Una persona que no esté vacunada o que haya sido infectada previamente pero no tenga vacunas puede reinfectarse con esta variante y sufrir una enfermedad severa. Pero una persona con las dosis completas, incluida la de refuerzo, es mucho menos propensa a enfermarse. Por eso es importante vacunarse.
Por: María Fernanda Gutiérrez* para el Portal Razón Pública
Este
30 de enero se cumplirán dos años desde que la Organización Mundial de la Salud
declaró la emergencia sanitaria atribuida a la expansión del virus SARS-COV-2.
Durante
este tiempo la gente del común ha aprendido muchas cosas en materia de
virología, donde hoy son familiares conceptos como pandemia, zoonosis,
virulencia, mutaciones, variantes, e inclusive “variantes de interés” o
“variantes de preocupación”.
Uno
de los aprendizajes más importantes fue comprender cómo se infectan las células
humanas. El virus debe multiplicarse para que esto suceda, y por eso todos
sabemos hoy cuáles son las medidas preventivas esenciales para evitar el
contagio o expansión de la pandemia.
Ahora
bien. La multiplicación del virus se produce a medida que este se reproduce o
duplica su material genético (su RNA) para generar las cepas sucesivas; pero en
la copia del RNA ocurren mutaciones que crean las “variantes”.
Las mutaciones son muy frecuentes y pueden ser muy diversas, pero por regla general no implican cambios en el comportamiento del virus. Algunas, sin embargo, logran hacer que el virus sea más infeccioso, más patógeno o más virulento. Las variantes son más infecciosas si logran pasar de célula a célula y de persona a persona con mayor facilidad, más patógenas si su capacidad de producir enfermedades es mayor, más virulentas si las enfermedades que produce son más graves.
En
este punto los investigadores pueden clasificar las variantes como “de interés”
o “de preocupación”. Cuando una variante es de interés se la observa y se
reportan los cambios que ocurren en el ser humano. Pero cuando se identifican
cambios en el comportamiento viral y la posibilidad de que se vuelvan más
infecciosas, patógenas o virulentas se convierten en
variantes de preocupación.
Colombia: de la Delta a la Ómicron
Otro
aprendizaje básico fue la gran dificultad para hacer predicciones sobre la
evolución de la pandemia. Sin embargo, estas proyecciones nos ayudan a generar
estrategias con respecto a hacia dónde va el proceso y cómo podríamos manejarlo
mejor.
Colombia
vive el cuarto pico y la variante ómicron ya está aquí. El 95 % de los casos
estudiados se deben a esta variante.
En
el caso particular de la COVID-19, una manera de hacer predicciones es apoyarse
en la información recibida de los países europeos donde los cambios en la
pandemia se han venido presentando con algunos meses de antelación y por lo
tanto ofrecen pistas sobre el futuro comportamiento del virus en Colombia.
Colombia
vive el cuarto pico y la variante ómicron ya está aquí. El 95 % de los
casos estudiados se deben a esta variante. Así queda confirmado que ómicron
desplazó a delta y se estableció como la variante dominante en Colombia gracias
a su habilidad para multiplicarse.
¿Cuál es la diferencia?
Son
muchas las diferencias en el comportamiento de las variantes delta y ómicron.
La más visible es la infección de las vías respiratorias altas, más efectiva en
el caso de la segunda. Esto significa que ómicron ataca la laringe y la
faringe, pero es menos común que afecte los pulmones.
Su
presencia en la nariz es una de las razones de su alta capacidad de infectar.
Como no llega a los pulmones, esta variante no causa neumonías ni otras
patologías severas que podrían ser la causa de la mayor mortalidad de la
variante delta o aún del SARS-Cov-2 inicial.
Otro
factor que explica su mayor capacidad de infectar son las mutaciones
localizadas en el gen de la espícula, más exactamente en la porción del virus
que se une al receptor de la célula. Esta molécula se conoce como ACE 2 y, en
la variante ómicron, hace que aumenten la adherencia del virus a la célula y la
probabilidad de que la penetre para cumplir su ciclo viral.
Ómicron: pruebas y vacunas
Considerando
las mutaciones presentes en ómicron, aún quedan dos preguntas importantes para
responder:
Si las pruebas PCR pueden o no detectar bien esta variante, y si ómicron logró desarrollar el “escape inmunológico”, es decir, logra evitar que sea neutralizado por la inmunidad que resulta de las vacunas actualmente disponibles o de las infecciones previas del SARS-Cov-2.
La
respuesta a la primera pregunta parecer ser afirmativa. La prueba de PCR sí
detecta a ómicron en casi todos los casos. Sin embargo, algunas mutaciones
interfieren con algunas de las pruebas y pueden arrojar falsos negativos (esto
a su vez se evitaría si el estuche de PCR detectase más de un segmento génico).
“Una
persona que no esté vacunada o que haya sido infectada previamente pero no
tenga vacunas puede reinfectarse con esta variante y sufrir una enfermedad
severa”
Con
todo, la prueba de PCR sigue siendo la herramienta de diagnóstico más sensible
y específica de la COVID-19. Pero sería bueno apoyar más los diagnósticos con
pruebas rápidas para detectar el antígeno viral además de los segmentos
génicos.
Con
relación a la segunda pregunta, los estudios confirman que las reinfecciones
aumentaron a raíz de la ómicron, lo cual implica algún grado de escape
inmunológico. Importa sin embargo resaltar que el número de reinfecciones
disminuye notablemente y de manera proporcional al número de dosis de vacuna
recibida.
Una
persona que no esté vacunada o que haya sido infectada previamente pero no
tenga vacunas puede reinfectarse con esta variante y sufrir una enfermedad
severa. Pero una persona con las dosis completas, incluida la de refuerzo, es
mucho menos propensa a enfermarse. Por eso es importante vacunarse.
Un
último punto preocupante es la capacidad de esta “variante de interés” para
generar enfermedad grave y muerte. El comportamiento esperado (mucha infección
y poca mortalidad) no es igual al reportado, por eso no es fácil comprender el
porqué del aumento del número de infectados y de personas que llegan a las
unidades de cuidados intensivos.
Según
lo esperado, el grupo de infectados deberían ser las personas no vacunadas o
con comorbilidades, pero en realidad aún hay pacientes sin comorbilidades y
vacunados que pueden morir de COVID-19 en este cuarto pico de la pandemia.
Gracias a Dios son pocos.
Finalmente —e
incurriendo en la especulación que siempre he criticado— me uno a los
científicos que piensan que tras este cuarto pico el mundo debe alistarse para
el final de la pandemia y el comienzo de la endemia.
| María F. Gutiérrez |
El
aumento acelerado en el número de casos, al igual que la rápida caída que se
espera, implican que la variante ómicron llegó para quedarse entre nosotros
como otro más de los agentes virales causantes de la Infección Respiratoria
Aguda o “IRA”.
María Fernanda Gutiérrez* Viróloga de la Pontificia Universidad Javeriana.