Si no nos organizamos y nos revelamos como alternativa, nuestra situación o panorama político del que tanto nos quejamos, no va a mejorar y se va a mantener.
De la resistencia a la construcción colectiva
Por: José Morelos
Conectados con Apartadó
Especial para EL
PREGONERO DEL DARIÉN
Hablar de política alternativa es un reto inefable al que hay que abrirle paso entre la vieja política tradicional que no nos representa porque sirven a intereses privados de los cuales ellos mismos se benefician.
Los pensadores franceses Christian Laval y Pierre Dardot aseguran que ya el Estado no se ocupa de los intereses del conjunto de la sociedad, sino que actúa para el beneficio de las necesidades de las grandes corporaciones que imponen sus condiciones y demandan privatizaciones. En una entrevista concedida a El País, de España, Laval asegura que “la democracia ya no representa nada, solo a políticos profesionales que constituyen una oligarquía cada vez más ligada a los intereses privados”.
La percepción de Laval aplica para todos los estados o países donde “supuestamente existe democracia” y se hace política con publicidad de mucha altura, creatividad, lectura rápida y estética con el fin de llegar a los electores con su propia y simple estrategia de marketing “bondadosa”.
Asegura Laval que “la revolución comienza cuando se pasa de la resistencia a la construcción”, en donde no necesariamente hay que recurrir a la violencia.
Por lo menos es el planteamiento de una alternativa, porque tenemos que encontrar otra opción a la forma claramente de la política que ha perdido interés en servir a la sociedad de manera confiable y que actúa para beneficio de las necesidades de las grandes corporaciones que imponen sus condiciones y demandan privatizaciones.
Nuestra lucha debe ser genuina y unánime en la devolución de la confianza al pueblo que, aunque se pinten con algunos candidatos de política tradicional, siempre esperan una alternativa que los saque de su estado de confort con los que no se identifican ni se sentirían representados.
Si no nos organizamos y nos revelamos como alternativa, nuestra situación o panorama político del que tanto nos quejamos, no va a mejorar y se va a mantener como siempre lo ha hecho y los que están en un sentido, si se quiere, utópico por la revolución, no tendrán opción de voto en las próximas contiendas electorales que demuestre y signifique la voz de un pueblo protagonistas de algo diferente, necesario y decente.
Ante el crecimiento de las desigualdades sociales, estamos en minoría. El proyecto anticorrupción, alternativo y antiterceristas está en absoluta minoría, y creo que es el desafío de época. Me remonto a los mejores momentos de constitución del proyecto revolucionario a escala mundial, y no me los imagino ni a Marx ni a Engels ni a Lenin constituidos en sus época como mayoría. Para ser mayoría hubo que generar acontecimientos sociales, políticos de impacto en la transformación de la sociedad. Ese es el desafío de época. Son las elecciones, es cierto.
