La delincuencia política enquistada en todas las esferas del poder, incluso con amplio respaldo del llamado empresariado, logró uno de los objetivos más grandes, en el marco de sus desmedidas ambiciones: poner de rodillas al periodismo.
Por:
Wilmar Jaramillo Velásquez-Columnista-El Pregonero del Darién
Los
periodistas serios, responsables con su profesión, se están extinguiendo, se
han ido apagando por sustracción de materia, hoy la meta está en quien paga más
para silenciarlos y voltear su artillería contra los oponentes de sus patronos,
de quienes firman el cheque.Se apagó el periodismo investigativo, por miedo o
por artimañas de los corruptos, desapareció el buen reportaje, la buena
crónica, la buena entrevista y, los periodistas actúan más como jefes de
propaganda que como comunicadores.
Lo
que no estamos viendo, es que el daño que el periodismo le hace a la sociedad,
es mucho más visible y relevante. Muchas personas creen ciegamente en las
mentiras que los medios replican hasta hacerlas aparecer como verdades, creen
en los ídolos de barro que estos construyen.
Los
medios crean unos monstruos en la política, por ejemplo, los hacen senadores o
presidentes y aunque luego comprenden el daño irreparable que hicieron, ya es
tarde para remediarlo y comienzan un mea culpa que de poco o nada sirve, aunque
no todos, porque otros siguen aferrados al monstruo dispuestos a sepultarse con
él.
Cada
año por este mes de febrero, justo cuando se celebra o conmemora el día clásico
de los periodistas, escribo algunas reflexiones sobre el gremio
periodístico, más dirigido a los jóvenes que están en la academia, aquellos en
formación, que, a los viejos mañosos como yo, reacios al cambio, con la
esperanza que motive, que genere una opinión, que permita retomar el rumbo
perdido.
El
periodismo al servicio del poder, de los gremios económicos, el periodismo
alquilado a la delincuencia política, hace un daño irreparable a la sociedad,
ya hoy es muy difícil separar la propaganda del verdadero periodismo, se han
fusionado a tal extremo que hoy caminan como siameses.
Pero
no solamente esto viene ocurriendo, ahora quienes no transiten por ese camino
del delito, son segregados y tratados como parias, son los “resentidos de la
sociedad”, son los que “ponen el palo en la rueda”, los que no dejan trabajar
al alcalde o al gobernador. “Al fin y al cabo todos roban”, es la tesis
esgrimida.
Como
si esto fuera poco, ahora los gobernantes se han blindado de poderosos grupos
de propagandistas, que dicen ser periodistas; con los recursos públicos montan
fuertes equipos de comunicación para auto adularse y, no contentos con ello,
pagan con migajas del poder a otro grupo de lava perros, para que hablen bien
de ellos por redes sociales y refuten y pelen los colmillos a quienes se
atrevan a criticar el poder.
Duele
decirlo, duele reconocer la derrota, pero la corrupción le ha ganado la batalla
al país y en eso los medios de comunicación fuera de cómplices, han jugado un
papel fundamental.
Vale
reconocer las pocas excepciones de periodistas honestos, valientes, sobre los
cuales cabalga el pedazo de país decente que sobrevive a la hecatombe.
Hay
dos ejemplos recientes, aún calientes sobre como el empresariado antioqueño se
alió con un grupo de burócratas deshonestos para apoderarse de los
negocios de las Empresas Públicas de Medellín y, como un amplio
sector de la prensa tapa y muestra a uno de los responsables como
el dueño de la transparencia en Colombia y, hoy lo tiene como
presidenciable, con amplia favorabilidad en las encuestas y, al
hombre que los denunció, en la picota pública, defendiéndose todos
los días, bajo un poder económico y político que aunque golpeado está vivo y
coleando.
El
otro ejemplo es la fiesta que han hecho la mayoría de los medios de propaganda
al servicio del poder, con la llegada de míseras 50 mil vacunas, después de
varias mentiras del ejecutivo nacional, para inmunizar a una población de 50
millones de habitantes, dos ejemplos no más, pero abundan.
Yo sigo creyendo en las enseñanzas de ese gran maestro de ética, Javier Darío Restrepo (Q.E.P.D), cuando dijo, que el periodismo debe estar del lado de los pobres, de los más débiles, no del poder”
