La
Policía tampoco debe quedar expuesta a peregrinar cada cuatro años de un
ministerio a otro, al vaivén de la ideología o de los caprichos del mandatario
de turno.
Por: Juan Carlos Ruiz Vásquez* de Razón Pública/El Pregonero del Darién
Una propuesta que debe precisarse
El
traslado de la Policía colombiana del Ministerio de Defensa a otro ministerio
ha sido una propuesta reiterada desde hace mucho tiempo. Distintas comisiones y
analistas han insistido en que esta fuerza quede adscrita al Ministerio del
Interior, al de Justicia o en un nuevo Ministerio de la seguridad pública, como
sucede en la mayor parte de los países.
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| Una de las propuestas más polémicas del nuevo gobierno. |
Pero
la propuesta del presidente electo Petro de trasladarla a un nuevo Ministerio
de la Paz es inédita, y sólo resultaría pertinente o eficaz si son claros los
objetivos, las funciones y los alcances de dicho ministerio.
Sin
esta definición acerca del Ministerio de la Paz, no sería clara la ubicación de
la Policía dentro de esa nueva dependencia. Podría quedar como una rueda suelta
en un ministerio con muchos alcances y pretensiones.
La
idea del próximo gobierno podría obedecer a la ola de críticas y acusaciones al
manejo de las protestas ciudadanas por parte de la Policía entre 2019 y 2021.
Algunos piensan que para tener una fuerza policial más respetuosa de los
ciudadanos sería preciso abandonar su perfil militar y convertirla en una
fuerza civilista dentro de un ministerio distinto del de Defensa.
Civilizar la policía
Esta
idea de “civilizar” a la policía ha sido una constante desde los años 1990.
Los
sociólogos Álvaro Camacho Guizado y Francisco Leal, lo propusieron como piedra
angular de cualquier reforma. Y, por ejemplo, en 1993-1994 se creó un nuevo
nivel dentro de la institución, el Ejecutivo, para que la jerarquía no fuera
apenas militar sino más parecida a las de otros países democráticos. Sin
embargo, la oficialidad mantuvo la jerarquía militar que había sido adoptada
desde los años 1950.
Verdad
que hoy en el mundo las policías no están adscritas a un Ministerio de defensa.
Incluso las gendarmerías o fuerzas policiales integradas por militares fueron
suprimidas en Bélgica, Austria o Perú, o dejaron de pertenecer al Ministerio de
defensa como sucedió en Francia.
Y
esto es más cierto en el caso de la Policía colombiana, que la Constitución de
1991 define como cuerpo armado de naturaleza civil, así que no debería estar
bajo la égida del Ministerio de Defensa.
Dos posiciones
Por
eso, para evaluar la propuesta de Gustavo Petro, es importante recordar los
argumentos de un debate que ya lleva muchos años en Colombia.
Quienes
defienden la permanencia de la Policía dentro del Ministerio de Defensa
sostienen que:
Las
características peculiares del conflicto colombiano y los desafíos de seguridad
obligan a mantenerla en este ministerio. Las acciones conjuntas y la
coordinación de las fuerzas militares y la policía necesitan un mismo centro de
decisiones estratégicas. Los grandes golpes a grupos armados ilegales han sido
posibles gracias a esta sinergia entre militares y policías.
La
policía colombiana debe enfrentar redes criminales poderosas y sofisticadas con
presencia e influencia en territorios extensos por medio del terror. Estas
organizaciones son muy distintas de las bandas criminales de otros países, dado
su alto poder de fuego y su usurpación de papeles propios del Estado.
El
dinero de cooperación internacional proveniente del Plan Colombia solo podía
utilizarse para financiar tareas antinarcóticas y no podía destinarse, por
ejemplo, a combatir las guerrillas. Pese a esta prohibición expresa de los
países aportantes, mantener la Policía en el Ministerio de Defensa permitió
financiar parcialmente a toda la fuerza pública (aunque también debe notarse
que esta confusión hace difícil precisar cuánto dinero se destina, por ejemplo,
a la lucha contra las grandes bandas criminales y cuánto se utiliza para
desmantelar pequeñas pandillas de barrio).
Aquellos
que abogan por su traslado a otro ministerio sostienen que:
La
Policía debería cumplir sobre todo funciones de seguridad ciudadana, puesto que
hasta al momento ha sido más utilizada contra grandes bandas criminales y
grupos ilegales armados.
Hay
una gran distancia entre el ciudadano del común y la Policía, que se agrandó
con los excesos de algunos uniformados durante los paros de los últimos años.
Hacerla más civil permitiría tender puentes entre la comunidad y esta
institución.
La
Policía ejerce unas funciones en las ciudades y otras distintas en las áreas
rurales. No es lo mismo combatir al Clan del Golfo en Urabá que lidiar con un
conflicto de vecindario en Cedritos o en Agua Blanca. Por eso cuando se habla
de reformar la Policía nacional, revive la propuesta de diferenciar dos
policías, una para el campo como una guardia rural o gendarmería, y otra para
las ciudades más ajustada a esta forma de vida.
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Foto: Facebook: Policía Nacional - El traslado de la Policía colombiana del ministerio de Defensa a otro ministerio ha sido una propuesta reiterada desde hace mucho tiempo.
Luces tras la idea de Petro
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También
es cierto que pertenecer a un Ministerio de defensa puede haber distorsionado
su ethos y su fisonomía organizacional. Por ejemplo, una parte de la
oficialidad sostiene, de manera idealista, que no son soldados y que quisieran
vigilar las calles utilizando apenas un bastón de mando, sin armas y muy
cercanos a las comunidades. Otros oficiales anhelan una policía fuertemente
armada, tipo comando, o capaz de operar como su contraparte militar.
También,
quizás el nuevo ministerio logre lo que nunca se pudo desde el Ministerio de
Defensa: adoptar una política nacional de seguridad ciudadana que
verdaderamente se aplique y guíe a las instituciones del sector, oriente la
acción gubernamental y dirija a alcaldes y gobernadores. Aunque varias veces se
han expedido supuestas políticas de seguridad, los gobiernos no lograron
llevarla a la práctica y hacerla la gran bitácora nacional.
Sombras tras la idea de Petro
Sin
embargo, haciendo de abogado del diablo, diría yo que “civilizar” la policía
puede ser un falso dilema.
Muchas
fuerzas de policía del mundo tienden, por el contrario, hacia la militarización
para poder enfrentar las amenazas terroristas, la sofisticación y violencia creciente
de las bandas y para preservar la vida de los policías cada vez más
comprometida.
La
policía de carabineros de Chile es un buen ejemplo de que el cambio de
ministerio no necesariamente transforma esta institución. En 2011, esta policía
pasó del Ministerio de Defensa al Ministerio del Interior y Seguridad Pública.
Sin embargo, sigue siendo una de las más militarizadas del continente y
seriamente criticada por su actuación durante el “Estallido social” de 2019 y
2020 que dejó un saldo de 12.500 heridos y 20 fallecidos.
Durante
la primera mitad del siglo XX, la policía colombiana estuvo adscrita al Ministerio
de Gobierno (hoy del Interior). Pero su militarización se inició bajo el
gobierno de Laureano Gómez para mejor combatir el bandolerismo liberal y se
consolidó cuando el General Rojas la puso bajo el Ministerio de Guerra como
cuarta fuerza armada. El conflicto y la subversión exacerbaron este perfil
militar. Hoy en día mantiene rangos militares que la oficialidad quiere
conservar por estatus, prestancia y paragón con los militares.
Una
policía en el Ministerio de la Paz exigiría un plan muy concienzudo de
ingeniería institucional. Si el cambio de ministerio es apenas de nombre, poco
se habría logrado. Se necesita cambiar sus prioridades para replantear a fondo
su papel y para racionalizar su organización.
La
Policía tampoco debe quedar expuesta a peregrinar cada cuatro años de un
ministerio a otro ministerio, al vaivén de la ideología o de los caprichos del
mandatario de turno.
Por
eso este proceso no debe ser improvisado: cambiar de ministerio implica ajustes
muy serios en materia de estrategia, presupuesto, gasto, recursos humanos,
funciones, responsabilidades y administración.
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| Juan Carlos Ruiz |
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