No nos podemos sustraer de la realidad, cuando las campañas partidistas han entrado en todo su furor, solamente nos resta hacer algunas observaciones respetuosas.
Opinión-editorial-EL PREGONERO DEL DARIÈN- agosto.
Definitivamente Colombia es un país político, de eso no hay duda, no hemos salido de una campaña, cuando ya estamos metidos en otra, lo triste es que con tanta experiencia no aprendamos la lección, lo mínimo de respeto y tolerancia entre adversarios.
En cada campaña se siguen repitiendo los mismos desafueros, publicidad extemporánea, trashumancia o trasteo de votos, saltarse a brincos los topes autorizados para cada caso, de acuerdo a la categoría del municipio o jurisdicción donde se ejercerá el cargo de elección popular.
Hay quejas muy serias de grupos de desadaptados fácilmente identificables, sobre todo en los municipios de Turbo y Apartadò, dedicados a la destrucción de la publicidad de sus contendores, igualmente en estos municipios hay serios reclamos de la sociedad sobre la proliferación de publicidad, convertida prácticamente en contaminación visual, donde pareciera que el aspirante que más plata invierta en publicidad, más poder demuestra ante el elector.
Tampoco están respetando los bienes públicos sobre los cuales existe una reglamentación para no ser afectados por la publicidad política, ni en los árboles donde dicha acción se convierte en un atentado contra la naturaleza, no olviden que el ejemplo empieza por casa.
Atrás están quedando la verdadera confrontación y la única que debe haber y es la de las ideas y propuestas serias, aterrizadas obre los presupuestos, sin caer en la tradicional mentira y cadena de promesas imposibles de cumplir.
Lejos estamos de adelantar una campaña con menos afiches contaminando y màs ideas, con màs respeto por los contrarios, pero hay que seguir insistiendo en la pedagogía, en la cultura ciudadana, en el fomento de una civilidad que convierta las campañas proselitistas en una fiesta electoral, y no en un pugilato como ocurre en la actualidad.
Es fatal como por estos días pulula la información falsa, la desinformación en general, el chisme, la descalificación y la calumnia, los anónimos, especialmente en las redes sociales, medio que se han masificado y convertido en armas de doble filo, de gran peligrosidad en manos irresponsables, sobre todo de quienes disparan agazapados en perfiles falsos.
Lamentablemente tampoco escapan muchas campañas a los dineros fáciles, empeñan a sus municipios con descomunales cifras que luego saldrán del bolsillo de los ciudadanos, situación que no ha podido ser controlada por los organismos estatales, sumado a la pobreza del Congreso de la República para legislar seriamente sobre la financiación oficial de las campañas y cerrar de una vez por todas esta trampa temible que azota la democracia, que la limita y la pone al servicio del crimen.
Desde esta tribuna, un llamado a la sensatez, la prudencia al respeto, que desde el interior de los partidos y sus voceros se apliquen los mínimos de la decencia para llevar a buen término este proceso que culminará el próximo 27 de octubre.

