jueves, 10 de febrero de 2022

Los pinceles de Chucho, en la cima del Picacho

Hoy el artista hijo de Apartadó, saltó del cerro el Picacho al Museo de Antioquia, con una obra que encierra 104 piezas.

Por: Wilmar Jaramillo Velásquez/el Pregonero del Darién

En diciembre del año pasado el artista Jesús Cataño había culminado su ambiciosa obra, nos permitió observarla y hablar en privado de ella; el compromiso era no hacerla pública hasta que esta no fuera presentada en sociedad.

Hoy en el Museo de Antioquia

Hoy exhibida en el Museo de Antioquia, quedamos en libertad para escribir este comentario periodístico, siempre honrando la palabra empeñada.

Chucho estaba en su apartamento en el centro de Medellín, una de cuyas ventanas da justo al frente de la imponente Catedral Basílica Metropolitana de esta ciudad, que de paso sea dicho es la más grande construida en ladrillo cosido en América Latina.

Por donde se mire desde los ventanales, el paisaje invita, excita, al arte, a pintar, a crear. En su taller encontramos obras terminadas, otras comenzadas, pinceles, lienzos, bastidores y toda esa serie de cachivaches que conforman el estudio de un pintor.

El Artista en su apartamento

Entre tinto y tinto que el artista preparaba, nos fue entregando detalles del trabajo que lo tenía confinado junto con la pandemia desde hacía un año.

En una de las paredes estaban colgadas las 104 piezas que conforman el políptico inspirado en el emblemático cerro de la capital paisa, el Picacho.

Es el resultado de la paciencia y el tesón del artista, con una creatividad solamente comparada con los grandes del impresionismo. Chucho, como le decimos cariñosamente tuvo la idea de plasmar, los diferentes comportamientos que el clima y la naturaleza en general le propiciaban al cerro y que él iba convirtiendo en insumos, trabajando la luz, todo en un espacio natural y en tiempo real.


Así pudo observar como los rayos del sol penetraban en la montaña, como las nubes lo oscurecían, como una nieve espesa lo cubría en su totalidad, pudo ver la tarde, las mañanas, el medio día, todos estos asombrosos cambios que solamente un observador puede captar. Chucho está ahí, en solitario, como testigo único de semejante regalo de la naturaleza.

Pero Chucho no solamente pintaba, tomaba fotos, interactuaba con cuanto personaje se aproximaba, iba construyendo un entorno casi que antropológico en las faldas del Picacho.

Fue tanta la empatía generada, la convivencia en los lugares de observación, que ya hasta los ladrones estaban pendientes que otros más ladrones no le robaran sus equipos.

Así vivió Chucho un año completo, podemos hablar de todo el 2020; esta creación fue el bálsamo para afrontar la pandemia y no dejarse derrotar del ocio, la soledad y el ataque del virus.

Toda esta experiencia maravillosa con la naturaleza, sus cambios abruptos, pasar de un mañana soleado a un torrencial aguacero, de una tarde iluminada, a una tormenta con descargas eléctricas. Todo esto quedaría plasmado en las 104 piezas que conforman la obra.

Chucho nos entregó detalles de su obra

El trabajo completo está hoy, y hasta el mes de abril, expuesto en el Museo de Antioquia, junto al trabajo de 22 artistas más, con entrada libre, una gran oportunidad para que los amantes de la plástica se encuentren con arte de gran calidad.

Chucho es un artista plástico de gran proyección, es un hijo de Apartadó que siempre nos sorprende con nuevas creaciones, siempre está explorando; un artista del cual siempre hemos afirmado que llegará muy lejos con su arte, toda vez que reúne los elementos para serlo, creativo, disciplinado, investigador, inquieto y un amante fervoroso de su oficio.

                                                                Urabá/febrero/10/2020