Calderón, jefe de investigaciones de la Revista Semana. 

Hoy se vive una realidad dura, cruel y hay que decirla, porque tarde que temprano la región y el país mismo la tendrán que afrontar, la autocensura está convirtiendo a los medios de comunicación en comités de aplausos y en batidores de incensarios a los gobiernos locales y aquel que no se someta a estos reyezuelos pasajeros, entonces hay que aislarlo, desde la parte financiera y convertirlo en paria, “en enemigo de la democracia, del desarrollo y con calificativos como resentidos sociales” lo van aislando y asfixiando lentamente. 

Es duro tener que decirlo, pero los medios de comunicación incomodan al poder político, a quienes se creen dueños de las alcaldías y de sus municipios, de aquellos que desconocen el poder popular y llegan a los cargos, ignorando que son puestos mediáticos, pasajeros, la mitad de ellos terminan llevando a cuestas decenas de investigaciones y el 20% en la cárcel. 

Tal vez por su reducida formación cultural y profesional, estos servidores, desconocen el poder de la comunicación, la función social que los medios cumplen en la sociedad, se olvidan que lo público tiene dicha condición legal y constitucional y que los periodistas están en el deber y la obligación de fiscalizar sus actuaciones, situación que no les gusta nada, los incomoda, al fin y al cabo han sido los medios de información los que han destapado los escándalos más funestos de la corrupción estatal, los más recientes, falsos positivos, las chuzadas del DAS, Agro Ingreso Seguro, la Oficina Nacional de Estupefacientes y los excesos en las cárceles militares, entre muchos otros. 

También hay que decirlo, con angustia y tristeza, que es Carepa el municipio donde este medio informativo ha sido más hostigado desde la institucionalidad y cuando decimos que con angustia y tristeza, lo hacemos porque ni las guerrillas, ni los paramilitares, ni los narcotraficantes u otras bandas delictivas que operan en Urabá, han afectado en lo más mínimo el normal transcurrir de nuestro periódico. Entonces afirmamos con vehemencia, ¡Qué horror tener que temerle a la institucionalidad, porque ese sí que es un golpe duro y bien bajo! 

La investigación periodística quedó en Colombia, en manos de la Revista Semana, el diario El Espectador y de Noticias Uno, los demás nos estamos acostumbrando a ver los toros desde la barrera por físico miedo y hacernos de la vista gorda para proteger el pellejo. Al menos así quedó demostrado en un reciente foro organizado en Medellín por Teleantioquia y la universidad EAFIT y ratificado en también reciente debate con Rodrigo Pardo, de RCN, el ministro del Interior, Fernando Carrillo y la periodista Jineth Bedoya. Ambos reconocieron la grave situación que vive el periodismo nacional y el abandono en el cual están los periodistas de provincia, frente al centralismo para manejar temas como censura, auto censura y amenazas. 

EL PREGONERO DEL DARIÉN llega a sus nueve años de vida pública, fortalecido por la confianza y lealtad de nuestros lectores, de los pocos anunciantes que sobreviven, de los columnistas y de un equipo de trabajo acompañante, terco como su director, convencidos de lo que hacemos, con una fe ciega en este proyecto comunicacional que le ha abierto otras luces del pensamiento y de la información a una zona que estuvo castrada por el miedo durante tantos años; logramos mantener un equilibrio informativo, serio, responsable, lejos del chisme y los comentarios de corrillo y nos dimos el lujo, solamente con el ejemplo, de derrotar el periodismo extorsivo que se daba en Urabá: “Me pauta un aviso o le hago un escándalo”, solían decir. También nos reconocen como el medio que más respalda los procesos culturales de la región y eso nos anima a seguir batallando. Como siempre, a todos y todas mil gracias por la confianza. 

Urabá, mayo de 2013