No se necesita ser un gurú de la economía para pensar que, si el sector empresarial pudiera responder con la generación de empleo, muy seguramente se podría neutralizar gran parte de esa natural fuerte presión por la subsistencia.
Por:
Luis Alfonso Ossa/especial para El Pregonero del Darién
Al
empobrecimiento progresivo que el país ha venido padeciendo debemos
agregarle el brusco empujón que hacia el abismo nos pegó la pandemia, multiplicando por
varios dígitos lo que ya venía siendo un progresivo proceso de empobrecimiento
de nuestra población, lo que indudablemente fue tornando cada vez más dramática
la lucha por la supervivencia, pues desde hace meses es evidente la incapacidad
del Estado para financiar una política
de subsidio económico mínimo a esa gran masa de pobres que va aumentando
con una acelerada pauperización de
amplios sectores populares para los cuales cada vez se hace más difícil sobrevivir, avocándolos a la
búsqueda de su subsistencia de la
manera que sea, lo que indudablemente ha venido contribuyendo cada vez más
y de manera fundamental, al progresivo
deterioro social que se ha ido tornando caldo de cultivo óptimo para las más
variopintas expresiones delincuenciales, que son las que cada vez y
con más fuerza laceran el débil tejido social expresándose con la violencia inusitada que
hoy padecen la gran mayoría de las ciudades del país.
| Luis A. Ossa B. |
No
se necesita ser un gurú de la economía
para pensar que si el sector empresarial
pudiera responder con la
generación de empleo, muy seguramente se
podría neutralizar gran parte de esa natural fuerte presión por la subsistencia
y cada vez las condiciones sociales serían menos propicias al florecimiento de esa aterradora violencia
urbana que hoy padece el país y frente a la cual El Estado solo parece responder con una cada
vez mayor y más costosa represión, que no necesariamente es el camino eficaz
para sanar la sociedad que la pobreza ha
enfermado.
Piensa
uno desde la provincia, incluso desde este Urabá que en el pasado padeció
expresiones muy violentas, hoy por fortuna ya superadas, que aun con ese
pasado, todavía no se expresa entre nosotros, como producto del deterioro
económico generado por la pandemia, esa violencia con el grado terrorífico que
hoy vemos diariamente narrada por los medios de comunicación nacionales. Pero
que esa violencia desbordada de las
grandes ciudades colombianas, donde la
vida ha terminado valiendo menos que un celular
porque están matando por robarlo,
no esté todavía entre nosotros los municipios de la región no quiere decir que estemos blindados para padecerla, pero sí nos debería servir de
alerta para presionar a las autoridades en Urabá, desde la gobernación de
Antioquia, hasta los alcaldes de todos
los municipios de la región, a que rápidamente se sienten a estudiar y diseñar medidas que terminen estimulando la
creación de emprendimientos que se
conviertan en alternativas de empleo
que suplan por lo menos aquellos que se perdieron durante la pandemia y por qué
no que esos nuevos emprendimientos se
conviertan para los jóvenes en alternativas esperanzadoras que logren neutralizar eventuales salidas violentas
que sectores delincuenciales organizados podrían estar proponiéndoles ante la
incapacidad de la institucionalidad para
crearles salidas legales posibles.
Me
parece que al lado de las autoridades estatales deben ponerse a su disposición
las diferentes Fundaciones Sociales, aquellas instituciones empresariales que
han jugado un papel importante en el desarrollo social regional, supliendo
algunas veces obligaciones del Estado, pero finalmente mostrando un positivo
balance social empresarial que ha logrado convertirse en un dique contenedor de
la violencia política del pasado. Es esa experiencia la que hoy reivindicamos y
pedimos volver a poner en práctica con la misma eficacia del pasado, ayudando de nuevo a la
construcción colectiva y multiestamentaria de propuestas encaminadas a impedir
que esas expresiones violentas que nuestras ciudades padecen encuentren tierra
abonada en Urabá.
Finalmente en la consolidación de esta
propuesta gobierno departamental,
gobiernos municipales y fundaciones
sociales deben apoyarse en la inmensa credibilidad que ostenta entre
la población entera La Diócesis de
Urabá, la misma que por su desmedido compromiso social con todos los
urabaenses, pero por sobre todo con los más desfavorecidos, se convierte en el
puente adecuado entre esa juventud
deseosa de encontrar un camino y las distintas instancias gubernativas y
privadas, para que entre todos logremos finalmente comenzar a generar empleo entre esos jóvenes
hoy debatiéndose en la angustia y el desespero que el desempleo produce inexorablemente en las nuevas
generaciones.