lunes, 24 de octubre de 2016

El ruido se apodera de Carepa

Los altos niveles de ruido generado por equipos  de sonido en diferentes sectores de este municipio, se han convertido en dolor de cabeza para muchas familias. Los controles  son paños de agua tibia.



Por: Wilmar Jaramillo Velásquez
Columnista
EL PREGONERO DEL DARIÉN

La convivencia en el municipio de Carepa se deteriora cada día, a la tragedia de los muchachos atacándose y matándose a machetazos en plena vía pública, incluso ya exportando este tipo de comportamientos como los recientes hechos ocurridos en el sector de La Martina en Turbo, donde dos grupos de jóvenes de Carepa y Apartadó, se enfrentaron a machete, con saldo de seis heridos, tres de ellos de gravedad, se suma la proliferación de equipos de sonido en diferentes sectores residenciales, que poco a poco los ha vuelto invivibles.

Carepa tenía un encanto como lugar para habitar, se le denominada” “La ciudad dormitorio de Urabá” ya que ofrecía unas condiciones excepcionales para vivir, las cuales se han ido perdiendo paulatinamente entre el ruido de las cantinas y la algarabía de la parranda desmedida, sin autoridad, sin control, sin Dios y sin ley, en Carepa parece ser que cada ciudadano hace lo que le plazca, por ejemplo, un grupo de jóvenes convirtió las vías públicas en pistas de moto-cross y a nadie le ha importado, dejando en riesgo a peatones y conductores.

Sobre el POT, ni hablar, el uso de suelo lo definen los ciudadanos como les dé la gana, y ya no se diferencia un sector comercial, empresarial de uno residencial, los motores se los instalan al lado de la cama a los vecinos sin nadie que aplique la normatividad vigente.

Volviendo al ruido de los equipos de sonido, ahora les dio por las famosas amanecidas y cuando los ciudadanos reclaman, en la Secretaria de Gobierno se lavan las manos diciendo que allí nos fueron autorizadas, peor aún, porque se hacen por encima de la autoridad, alterando el orden, la tranquilidad ciudadana y esto de paso alimenta la violencia, rompe la convivencia entre vecinos.

Este columnista ha recibido numerosas quejas de sectores como Doce de Octubre y Parques Uno, pero basta con hacer una breve ronda por el perímetro urbano un fin de semana, para comprobar que este tipo de comportamientos es el común denominador.

Los más crítico es que el nuevo Código Nacional de Policía entra en vigencia apartir del 30 de enero de 2017, o sea cuando haya pasado la rumba de fin de año, allí hay drásticas sanciones para los perturbadores de la tranquilidad ciudadana, pero este código a la luz de algunos expertos está viciado de inconstitucionalidad, y ya ha sido demandado ante la Corte Constitucional, lo que no nos deja muchas esperanzas en su aplicación y funcionalidad. Amanecerá y veremos.

El hecho es que nos falta mucha educación, mucha tolerancia, mucho respeto por el otro, e incluso hasta consideración, no hay aberración más grande que una familia con actividades de trabajo y estudio para el día siguiente y al frente una música a todo taco, no poder conciliar el sueño y de paso no tener el respaldo de una autoridad para quejarse, pero que lo escuchen, que no se burlen de él como viene ocurriendo en la actualidad.

Estas anomalías se van apoderando de los pueblos y al no encontrar unos controles reales se van creciendo y cuando ya quieren aplicar los correctivos, es demasiado tarde, como ocurrió en municipios como Apartadó y Turbo, donde el problema se salió de las manos hace rato.