domingo, 12 de marzo de 2017

Pinto para ser libre y vivir tranquilo

Casi toda su generación fue arrasada por la violencia, que también le arrebató a uno de sus hermanos. Hoy se refugia en la pintura donde halló la verdadera libertad.

Fran Mauricio Galvis Bernal- en medio de su obra

Por: Wilmar Jaramillo Velásquez de EL PREGONERO DEL DARIÉN

Fran Mauricio Galvis Bernal, nació en Pereira hace 38 años, pero se crio en el barrio El Japón de Dosquebradas, un agitado sector salpicado por las drogas y una violencia demencial que arrasó prácticamente con su generación. Desde muy joven se involucró con la marihuana y la vagancia, apenas si fue a la escuela Santa Sofía del barrio, donde a duras penas terminó el tercer año de primaria.

Su hermano José Julián fue acribillado a unos metros de su casa y a él le correspondió con varios amigos recogerlo moribundo y meterlo entre un taxi, rumbo a un hospital, pero nada pudieron hacer. Su muerte se produjo minutos después.

Fran Mauricio tuvo habilidades para el dibujo desde niño y esas habilidades lo sacaron de un mundo sórdido al que sobrevivió milagrosamente.
A Fran Mauricio, le fascina pintar caballos

Yuliana Quiceno, la que hoy es su esposa y madre de su hija Manuela lo animó a inscribirse en unos cursos sobre artes plásticas y visuales que estaban dictando en el Instituto Lucy Tejada de Pereira, eso sumado a la investigación permanente en libros y en YouTube, se constituye en su formación cultural y artística que lentamente, poco a poco, ha ido moldeando en él un pintor centrado, aterrizado, soñador, responsable, en proceso permanente de madurez.

Fran Mauricio se inició como tatuador, el mismo construyó de manera hechiza su primera máquina, hoy ya tiene sus equipos profesionales, hace nueve años se atrevió con su primer óleo y no ha parado de pintar, de crear, de producir; sus técnicas son el acrílico y el óleo, pero quiere explorar la acuarela y el pastel.

Los primeros pasos de un futuro más firme

Ha realizado tres exposiciones, una en el Bolívar Plaza, otra en un establecimiento comercial de la Circunvalar y otra que lo llena de satisfacción en la Cárcel de la Cuarenta, donde además adelantó una charla con jóvenes privados de la libertad.

Sentado en su estudio, reposado, tranquilo y libre como dice vivir hoy, Mauricio recuerda que hace unos años trabajaba como ayudante de construcción e incluso como recolector de café. “Hoy me puedo ganar en dos horas de trabajo, lo que antes me ganaba en quince días al sol y al agua” advierte con toda tranquilidad.

“No dejo de admirar al maestro Fernando Botero por la inmensidad de su obra y a Rembrandt, explica y se lamenta del tiempo perdido, no haber vaciado antes mi vida en un lienzo como dijo Van Gogh” dijo.
Una obra en plena evolución

Fran Mauricio le dice a los jóvenes que reflexionen en el campo material y espiritual, que todos tienen muchos potenciales, que busquen lo que más les nazca y hagan aquello donde se sientan cómodos y satisfechos, que no pierdan la esperanza y que no derrochen los mejores tiempos de la existencia. La juventud.

Les dice que desarrollen gustos superiores y nunca olvida ese momento en que vio a su hija Juliana recién nacida en la cuna, hace ya nueve años y tomó la decisión de decirle adiós para siempre a la marihuana, palabra que ha cumplido a cabalidad.
El arte se convirtió en la libertad para el artista
El pintor de figuras aborígenes, de retratos, caballos y rostros envejecidos, vive hoy en la gloria, practica la no violencia en contra de los animales, la armonía con la naturaleza y su tiempo lo vive entre pinceles y tatuajes y el ciclo montañismo, su pasión desde hace quince años, deporte con el cual recorre con furor el Parque de los Nevados. “Pinto para vivir en paz y tranquilo y lo estoy logrando cada día con mayor fuerza”. Argumentó. Solamente hay una palabra para definir a Fran Mauricio Galvis Bernal. Superación.







Varias  obras de Fran Mauricio Galvis Bernal