lunes, 18 de julio de 2022

La pugna por Ecopetrol y el futuro del fracking

Las tensiones entre Duque y Petro alrededor de Ecopetrol muestran la necesidad de transitar hacia fuentes de energías renovables de una manera gradual y cuidadosa. Estas son las razones.

Por: Esteban Rossi*/Razón Pública/El Pregonero del Darién/Análisis de la noticia.

La junta de Ecopetrol   

Ecopetrol se encuentra en medio de una controversia por la prolongación del período de la junta directiva hasta el año 2025. A raíz de esta decisión, adoptada en la asamblea ordinara del pasado 30 de marzo, el presidente electo Gustavo Petro publicó un trino incomodo porque considera que su antecesor carece del tacto para facilitar una transición ordenada.

Por otra parte, el nuevo ministro de Hacienda, José Antonio Ocampo, señaló en una entrevista a Caracol Radio que se harán cambios en la junta de la compañía. Sin embargo, aclaró que esto no significará reemplazar a todos los miembros de la junta actual.

Conviene recordar que el Estado es el dueño mayoritario de Ecopetrol, con el 88,49% de las acciones. Por lo tanto, es conveniente armonizar los planes del gobierno con los proyectos en ejecución y planes de la compañía. Los posibles desacuerdos sobre el rumbo que debe tomar Ecopetrol podrían traer serios problemas si se toman decisiones apresuradas. Por eso es deseable que el nuevo gobierno adopte una estrategia pragmática sin renunciar a sus compromisos sociales.

Una lenta transición

Los criterios técnicos que pueden orientar la transición energética obedecen a las propiedades físicas de la energía y la infraestructura necesaria para su producción, transmisión y consumo. Por eso nos enfrentamos a una paradoja: la transición hacia fuentes de energía bajas en carbono es un proceso inevitable pero muy lento. La sustitución gradual de estas fuentes de energía tomará varias décadas sin importar lo que haga el gobierno de turno.

Foto: Commons Wikimedia - El nuevo gobierno deberá enfrentarse a las consecuencias del discurso ambientalista de línea dura.

Esta paradoja de la transición energética ha puesto a varios gobiernos de rodillas. Por ejemplo, el presidente Barack Obama (2009-2017) fracasó en su intento de fomentar la energía solar y desperdició alrededor de 500 millones de dólares apoyando proyectos como Solyndra. 

De forma similar, en la última década, Alemania, Corea y Estados Unidos dudaron sobre la conveniencia de la energía nuclear para después enfrentar problemas serios debidos a las limitaciones técnicas de la energía renovable.

La transición hacia fuentes de energía bajas en carbono es un proceso inevitable pero muy lento.

A raíz del conflicto en Ucrania, Europa occidental se enfrenta a una crisis energética monumental debido a la reducción en el suministro de gas proveniente de Rusia. Por tanto, conviene que el nuevo gobierno colombiano tome en cuenta estos aprendizajes y adopte una estrategia pragmática para administrar Ecopetrol.  Asimismo, conviene recordar que acelerar la transición energética puede ser tan contraproducente como tratar de detenerla

Coyuntura política

Por otro lado, el nuevo gobierno se enfrenta con una clásica coyuntura política sobre quiénes deben estar en la junta de Ecopetrol. La actual junta directiva se compone de líderes competentes como Carlos Gustavo Cano y Esteban Piedrahíta, que conocen bien las particularidades de la política colombiana. También se encuentran en la junta algunos amigos del uribismo que no cuentan con las credenciales gerenciales o técnicas para formar parte de una compañía como Ecopetrol. Por esta razón, la decisión de extender el periodo de los miembros de junta de 2 a 4 años causó desconcierto en el nuevo gobierno.


El nuevo gobierno deberá analizar rigurosamente las necesidades energéticas del país y el papel de Ecopetrol en la hacienda pública para después hacer algunos pilotos de fracking de forma cuidadosa.

Al parecer, pocos le prestan la debida atención a las reglas que debe cumplir una empresa pública y quedan pocas personas con la elegancia para presentar una renuncia protocolaria y ponerse a las órdenes del presidente electo. Es conveniente que este desencuentro se resuelva de forma ágil, sin perjudicar la buena gestión de Felipe Bayón  y los esfuerzos de Ecopetrol para facilitar la transición energética. Es conveniente también contar con el apoyo de personas como Juan Carlos Echeverri, quien fue el presidente de la petrolera entre 2015 y 2017, para facilitar la renovación de la junta directiva.

Radicalismos y fracking

Próximamente, el nuevo gobierno deberá enfrentarse a las consecuencias del discurso ambientalista de línea dura. En campaña, Gustavo Petro propuso detener los proyectos de fracking y promover nuevas fuentes de energía. Estas propuestas despiertan muchas dudas puesto que pueden tener costos altísimos, aunque siguen cautivando a numerosos votantes y a las comunidades rurales que han sido perjudicadas por los grandes proyectos de extracción de hidrocarburos.

Sin embargo, es importante separar el discurso de campaña de los retos de la administración pública. El análisis de política energética incluye al menos tres aristas:

Asegurar la soberanía energética del país.

Proteger los negocios y empresas importantes para el Estado.

Garantizar los derechos de las poblaciones vulnerables.

Por consiguiente, para balancear estas prioridades se deberán hacer sacrificios económicos, políticos y ambientales. En la próxima década, Colombia necesitará grandes cantidades de gas y de electricidad, de manera que cualquier retraso en la producción tendrá efectos serios en la economía y en la calidad de vida de las personas.

La producción de gas de fuentes no convencionales se necesita para satisfacer esta demanda y para producir ingresos en los próximos años.

En el corto plazo, las energías renovables no tendrán efectos importantes sobre la oferta de energía que exige el país.  Por esta razón, los esfuerzos del gobierno para fomentar la innovación y el aumento de las energías renovables se deben realizar a largo plazo.

El nuevo gobierno deberá analizar rigurosamente las necesidades energéticas del país y el papel de Ecopetrol en la hacienda pública para después hacer algunos pilotos de fracking de forma cuidadosa. Así, con un panorama más completo de costos y beneficios se podrán tomar decisiones de política minero-energética de largo alcance. Mientras se define esta política, conviene evitar las posturas radicales, mejorar el diálogo entre sectores y enfocar la atención en desarrollar mecanismos de compensación para las poblaciones vulnerables.

Esteban Rossi

*PhD en Geografía de Clark University, magíster en Ciencias Ambientales de la Universidad de Yale, profesor de la Universidad Javeriana y la Universidad del Rosario y consultor independiente.

viernes, 15 de julio de 2022

450 mil colombianos asesinados

Un genocidio que sacude la comunidad internacional, pero en Colombia aún quedan sectores entregados al negacionismo, intentando tapar el sol con las manos.

 Palabras de Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad, ante el Consejo de Seguridad de la ONU Hace un poco más de dos años estuve ante ustedes, miembros del Consejo de Seguridad, cuando todavía no había pandemia del COVID.

El mundo sigue  conociendo el
infiorme de la Comisión de la Verdad

El Consejo de Seguridad había ya venido a Colombia. Ustedes habían puesto su confianza en el sistema de verdad, justicia, reparación y no repetición que nosotros, la Comisión de la Verdad de Colombia, formamos con la Jurisdicción Especial para la Paz y con la Unidad para la Búsqueda de Personas Desaparecidas. Hoy regreso ante ustedes con ocasión del Informe trimestral sobre el proceso de paz en Colombia que entrega la Misión de acompañamiento presidida por Carlos Ruiz Massieu. Y he venido para decirles que hemos concluido la tarea que recibimos por el acuerdo de paz entre el Estado Colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Farc-EP. Tarea que ustedes han apoyado unánimemente.

Aquí está la conclusión de esta tarea. En nombre de mis compañeros y compañeras de la Comisión de la Verdad, y también recogiendo el sentimiento de millones de colombianos y colombianas víctimas de la guerra, traigo una palabra de gratitud y agradecimiento para todos ustedes, pueblos reunidos en las Naciones Unidas y ciudadanos y ciudadanas del planeta. Traemos una palabra de verdad desde Colombia que tiene repercusiones para la comunidad de naciones. Es un mensaje de dolor y al mismo tiempo una palabra valiente, que muestra desde el ser humano herido por la guerra, y desde la naturaleza herida, un camino audaz y obligatorio para construir juntos una nación en paz desde nuestras diferencias, y un mundo nuevo que llene de alegría a los niños y niñas de hoy y de mañana, donde haya lugar a la esperanza.

La Comunidad internacional apoyó
 siempre la Comisión de  la Verdad

Hemos escuchado durante cuatro años el sufrimiento que en Colombia ha dejado la guerra interna. Hemos oído más de 30.000 testimonios individuales y colectivos de todos los lados en un país dividido, y leído más de mil informes llegados sobre todo de comunidades víctimas al interior de Colombia y en 24 países donde hay exiliados colombianos. Una multitud de más de 10 millones de personas ha sido afectada de diversas formas por esta guerra.

Las armas de la guerra mataron entre estas víctimas a 450.000 personas entre 1985 y el año 2018. Y el 80% de todos los afectados, sobrevivientes y asesinados no eran soldados ni guerrilleros sino población civil sin armas. Así es la guerra. Siempre contra la población civil. Hemos oído múltiples testimonios de los 50.000 secuestrados y de bastantes de los miles de niños y niñas llevados a la guerra, donde la responsabilidad de la guerrilla fue máxima; y conocido de las desapariciones forzadas y de los llamados falsos positivos, donde la responsabilidad del Estado es directa. Hemos estado en los lugares de las más de 4.000 masacres, algunas de más de cien  personas, donde se destruyeron poblaciones enteras y donde la barbarie de los paramilitares es mayoritaria.

Hemos caminado junto a grupos de la multitud de más de 8 millones de personas desplazadas; al lado de centenares de mujeres de las miles cuyos cuerpos fueron utilizados como campos de guerra; de campesinos a quienes les quitaron la tierra, de comunidades indígenas y afrocolombianas y RROM que fueron golpeadas en mayor proporción que otros en el conflicto armado donde se incrementa el racismo.

Nos duele ver que todo esto se conocía en Colombia, lo sabía el mundo, lo vimos en televisión y lo oímos en la radio, pero lo dejamos pasar durante 50 años como si esta barbarie no fuera con nosotros. Excepto, sí, las luchas de muchas personas que no se dejaron amedrentar por el miedo y que siguen gritando: paren esa guerra, paren de todos los lados, párenla ya. Y que claman como las mamás de los jóvenes no combatientes que fueron asesinados y presentados por sus victimarios como guerrilleros muertos en combate: “¿quién dio la orden?” Pero no nos hemos limitado a oír. Hemos buscado respuestas a las preguntas:

¿Por qué pasó esto? ¿Qué afectaciones produjo a las personas, a la naturaleza, a la democracia? ¿Quiénes y cómo lo causaron? ¿Qué podemos hacer para que no se repita? La búsqueda de respuestas a estas preguntas nos ha permitido comprender el porqué de los daños causados a la vida, a la calidad de la vida, a la democracia, a la cultura y a la naturaleza, y entender por qué el conflicto trata de prolongase y continuar como lo muestran más de mil líderes sociales asesinados junto a 333 hombres y mujeres de la antigua guerrilla de las Farc-EP que firmaron la paz.

Hemos comprendido que la guerra nunca es simple, que los actores armados lo hacen al interior de un sistema donde las decisiones son condicionadas o determinadas por intereses y propósitos culturales, políticos, económicos, militares, burocráticos y criminales. Hemos encontrado que en el origen y continuación de la guerra hay un vacío ético, un olvido de la grandeza humana de cada persona, de cada familia, de cada pueblo, de cada ser viviente, del valor absoluto incomparable de cada hombre y cada mujer que vale más que todas las armas del mundo.

La guerra daña todo lo que toca. Daña a los agredidos y a los que agreden. Hemos comprendido que en el caso colombiano es necesario cambiar el sistema de seguridad. Desde un principio, hace más de 60 años, establecimos que la seguridad se daba por las armas y que los conflictos entre ciudadanos, que son un conflicto político y se solucionan en el diálogo y la negociación, nosotros los resolvíamos con las armas. Y nuestra seguridad se volvió una seguridad armada, de nunca acabar, porque la seguridad armada siempre pide más armas y más justificaciones en muertos.

Hicimos seguridad armada para dar seguridad al poder, a los aparatos, a las propiedades, a las empresas –claro que hay que proteger a las empresas–; incluso una seguridad para cuidar a la misma burocracia armada. Pero no hubo seguridad para cuidar a las personas, al ser humano. Por eso en la guerra colombiana, de cada diez muertos 8 fueron civiles, fueron víctimas las selvas, los ríos, las montañas de las minas antipersona, como lo fueron los miles Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición. de jóvenes colombianos, de los dos lados del conflicto, que se enfrentaron en la guerra siempre inútil. Por eso pedimos hoy que haya ejército y policía para la paz, no para la guerra. Y pedimos a la comunidad internacional que no nos den nada para la guerra. Queremos hacer de Colombia un paradigma mundial de reconciliación después de tanto sufrimiento.

En Colombia la guerra se empapó de narcotráfico. Y como estamos metido en el “modo guerra”, tomamos de otros países consumidores de droga la idea de que el narcotráfico es un asunto de seguridad nacional y, por tanto, un asunto que se resuelve por la guerra. Y nos unimos a quienes llamaron a destruir al campesinado que se refugia en la coca porque lo hemos dejado empobrecido y despojado de la tierra y capital, el campesino que es el eslabón más débil de la cadena de intereses que se mueven en el narcotráfico. La Comisión pide terminar la guerra contra el narcotráfico y pide comprender lo equivocado de la pretensión de que el prohibicionismo armado puede detener al narcotráfico cuando lo que hace es aumentar las ganancias del negocio. 

Desde el clamor de las víctimas en Colombia pedimos la colaboración, en responsabilidad compartida de las naciones consumidoras, para capturar a los grandes mafiosos y llevarlos a procesos de sometimiento a justicia transicional, donde entran con la declaración pública de la verdad sobre las alianzas políticas, económicas y militares y de bancos, para sus negocios y a reparar con su dinero a todas las víctimas. E invitamos, con muchos otros en el mundo, a avanzar hacia la regulación de mercados y a la responsabilidad de educación y salud pública mundial sobre un asunto que afecta a todos, como aprendimos a cuidarnos colectivamente del COVID.

Pedimos que se entienda la conexión del narcotráfico con la corrupción. Porque el dinero criminal compra gobernadores, alcaldes, jueces, policías, guerrilleros y militares. Y contribuye a generalizar la corrupción a otros niveles. Hemos comprendido que la solución al conflicto armado se hace desde el respeto a cada persona como un ser igual y que debemos respetar a cada niño y niña indígena y afrocolombiano con la misma determinación con que se respeta y cuida a los presidentes, a los grandes ricos, a los doctores, a las personalidades, a los generales de los ejércitos.

Que se caigan todos los cultos a las personalidades y a las dignidades y nos amemos y respetemos unos a otros como portadores de la misma dignidad. Y que en Colombia y en el mundo todos y todas contribuyamos a impulsar una nueva ética basada en la dignidad humana, y la apoyemos desde todas las tradiciones espirituales. Miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas: somos optimistas.

Hay una juventud en Colombia que ha tomado este legado. Una juventud por la paz y por la protección de la vida en todas sus formas. Hay en nuestro país más de un millón de mujeres, de indígenas y afrocolombianos, de educadores y líderes religiosos, de personas LGBTIQ+, de universidades y nuevos empresarios, de jueces y juristas, de artistas y sindicatos, de defensores de derechos humanos e iglesias que se suman. Hay todavía un camino largo por recorrer, pero Colombia lo ha emprendido al estar aceptando sin miedo la verdad histórica de su propia tragedia, y la determinación de mirar hacia Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición. adelante, hacia el futuro que vamos a construir desde el aceptar nuestras heridas para enriquecer lo que somos como cultura, como pueblo apasionado por la creatividad y el arte y la libertad y la producción de la vida. Y que ojalá que la lección de Colombia nos aleje de las guerras de todos los lados para siempre y nos lleve a buscar apasionadamente la verdad y la dignificación del ser humano. Para Colombia y para el mundo hay futuro si hay verdad.

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Néstor Humberto Martínez, depredador de las libertades

Después de planear la destrucción del proceso de paz con entrampamientos y falsías, este despreciable y gris personaje del establecimiento, se convierte en acosador de periodistas.

Por: Wilmar Jaramillo Velásquez/El Pregonero del Darién

 El país llegó a un punto de degradación institucional tan profundo, que un sujeto de la calaña de Néstor Humberto Martínez, después de todas las fechorías cometidas, hoy se mueve en total impunidad fungiendo de censor de la prensa, persiguiendo periodistas y enemigo de las libertades públicas.

Wilmar Jaramillo Velásquez

Néstor Humberto no actúa solo, de manera siniestra mueve los hilos con su cómplice Francisco Barbosa, que no solamente le garantiza impunidad, sino que le mueve con celeridad los procesos en contra de los periodistas que le incomodan a su paso.

Lo curioso de esta notable persecución a la prensa, es que solamente cobija a respetables figuras, críticas al establecimiento, claramente se refleja una retaliación contra quienes no se han dejado tentar por el poder del gobierno y que por el contrario se han dedicado a cumplir con responsabilidad la misión ética de mantener informados a los colombianos. Los periodistas adictos el gobierno son intocables, protegidos y fletados con   todas las garantías.

Néstor Humberto Martínez, arremete con toda la sevicia contra la periodista Cecilia Orozco, columnista de el Espectador y directora de Noticias Uno, justamente el informativo que más incomoda al actual gobierno y los anteriores, una de las plumas más prestigiosas del país, que tanto nos ayuda a mantener los equilibrios informativos en estos duros momentos de servilismo al ejecutivo y sus lacayos.

Uno quisiera ver a medios como Caracol RCN, la W, Blu Radio, El Tiempo, unidos en una sola voz en defensa de la periodista y de otros también víctimas del acoso judicial, pero no guardan silencio cómplice, son temerosos al gobierno, temen vulnerar sus compromisos con el poder.

Pero también la sociedad decente que le sobrevive a Colombia se debería movilizar en este caso, donde está amenazada la libertad, derechos constitucionales, pero no, unas pocas voces se han levantado en su apoyo.

Entre estas voces y muy contundente por cierto está el mensaje del exmagistrado, José Gregorio Hernández, expresidente de la Corte Constitucional quien escribió en su cuenta de Twitter:

El derecho a la información es fundamental. Los medios son libres (Art. 20 C.P.). La actividad periodística goza de protección "para garantizar su libertad e independencia profesional" (Art 73). "El secreto profesional es inviolable (Art. 74). Todo eso está vigente. @NoticiasUno”

La Fundación para Libertad de Prensa PLIP, se ha convertido en férrea defensora, no solamente de esta colega, sino de otros como, Julián Martínez y Yohir Ackerman, víctimas del brazo siniestro de la fiscalía.

También la revista Cambio está en la mira de la Fiscalía y desde luego el periodista Daniel Coronell, a quien hace años como se dice en el argot popular “el gobierno le lleva ganas”

Como se puede apreciar no se trata de un caso aislado, es un montaje bien calculado del actual gobierno en relación con la prensa libre, que como no ocurre en Venezuela, no ha movido las fibras de la sociedad doble moralista como la nuestra.

Ni en los peores momentos del mandato de Julio Cesar Turbay el país vivió este tipo de aberraciones en contra de la presa libre.

La intentona de la Fiscalía de inspeccionar los archivos de Noticias Uno y de la Revista Cambio, será la peor afrenta del establecimiento contra la libertad de presa en Colombia y el mundo civilizado lo debe saber, se debe pronunciar de manera contundente.

“A mí también me está persiguiendo la @FiscaliaCol con una denuncia infundada del ex fiscal Néstor Humberto Martínez. Este acoso judicial es bastante intimidante”, escribió Julián Martínez en su cuenta de Twitter.

 “Frente a esta situación, preocupa el avance en la investigación penal cuando evidentemente es un caso de acoso judicial emprendido por Martínez, con el que se desconoce las garantías mínimas de la libertad de expresión y el deber de tolerancia al escrutinio público que debía soportar como funcionario público”

“La denuncia iniciada por el exfiscal y el impulso del proceso, sabiendo que se judicializa un asunto protegido por la libertad de expresión y que tienen como fin acallar críticas, sugiere un mal uso de la función pública para contrarrestar algunas discusiones de trascendencia social. Esto tiene un fuerte potencial silenciador porque enfrenta a los periodistas al dilema de ejercer su oficio o enfrentar sanciones de diversos tipos, incluidas las económicas”, dijo la FLIP en su pronunciamiento de apoyo a estos periodistas.

Hay que agregar que Cecilia Orozco ha sido además víctima de amenazas y seguimientos irregulares, Julián Martínez y Yohir Ackerman se encuentran fuera del país intentado proteger sus vidas.

Al país le quedan aún dos años de una fiscalía que, en vez de garantizar, de proteger los derechos de los ciudadanos, se ha dedicado perseguirlos, a coartarlos, antes que llegue un nuevo fiscal, comprometido con la autoridad, con la ley y sobre todo con la institucionalidad.

Dos años de pesadilla en los que pueden ocurrir muchos atropellos, mientras Néstor Humberto Martínez, que debería estar preso, siga trabajando en llave con francisco Barbosa y sus secuaces.

Nuestra frágil democracia terminará de hundirse si sujetos tan cortos de pensamiento, tan limitados e su concepto de sociedad como Barbosa y Néstor Humberto se salen con las suyas acosando periodistas para que no incomoden al poder, forzándoles a guardar silencio, mientras ellos y sus patrocinadores se roban el país, incluyendo hasta los dineros de la paz.

Cecilia Orozco, Julián Martínez y Yohir Ackerman deben saber que no están solos, que en Colombia sobrevive gente decente que no se dejará amilanar por el terror y el poder impuesto, por quienes con los dineros públicos fueron asignados para defendernos.

martes, 12 de julio de 2022

Historia oral, otros testimonios

El panadero de la esquina tiene historias que narrar, el zapatero, el reciclador que pasa al lado del carro recolector de basura.

Por: Diego Calle Pérez/El Pregonero del Darién/Opinión

Diego Calle Pérez

Últimamente, me pongo a pensar, que nos hace falta conocer más historia oral de lo que ha pasado en Colombia, que la muestra de la jurisdicción para la paz y la verdad. Son los testimonios que se han podido conocer, sin embargo, parece que están quedando en el olvido, otros testimonios, que son claves para la historia social. Muchos de esos testimonios están a una cuadra de tu casa, están en la parroquia del barrio o del parque principal de cualquiera de los municipios, están cerca a los cementerios. El panadero de la esquina tiene historias que narrar, el zapatero, el reciclador que pasa al lado del carro recolector de basura. El que reparte el correo y el instalador de internet que llega a barrios y comunas de diferentes ciudades. 

Son historias que siguen vigentes en ese imaginario colectivo de la gente. Son historias que muchas veces se guardan en el silencio de una familia, de una casa de barrio, en un negocio de billar, la señora que vende la empanada en la puerta de su casa. Aquel señor que vende mecatos y cigarrillos al menudeo, ahí está una historia, un testimonio de ser sobreviviente. Algunos cuentan, se salvaron, dicen: “ese día no era para estar junto a San Pedro”, algunos no quisieron que se les grabara, atinaron a decir: “no guarde la voz, escriba, lo que voy a narrarle”.  

Las grabaciones se transcribieron, siguiendo paso a paso el relato, las entrevistas no grabadas, muchas de ellas, se pudieron redactar dos o tres días después de visitar el afectado, el testimonio, la anécdota, algunos contaban con detalle, otros se les tenía que sacar las palabras con anzuelo y nailon de buen calibre. Hoy, muchas de esas historias orales, testimonios reales, son la mejor prueba de la descomposición que fue carcomiendo las propias estructuras morales del estado en su corrupción, no propiamente en sus justas medidas, frase célebre de un presidente. 

Esos testimonios nos llevaron a preguntar por las transformaciones de los partidos políticos, a preguntar por lo que muchos dejan de cuestionar, por la manera en que se ha venido degradando, el comportamiento de la ética profesional, en muchas de las actuaciones de personajes, que algún día se consideraban líderes sociales. Otros testimonios, otras personas, que no tienen nada que ver con el conflicto armado legal e ilegal, testimonios de personas que vieron en segundos pasar su propia muerte. Historias orales que narran hechos y sucesos que nunca se publican en el periódico de ayer. Ahí está la esencia de un trabajo de investigar, consultar y preguntarle al afectado, buscando con ello, conectar bibliografía de periódicos y revistas que solo reposan en los estantes de las bibliotecas. 

lunes, 11 de julio de 2022

Y la verdad nadie la cree

Se desapareció la plata de la paz y nadie sabe a dónde fue aparar y los organismos de control tan “diligentes” ellos. Nos tragó la corrupción.

 Por: Andrés E. González González /El Pregonero del Darién/Opinión

Andrés E. González González

Para, muchas personas el día comienza con unos buenos días, un abrazo, café, agua panela.

En mí Colombia, mi país, un escándalo más de corrupción que todavía no logró digerir $7.7 billones de pesos para la PAZ cuestionados en su totalidad, ya sea por los 382 proyectos en ejecución, 129 ya terminados y 333 en ¿? De nada sirvieron los entes de control, el Departamento Nacional de Planeación, Contraloría, Procuraduría entre otros participantes y amigos “amadores de la paz”.

En medio del tintico ¿dónde estará toda esa plata?  Si realizaron construcciones debió ganar mucha gente en empleos, pero muchos empleos, será qué se la vagabundearon como dice RH en yates, licor entre otras cositas; en carros, remodelaciones ¿dónde estará esa plata? Es qué es mucha. Otro tintico por favor.

¿Será que la sacaron del país, para dónde?

¿Será que fue a dar en alguna campaña política, medios de comunicación, publicidad? Es qué es mucha plata para nosotros los del común cierto, que entre tintico y tintico no alcanzamos a gastarla y se necesita más de 4 años de gobierno, son billones.

Si tan solo para nuestro municipio llegaran los $21 mil millones para la planta de tratamiento de aguas residuales, los $69 mil millones para la pavimentación del área rural de los tres corregimientos, $27 mil millones para proyectos de vivienda nueva, unas 300 familias beneficiadas. Vamos bien otro tintico por favor.

Qué tal el mega colegio con aulas para la ciencia, tecnología, investigación, medio ambiente, talleres para manualidades, artes, pintura, espacios para la recreación y el deporte, desarrollo infantil, máquinas para la confección entre otras áreas con un valor de $38 mil millones. $155 mil millones en total y así de tintico en tintico vamos organizando cositas y créanme no alcanzamos a entender dónde está la plata de la paz que no se ve reflejada en proyectos de impacto social, ambiental, económica, productiva, alimentaria, educativa, en ninguna.

La Policía en el Ministerio de la Paz

La Policía tampoco debe quedar expuesta a peregrinar cada cuatro años de un ministerio a otro, al vaivén de la ideología o de los caprichos del mandatario de turno.

Por: Juan Carlos Ruiz Vásquez* de Razón Pública/El Pregonero del Darién

Una propuesta que debe precisarse

El traslado de la Policía colombiana del Ministerio de Defensa a otro ministerio ha sido una propuesta reiterada desde hace mucho tiempo. Distintas comisiones y analistas han insistido en que esta fuerza quede adscrita al Ministerio del Interior, al de Justicia o en un nuevo Ministerio de la seguridad pública, como sucede en la mayor parte de los países.

Una de las propuestas más polémicas
 del nuevo gobierno.

Pero la propuesta del presidente electo Petro de trasladarla a un nuevo Ministerio de la Paz es inédita, y sólo resultaría pertinente o eficaz si son claros los objetivos, las funciones y los alcances de dicho ministerio.

Sin esta definición acerca del Ministerio de la Paz, no sería clara la ubicación de la Policía dentro de esa nueva dependencia. Podría quedar como una rueda suelta en un ministerio con muchos alcances y pretensiones.

La idea del próximo gobierno podría obedecer a la ola de críticas y acusaciones al manejo de las protestas ciudadanas por parte de la Policía entre 2019 y 2021. Algunos piensan que para tener una fuerza policial más respetuosa de los ciudadanos sería preciso abandonar su perfil militar y convertirla en una fuerza civilista dentro de un ministerio distinto del de Defensa.

Civilizar la policía

Esta idea de “civilizar” a la policía ha sido una constante desde los años 1990.

Los sociólogos Álvaro Camacho Guizado y Francisco Leal, lo propusieron como piedra angular de cualquier reforma. Y, por ejemplo, en 1993-1994 se creó un nuevo nivel dentro de la institución, el Ejecutivo, para que la jerarquía no fuera apenas militar sino más parecida a las de otros países democráticos. Sin embargo, la oficialidad mantuvo la jerarquía militar que había sido adoptada desde los años 1950.

Verdad que hoy en el mundo las policías no están adscritas a un Ministerio de defensa. Incluso las gendarmerías o fuerzas policiales integradas por militares fueron suprimidas en Bélgica, Austria o Perú, o dejaron de pertenecer al Ministerio de defensa como sucedió en Francia.

Y esto es más cierto en el caso de la Policía colombiana, que la Constitución de 1991 define como cuerpo armado de naturaleza civil, así que no debería estar bajo la égida del Ministerio de Defensa.

Dos posiciones

Por eso, para evaluar la propuesta de Gustavo Petro, es importante recordar los argumentos de un debate que ya lleva muchos años en Colombia.

Quienes defienden la permanencia de la Policía dentro del Ministerio de Defensa sostienen que:

Las características peculiares del conflicto colombiano y los desafíos de seguridad obligan a mantenerla en este ministerio. Las acciones conjuntas y la coordinación de las fuerzas militares y la policía necesitan un mismo centro de decisiones estratégicas. Los grandes golpes a grupos armados ilegales han sido posibles gracias a esta sinergia entre militares y policías.

La policía colombiana debe enfrentar redes criminales poderosas y sofisticadas con presencia e influencia en territorios extensos por medio del terror. Estas organizaciones son muy distintas de las bandas criminales de otros países, dado su alto poder de fuego y su usurpación de papeles propios del Estado.

El dinero de cooperación internacional proveniente del Plan Colombia solo podía utilizarse para financiar tareas antinarcóticas y no podía destinarse, por ejemplo, a combatir las guerrillas. Pese a esta prohibición expresa de los países aportantes, mantener la Policía en el Ministerio de Defensa permitió financiar parcialmente a toda la fuerza pública (aunque también debe notarse que esta confusión hace difícil precisar cuánto dinero se destina, por ejemplo, a la lucha contra las grandes bandas criminales y cuánto se utiliza para desmantelar pequeñas pandillas de barrio).

Aquellos que abogan por su traslado a otro ministerio sostienen que:

La Policía debería cumplir sobre todo funciones de seguridad ciudadana, puesto que hasta al momento ha sido más utilizada contra grandes bandas criminales y grupos ilegales armados.

Hay una gran distancia entre el ciudadano del común y la Policía, que se agrandó con los excesos de algunos uniformados durante los paros de los últimos años. Hacerla más civil permitiría tender puentes entre la comunidad y esta institución.

La Policía ejerce unas funciones en las ciudades y otras distintas en las áreas rurales. No es lo mismo combatir al Clan del Golfo en Urabá que lidiar con un conflicto de vecindario en Cedritos o en Agua Blanca. Por eso cuando se habla de reformar la Policía nacional, revive la propuesta de diferenciar dos policías, una para el campo como una guardia rural o gendarmería, y otra para las ciudades más ajustada a esta forma de vida.

Foto: Facebook: Policía Nacional - El traslado de la Policía colombiana del ministerio de Defensa a otro ministerio ha sido una propuesta reiterada desde hace mucho tiempo.

Luces tras la idea de Petro

¿Qué se ganaría con una policía en el otro ministerio?

 

No cabe duda de que la Policía colombiana invierte o desperdicia pie de fuerza y todo tipo de recursos en algunas labores que en sentido estricto no le corresponden.

También es cierto que pertenecer a un Ministerio de defensa puede haber distorsionado su ethos y su fisonomía organizacional. Por ejemplo, una parte de la oficialidad sostiene, de manera idealista, que no son soldados y que quisieran vigilar las calles utilizando apenas un bastón de mando, sin armas y muy cercanos a las comunidades. Otros oficiales anhelan una policía fuertemente armada, tipo comando, o capaz de operar como su contraparte militar.

También, quizás el nuevo ministerio logre lo que nunca se pudo desde el Ministerio de Defensa: adoptar una política nacional de seguridad ciudadana que verdaderamente se aplique y guíe a las instituciones del sector, oriente la acción gubernamental y dirija a alcaldes y gobernadores. Aunque varias veces se han expedido supuestas políticas de seguridad, los gobiernos no lograron llevarla a la práctica y hacerla la gran bitácora nacional.

Sombras tras la idea de Petro

Sin embargo, haciendo de abogado del diablo, diría yo que “civilizar” la policía puede ser un falso dilema.

Muchas fuerzas de policía del mundo tienden, por el contrario, hacia la militarización para poder enfrentar las amenazas terroristas, la sofisticación y violencia creciente de las bandas y para preservar la vida de los policías cada vez más comprometida.

La policía de carabineros de Chile es un buen ejemplo de que el cambio de ministerio no necesariamente transforma esta institución. En 2011, esta policía pasó del Ministerio de Defensa al Ministerio del Interior y Seguridad Pública. Sin embargo, sigue siendo una de las más militarizadas del continente y seriamente criticada por su actuación durante el “Estallido social” de 2019 y 2020 que dejó un saldo de 12.500 heridos y 20 fallecidos.

Durante la primera mitad del siglo XX, la policía colombiana estuvo adscrita al Ministerio de Gobierno (hoy del Interior). Pero su militarización se inició bajo el gobierno de Laureano Gómez para mejor combatir el bandolerismo liberal y se consolidó cuando el General Rojas la puso bajo el Ministerio de Guerra como cuarta fuerza armada. El conflicto y la subversión exacerbaron este perfil militar. Hoy en día mantiene rangos militares que la oficialidad quiere conservar por estatus, prestancia y paragón con los militares.

Una policía en el Ministerio de la Paz exigiría un plan muy concienzudo de ingeniería institucional. Si el cambio de ministerio es apenas de nombre, poco se habría logrado. Se necesita cambiar sus prioridades para replantear a fondo su papel y para racionalizar su organización.

La Policía tampoco debe quedar expuesta a peregrinar cada cuatro años de un ministerio a otro ministerio, al vaivén de la ideología o de los caprichos del mandatario de turno.

Por eso este proceso no debe ser improvisado: cambiar de ministerio implica ajustes muy serios en materia de estrategia, presupuesto, gasto, recursos humanos, funciones, responsabilidades y administración.

Juan Carlos Ruiz
*Profesor titular de la Universidad del Rosario. PhD. en Ciencia Política de la Universidad de Oxford, máster en Administración Pública de la ENA (Francia), máster en administración de empresas de la Universidad Laval (Canadá), máster en Ciencia Política de la Universidad de los Andes.

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Petristas radicales intentarán devorar a Petro

El ala fundamentalista del petrismo, junto a un reducido grupo de extremistas uribistas, le causarán los más fuertes dolores de cabeza al nuevo gobierno, pero sin éxito.

Por: Wilmar Jaramillo Velásquez/columnista/ El Pregonero del Darién/Opinión

 Ya lo estamos viendo en Chile, han sido sectores de izquierda radical, los que más están presionando al presidente Gabriel Boric.

Wilmar Jaramillo Velásquez

No sabemos cuánto durará la luna de miel del presidente Petro junto a los convocados al gran acuerdo nacional, al ejecutivo siempre se le ha dado tiempo para nombrar su gabinete y el grupo de colaboradores inmediatos, además de un año de tregua, antes de comenzar la presión desde diferentes sectores.

Con Petro ha comenzado una ola de descontento sin posesionarse, lo quieren tumbar sin recibir el gobierno y lo más crítico es que el bloque más reacio por el momento son los propios petristas, los que nunca entendieron su discurso de pacto con los contrarios, de un gobierno de la paz y no de la venganza, de la política del amor que predicó por todo el país.

Los encuentros con Álvaro Uribe y el más reciente con César Gaviria en Italia, producen urticaria en este bloque petrista y los reclamos van y vienen por redes sociales, y razón no les falta, darles oxígeno a unos dinosaurios rumbo a la extinción causa molestia.

Petro es un viejo zorro de la política, no está improvisando, él más que nadie sabe que estamos en un delicado proceso de transición sobre arenas movedizas, por eso se mueve con tanta cautela y no buscará choques con la vieja clase política, será esta la que terminará chocando cuando sus privilegios empiecen a desmoronarse.

Ya el banquero Luis Carlos Sarmiento prendió las alarmas, cuando les hablen de impuestos justos, cuando les toquen los baldíos robados al estado, cuando les supriman las multimillonarias exenciones tributarias, simplemente explotarán, el uribismo agónico  que  se sabe  mover  justamente  sobre esas arenas movedizas, ya  armó  su estrategia, por un lado, un  lenguaje  moderado hacia el nuevo gobierno, encabezado nada  más y nada  menos  que por Uribe  en persona,  quien  ya anunció línea  directa  con el nuevo gobierno y por el otro, un bloque  de oposición en cabeza  de María Fernanda Cabal, Margarita Restrepo, Enrique Gómez, al lado de los ya  conocidos  medios de comunicación adictos  al uribismo, que  servirán  de  parlante.

En ninguno de los escenarios,
la tendrá fácil el nuevo gobierno

Entre tanto Petro se mueve con rapidez armando el bloque mayoritario en el Congreso, que le permitirá consolidar las viejas reformas aplazadas por décadas, por unos gobiernos amangualados con el Congreso para prolongar su trámite por el temor a perder votos.

Vendrán la reforma tributaria estructural y de fondo, la reforma a la justicia, la reglamentación del aborto, la eutanasia, la reforma a la salud, a la educación, al sistema electoral, Grandes ajustes a la fuerza pública, una serie de cambios, todos sensibles al accionar del establecimiento, tan cómodo navegando en privilegios durante dos siglos y donde toda reforma asusta.

Ahí tendrá la primera prueba de fuego el gobierno de Petro, para transitar junto a una jauría de politiqueros, nada dispuestos a ceder.

Petro se ha sabido mover con inteligencia, el gabinete nombrado hasta ahora ha pasado el examen de sus críticos con las excepciones normales, además comenzó a trabajar temprano, es un hombre ordenado, disciplinando y comprometido, esto hará rendir el tiempo, ya que cuatro años quedarán cortos ante tamaña agenda.

Petro no tiene fácil la composición de su burocracia, fuera de la gente que trabajó de sol a sol durante años para llevarlo a la presidencia, muchos de ellos con la esperanza de acompañarlo en el gobierno, deberá lidiar con una estela de oportunistas que atraídos por el “gran acuerdo nacional”, aterrizaron a última hora para tomarse la foto.

Estas intrigas en cada región terminarán fracturando el proceso de reacomodo del nuevo mandato, aunque como siempre, no habrá cama para tanta gente y el grueso de la población se verá beneficiada con las grandes reformas, con el freno a la corrupción y con la aplicación de las nuevas políticas públicas, que son en realidad la esencia de un gobierno progresista como el planteado por Petro. El beneficio colectivo.

Las rencillas de quienes salen hoy a cobrar unos votos que en sana justicia le pertenecen a Petro, a   su construcción de proyecto por más de tres décadas, a su arrolladora figura pública y en gran parte en la recta final, al acierto en la designación de Francia Márquez como su fórmula presidencial. pasarán a un segundo plano.

Recordemos que las gerencias regionales no funcionaron, los recursos financieros ni logísticos llenaron oportunamente, o simplemente no llegaron, que el desorden de campaña fue nacional y generalizado, pero aun así los votos aparecieron en las parlamentarias, en primera y segunda vuelta.

Mi reconocimiento también a esos ciudadanos anónimos, anciosos de  cambio  quienes discretamente  hicieron sus aportes para sufragar algunos gastos míninos de campaña, ante  la innoperancia y negligencia de las gerencias.

Un gran damnificado de este proceso, el propio partido del presidente, La Colombia Humana, grandes ganadores, el Polo que se quedó con la vicepresidencia, la UP, que repuntó en el Congreso, El Partido Liberal que se la jugó por la renovación con Luis Fernando Velasco a la cabeza, y los demás partidos de la coalición final como el Verde.

Desde ya me atrevo a vaticinar que la luna de miel con el uribismo, será flor de un día, ya que una vez entren en trámite las grandes reformas saldrán despavoridos con el viejo cuento chino de “defender la democracia, las libertades y la propiedad privada, puestas en riesgo por el comunismo”

A este grupo de presión se unirá al fundamentalismo petrista, que intentará comerse vivo al presidente bajo la tradicional antropofagia de la izquierda colombiana. Ninguno de los dos tendrá éxito.

miércoles, 6 de julio de 2022

Altos dignatarios ligados con nuestra región

Tanto el doctor Lizcano como la nueva ministra de Salud, Médica Carolina Corcho, son ampliamente conocidos en nuestros territorios.

 Por: Jorge León Castrillón/especial para El Pregonero del Darién -Opinión

 Para nosotros como habitantes de Frontino es muy grato saber que la doctora Carolina Corcho ha sido nombrada por el nuevo gobierno en cabeza de Gustavo Petro, como su ministra de Salud y Protección Social, una profesional de la salud que inició su carrera en uno de los pueblos más pequeños y pobres del país, como el vecino Uramita.

Jorge León Castrillón

En esta localidad del Occidente de Antioquia la joven médica llegó a realizar su año rural entre el 2007 y el 2008, donde pudo conocer las enormes falencias del sistema de salud colombiano, convertido en un rentable negocio para particulares en detrimento de la atención al usuario.

No hay duda que todos estos aprendizajes sumados a su vertiginosa carrera, serán de gran importancia para el ejercicio idóneo de su cargo.

De  otro lado el doctor  Lizcano, quien fuera  Congresista, senador  y presidente de esta corporación en la administración Santos, uno de los impulsores  del proceso de  paz  y quien el señor presidente a  nombrado en un cargo clave  de la comisión de empalme  y quien muy seguramente estará  al frente  de una alta  responsabilidad  del gobierno, es un  hombre estrechamente  ligado  con Frontino, donde ejerce actividades  comerciales  generando empleo, quien no es ajeno a las grandes problemáticas de  esta localidad y la región en general.

Esperamos que estas dos personalidades, por el conocimiento que tienen de la zona, su sensibilidad social y humanismo, nos ayuden a articular una bien organizada agenda tendiente a sacar adelante las grandes obras de desarrollo y generación de empleo, aplazadas durante décadas.