Encontrarse
frente a frente al otrora poderoso y temido jefe paramilitar Ramón Isaza
Arango, cara a cara con una de sus víctimas, verlos sonreír, departir, hablar
de paz, perdón y reconciliación, es prueba que Colombia si tiene una segunda
oportunidad.
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| Los rostros de la reconciliación |
Por.
Wilmar Jaramillo Velásquez/El
Pregonero del Darién
Es
mediados de enero del año que apenas comienza, Puerto Triunfo en el Magdalena
Medio Antioqueño, registra una temperatura infernal, los árboles se tornan
inmóviles ante la ausencia de la brisa cotidiana que suele refrescar el Malecón
al lado del Río Grande de La Magdalena.
Tenía
una entrevista frustrada hacía varios años con el entonces jefe paramilitar
Ramón Isaza, en la que hablaríamos de la guerra; numerosos hechos fortuitos
impidieron dicho encuentro.
Hoy
lo esperaba, no en la montaña, sino en el parque principal del pueblo, no para hablar
de la guerra, la muerte y la destrucción, sino de la construcción de la paz.
Había
pasado el mediodía, los moradores del lugar hacían su acostumbrada siesta, el
parque estaba solitario, el insoportable calor mantenía a la gente confinada en
sus habitaciones mitigando el sofoco.
Ramón
Isaza llegó en una camioneta blanca, acompañado de sus inseparables escoltas,
dos muchachos, joviales, quienes ocultaban discretamente su armamento.
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| Ramón Isaza Arango |
Ya
no se trataba del viejo comandante militar que tuvo el mando general en toda la
jurisdicción del Madalena Medio; el hombre que apoyado por un sector del
establecimiento libró una guerra de medio siglo contra las guerrillas izquierdistas,
el mismo que fue señalado como “el Manuel Marulanda de las Auto Defensas de
Colombia”; los años comienzan a hacer mella en su humanidad.
Uno
de los escoltas lo ayuda a bajar del vehículo y él decide que el diálogo se
haga en las orillas del Madalena.
Viene
con su infaltable poncho y su sombrero, una camisa blanca estampada con hojas
negras y un jean azul. También lo acompaña un bastón.
Nos
acomodamos en una improvisada mesa con un par de sillas plásticas, el diálogo
se inicia sin mucho preámbulo, Ramón Isaza, habla pausado y en tono bajo, dice
sin rodeos que la paz es el camino.
El
viejo comandante de las Autodefensas en Colombia, acaba de publicar un libro en
el cual narra parte de su historia, del origen de la guerra, de medio siglo de combate
con las guerrillas colombianas a las que se enfrentó.
“Hoy
gracias a Dios tenemos a todo el mundo acá en la región, se van para los ríos y
las quebradas a bañarse, hacen sus fiestas, todos pueden gozar de tranquilidad,
antes aquí no se podía vivir, en cualquier momento mataban a dos o tres
personas de la región, hoy gracias a Dios no tenemos que pasar por ese problema
tan horrible”, dice.
El
citado libro: “Ramón Isaza y el Origen de las Autodefensas Campesinas fue
escrito bajo la tutela del psicólogo, Juan Carlos Castrillón Rodríguez y en el
mismo revela varios aspectos de su vida, de su trasegar en cincuenta años en la
guerra.
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| Ramón Isaza y Jeny Castañeda |
“Yo
nunca escribí un libro para decirle al pueblo, para decirle a las regiones lo
que hicimos, más bien para ratificar que en estos momentos todos tenemos
tranquilidad”, agrega.
Ramón
Isaza se acogió a la ley de Justicia y Paz, que promovió el gobierno del
entonces presidente Álvaro Uribe, se desmovilizó con sus hombres y pagó ocho
años de cárcel, fuera de adquirir otros compromisos con el gobierno nacional.
El
rostro de perdón
La
historia de perdón y reconciliación vivida por Ramón Isaza y una de sus
víctimas, se inicia cuando a él lo trasladan de una cárcel de Itaguí a la zona
del Magdalena a participar en el hallazgo de unos restos de víctimas del
conflicto.
En
la zona habita una joven de nombre Jeny Castañeda Mejía a quien las
Autodefensas le habían asesinado a su señora madre. “Ella decía que a ese hijuetantas
lo mataba, porque lo mataba”, en realidad yo no la maté, pero como era el
comandante de la zona, por razón de la línea de mando me tocaba responder”,
relata.
“Un
día estaba yo en la cárcel acá en el Magdalena, estaba leyendo boca abajo
cuando tocaron la puerta, y yo, quién es a esta hora, entonces pues fui y abrí
con mi de ladito, cuando esa señora y como ella decía que me mataba, entonces
yo le dije no se me arrime, de ahí no me pasa ni un solo paso, ella después me
dijo, no yo no me voy, y yo tampoco le voy a hacer nada, vengo a que hablemos a
que dialoguemos, nosotros también tenemos la ocasión de aportar para la paz, yo
quiero que dialoguemos, dígame cómo es, entonces le dije, voltéese hacia la
pared y entonces yo me paré y la toque por todos los lados, por todas partes y
vi que no tenía armas, un libro que llevaba grande se lo vi pero no tenía nada,
yo le dije siéntese y se sentó en un taburete y nos pusimos a hablar y le
expliqué bien las cosas, estábamos hablando hacía por ahí dos horas, cuando
otra tocadita de la puerta, entonces me fui y la abrí y era un sacerdote,
entonces yo cerré la puerta otra vez un poquito y le dije a Jeny, usted habló
con el cura para que estuviera con nosotros, qué pasa, usted me dice que no habló
con nadie y me dijo, yo no he hablado con nadie pero si algún sacerdote se va a
meter a las buenas a ayudarnos a calmar la situación pues bienvenido don Ramón
y le dije yo, pues por mí también me sirve que nos ayude inteligentemente a
mirar qué es lo que vamos hacer, entonces le di la orden que pasara, lo saludé
y el hombre vio todo, Jeny pues lloró, a
mí también se me iban a salir las lágrimas y nos pusimos a hablar hasta por la
noche, estuvimos hablando y quedamos pues en que íbamos a empezar hablar de paz
y entonces de esa manera fue que iniciamos todo esto”, cuenta Ramón Isaza en
sus propias expresiones.
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| Isaza presenta su libro en público |
Ramón
Isaza dice que hoy la relación con esta víctima del accionar paramilitar en
Puerto Triunfo “es supremamente bien, muy buena, ella si yo estoy en el
hospital ella va al hospital a visitarme, ella está en el hospital yo voy al
hospital a visitarla; se le ayuda con lo poco o mucho que se puede ayudarle
cuando ella está enferma pues busco la forma de ayudarle de una forma u otra, a
la hermana, a la abuela de ella también la queremos mucho, le ayudamos de todas
maneras en lo que se pueda”.
“La
paz, la reconciliación es posible en Colombia si, Dios quiera, si todo el mundo
tuviéramos esa voluntad de paz seríamos capaz (sic) de llegar y muy ligero”.
La
otra cara
La
otra cara de este encuentro rumbo a la reconciliación entre quienes no se podían
ni ver, entre quienes había germinado la semilla del odio y la retaliación, es
el rostro de una joven mujer, de una niña en su momento a quien le asesinan a su
señora madre, Damaris Mejía Ramírez, una fogosa y reconocida líder social y
comunal.
Su
hija, Jeny Castañeda Mejía después de muchos años de masticar su odio, su
venganza, opta por el camino de la reconciliación y termina buscando a su
victimario para iniciar uno de los procesos más insólitos, por su poca
ocurrencia hacia la paz interior, hacia la reconciliación.
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| Diálogo a orillas del Magdalena |
Jeny
llega por separado a la cita, está vestida de un impecable blanco “como una paloma”,
le dice Ramón Isaza, es una mujer de carácter, madurada a golpes del destino,
no solamente azotada por la violencia, sino por un cáncer de mama que cada
segundo que trascurre le acorta su existencia.
Ella
se une al diálogo con firmeza y naturalidad; pese a la tragedia, hoy está a punto
de culminar su carrera de derecho.
“La
verdad me sorprendí mucho cuando me llegó el libro que acaba de presentar don
Ramón Isaza, porque tenía como un mensaje que dice el Origen de las
Autodefensas Campesinas y pensé que iba más relacionado como a la guerra, como
a todo este vivir en el que él estuvo durante el conflicto armado, pero cuando
ya tuve la oportunidad de ojearlo, él me dice, revise bien el libro que hay
unas páginas muy importantes para mí, y resulta que encuentro allí reflejada la
historia de mi mamá, la muerte de la gran líder y la cuenta como siempre la hemos
contado, y no solamente eso sino que cuenta todo lo del desarme, él deja a un
lado esa persona que fue tan poderosa digámoslo entre comillas en el conflicto armado
y desarma su corazón y muestra el hombre como tal, qué lo afectó, qué lo marcó,
cuenta su historia del ser humano como tal, que hizo el desarme y realmente
siempre ha dicho en sus testimonios que él perdió mucho y en verdad sí, porque
por un momento tuvo poder, pero él mira todo ese pasado y ¿qué ganó? y a la
hora de la verdad no ganó nada, tuvo más para perder que para ganar, entonces
me deja una enseñanza muy grande porque a pesar de nuestro proceso que ya
prácticamente lleva 20 años desde el momento en que asesina a mi mamá, hasta
hoy me ha demostrado que es un ser humano, que tiene corazón y ha reflejado
durante estos ocho años desde el momento en que nos reconciliamos, nos
perdonamos, porque el perdón fue mutuo y donde hay un verdadero proceso de
perdón y reconciliación, él me ha demostrado el ser humano como tal, entonces
eso lo valoro muchísimo, para mí es muy importante porque él muestra que
realmente su perdón es de corazón y que nuestro proceso ha valido la pena tanto
para él como para mí”, cuenta hoy Jeny con su corazón despojado de cualquier tipo
de resentimiento.
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| Diálogos cordiales |
Si
es posible
Pero
la vida espiritual, íntima, personal de Jeny ha cambiado y cree que si es
posible el perdón: “si ahora estoy convencida porque como les hablé ahorita
llevamos 20 años donde 12 años yo odié con todas las fuerzas de mi alma y mi
corazón, yo odié y yo no entendía la palabra perdón, pero lastimosamente el ser
humano tiene que pasar por muchas cosas, yo tuve que pasar por un cáncer para
entender que había perdido muchas cosas durante esos 12 años y él nunca se cansó
de pedirme perdón, desde el momento en que él se desarmó siempre justificó por
qué la había asesinado, pero llegó un momento en que él aceptó de que esa
justificación no era válida para el daño que nos había causado y siempre nos
había pedido perdón, yo era la que estaba negada en aceptar ese perdón, pero
cuando a mi vida llega el cáncer yo sentí que estaba perdiendo todo, que había
perdido toda esa energía y todo eso que había concentrado en ese proceso y
haber podido ingresar a una universidad, la vida me dio una segunda oportunidad,
Dios me dio una segunda oportunidad y tuvimos la oportunidad de perdonarnos, yo
siento que esto es mutuo, esto va de la mano de la justicia, va de parte de las
víctimas y del victimario y cuando hay una verdad, créame que hay la
posibilidad de perdonar”, nos cuenta.
El
Primer encuentro
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| "El Perdón si es posible" |
“Ese
primer encuentro con don Ramón fue muy desafiante, porque la última vez que
nosotros nos hablamos fue en el Tribunal de Justicia y Paz, donde él me pidió
perdón y donde yo le dije a él que le pidiera perdón a Dios, que cuando Dios lo
perdonara, volviera y me buscara y fue cuando él me dice que Dios le habló y
por eso me buscó, entonces eso fue algo muy desafiante porque fui con mi abuela,
la mamá de mi mamá, fuimos a la cárcel supuestamente a escuchar qué era lo que él
nos quería decir o sea yo iba cerrada a no perdonar, pero Dios nos dio una
oportunidad de tanto él pedir perdón como a nosotros de poder perdonar, hoy
ocho años después de todo este proceso ha sido algo muy bonito para mí y sé que
para la vida de él también, porque ha dejado muchas enseñanzas, nos ha traído
muchas cosas bonitas, nunca me imaginé que nuestra historia hiciera parte de cuatro
archivos de la memoria del país solamente por haber perdonado, nunca pensé que
nuestra historia llegara a otros países y que estaríamos en una película
documentada, nunca me imaginé que nuestra historia fuera contada en varios
libros, que ha venido gente que se ha enamorado de nuestra historia, uno no se
alcanza a imaginar que por el mero hecho de haber perdonado de corazón se
abrieran tantas puertas y tantas ventanas, tanto para él como victimario como
para mí como víctima y que nuestro ejemplo sea para muchas personas que hoy no
creen en un perdón y no creen aun en perdonar, entonces para mí esto es muy
importante todo lo que yo he hecho, porque hoy estoy estudiando, me di la
oportunidad de estudiar voy en el séptimo semestre de derecho, soy otra persona
y todo esto se lo debo a él, porque él transformó mi vida, en el pasado de
mucho dolor, de muchos odios, de resentimientos hoy en el presente y en el
futuro me he reconstruido y he podido sobrevivir en medio de una guerra, en
medio de un conflicto, entonces yo nunca me considero víctima, me considero una
sobreviviente de todo este proceso y que tan rico poderlo contar de esta manera
y que nuestra historia sea vista con buenos ojos para muchas personas que creen
en el perdón y aún creen en la reconciliación y aún creen en segundas
oportunidades, porque es una segunda oportunidad tanto para él como para mí”,
continúa su relato Jeny con firmeza y decisión.
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Al pie del obelisco a las víctimas |
El
cáncer, otra lucha
Hoy
soy estudiante, soy ama de casa, soy una mujer nueva, me detectaron un cáncer
de mama, hace poco me operaron y esa es la lucha del día a día y algo que he
aprendido durante todo este tiempo es que él ha sido mi apoyo, que ironías de
la vida, él no me ha abandonado, ha estado muy presente en todo mi proceso y no
solamente en mi proceso sino en mi formación académica, él es el que más me ha
dado alas para que sueñe, para que no renuncie y las palabras de él siempre
son: “yo la necesito preparada a mi lado”, entonces uno escuchar a una persona
que es totalmente analfabeta o sea el ser humano como tal como Ramón Isaza a
sus 81 años, todo lo que vivió y todo lo que me ha enseñado, todo lo que ha
dejado en mi vida han sido cosas muy bonitas, a pesar de todo el dolor y de la
pérdida tan grande que tuve que fue mi mamá que eso no se repara con toda la
plata del mundo, eso no tiene precio, pero en el momento que yo decidí perdonar
de corazón, nunca me imaginé que Dios y la vida me fueran a recompensar con
tantas cosas bonitas”.
La
mamá
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| Damaris Mejía (Q.E.P.D) |
“Mi
mama se llamaba Damaris Mejía Ramírez y era una mujer muy luchadora,
emprendedora querida por toda la comunidad y sobre todo muy soñadora en querer
siempre dar a todos los que más la necesitaban y ella murió de esa manera, ella
amaba a su gente y ella siempre nos decía, y el último día antes de que a ella
la asesinaran estuvo en la casa y me dijo, “uno vino a esta vida a dos cosas, a
servir o no servir para nada y yo prefiero morir sirviendo”, entonces ella
murió en su ley, ella dio la vida por su comunidad, entonces para mi es una
persona que me dejó muchos valores me dejó en tan poquito tiempo muchas cosas y
que tan rico que hoy mi mamá está más viva que nunca, porque mucha gente la
recuerda y yo la recuerdo más todavía y nosotros en estos momentos tenemos una
fundación con el hijo de don Ramón, con Oliverio Isaza que lleva por nombre,
por la Reconciliación Damaris Mejía Ramírez , donde retomamos todo lo que ella
hizo en el pasado ayudando a la comunidad”, sigue narrando Jeny
Mensaje
final
Jeny
Castañeda Mejía cierra su relato con este periodista enviando el siguiente
mensaje:
“La
violencia a la larga no los lleva para ningún lado, porque los que pierden son
las familias, don Ramón entendió al final de que él había perdido todo, ganó
poder, pero al final de escuchar su historia de saber que sus hijos murieron en
la guerra, de saber que él tuvo que reclutar a su propio hijo y mandarlo a la
guerra, porque tiene también hijos que han sido víctimas directas de la guerra,
se dio cuenta de que perdió todo y pienso que la familia no se compra con toda
la plata del mundo, entonces para mí, nosotros perdimos nuestra familia que era
mi mamá, perdimos todo en el momento en que ella nos falta, perdimos todo y lo
mismo le pasó a él, las personas que en estos momentos insisten o quieren armarse,
créanme que ellos no piensan sino en el momento, pero al cabo de los años se
van a dar cuenta de que no perdieron ellos, perdieron sus familias porque van a
ser perseguidos, señalados y siempre le van a dar a uno donde más le duele,
entonces pienso de que volverse a armar no van para ningún lado, eso no lleva a
ningún camino.
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El Libro de Ramón Isaza |
Magdalena Medio Antioqueño / enero
de 2022