martes, 18 de enero de 2022

Cuando la guerra muestra la cara del perdón

Encontrarse frente a frente al otrora poderoso y temido jefe paramilitar Ramón Isaza Arango, cara a cara con una de sus víctimas, verlos sonreír, departir, hablar de paz, perdón y reconciliación, es prueba que Colombia si tiene una segunda oportunidad.

Los rostros de la reconciliación

Por. Wilmar Jaramillo Velásquez/El Pregonero del Darién

Es mediados de enero del año que apenas comienza, Puerto Triunfo en el Magdalena Medio Antioqueño, registra una temperatura infernal, los árboles se tornan inmóviles ante la ausencia de la brisa cotidiana que suele refrescar el Malecón al lado del Río Grande de La Magdalena.

Tenía una entrevista frustrada hacía varios años con el entonces jefe paramilitar Ramón Isaza, en la que hablaríamos de la guerra; numerosos hechos fortuitos impidieron dicho encuentro.

Hoy lo esperaba, no en la montaña, sino en el parque principal del pueblo, no para hablar de la guerra, la muerte y la destrucción, sino de la construcción de la paz.

Había pasado el mediodía, los moradores del lugar hacían su acostumbrada siesta, el parque estaba solitario, el insoportable calor mantenía a la gente confinada en sus habitaciones mitigando el sofoco.

Ramón Isaza llegó en una camioneta blanca, acompañado de sus inseparables escoltas, dos muchachos, joviales, quienes ocultaban discretamente su armamento.

Ramón Isaza Arango

Ya no se trataba del viejo comandante militar que tuvo el mando general en toda la jurisdicción del Madalena Medio; el hombre que apoyado por un sector del establecimiento libró una guerra de medio siglo contra las guerrillas izquierdistas, el mismo que fue señalado como “el Manuel Marulanda de las Auto Defensas de Colombia”; los años comienzan a hacer mella en su humanidad.

Uno de los escoltas lo ayuda a bajar del vehículo y él decide que el diálogo se haga en las orillas del Madalena.

Viene con su infaltable poncho y su sombrero, una camisa blanca estampada con hojas negras y un jean azul. También lo acompaña un bastón.

Nos acomodamos en una improvisada mesa con un par de sillas plásticas, el diálogo se inicia sin mucho preámbulo, Ramón Isaza, habla pausado y en tono bajo, dice sin rodeos que la paz es el camino.

El viejo comandante de las Autodefensas en Colombia, acaba de publicar un libro en el cual narra parte de su historia, del origen de la guerra, de medio siglo de combate con las guerrillas colombianas a las que se enfrentó.

“Hoy gracias a Dios tenemos a todo el mundo acá en la región, se van para los ríos y las quebradas a bañarse, hacen sus fiestas, todos pueden gozar de tranquilidad, antes aquí no se podía vivir, en cualquier momento mataban a dos o tres personas de la región, hoy gracias a Dios no tenemos que pasar por ese problema tan horrible”, dice.

El citado libro: “Ramón Isaza y el Origen de las Autodefensas Campesinas fue escrito bajo la tutela del psicólogo, Juan Carlos Castrillón Rodríguez y en el mismo revela varios aspectos de su vida, de su trasegar en cincuenta años en la guerra.

Ramón Isaza y Jeny Castañeda

“Yo nunca escribí un libro para decirle al pueblo, para decirle a las regiones lo que hicimos, más bien para ratificar que en estos momentos todos tenemos tranquilidad”, agrega.

Ramón Isaza se acogió a la ley de Justicia y Paz, que promovió el gobierno del entonces presidente Álvaro Uribe, se desmovilizó con sus hombres y pagó ocho años de cárcel, fuera de adquirir otros compromisos con el gobierno nacional.

El rostro de perdón

La historia de perdón y reconciliación vivida por Ramón Isaza y una de sus víctimas, se inicia cuando a él lo trasladan de una cárcel de Itaguí a la zona del Magdalena a participar en el hallazgo de unos restos de víctimas del conflicto.

En la zona habita una joven de nombre Jeny Castañeda Mejía a quien las Autodefensas le habían asesinado a su señora madre. “Ella decía que a ese hijuetantas lo mataba, porque lo mataba”, en realidad yo no la maté, pero como era el comandante de la zona, por razón de la línea de mando me tocaba responder”, relata.

“Un día estaba yo en la cárcel acá en el Magdalena, estaba leyendo boca abajo cuando tocaron la puerta, y yo, quién es a esta hora, entonces pues fui y abrí con mi de ladito, cuando esa señora y como ella decía que me mataba, entonces yo le dije no se me arrime, de ahí no me pasa ni un solo paso, ella después me dijo, no yo no me voy, y yo tampoco le voy a hacer nada, vengo a que hablemos a que dialoguemos, nosotros también tenemos la ocasión de aportar para la paz, yo quiero que dialoguemos, dígame cómo es, entonces le dije, voltéese hacia la pared y entonces yo me paré y la toque por todos los lados, por todas partes y vi que no tenía armas, un libro que llevaba grande se lo vi pero no tenía nada, yo le dije siéntese y se sentó en un taburete y nos pusimos a hablar y le expliqué bien las cosas, estábamos hablando hacía por ahí dos horas, cuando otra tocadita de la puerta, entonces me fui y la abrí y era un sacerdote, entonces yo cerré la puerta otra vez un poquito y le dije a Jeny, usted habló con el cura para que estuviera con nosotros, qué pasa, usted me dice que no habló con nadie y me dijo, yo no he hablado con nadie pero si algún sacerdote se va a meter a las buenas a ayudarnos a calmar la situación pues bienvenido don Ramón y le dije yo, pues por mí también me sirve que nos ayude inteligentemente a mirar qué es lo que vamos hacer, entonces le di la orden que pasara, lo saludé y el hombre vio todo, Jeny  pues lloró, a mí también se me iban a salir las lágrimas y nos pusimos a hablar hasta por la noche, estuvimos hablando y quedamos pues en que íbamos a empezar hablar de paz y entonces de esa manera fue que iniciamos todo esto”, cuenta Ramón Isaza en sus propias expresiones.

Isaza presenta su libro en público

Ramón Isaza dice que hoy la relación con esta víctima del accionar paramilitar en Puerto Triunfo “es supremamente bien, muy buena, ella si yo estoy en el hospital ella va al hospital a visitarme, ella está en el hospital yo voy al hospital a visitarla; se le ayuda con lo poco o mucho que se puede ayudarle cuando ella está enferma pues busco la forma de ayudarle de una forma u otra, a la hermana, a la abuela de ella también la queremos mucho, le ayudamos de todas maneras en lo que se pueda”.

“La paz, la reconciliación es posible en Colombia si, Dios quiera, si todo el mundo tuviéramos esa voluntad de paz seríamos capaz (sic) de llegar y muy ligero”.

La otra cara

La otra cara de este encuentro rumbo a la reconciliación entre quienes no se podían ni ver, entre quienes había germinado la semilla del odio y la retaliación, es el rostro de una joven mujer, de una niña en su momento a quien le asesinan a su señora madre, Damaris Mejía Ramírez, una fogosa y reconocida líder social y comunal.

Su hija, Jeny Castañeda Mejía después de muchos años de masticar su odio, su venganza, opta por el camino de la reconciliación y termina buscando a su victimario para iniciar uno de los procesos más insólitos, por su poca ocurrencia hacia la paz interior, hacia la reconciliación.

Diálogo a orillas del Magdalena

Jeny llega por separado a la cita, está vestida de un impecable blanco “como una paloma”, le dice Ramón Isaza, es una mujer de carácter, madurada a golpes del destino, no solamente azotada por la violencia, sino por un cáncer de mama que cada segundo que trascurre le acorta su existencia.

Ella se une al diálogo con firmeza y naturalidad; pese a la tragedia, hoy está a punto de culminar su carrera de derecho.

“La verdad me sorprendí mucho cuando me llegó el libro que acaba de presentar don Ramón Isaza, porque tenía como un mensaje que dice el Origen de las Autodefensas Campesinas y pensé que iba más relacionado como a la guerra, como a todo este vivir en el que él estuvo durante el conflicto armado, pero cuando ya tuve la oportunidad de ojearlo, él me dice, revise bien el libro que hay unas páginas muy importantes para mí, y resulta que encuentro allí reflejada la historia de mi mamá, la muerte de la gran líder y la cuenta como siempre la hemos contado, y no solamente eso sino que cuenta todo lo del desarme, él deja a un lado esa persona que fue tan poderosa digámoslo entre comillas en el conflicto armado y desarma su corazón y muestra el hombre como tal, qué lo afectó, qué lo marcó, cuenta su historia del ser humano como tal, que hizo el desarme y realmente siempre ha dicho en sus testimonios que él perdió mucho y en verdad sí, porque por un momento tuvo poder, pero él mira todo ese pasado y ¿qué ganó? y a la hora de la verdad no ganó nada, tuvo más para perder que para ganar, entonces me deja una enseñanza muy grande porque a pesar de nuestro proceso que ya prácticamente lleva 20 años desde el momento en que asesina a mi mamá, hasta hoy me ha demostrado que es un ser humano, que tiene corazón y ha reflejado durante estos ocho años desde el momento en que nos reconciliamos, nos perdonamos, porque el perdón fue mutuo y donde hay un verdadero proceso de perdón y reconciliación, él me ha demostrado el ser humano como tal, entonces eso lo valoro muchísimo, para mí es muy importante porque él muestra que realmente su perdón es de corazón y que nuestro proceso ha valido la pena tanto para él como para mí”, cuenta hoy Jeny con su corazón despojado de cualquier tipo de resentimiento.

Diálogos cordiales
Si es posible

Pero la vida espiritual, íntima, personal de Jeny ha cambiado y cree que si es posible el perdón: “si ahora estoy convencida porque como les hablé ahorita llevamos 20 años donde 12 años yo odié con todas las fuerzas de mi alma y mi corazón, yo odié y yo no entendía la palabra perdón, pero lastimosamente el ser humano tiene que pasar por muchas cosas, yo tuve que pasar por un cáncer para entender que había perdido muchas cosas durante esos 12 años y él nunca se cansó de pedirme perdón, desde el momento en que él se desarmó siempre justificó por qué la había asesinado, pero llegó un momento en que él aceptó de que esa justificación no era válida para el daño que nos había causado y siempre nos había pedido perdón, yo era la que estaba negada en aceptar ese perdón, pero cuando a mi vida llega el cáncer yo sentí que estaba perdiendo todo, que había perdido toda esa energía y todo eso que había concentrado en ese proceso y haber podido ingresar a una universidad, la vida me dio una segunda oportunidad, Dios me dio una segunda oportunidad y tuvimos la oportunidad de perdonarnos, yo siento que esto es mutuo, esto va de la mano de la justicia, va de parte de las víctimas y del victimario y cuando hay una verdad, créame que hay la posibilidad de perdonar”, nos cuenta.

El Primer encuentro

"El Perdón si es posible"

“Ese primer encuentro con don Ramón fue muy desafiante, porque la última vez que nosotros nos hablamos fue en el Tribunal de Justicia y Paz, donde él me pidió perdón y donde yo le dije a él que le pidiera perdón a Dios, que cuando Dios lo perdonara, volviera y me buscara y fue cuando él me dice que Dios le habló y por eso me buscó, entonces eso fue algo muy desafiante porque fui con mi abuela, la mamá de mi mamá, fuimos a la cárcel supuestamente a escuchar qué era lo que él nos quería decir o sea yo iba cerrada a no perdonar, pero Dios nos dio una oportunidad de tanto él pedir perdón como a nosotros de poder perdonar, hoy ocho años después de todo este proceso ha sido algo muy bonito para mí y sé que para la vida de él también, porque ha dejado muchas enseñanzas, nos ha traído muchas cosas bonitas, nunca me imaginé que nuestra historia hiciera parte de cuatro archivos de la memoria del país solamente por haber perdonado, nunca pensé que nuestra historia llegara a otros países y que estaríamos en una película documentada, nunca me imaginé que nuestra historia fuera contada en varios libros, que ha venido gente que se ha enamorado de nuestra historia, uno no se alcanza a imaginar que por el mero hecho de haber perdonado de corazón se abrieran tantas puertas y tantas ventanas, tanto para él como victimario como para mí como víctima y que nuestro ejemplo sea para muchas personas que hoy no creen en un perdón y no creen aun en perdonar, entonces para mí esto es muy importante todo lo que yo he hecho, porque hoy estoy estudiando, me di la oportunidad de estudiar voy en el séptimo semestre de derecho, soy otra persona y todo esto se lo debo a él, porque él transformó mi vida, en el pasado de mucho dolor, de muchos odios, de resentimientos hoy en el presente y en el futuro me he reconstruido y he podido sobrevivir en medio de una guerra, en medio de un conflicto, entonces yo nunca me considero víctima, me considero una sobreviviente de todo este proceso y que tan rico poderlo contar de esta manera y que nuestra historia sea vista con buenos ojos para muchas personas que creen en el perdón y aún creen en la reconciliación y aún creen en segundas oportunidades, porque es una segunda oportunidad tanto para él como para mí”, continúa su relato Jeny con firmeza y decisión.

Al pie del obelisco
a las víctimas

El cáncer, otra lucha

Hoy soy estudiante, soy ama de casa, soy una mujer nueva, me detectaron un cáncer de mama, hace poco me operaron y esa es la lucha del día a día y algo que he aprendido durante todo este tiempo es que él ha sido mi apoyo, que ironías de la vida, él no me ha abandonado, ha estado muy presente en todo mi proceso y no solamente en mi proceso sino en mi formación académica, él es el que más me ha dado alas para que sueñe, para que no renuncie y las palabras de él siempre son: “yo la necesito preparada a mi lado”, entonces uno escuchar a una persona que es totalmente analfabeta o sea el ser humano como tal como Ramón Isaza a sus 81 años, todo lo que vivió y todo lo que me ha enseñado, todo lo que ha dejado en mi vida han sido cosas muy bonitas, a pesar de todo el dolor y de la pérdida tan grande que tuve que fue mi mamá que eso no se repara con toda la plata del mundo, eso no tiene precio, pero en el momento que yo decidí perdonar de corazón, nunca me imaginé que Dios y la vida me fueran a recompensar con tantas cosas bonitas”.

La mamá

Damaris Mejía (Q.E.P.D)

“Mi mama se llamaba Damaris Mejía Ramírez y era una mujer muy luchadora, emprendedora querida por toda la comunidad y sobre todo muy soñadora en querer siempre dar a todos los que más la necesitaban y ella murió de esa manera, ella amaba a su gente y ella siempre nos decía, y el último día antes de que a ella la asesinaran estuvo en la casa y me dijo, “uno vino a esta vida a dos cosas, a servir o no servir para nada y yo prefiero morir sirviendo”, entonces ella murió en su ley, ella dio la vida por su comunidad, entonces para mi es una persona que me dejó muchos valores me dejó en tan poquito tiempo muchas cosas y que tan rico que hoy mi mamá está más viva que nunca, porque mucha gente la recuerda y yo la recuerdo más todavía y nosotros en estos momentos tenemos una fundación con el hijo de don Ramón, con Oliverio Isaza que lleva por nombre, por la Reconciliación Damaris Mejía Ramírez , donde retomamos todo lo que ella hizo en el pasado ayudando a la comunidad”, sigue narrando Jeny

Mensaje final

Jeny Castañeda Mejía cierra su relato con este periodista enviando el siguiente mensaje:

“La violencia a la larga no los lleva para ningún lado, porque los que pierden son las familias, don Ramón entendió al final de que él había perdido todo, ganó poder, pero al final de escuchar su historia de saber que sus hijos murieron en la guerra, de saber que él tuvo que reclutar a su propio hijo y mandarlo a la guerra, porque tiene también hijos que han sido víctimas directas de la guerra, se dio cuenta de que perdió todo y pienso que la familia no se compra con toda la plata del mundo, entonces para mí, nosotros perdimos nuestra familia que era mi mamá, perdimos todo en el momento en que ella nos falta, perdimos todo y lo mismo le pasó a él, las personas que en estos momentos insisten o quieren armarse, créanme que ellos no piensan sino en el momento, pero al cabo de los años se van a dar cuenta de que no perdieron ellos, perdieron sus familias porque van a ser perseguidos, señalados y siempre le van a dar a uno donde más le duele, entonces pienso de que volverse a armar no van para ningún lado, eso no lleva a ningún camino.

El Libro de
Ramón Isaza

Magdalena Medio Antioqueño / enero de 2022