Las tensiones entre Duque y Petro alrededor de Ecopetrol muestran la necesidad de transitar hacia fuentes de energías renovables de una manera gradual y cuidadosa. Estas son las razones.
Por: Esteban Rossi*/Razón Pública/El Pregonero del Darién/Análisis de la noticia.
La junta de Ecopetrol
Ecopetrol se encuentra en medio de una controversia por la prolongación del período de la junta directiva hasta el año 2025. A raíz de esta decisión, adoptada en la asamblea ordinara del pasado 30 de marzo, el presidente electo Gustavo Petro publicó un trino incomodo porque considera que su antecesor carece del tacto para facilitar una transición ordenada.
Por otra parte, el nuevo ministro
de Hacienda, José Antonio Ocampo, señaló en una entrevista a Caracol Radio que
se harán cambios en la junta de la compañía. Sin embargo, aclaró que esto no
significará reemplazar a todos los miembros de la junta actual.
Conviene recordar que el Estado es el dueño mayoritario de Ecopetrol, con el 88,49% de las acciones. Por lo tanto, es conveniente armonizar los planes del gobierno con los proyectos en ejecución y planes de la compañía. Los posibles desacuerdos sobre el rumbo que debe tomar Ecopetrol podrían traer serios problemas si se toman decisiones apresuradas. Por eso es deseable que el nuevo gobierno adopte una estrategia pragmática sin renunciar a sus compromisos sociales.
Una lenta transición
Los
criterios técnicos que pueden orientar la transición energética obedecen a las
propiedades físicas de la energía y la infraestructura necesaria para su
producción, transmisión y consumo. Por eso nos enfrentamos a una paradoja: la
transición hacia fuentes de energía bajas en carbono es un proceso inevitable
pero muy lento. La sustitución gradual de estas fuentes de energía tomará
varias décadas sin importar lo que haga el gobierno de turno.
Foto: Commons Wikimedia - El nuevo gobierno deberá enfrentarse a las consecuencias del discurso ambientalista de línea dura.
Esta paradoja de la transición energética ha puesto a varios gobiernos de rodillas. Por ejemplo, el presidente Barack Obama (2009-2017) fracasó en su intento de fomentar la energía solar y desperdició alrededor de 500 millones de dólares apoyando proyectos como Solyndra.
De forma similar, en la última década, Alemania, Corea y Estados Unidos dudaron sobre la conveniencia de la energía nuclear para después enfrentar problemas serios debidos a las limitaciones técnicas de la energía renovable.
La
transición hacia fuentes de energía bajas en carbono es un proceso inevitable
pero muy lento.
A raíz del conflicto en Ucrania, Europa occidental se enfrenta a una crisis energética monumental debido a la reducción en el suministro de gas proveniente de Rusia. Por tanto, conviene que el nuevo gobierno colombiano tome en cuenta estos aprendizajes y adopte una estrategia pragmática para administrar Ecopetrol. Asimismo, conviene recordar que acelerar la transición energética puede ser tan contraproducente como tratar de detenerla
Coyuntura política
Por
otro lado, el nuevo gobierno se enfrenta con una clásica coyuntura política
sobre quiénes deben estar en la junta de Ecopetrol. La actual junta directiva
se compone de líderes competentes como Carlos Gustavo Cano y Esteban
Piedrahíta, que conocen bien las particularidades de la política colombiana.
También se encuentran en la junta algunos amigos del uribismo que no cuentan
con las credenciales gerenciales o técnicas para formar parte de una compañía
como Ecopetrol. Por esta razón, la decisión de extender el periodo de los
miembros de junta de 2 a 4 años causó desconcierto en el nuevo gobierno.
El
nuevo gobierno deberá analizar rigurosamente las necesidades energéticas del
país y el papel de Ecopetrol en la hacienda pública para después hacer algunos
pilotos de fracking de forma cuidadosa.
Al parecer, pocos le prestan la debida atención a las reglas que debe cumplir una empresa pública y quedan pocas personas con la elegancia para presentar una renuncia protocolaria y ponerse a las órdenes del presidente electo. Es conveniente que este desencuentro se resuelva de forma ágil, sin perjudicar la buena gestión de Felipe Bayón y los esfuerzos de Ecopetrol para facilitar la transición energética. Es conveniente también contar con el apoyo de personas como Juan Carlos Echeverri, quien fue el presidente de la petrolera entre 2015 y 2017, para facilitar la renovación de la junta directiva.
Radicalismos y fracking
Próximamente,
el nuevo gobierno deberá enfrentarse a las consecuencias del discurso
ambientalista de línea dura. En campaña, Gustavo Petro propuso detener los
proyectos de fracking y promover nuevas fuentes de energía. Estas
propuestas despiertan muchas dudas puesto que pueden tener costos altísimos,
aunque siguen cautivando a numerosos votantes y a las comunidades rurales que
han sido perjudicadas por los grandes proyectos de extracción de hidrocarburos.
Sin
embargo, es importante separar el discurso de campaña de los retos de la
administración pública. El análisis de política energética incluye al menos
tres aristas:
Asegurar
la soberanía energética del país.
Proteger
los negocios y empresas importantes para el Estado.
Garantizar
los derechos de las poblaciones vulnerables.
Por
consiguiente, para balancear estas prioridades se deberán hacer sacrificios
económicos, políticos y ambientales. En la próxima década, Colombia necesitará
grandes cantidades de gas y de electricidad, de manera que cualquier retraso en
la producción tendrá efectos serios en la economía y en la calidad de vida de
las personas.
La
producción de gas de fuentes no convencionales se necesita para satisfacer esta
demanda y para producir ingresos en los próximos años.
En
el corto plazo, las energías renovables no tendrán efectos importantes sobre la
oferta de energía que exige el país. Por esta razón, los esfuerzos del
gobierno para fomentar la innovación y el aumento de las energías renovables se
deben realizar a largo plazo.
El
nuevo gobierno deberá analizar rigurosamente las necesidades energéticas del
país y el papel de Ecopetrol en la hacienda pública para después hacer algunos
pilotos de fracking de forma cuidadosa. Así, con un panorama más
completo de costos y beneficios se podrán tomar decisiones de política
minero-energética de largo alcance. Mientras se define esta política, conviene
evitar las posturas radicales, mejorar el diálogo entre sectores y enfocar la
atención en desarrollar mecanismos de compensación para las poblaciones
vulnerables.
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| Esteban Rossi |
*PhD
en Geografía de Clark University, magíster en Ciencias Ambientales de la
Universidad de Yale, profesor de la Universidad Javeriana y la Universidad del
Rosario y consultor independiente.































