En Colombia se creó una figura que, los dueños de las empresas y los terratenientes, eran también los propietarios de los medios de comunicación y del Congreso de la República.
Por: Wilmar Jaramillo Velásquez/Opinión/ El Pregonero del Darién
Esa
figura colonial, ese matrimonio entre política, empresa y medios de comunicación
se ha comenzado a debilitar, ante los grandes cambios que comenzamos a sentir
con el nuevo gobierno, con la llegada de otras figuras ajenas al Frente Nacional
a Cámara y Senado y eso los tiene nerviosos, enfilando las baterías de la
prensa bipartidista contra el mandato de Gustavo Petro.
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| Wilmar Jaramilo Velásquez |
Para ellos
era muy fácil poseer las empresas, los grandes monopolios del poder económico,
arroparse con unos medios de comunicación exclusivos al servicio de sus
intereses y como si algo faltara eran dueños absolutos del Congreso, allí tenían
senadores propios con nombres y apellidos y los completaban con marionetas a
quienes les financiaban las campañas y rodeaban de privilegios junto con sus
familias. (aún sobreviven muchos) Era el poder absoluto.
Eran
dueños de todo, manejaban a los trabajadores a su antojo y ante cualquier reclamo,
tenían listo al Ministerio de Trabajo para declarar huelgas ilegales y para cancelar
personerías jurídicas a sindicatos no sumisos.
Si algo
quedaba faltando estaba el brazo de las Fuerzas Armadas, para matar, para capturar,
torturar, desaparecer a los incómodos manifestantes a quienes de inmediato
roturaban de comunistas y enemigos del orden establecido.
Todo
estaba calculado, el cierre de universidades, la persecución a maestros, estudiantes,
intelectuales, muchos de los cuales tuvieron que huir al exilio para proteger
sus vidas.
El país
ha comenzado a vivir leves cambios, los campesinos no han parado de reclamar
sus tierras usurpadas, los estudiantes avanzan en la participación administrativa
de las universidades, presionan el aumento de los presupuestos, junto con los
profesores se han convertido en actores directos de la educación pública, los
trabajadores avanzan en sus conquistas, la evolución ha sido lenta y muy costosa
en vidas, pero ahí van.
La
llegada de Gustavo Petro a la presidencia y de un amplio grupo de congresistas ajenos
al nefasto Frente Nacional, esquivos con el Estado de Sitio y a otras arbitrariedades
que se inventó el sistema para defender los negocios e intereses de los
potentados los hundió en el pánico.
En medio
de este ambiente, los grandes empresarios sin pensarlo un segundo descargaron
toda la bilis contra Petro, sus colaboradores y sus reformas. Las baterías de
la televisión y la radio que usan frecuentas y el espectro electromagnético del
Estado, de los colombianos, están siendo descargadas con toda sevicia, nada les
sirve, ninguna reforma será aceptada, las descalificaciones, la tergiversación
de la información y lo más crítico la mentira, todo convertido en arma de
guerra sin medir las consecuencias.
Siguen
con la temeraria táctica de incendiar la casa con ellos adentro, el país les importa
un bledo, sus grandes capitales están seguros en el exterior, especialmente en paraísos
fiscales, no conocen la patria de los colombianos, solamente reconocen la patria
y la nación que construyeron exclusivamente para ellos, se dieron el lujo de decir
en campaña “El que sea menos Petro” y con este cuento estuvieron a punto de elegir
a un corrupto, confeso e ignorante ingeniero como presidente.
Ahora
la apuesta es que a Petro le vaya mal para retomar el poder, saben que, si
puede sacar adelante las más importantes reformas, sacar al país del mar de la
corrupción en que lo encontró naufragando, no volverán al poder por mucho
tiempo. Ese es el meollo de todo.
De la
vieja prensa bipartidista no podemos esperar ni un ápice de cordura, siempre ha
sido la misma en 200 años, se arropan rojos con azules y se tapan mutuamente
sus crímenes, el saqueo al país, comparten delitos como compartiendo sábanas.
En Medellín
el periódico El Colombiano, un grupo empresarial más parecido un cartel, el Centro Democrático y sus
aliados fajardistas han desatado la
más despiadada persecución contra el
alcalde de Medellín Daniel Quintero, lo calumnian, lo tergiversan lo insultan
en redes sociales, le arman un acoso judicial y hasta lo exhiben con carteles
públicos como al peor de los
delincuentes y luego salen a quejarse ante la Sociedad Interamericana de
Prensa,(SIP), institución creada por ellos mismos
para proteger el monopolio de los medios, para
que interceda a su favor, luego acuden a organismos internacionales a pedir medidas
cautelares. Para ellos que hoy combinan todas las formas de lucha, la
mejor defensa es el ataque.
No se puede
bajar la guardia, están haciendo daño, Quintero ha trabajado como pocos, tiene
la ciudad batiendo record con menos homicidios en la historia, su delito fue
haberle puesto el sello de la honestidad a su gobierno, de rescatar lo público
de las garras codiciosas de un cartel empresarial. En la última medición de
popularidad entre alcaldes de ciudades capitales, bajó al último lugar, pese a
su gran desempeño, ellos tienen un desmedido poder económico hasta para pagar
pobres para sacarlos a marchar, para extorsionar y amenazar trabajadores para
volcarlos contra el gobierno.
Hoy
quieren confundir a una sociedad moderna, mejor informada, gracias a medios independientes,
a redes sociales, que la libertad de prensa es lo mismo que libertad de empresa
y en eso están equivocados de cabo a rabo, ellos lo saben, pero también saben que,
arropados en la figura de libertad de expresión, de prensa, tendrán grandes
réditos al menos en el ámbito internacional, porque en Colombia nadie les cree.
Ahora
le corresponde al gobierno de Petro y sus aliados iniciar una dura campaña de contra
información tan fuerte, como la que ellos montaron para desinformar y para ello
tendrá que apoyarse en las redes sociales y medios alternativos que son
fundamentales, como lo fueron para el triunfo electoral.
Puerto Triunfo (Noviembre/8/2022.
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