Wilmar Jaramillo Velásquez
Por: Wilmar Jaramillo Velásquez/
EL PREGONERO DEL DARIÉN
Nueve de febrero, una fecha más en el calendario para recordarnos que este día se conmemora el Día Clásico del Periodista en Colombia, por cierto una recordación cada vez más lánguida, como lánguido se ha vuelto esta profesión en el país, con valiosas y ejemplares excepciones.
Finalmente el poder político y empresarial logró poner de rodillas al periodismo, llevarlo al servicio de sus oscuros intereses, además de ser los dueños de los más poderosos y visibles medios informativos.
El periodismo convertido en una gigantesca máquina de propaganda, ya electoral, ya comercial, ya farandulera, donde cada vez es más difícil encontrar la noticia, esa información veraz y oportuna de la que tanto se habla; más difícil encontrar el análisis serio, responsable, la investigación periodística, que en otras épocas hizo grande el periodismo en Colombia.
Ya cada, presidente, cada gobernador, cada senador, cada alcalde, llega con su comité de aplausos, con periódico propio, con emisora propia, muchos hasta con canal televisivo a su servicio y una recua de periodistas, prestos para el aplauso, para el elogio de quien les extiende generosos cheques.
Lejos va quedando la crítica, la confrontación de fuentes y así sucesivamente, se vuelve más difícil que el ciudadano de a pié encuentre una verdadera noticia, en ese mar de información con el que nos ahogan diariamente.
Caso aparte se registra con las redes sociales, desbordadas y sometidas a la manipulación en masa, pero aun así el ciudadano indefenso las ha tomado como herramienta, al menos para el desahogo, para denunciar y hacerse escuchar ante el silencio de los medios.
Urabá todavía no siente el peso de la academia, de sus facultades de periodismo para ir depurando esa comunicación arcaica, lambona y rodillera a la que nos han acostumbrado y más perversa aún, de medios alquilados al servicio de nefastos politiqueros para desprestigiar a sus oponentes por dinero contaminado en todo el sentido de la expresión. Labor que cumplen de frente a una sociedad que guarda silencio y aplaude sus acciones.
Lamentablemente esto está ocurriendo en todo el mundo. No es únicamente el periodismo de Urabá o en Colombia, que padece esta crisis, que solamente resolverán periodistas profesionales comprometidos con sus comunidades, con la sociedad.
Salud colegas, en especial aquellos que mantienen viva llama de una prensa informativa, libre y comprometida con los ciudadanos. Pueden llover críticas, me pueden linchar. Ya no me sorprende.

