El ala fundamentalista del petrismo, junto a un reducido grupo de extremistas uribistas, le causarán los más fuertes dolores de cabeza al nuevo gobierno, pero sin éxito.
Por: Wilmar Jaramillo Velásquez/columnista/ El Pregonero del Darién/Opinión
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| Wilmar Jaramillo Velásquez |
No sabemos cuánto durará la luna de miel del presidente Petro junto a los convocados al gran acuerdo nacional, al ejecutivo siempre se le ha dado tiempo para nombrar su gabinete y el grupo de colaboradores inmediatos, además de un año de tregua, antes de comenzar la presión desde diferentes sectores.
Con
Petro ha comenzado una ola de descontento sin posesionarse, lo quieren tumbar
sin recibir el gobierno y lo más crítico es que el bloque más reacio por el momento
son los propios petristas, los que nunca entendieron su discurso de pacto con
los contrarios, de un gobierno de la paz y no de la venganza, de la política del
amor que predicó por todo el país.
Los
encuentros con Álvaro Uribe y el más reciente con César Gaviria en Italia,
producen urticaria en este bloque petrista y los reclamos van y vienen por redes
sociales, y razón no les falta, darles oxígeno a unos dinosaurios rumbo a la
extinción causa molestia.
Petro
es un viejo zorro de la política, no está improvisando, él más que nadie sabe
que estamos en un delicado proceso de transición sobre arenas movedizas, por
eso se mueve con tanta cautela y no buscará choques con la vieja clase política,
será esta la que terminará chocando cuando sus privilegios empiecen a
desmoronarse.
Ya
el banquero Luis Carlos Sarmiento prendió las alarmas, cuando les hablen de
impuestos justos, cuando les toquen los baldíos robados al estado, cuando les
supriman las multimillonarias exenciones tributarias, simplemente explotarán,
el uribismo agónico que se sabe
mover justamente sobre esas arenas movedizas, ya armó
su estrategia, por un lado, un
lenguaje moderado hacia el nuevo
gobierno, encabezado nada más y
nada menos que por Uribe
en persona, quien ya anunció línea directa
con el nuevo gobierno y por el otro, un bloque de oposición en cabeza de María Fernanda Cabal, Margarita Restrepo,
Enrique Gómez, al lado de los ya conocidos medios de comunicación adictos al uribismo, que servirán
de parlante.
| En ninguno de los escenarios, la tendrá fácil el nuevo gobierno |
Entre
tanto Petro se mueve con rapidez armando el bloque mayoritario en el Congreso,
que le permitirá consolidar las viejas reformas aplazadas por décadas, por unos
gobiernos amangualados con el Congreso para prolongar su trámite por el temor a
perder votos.
Vendrán
la reforma tributaria estructural y de fondo, la reforma a la justicia, la reglamentación
del aborto, la eutanasia, la reforma a la salud, a la educación, al sistema
electoral, Grandes ajustes a la fuerza pública, una serie de cambios, todos sensibles al accionar del
establecimiento, tan cómodo navegando en privilegios durante dos siglos y donde
toda reforma asusta.
Ahí
tendrá la primera prueba de fuego el gobierno de Petro, para transitar junto a
una jauría de politiqueros, nada dispuestos a ceder.
Petro
se ha sabido mover con inteligencia, el gabinete nombrado hasta ahora ha pasado
el examen de sus críticos con las excepciones normales, además comenzó a
trabajar temprano, es un hombre ordenado, disciplinando y comprometido, esto
hará rendir el tiempo, ya que cuatro años quedarán cortos ante tamaña agenda.
Petro
no tiene fácil la composición de su burocracia, fuera de la gente que trabajó
de sol a sol durante años para llevarlo a la presidencia, muchos de ellos con
la esperanza de acompañarlo en el gobierno, deberá lidiar con una estela de
oportunistas que atraídos por el “gran acuerdo nacional”, aterrizaron a última hora
para tomarse la foto.
Estas
intrigas en cada región terminarán fracturando el proceso de reacomodo del
nuevo mandato, aunque como siempre, no habrá cama para tanta gente y el grueso de
la población se verá beneficiada con las grandes reformas, con el freno a la
corrupción y con la aplicación de las nuevas políticas públicas, que son en realidad
la esencia de un gobierno progresista como el planteado por Petro. El beneficio
colectivo.
Las
rencillas de quienes salen hoy a cobrar unos votos que en sana justicia le pertenecen
a Petro, a su construcción de proyecto
por más de tres décadas, a su arrolladora figura pública y en gran parte en la
recta final, al acierto en la designación de Francia Márquez como su fórmula presidencial.
pasarán a un segundo plano.
Recordemos que las gerencias regionales no funcionaron, los recursos financieros ni logísticos llenaron oportunamente, o simplemente no llegaron, que el desorden de campaña fue nacional y generalizado, pero aun así los votos aparecieron en las parlamentarias, en primera y segunda vuelta.
Mi reconocimiento también a esos ciudadanos anónimos, anciosos de cambio quienes discretamente hicieron sus aportes para sufragar algunos gastos míninos de campaña, ante la innoperancia y negligencia de las gerencias.
Un gran damnificado de este
proceso, el propio partido del presidente, La Colombia Humana, grandes
ganadores, el Polo que se quedó con la vicepresidencia, la UP, que repuntó en
el Congreso, El Partido Liberal que se la jugó por la renovación con Luis
Fernando Velasco a la cabeza, y los demás partidos de la coalición final como
el Verde.
Desde
ya me atrevo a vaticinar que la luna de miel con el uribismo, será flor de un
día, ya que una vez entren en trámite las grandes reformas saldrán despavoridos
con el viejo cuento chino de “defender la democracia, las libertades y la propiedad
privada, puestas en riesgo por el comunismo”
A
este grupo de presión se unirá al fundamentalismo petrista, que intentará comerse
vivo al presidente bajo la tradicional antropofagia de la izquierda colombiana.
Ninguno de los dos tendrá éxito.

