Las organizaciones políticas deben reflexionar e idear maneras disruptivas de participación genuina, para eliminar con fuerza los “roscogramas” y “curubitos” a los que se vanaglorían de pertenecer los decadentes directoristas.
Por: Alejandro Aguirre Mazo */ El Pregonero del Darién/Análisis de la noticia.
Establecimiento
versus Sociedad Civil
Tiempo
previo al oscuro día de su repudiable asesinato, en abril de 1995 con motivo de
los 35 años del Centro de Estudios Colombianos el catedrático Álvaro Gómez
Hurtado pronunció ante un expectante auditorio:
“La
política se ensució hace ya dos décadas cuando cayó bajo el dominio del
clientelismo y se sometió a la preponderancia del dinero; desde entonces se
quedó sucia…” y de inmediato agregó que “…Como la política tiene un mal
aspecto, la gente de bien prefiere no enterarse de ella, menos aún empeñarse en
restaurarla. Forma parte del Establecimiento y es el vehículo contaminante de
todo lo que a éste pertenece: El Congreso, los partidos, la prensa, los grupos
económicos, los sindicatos, la policía y la enseñanza; todo tiene algo de
política porque ésta ya no es un manejo de los conceptos sobre el Estado, sobre
la libertad y sobre el orden, sino un enmarañado sistema de compromisos
adquiridos…”
Casi
tres décadas después y unos días previos al ascenso al poder de las corrientes
progresistas, esa lectura de la sociedad colombiana cobra vigencia por la
acertada descripción que hace de la distancia entre las gentes de bien, que
según se entiende son la mayor parte de los ciudadanos colombianos y El
Establecimiento tan bien descrito en el preciso discurso.
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| Hace rato los partidos políticos en Colombia afrontan una fuerte crisis |
Es que una parte significativa de las gentes de bien decidieron participar libre y activamente de la primera vuelta presidencial, dejando un claro mandato por el cambio institucional en el ejercicio del poder ejecutivo, pero con la nueva conformación del Congreso también enviaron un mensaje claro que para que ese cambio ocurra en todo El Establecimiento.
Esta
derrota de los partidos políticos debe ser la oportunidad para que las gentes
de bien que mencionaba el Abogado Gómez Hurtado se acerquen a la política, un
espacio para que los partidos realmente hagan la reflexión sobre su papel en la
búsqueda del bien común de la sociedad colombiana y permitan la llegada
democrática y transparente de los ciudadanos a sus filas.
Este escrito se enfoca en los partidos, porque en su seno fue que muchos vieron la derrota de sus ideas sin tregua desde la firma de los Acuerdos de Paz de la Habana, las elecciones regionales del 2019, el estallido social y las justas democráticas del 2022. Habrá seguramente otros espacios para la responsable reflexión de quienes hacen parte de la maravillosa profesión periodística, de los sindicatos, de las organizaciones gremiales y de los educadores, quienes al lado de los partidos políticos seguirán siendo parte de El Establecimiento, que no es de derechas ni de izquierdas, sino simplemente esa estructura de poder enmarañado que criticaba el inmolado líder citado.
La
recuperación del diálogo sobre las ideas políticas.
El
Partido no puede seguir siendo una organización trampolín para el ascenso
económico de sus líderes, solo de ese modo la política dejará de ser el
instrumento de enriquecimiento personal de quienes hacen parte del
Establecimiento. En contraposición, los partidos deben ser el trampolín para el
acceso al liderazgo en la toma de decisiones útiles para el bien común de toda
la sociedad colombiana, como indicador de éxito profesional del político de
oficio y no su acumulación de poder económico, clientelista o corruptor.
Es
que para preservar la democracia los ciudadanos merecen partidos políticos muy fuertes
que les permita identificarse fácilmente con las demás personas que comparten
sus valores, ideales, imaginarios y planes de organización social. Los
colombianos merecen organizaciones políticas serias en las que se cultive el
ejercicio de la política como profesión que permita la discusión de modelos y
propuestas de desarrollo social, merecen verdaderos espacios de deliberación en
los que las nuevas generaciones tengan la oportunidad de escuchar y compartir anhelos,
contrastar modelos, deliberar, escuchar y por supuesto decidir. Pero no solo en
época de elecciones, sino como un ejercicio genuino y constante por cultivar
los valores democráticos.
La defensa de la vida, la pluralidad de ideas y matices, la protección de la libertad de expresión y la defensa de la Constitución Política deben ser tareas fundamentales y permanentes al interior de los partidos, por eso requieren con urgencia de espacios de reflexión visibles, con herramientas y eventos modernos y de fácil acceso para el ciudadano. La carencia histórica de este tipo de aspectos obstaculiza bien sea la defensa de la gestión administrativa de los representantes que estén en ejercicio del poder público, como la posibilidad de mantener con altura una oposición firme y deliberante ante la adversidad en las urnas, para que se mantenga el frágil equilibrio que requiere la democracia en un país repleto de necesidades, violencia, riqueza y oportunidades.
Verdadera
democracia al interior de los partidos.
El
hastío de la sociedad civil descrito por el Excandidato Presidencial Álvaro
Gómez Hurtado en su discurso hoy ese refleja en el constante triunfo del voto
de opinión en los eventos electorales. Es un hecho que debería avergonzar a los
partidos fundacionales que dicen haber protegido excepcionalmente la vigencia
de la democracia en este trozo América Latina. Contadas excepciones el ascenso
al poder de líderes en representación de grupos representativos de ciudadanos (que
es un claro castigo a la debilidad de las ideas partidistas) es también el
espacio propicio para el retoño de perecederas microempresas electorales, éstas
sí con fines de lucro particular y distantes de ser el camino para el ejercicio
del poder para la búsqueda del bien común.
Los
resultados electorales de 2022 son un claro mensaje de derrota para quienes han
vivido la política integrando los partidos tradicionales, lo que debería
generar un propósito honesto en los partidos por democratizar el acceso del
público y de las gentes de bien a los partidos. Las organizaciones políticas deben
reflexionar e idear maneras disruptivas de participación genuina, para eliminar
con fuerza los “roscogramas” y “curubitos” a los que se vanaglorían de
pertenecer los decadentes directoristas.
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| Poco o nada están haciendo los partidos por reformarse. |
Si
los partidos políticos reflexionan entenderán que esta nueva sociedad civil del
post conflicto espera que sean ellos mismos quienes se ocupen de expulsar de
sus filas con vehemencia a quien haga uso de la política para enriquecer su
núcleo familiar e impartir sanción social a los testaferros de las
microempresas electorales formadas por quienes hacen uso del poder político
para resolver sus ambiciones económicas. Un comportamiento ético de los
partidos se alcanza en la medida en que realmente tengan en su interior
mecanismos transparentes y democráticos de dirigirse, que sean pulcros y
honestos en la toma de decisiones colectivas.
Es la oportunidad histórica de romper también al interior de los partidos con cinco décadas de clanes, de apellidos con la vergonzosa pompa de haberse enriquecido por cuenta del erario, de reyezuelos de vereda ordenado por quién se vota, de directores vitalicios. A los partidos políticos parece que al fin les llegó la hora de abrir las sedes y de realizar los eventos más allá de los períodos de campaña electoral, de atender y representar los anhelos de todas las gentes de bien de este lindo país y de permitir la entrada a sus filas en igualdad de condiciones a todos los ciudadanos como lo ordena la Constitución Nacional.
*Especialista en Gestión Pública Local – EAFIT
Carepa, Julio de 2022.



