martes, 24 de agosto de 2021

Empleo joven: blindaje contra la violencia en Urabá

No se necesita ser un gurú de la economía para pensar que, si el sector empresarial pudiera responder con la generación de empleo, muy seguramente se podría neutralizar gran parte de esa natural fuerte presión por la subsistencia.

Por: Luis Alfonso Ossa/especial para El Pregonero del Darién

 Asistimos diariamente a  lo que ha venido convirtiéndose hace algún tiempo ya en una permanente narrativa de múltiples expresiones violentas  en casi todas las principales ciudades del país, y  últimamente cada vez más en aquellos lugares que antes eran bucólicos y muy tranquilos pueblos  rurales,  donde hasta hace poco la violencia ciudadana era la que escuchaban se  sufría en las grandes  urbes, porque en sus vecindades era raro  padecer atracos a mano armada y mucho  menos acompañados de la extrema violencia que hoy padecen la mayorías de ciudades del país.

Al empobrecimiento progresivo que el país ha venido padeciendo debemos agregarle  el  brusco empujón que hacia el abismo  nos pegó la pandemia, multiplicando por varios dígitos lo que ya venía siendo un progresivo proceso de empobrecimiento de nuestra población, lo que indudablemente fue tornando cada vez más dramática la lucha por la supervivencia, pues desde hace meses es evidente la incapacidad del Estado para  financiar  una política  de subsidio económico mínimo a esa gran masa de pobres que va aumentando con una acelerada  pauperización de amplios sectores populares para los cuales cada vez se hace  más difícil sobrevivir, avocándolos a la búsqueda de su subsistencia   de la manera que sea, lo que indudablemente ha venido contribuyendo cada vez más y  de manera fundamental, al progresivo deterioro social que se ha ido tornando caldo de cultivo óptimo para las más variopintas expresiones delincuenciales, que son las que  cada vez y  con más fuerza laceran el débil tejido social  expresándose con la violencia inusitada que hoy padecen la gran mayoría de las ciudades del país.

Luis A. Ossa B.
Creemos que si le sumamos al deterioro social  la incapacidad que  ha tenido el Estado para suplir ese empobrecimiento de  grandes masas populares y la también disminuida capacidad del sector empresarial para mantener  la fuerza laboral que antes de la pandemia sostenía, nos topamos con  otro poderoso factor más de pauperización de nuestra sociedad, el cual  conduce a cada vez mayor cantidad de sectores populares a engrosar esa masa de  pobres carentes de condiciones mínimas de subsistencia y por tanto  se sienten avocados a  buscar soluciones  a su supervivencia  donde sea y al costo que sea, quedando a merced   de la delincuencia organizada ,  lo que ha terminado seguramente por aumentar las cifras delincuenciales en las grandes urbes y con ello  el disparo de la violencia que en los últimos meses ha venido padeciendo el país.

No se necesita ser  un gurú de la economía para pensar que  si el sector empresarial pudiera  responder  con  la generación de  empleo, muy seguramente se podría neutralizar gran parte de esa natural fuerte presión por la subsistencia y cada vez las condiciones sociales serían menos propicias  al florecimiento de esa aterradora violencia urbana que hoy padece el país y frente a la cual  El Estado solo parece responder con una cada vez mayor y más costosa represión, que no necesariamente es el camino eficaz para  sanar la sociedad que la pobreza ha enfermado.

Piensa uno desde la provincia, incluso desde este Urabá que en el pasado padeció expresiones muy violentas, hoy por fortuna ya superadas, que aun con ese pasado, todavía no se expresa entre nosotros, como producto del deterioro económico generado por la pandemia, esa violencia con el grado terrorífico que hoy vemos diariamente narrada por los medios de comunicación nacionales. Pero que  esa violencia desbordada de las grandes ciudades colombianas, donde  la vida ha terminado valiendo menos que un celular  porque  están matando por robarlo, no esté todavía entre nosotros los municipios de la región  no quiere decir que estemos blindados  para padecerla, pero sí nos debería servir de alerta para presionar a las autoridades en Urabá, desde la gobernación de Antioquia, hasta los alcaldes de  todos los municipios de la región, a que rápidamente se sienten a estudiar  y diseñar medidas que terminen estimulando la creación de  emprendimientos que se conviertan en   alternativas de empleo que suplan por lo menos aquellos que se perdieron durante la pandemia y por qué no  que esos nuevos emprendimientos se conviertan para los jóvenes en alternativas esperanzadoras  que logren neutralizar eventuales salidas violentas que sectores delincuenciales organizados podrían estar proponiéndoles ante la incapacidad de la institucionalidad para  crearles salidas legales posibles.

Me parece que al lado de las autoridades estatales deben ponerse a su disposición las diferentes Fundaciones Sociales, aquellas instituciones empresariales que han jugado un papel importante en el desarrollo social regional, supliendo algunas veces obligaciones del Estado, pero finalmente mostrando un positivo balance social empresarial que ha logrado convertirse en un dique contenedor de la violencia política del pasado. Es esa experiencia la que hoy reivindicamos y pedimos volver a poner en práctica con la misma eficacia   del pasado, ayudando de nuevo a la construcción colectiva y multiestamentaria de propuestas encaminadas a impedir que esas expresiones violentas que nuestras ciudades padecen encuentren tierra abonada en Urabá.

Finalmente en la consolidación de esta propuesta  gobierno departamental, gobiernos municipales y fundaciones  sociales  deben apoyarse  en la inmensa credibilidad que ostenta entre la población entera  La Diócesis de Urabá, la misma que por su desmedido compromiso social con todos los urabaenses, pero por sobre todo con los más desfavorecidos, se convierte en el puente adecuado entre  esa juventud deseosa de encontrar un camino y las distintas instancias gubernativas y privadas, para que entre todos logremos finalmente  comenzar a generar empleo entre esos jóvenes hoy debatiéndose en la angustia y el desespero que el desempleo  produce inexorablemente en las nuevas generaciones.