jueves, 10 de noviembre de 2022

La gran revolución deberá empezar por la calidad de la educación

Tan importante es este salto en lo cuantitativo como el que debemos dar en lo cualitativo, para encausarnos de nuevo y de manera articulada por el camino que espera la sociedad que nos acoge. 

Por Luis Alfonso Ossa B. /Opinión/ El Pregonero del Darién

¿No es acaso esta la oportunidad de oro para que en esa reforma que, emprenderá el Ministro Gaviria, se asuma con decisión   perentoria la necesidad de mirar con mayor rigor para intentar transformar   la muy precaria calidad de la educación que padecemos tanto en la secundaria como en la superior?

Médico Luis Alfonso Ossa B.

Me parece que es el momento de comenzar a trabajar esa revolución en la educación de manera mancomunada con FECODE, socio por lo demás muy importante del Pacto Histórico, y actor fundamental en el proceso de la educación en Colombia.

 El asunto de la cobertura si bien es una deuda del Estado con los sectores más pobres, no debe ser lo único a mejorar, pues está el asunto de la calidad de la formación de nuestros niños en donde se ha aposentado una crítica constante desde hace varios años y es una de las razones poderosas por las que nuestro país está en lugares muy atrasados en la medición de la calidad educativa de nuestros estudiantes a nivel regional latinoamericano. Esta puede ser  ciertamente la coyuntura para que lleguemos a muchos más colombianos con el aumento de los cupos,  pero que lo hagamos con curriculums remozados  con disciplinas pertinentes  con la capacitación eficiente de los estudiantes para el trabajo, pero sin olvidar que se hace necesario volver a impartir a esos estudiantes las disciplinas humanísticas  que hace tiempo hemos abandonado  en la  formación de los nuevos hombres, lo que nos permitiría, como país, poder contar de nuevo  en algún tiempo con mejores y más preparados ciudadanos  que le sirvan mejor a la sociedad en la que se desenvuelven.

Me parece importante señalar  que si el propósito del  actual gobierno es aumentar la cobertura universitaria en medio millón  de cupos más, respetuosamente sugerimos  que esos cupos no deberían abrirse solo  en programas profesionales clásicos y por el contrario  se debería pensar en que un porcentaje  importante  de esos cupos se dispongan en programas técnicos y/o tecnológicos que satisfagan una necesidad latente insatisfecha desde hace  mucho tiempo,  encaminando por tanto algunos de esos cupos a preparar estudiantes en técnicas  y tecnologías pertinentes en formación para el trabajo, sobre todo en  aquellas áreas de la producción  en las que el país y  su nuevo concepto del desarrollo va a empezar a requerir. 

Hacemos un reforma agraria, como la quiere  hacer el gobierno,  y no será  entonces que vamos a  requerir educar a nuestro jóvenes campesinos, que recibirán esas tierras, para  que mediante la experticia que la formación  técnica y/ o tecnológica les proporcione puedan   responder positivamente a las expectativas que el gobierno tiene con esa reforma agraria integral, pudiendo así aportar tanto  a la generación de riqueza para ellos y sus familias como para el  país mismo,  que estaría  asegurando  así  una producción agrícola  abundante  con posibilidades  de satisfacer la demanda interna  y  generar a su vez  excedentes exportables.

Es válido entonces recordar que esa revolución en la educación la deben hacer en lo cuantitativo aumentando cupos con todas las consecuencias que ello implica, pero tan importante es este salto en lo cuantitativo como el que debemos dar en lo cualitativo, para que de común acuerdo con FECODE, y con el acompañamiento absolutamente necesario de la Academia, podamos colectivamente encausarnos de nuevo y de manera articulada por el camino que espera la sociedad que nos acoge.