martes, 8 de noviembre de 2022

Libertad de empresa y libertad de expresión

En Colombia se creó una figura que, los dueños de las empresas y los terratenientes, eran también los propietarios de los medios de comunicación y del Congreso de la República.

Por: Wilmar Jaramillo Velásquez/Opinión/ El Pregonero del Darién

Esa figura colonial, ese matrimonio entre política, empresa y medios de comunicación se ha comenzado a debilitar, ante los grandes cambios que comenzamos a sentir con el nuevo gobierno, con la llegada de otras figuras ajenas al Frente Nacional a Cámara y Senado y eso los tiene nerviosos, enfilando las baterías de la prensa bipartidista contra el mandato de Gustavo Petro.

Wilmar Jaramilo Velásquez

Para ellos era muy fácil poseer las empresas, los grandes monopolios del poder económico, arroparse con unos medios de comunicación exclusivos al servicio de sus intereses y como si algo faltara eran dueños absolutos del Congreso, allí tenían senadores propios con nombres y apellidos y los completaban con marionetas a quienes les financiaban las campañas y rodeaban de privilegios junto con sus familias. (aún sobreviven muchos) Era el poder absoluto.

Eran dueños de todo, manejaban a los trabajadores a su antojo y ante cualquier reclamo, tenían listo al Ministerio de Trabajo para declarar huelgas ilegales y para cancelar personerías jurídicas a sindicatos no sumisos.

Si algo quedaba faltando estaba el brazo de las Fuerzas Armadas, para matar, para capturar, torturar, desaparecer a los incómodos manifestantes a quienes de inmediato roturaban de comunistas y enemigos del orden establecido.

Todo estaba calculado, el cierre de universidades, la persecución a maestros, estudiantes, intelectuales, muchos de los cuales tuvieron que huir al exilio para proteger sus vidas.

El país ha comenzado a vivir leves cambios, los campesinos no han parado de reclamar sus tierras usurpadas, los estudiantes avanzan en la participación administrativa de las universidades, presionan el aumento de los presupuestos, junto con los profesores se han convertido en actores directos de la educación pública, los trabajadores avanzan en sus conquistas, la evolución ha sido lenta y muy costosa en vidas, pero ahí van.

La llegada de Gustavo Petro a la presidencia y de un amplio grupo de congresistas ajenos al nefasto Frente Nacional, esquivos con el Estado de Sitio y a otras arbitrariedades que se inventó el sistema para defender los negocios e intereses de los potentados los hundió en el pánico.

En medio de este ambiente, los grandes empresarios sin pensarlo un segundo descargaron toda la bilis contra Petro, sus colaboradores y sus reformas. Las baterías de la televisión y la radio que usan frecuentas y el espectro electromagnético del Estado, de los colombianos, están siendo descargadas con toda sevicia, nada les sirve, ninguna reforma será aceptada, las descalificaciones, la tergiversación de la información y lo más crítico la mentira, todo convertido en arma de guerra sin medir las consecuencias.

Siguen con la temeraria táctica de incendiar la casa con ellos adentro, el país les importa un bledo, sus grandes capitales están seguros en el exterior, especialmente en paraísos fiscales, no conocen la patria de los colombianos, solamente reconocen la patria y la nación que construyeron exclusivamente para ellos, se dieron el lujo de decir en campaña “El que sea menos Petro” y con este cuento estuvieron a punto de elegir a un corrupto, confeso e ignorante ingeniero como presidente.

Ahora la apuesta es que a Petro le vaya mal para retomar el poder, saben que, si puede sacar adelante las más importantes reformas, sacar al país del mar de la corrupción en que lo encontró naufragando, no volverán al poder por mucho tiempo. Ese es el meollo de todo.

De la vieja prensa bipartidista no podemos esperar ni un ápice de cordura, siempre ha sido la misma en 200 años, se arropan rojos con azules y se tapan mutuamente sus crímenes, el saqueo al país, comparten delitos como compartiendo sábanas.

En Medellín el periódico El Colombiano, un grupo empresarial más parecido  un cartel, el Centro Democrático y sus aliados fajardistas  han desatado la más  despiadada persecución contra el alcalde de Medellín Daniel Quintero, lo calumnian, lo tergiversan lo insultan en redes sociales, le arman un acoso judicial y hasta lo exhiben con carteles públicos  como al peor de los delincuentes y luego salen a quejarse ante la Sociedad Interamericana de Prensa,(SIP), institución creada  por ellos mismos para proteger el monopolio de los medios, para  que interceda a su favor, luego acuden a organismos  internacionales a pedir  medidas  cautelares. Para ellos que hoy combinan todas las formas de lucha, la mejor defensa es el ataque.

No se puede bajar la guardia, están haciendo daño, Quintero ha trabajado como pocos, tiene la ciudad batiendo record con menos homicidios en la historia, su delito fue haberle puesto el sello de la honestidad a su gobierno, de rescatar lo público de las garras codiciosas de un cartel empresarial. En la última medición de popularidad entre alcaldes de ciudades capitales, bajó al último lugar, pese a su gran desempeño, ellos tienen un desmedido poder económico hasta para pagar pobres para sacarlos a marchar, para extorsionar y amenazar trabajadores para volcarlos contra el gobierno.

Hoy quieren confundir a una sociedad moderna, mejor informada, gracias a medios independientes, a redes sociales, que la libertad de prensa es lo mismo que libertad de empresa y en eso están equivocados de cabo a rabo, ellos lo saben, pero también saben que, arropados en la figura de libertad de expresión, de prensa, tendrán grandes réditos al menos en el ámbito internacional, porque en Colombia nadie les cree.

Ahora le corresponde al gobierno de Petro y sus aliados iniciar una dura campaña de contra información tan fuerte, como la que ellos montaron para desinformar y para ello tendrá que apoyarse en las redes sociales y medios alternativos que son fundamentales, como lo fueron para el triunfo electoral.

Puerto Triunfo (Noviembre/8/2022.

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