Tan importante es este salto en lo cuantitativo como el que debemos dar en lo cualitativo, para encausarnos de nuevo y de manera articulada por el camino que espera la sociedad que nos acoge.
Por Luis Alfonso Ossa B. /Opinión/ El Pregonero del Darién
¿No es
acaso esta la oportunidad de oro para que en esa reforma que, emprenderá
el Ministro Gaviria, se asuma con decisión perentoria la
necesidad de mirar con mayor rigor para intentar transformar
la muy precaria calidad de la educación que padecemos tanto en la secundaria como
en la superior?
| Médico Luis Alfonso Ossa B. |
Me
parece que es el momento de comenzar a trabajar esa revolución en la educación de
manera mancomunada con FECODE, socio por lo demás muy importante del
Pacto Histórico, y actor fundamental en el proceso de la educación en
Colombia.
El
asunto de la cobertura si bien es una deuda del Estado con los sectores más pobres,
no debe ser lo único a mejorar, pues está el asunto de la calidad de la formación
de nuestros niños en donde se ha aposentado una crítica constante desde
hace varios años y es una de las razones poderosas por las que nuestro país
está en lugares muy atrasados en la medición de la calidad educativa
de nuestros estudiantes a nivel regional latinoamericano. Esta puede ser
ciertamente la coyuntura para que lleguemos a muchos más colombianos con el
aumento de los cupos, pero que lo hagamos con curriculums remozados
con disciplinas pertinentes con la capacitación eficiente de los
estudiantes para el trabajo, pero sin olvidar que se hace necesario volver a
impartir a esos estudiantes las disciplinas humanísticas que hace tiempo
hemos abandonado en la formación de los nuevos hombres, lo que nos permitiría,
como país, poder contar de nuevo en algún tiempo con mejores y
más preparados ciudadanos que le sirvan mejor a la sociedad en la que se
desenvuelven.
Me
parece importante señalar que si el propósito del actual
gobierno es aumentar la cobertura universitaria en medio millón de cupos
más, respetuosamente sugerimos que esos cupos no deberían abrirse solo
en programas profesionales clásicos y por el contrario se debería pensar
en que un porcentaje importante de esos cupos se dispongan en
programas técnicos y/o tecnológicos que satisfagan una necesidad latente
insatisfecha desde hace mucho tiempo, encaminando por tanto algunos
de esos cupos a preparar estudiantes en técnicas y tecnologías
pertinentes en formación para el trabajo, sobre todo en aquellas
áreas de la producción en las que el país y su nuevo concepto del
desarrollo va a empezar a requerir.
Hacemos
un reforma agraria, como la quiere hacer el gobierno, y no
será entonces que vamos a requerir educar a nuestro jóvenes
campesinos, que recibirán esas tierras, para que mediante la experticia que
la formación técnica y/ o tecnológica les proporcione puedan
responder positivamente a las expectativas que el gobierno tiene con esa
reforma agraria integral, pudiendo así aportar tanto a la generación de
riqueza para ellos y sus familias como para el país mismo, que
estaría asegurando así una producción agrícola
abundante con posibilidades de satisfacer la demanda interna
y generar a su vez excedentes exportables.
Es válido entonces recordar que
esa revolución en la educación la deben hacer en lo cuantitativo aumentando cupos
con todas las consecuencias que ello implica, pero tan importante es este salto
en lo cuantitativo como el que debemos dar en lo cualitativo, para que de común
acuerdo con FECODE, y con el acompañamiento absolutamente necesario de la Academia,
podamos colectivamente encausarnos de nuevo y de manera articulada por el camino que
espera la sociedad que nos acoge.
