miércoles, 9 de noviembre de 2016

Principios y valores trastocados


Editorial EL PREGONERO DEL DARIEN- noviembre



No hay duda que el mundo está enfermo, todo parece andar al revés y hoy estamos como en el clásico tango de Enrique Santos Discépolo, interpretado por Gardel. ”Vale Jesús lo mismo que un ladrón”



Sorprende el acierto casi que profético de ese gran compositor bonaerense, Enrique Santos Discépolo, no solamente con su emblemático tango “Cambalache” transmitido de generación en generación y que cobra vigencia con el paso de los años, sino con otro menos conocido: “Qué Vachaché”, “La moral la venden al contado, ya murió el criterio, vale Jesús lo mismo que un ladrón” “No hay ninguna verdad que se resista, frente a diez mangos moneda nacional” dice en algunos de sus apartes.

Y en su clásico “Cambalache” nos advierte que los inmorales nos han igualado y en efecto, Discépolo no vivió para corroborarlo, pero lo profetizó de manera magistral, hoy se impone la trampa, la mentira, el odio, la división de las naciones, los ladrones salen premiados, los corruptos ilesos tras sus negocios sucios con el erario público, los desfalcadores de la salud siguen celebrando sus triunfos en ostentosos bacanales en los clubes sociales, construidos para ellos, para su goce y disfrute.

Caso patético el de las contiendas electorales, el candidato que más promesas haga, que más dinero lave, el más mentiroso, ese es el ganador, atrás quedaron los programas de gobierno, las ideas y los ideales. Las últimas elecciones en Estados Unidos y Colombia, son la prueba andante de un mal que carcome al mundo entero, los principios y los valores arrinconados, la ética es historia patria y cuentos de unos locos griegos y romanos de la antigüedad.


Que rápido nos igualaron los inmorales, que pronto dejamos a Jesús a la par con el ladrón de la cuadra, el político decente está aislado, no le dejan opción, está fuera de lugar, los organismos de control se corrompieron de tal manera que ya en vez de tranquilidad generan miedo y desconfianza, la gran mayoría de las iglesias se camuflan detrás del evangelio, se esconden detrás de una biblia, para esquilmar en nombre de Jesús y su obra, para enriquecerse, violentar a las mujeres, evadir impuestos y explotar incautos a quienes tienen bajo sus garras a punta del miedo al fuego eterno y a los castigos divinos. Que Dios tan malo tienen y promueven, un Dios vengativo y castigador, pero como escrito está, entonces es la única verdad, mientras que una pequeña elite disfruta de las descomunales fortunas, logradas mediante el engaño, la mentira y el chantaje.

En Colombia, los promotores del NO en el reciente plebiscito, ganaron tras montar un andamiaje de mentira y de odio, confesado por ellos mismos y prosiguieron alzando la voz y chantajeando al gobierno y a la sociedad como si nada, estos mismos personajes habían hecho reelegir a su líder para un manato presidencial ilegal, con mecanismos ilegales y nada pasó; igual cosa ocurrió en los Estados Unidos, el candidato que más mintió, más engañó más insultó, fue el ganador y no pasa nada.

La sociedad se ha adormecido y ha aprendido a cohonestar con el delito de una manera tan normal que aquel que se atreva a transitar por el camino correcto es un bicho raro, es un estorbo, es señalado como resentido social, como aquel que no deja trabajar al mandatario de turno, que le pone el palo a la rueda.

Estamos evolucionando a la inversa, nos estamos devolviendo y al paso que vamos con personajes en la palestra pública como el destituido procurador general de la nación, Alejandro Ordoñez, para no citar sino uno de los que están haciendo cola, muy pronto estaremos en el Medioevo.

La crisis es mundial, no es solamente Colombia, las llamadas potencias invaden naciones bajo mentiras para robarse sus riquezas naturales y no pasa nada, Israel se burla del mundo practicando un genocidio sistemático en contra del pueblo palestino y no pasa nada, en Siria se comete la peor masacre de civiles en tiempos modernos, ante la mirada casi que complaciente de los organismos multilaterales que ya no sirven ni de adorno como la OEA o la UNU, mientras que en nuestro país un grupo de fanáticos se niega a aceptar que miles de guerrilleros entreguen sus armas , abandonen la guerra y se reincorporen a la vida institucional del país. No hay duda que principios y valores se han trastocado y que el mundo camina de manera acelerada hacia el despeñadero.