Las campañas al capitolio nacional, en los últimos años, están pasando por el mal momento de no saber quiénes llegan y de dónde salieron.
Por: Diego Calle Pérez/ El Pregonero del Darién.
| Diego Calle Pérez |
Al
que le gusta le sabe, así no es la canción de Joaquín Bedoya, ni reza el dicho
popular. No hay reglas para una campaña electoral. Solo las del Consejo
electoral que establece meses, topes económicos de campaña, fechas y plazos
para inscripción. No hay manual de principios y normas como el de Carreño.
Todos esperaban la partida para empezar a colocar vallas, repartir
volantes y hacer reuniones en casas, auditorios y convocar a desayunos y
meriendas a sus votantes, amigos, conocidos y parientes. Otros más osados,
están convocando concejales, alcaldes y con la ayuda de diputados, están
haciendo reuniones en veredas y corregimientos, donde prometen puesto de salud,
acueducto y mejoramiento de carreteras.
Años
atrás, en cualquiera de los departamentos, la campaña electoral comenzaba con
los citados al directorio sede de cada partido político. En el caso de
Medellín, uno se llamaba la casa de mármol, (Liberales con Guerra Serna), el
otro la casa azul, (Conservadores con Álvaro Villegas Moreno), uno que otro, entre
nombre de partido político, que poca relevancia tenía para ese entonces, no
había color amarillo, ni verde, ni vino tinto, escasamente existía Regina 11,
ANAPO y algunos de la Unión Patriótica que diezmaron a bala y fuego. Se reunían
con los muchos vinculados al partido político con carné y los convocados,
invitados especiales y las muchas madres motivadas a buscar empleo para sus
hijos recién graduados de abogado.
A
diferencia, de las muchas campañas electorales de ahora, las de antes, tenían
algo de lo que ahora falta, aunque tengan facebook, whatsApp, página web y
comunicadores digitales. A las campañas de ahora, les falta mucho de lo de
atrás, les falta lo que nunca supieron ganar, los que fueron capaces de
convocar, la ideología de un partido con estatutos, normas y recursos que
tenían lema y respeto al ciudadano. Tenían, si bien, no mucho, llegaron a
consolidar una lista que llegaba al capitolio nacional, con el primero
arrastrando otros cinco y hasta seis que luego hicieron tolda aparte consolidando
la división y separando la amistad de la política. Se puteaban en público y
tomaban guaro en la misma copa.
El
encanto de las campañas electorales se ha transformado, ahora son más
virtuales, ahora se hacen con más avisos en las redes sociales, ahora se habla
más de lo que hacen los que quieren repetir los viajes de martes a jueves a
Bogotá, ahora las campañas se hacen más desde los municipios buscando el
alcalde amigo que asegure la votación que se puede perder en la capital del
departamento donde converge el voto de opinión social.
Las
campañas al capitolio nacional, son las más fundamentales y a las que en
realidad la ciudadanía, poca importancia, les ha dado, -como lo reclaman
algunos periodistas-, no tienen conceptos, apreciaciones y capacitación, de lo
que hacen los senadores y representantes a la Cámara. Las campañas al capitolio
nacional, en los últimos años, están pasando por el mal momento de no saber
quiénes llegan y de dónde salieron, otros están esperando turno como en
maternidad de hospital, otros están en campaña haciendo fuerza para que vuelva
el que ya sabe cómo se hace. Al que le gusta le sabe.