domingo, 6 de junio de 2021

La degradación progresiva de la política

Mientras la política siga siendo una mercancía, mientras los llamados políticos no hagan nada por dignificar tan desprestigiada profesión, el panorama seguirá siendo el mismo y peor.

Por: Wilmar Jaramillo Velásquez/Columnista El Pregonero del Darién

Conocí a Felipe Cañizalez hace un par de décadas, era un muchacho decente, enamorado del bello oficio del periodista y al lado de su mentor Jairo Banquet, se ocupó durante mucho tiempo en este bello oficio, no fuimos amigos cercanos, pero tampoco tuvimos contradicciones.

Luego se hizo abogado y casi que por accidente terminó metido en el mundo de la política y muy prematuramente logró llegar a la alcaldía de Apartadó.

En una ocasión me hizo algunas consultas, un poco elementales y de una u otra forma terminé brindándole algún tipo de apoyo, vale anotar que no tengo votos, no comercio con votos, no voto en Apartadó, pero en los temas que me consultó lo acompañé; un poco temeroso en que el entonces alcalde Eliecer Arteaga, quien siente un odio visceral por el suscrito y el medio de comunicación que dirijo, se consolidara en un nuevo periodo con su patrocinado.

Le hablé de dos o tres puntos que en mi modesto entender serían de gran importancia para Apartadó y todos los aceptó de buena gana.

Sufrí grandes recriminaciones de mis amigos, quienes tenían un argumento de mucho peso. “Será imposible que un hombre que soporta su proyecto político sobre los dos partidos políticos más criminales y corruptos de Colombia, pueda hacer un buen gobierno”, pero hice caso omiso y seguí mi tarea.

Cerré los ojos y dije que Felipe era diferente, que yo le creía y así terminó su campaña y accedió al poder.

De la noche a la mañana  dio un cambio radical como uno de sus clientes políticos, en política  no hay amigos, hay clientes y negocios a la vista, no volvió a  pasarme al teléfono, no respondió mis mensajes, incluyendo una entrevista virtual que pretendía hacerle al comienzo de la pandemia, y este mismo camino soporté  con algunos de sus secretarios de despacho, quienes por temor al jefe, tampoco volvieron a responder mis llamadas y terminé  objeto de un vulgar y grotesco bloqueo, totalmente inexplicable.

Supe por uno de sus colaboradores cercanos que, uno de sus patrocinadores financieros de campaña, le prohibió, le exigió rotundamente cualquier tipo de contacto conmigo y el medio de información que dirijo, y él obediente y sumiso ha cumplido a cabalidad la orden.

Debo aclarar que de esto no tengo pruebas, es el testimonio de uno de sus cercanos colaboradores.

El alcalde no tuvo ni el valor ni la gallardía para decirme en la cara, cuál había sido el motivo para llegar a este comportamiento hacia mí.

Logró minar una amistad que al menos se llevaba con respeto, terminó liderando un bloqueo, que hoy sus socios y amigos imitan como títeres por miedo a perder los favores del alcalde, ahí mostró perfectamente que clase de persona es, Eliecer Arteaga al menos va de frente, es más peligroso el asolapado o taimado como dicen otros, sobre todo esos que ponen a Dios por delante de sus actuaciones. A esos sí que les tengo desconfianza.

Hoy tengo que decir públicamente que el señor Felipe Cañizalez no es mi amigo y que nunca lo será y espero que tampoco mi enemigo.

Los tiempos vuelan y pronto será exalcalde, espero que cuide su libertad, el bien más preciado que puede tener un individuo, su familia, columna vertebral de su paso por la política, como en alguna ocasión se lo manifesté.

Para mí la amistad es filosofía de vida, le doy gran importancia, es sagrada, por eso tengo tan poquitos amigos, pero eso sí, leales, honestos y correctos y creo que con los que tengo me sobra y me basta.

Tengo que decir también públicamente que, el señor alcalde me retiró su amistad, no por pícaro o por indecente, por llevarle comprometedoras propuestas o por delincuente y eso me permite dormir tranquilo. Mis actuaciones son públicas.

La arrogancia y la soberbia se ha convertido en el enemigo número uno de unos alcaldes, que no entienden lo efímero del poder, lo pasajero y las trampas que le pone al individuo.

Hoy veo al mandatario como un politiquero más del montón, que no ha hecho ni hará ninguna diferencia en el ejercicio del poder.

Sobre las líneas gruesas de su gobierno, hoy aún en anuncios, ya tendremos la oportunidad de referirnos con total reposo y tranquilidad, sin pasiones, odios ni rencores, además advierto que, no responderé a la bodega del alcalde, que suele irse lanza en ristre contra quienes opinan distinto.

Les quiero dejar esta frase, cuyo autor lamentablemente no recuerdo:

“No desprecies la palabra amigo, dándola a un hombre de poca virtud”

Posdata: También puede decir el señor alcalde que, al comienzo de la pandemia me incluyó en una solidaridad que la alcaldía municipal dispuso para algunos periodistas, yo lo confirmo. Cosa que nunca debí haber aceptado y que me va a torturar por el resto de mis días, pues para mí era más significativo la amistad, pero con honestidad, con transparencia, real.

Urabá-mayo del 2021.