Hoy
el artista hijo de Apartadó, saltó del cerro el Picacho al Museo de Antioquia,
con una obra que encierra 104 piezas.
Por: Wilmar Jaramillo Velásquez/el Pregonero del Darién
En
diciembre del año pasado el artista Jesús Cataño había culminado su ambiciosa
obra, nos permitió observarla y hablar en privado de ella; el compromiso era no
hacerla pública hasta que esta no fuera presentada en sociedad.
| Hoy en el Museo de Antioquia |
Hoy
exhibida en el Museo de Antioquia, quedamos en libertad para escribir este
comentario periodístico, siempre honrando la palabra empeñada.
Chucho
estaba en su apartamento en el centro de Medellín, una de cuyas ventanas da
justo al frente de la imponente Catedral Basílica Metropolitana de esta ciudad, que
de paso sea dicho es la más grande construida en ladrillo cosido en América Latina.
Por
donde se mire desde los ventanales, el paisaje invita, excita, al arte, a
pintar, a crear. En su taller encontramos obras terminadas, otras comenzadas,
pinceles, lienzos, bastidores y toda esa serie de cachivaches que conforman el
estudio de un pintor.
| El Artista en su apartamento |
Entre
tinto y tinto que el artista preparaba, nos fue entregando detalles del trabajo
que lo tenía confinado junto con la pandemia desde hacía un año.
En
una de las paredes estaban colgadas las 104 piezas que conforman el políptico
inspirado en el emblemático cerro de la capital paisa, el Picacho.
Es
el resultado de la paciencia y el tesón del artista, con una creatividad
solamente comparada con los grandes del impresionismo. Chucho, como le decimos
cariñosamente tuvo la idea de plasmar, los diferentes comportamientos que el
clima y la naturaleza en general le propiciaban al cerro y que él iba convirtiendo
en insumos, trabajando la luz, todo en un espacio natural y en tiempo real.
Así
pudo observar como los rayos del sol penetraban en la montaña, como las nubes lo
oscurecían, como una nieve espesa lo cubría en su totalidad, pudo ver la tarde,
las mañanas, el medio día, todos estos asombrosos cambios que solamente un observador
puede captar. Chucho está ahí, en solitario, como testigo único de semejante
regalo de la naturaleza.
Pero
Chucho no solamente pintaba, tomaba fotos, interactuaba con cuanto personaje se
aproximaba, iba construyendo un entorno casi que antropológico en las faldas
del Picacho.
Fue
tanta la empatía generada, la convivencia en los lugares de observación, que ya
hasta los ladrones estaban pendientes que otros más ladrones no le robaran sus
equipos.
Así
vivió Chucho un año completo, podemos hablar de todo el 2020; esta creación fue
el bálsamo para afrontar la pandemia y no dejarse derrotar del ocio, la soledad
y el ataque del virus.
Toda
esta experiencia maravillosa con la naturaleza, sus cambios abruptos, pasar de un
mañana soleado a un torrencial aguacero, de una tarde iluminada, a una tormenta
con descargas eléctricas. Todo esto quedaría plasmado en las 104 piezas que
conforman la obra.
| Chucho nos entregó detalles de su obra |
El
trabajo completo está hoy, y hasta el mes de abril, expuesto en el Museo de
Antioquia, junto al trabajo de 22 artistas más, con entrada libre, una gran oportunidad
para que los amantes de la plástica se encuentren con arte de gran calidad.
Chucho
es un artista plástico de gran proyección, es un hijo de Apartadó que siempre nos
sorprende con nuevas creaciones, siempre está explorando; un artista del cual
siempre hemos afirmado que llegará muy lejos con su arte, toda vez que reúne
los elementos para serlo, creativo, disciplinado, investigador, inquieto y un
amante fervoroso de su oficio.
Urabá/febrero/10/2020