Mientras la política siga siendo una mercancía, mientras los llamados políticos no hagan nada por dignificar tan desprestigiada profesión, el panorama seguirá siendo el mismo y peor.
Por: Wilmar Jaramillo Velásquez/Columnista El Pregonero del Darién
Conocí
a Felipe Cañizalez hace un par de décadas, era un muchacho decente, enamorado
del bello oficio del periodista y al lado de su mentor Jairo Banquet, se ocupó
durante mucho tiempo en este bello oficio, no fuimos amigos cercanos, pero
tampoco tuvimos contradicciones.
Luego
se hizo abogado y casi que por accidente terminó metido en el mundo de la
política y muy prematuramente logró llegar a la alcaldía de Apartadó.
En
una ocasión me hizo algunas consultas, un poco elementales y de una u otra
forma terminé brindándole algún tipo de apoyo, vale anotar que no tengo votos,
no comercio con votos, no voto en Apartadó, pero en los temas que me consultó
lo acompañé; un poco temeroso en que el entonces alcalde Eliecer Arteaga, quien
siente un odio visceral por el suscrito y el medio de comunicación que dirijo,
se consolidara en un nuevo periodo con su patrocinado.
Le
hablé de dos o tres puntos que en mi modesto entender serían de gran
importancia para Apartadó y todos los aceptó de buena gana.
Sufrí
grandes recriminaciones de mis amigos, quienes tenían un argumento de mucho
peso. “Será imposible que un hombre que soporta su proyecto político sobre los
dos partidos políticos más criminales y corruptos de Colombia, pueda hacer un
buen gobierno”, pero hice caso omiso y seguí mi tarea.
De
la noche a la mañana dio un cambio
radical como uno de sus clientes políticos, en política no hay amigos, hay clientes y negocios a la
vista, no volvió a pasarme al teléfono,
no respondió mis mensajes, incluyendo una entrevista virtual que pretendía
hacerle al comienzo de la pandemia, y este mismo camino soporté con algunos de sus secretarios de despacho,
quienes por temor al jefe, tampoco volvieron a responder mis llamadas y terminé objeto de un vulgar y grotesco bloqueo,
totalmente inexplicable.
Supe
por uno de sus colaboradores cercanos que, uno de sus patrocinadores
financieros de campaña, le prohibió, le exigió rotundamente cualquier tipo de contacto
conmigo y el medio de información que dirijo, y él obediente y sumiso ha
cumplido a cabalidad la orden.
Debo
aclarar que de esto no tengo pruebas, es el testimonio de uno de sus cercanos
colaboradores.
El
alcalde no tuvo ni el valor ni la gallardía para decirme en la cara, cuál había
sido el motivo para llegar a este comportamiento hacia mí.
Logró
minar una amistad que al menos se llevaba con respeto, terminó liderando un
bloqueo, que hoy sus socios y amigos imitan como títeres por miedo a perder los
favores del alcalde, ahí mostró perfectamente que clase de persona es, Eliecer
Arteaga al menos va de frente, es más peligroso el asolapado o taimado como
dicen otros, sobre todo esos que ponen a Dios por delante de sus actuaciones. A
esos sí que les tengo desconfianza.
Hoy
tengo que decir públicamente que el señor Felipe Cañizalez no es mi amigo y que
nunca lo será y espero que tampoco mi enemigo.
Los
tiempos vuelan y pronto será exalcalde, espero que cuide su libertad, el bien
más preciado que puede tener un individuo, su familia, columna vertebral de su
paso por la política, como en alguna ocasión se lo manifesté.
Para
mí la amistad es filosofía de vida, le doy gran importancia, es sagrada, por
eso tengo tan poquitos amigos, pero eso sí, leales, honestos y correctos y creo
que con los que tengo me sobra y me basta.
Tengo
que decir también públicamente que, el señor alcalde me retiró su amistad, no
por pícaro o por indecente, por llevarle comprometedoras propuestas o por
delincuente y eso me permite dormir tranquilo. Mis actuaciones son públicas.
La
arrogancia y la soberbia se ha convertido en el enemigo número uno de unos
alcaldes, que no entienden lo efímero del poder, lo pasajero y las trampas que
le pone al individuo.
Hoy
veo al mandatario como un politiquero más del montón, que no ha hecho ni hará
ninguna diferencia en el ejercicio del poder.
Sobre
las líneas gruesas de su gobierno, hoy aún en anuncios, ya tendremos la
oportunidad de referirnos con total reposo y tranquilidad, sin pasiones, odios
ni rencores, además advierto que, no responderé a la bodega del alcalde, que suele
irse lanza en ristre contra quienes opinan distinto.
Les
quiero dejar esta frase, cuyo autor lamentablemente no recuerdo:
“No desprecies la palabra amigo, dándola a un hombre de poca virtud”
Posdata: También puede decir el señor
alcalde que, al comienzo de la pandemia me incluyó en una solidaridad que la
alcaldía municipal dispuso para algunos periodistas, yo lo confirmo. Cosa que
nunca debí haber aceptado y que me va a torturar por el resto de mis días, pues
para mí era más significativo la amistad, pero con honestidad, con transparencia,
real.
Urabá-mayo
del 2021.
