sábado, 15 de octubre de 2022

El Mundo macondiano de Petro

«Todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra». Gabo.

Por: Wilmar Jaramillo Velásquez/Opinión/El Pregonero del Darién

Este 19 de octubre se cumplen cuatro décadas del anuncio de la Academia Sueca, del Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez, pero la entrada triunfal del escritor a los amplios y ostentosos escenarios de Estocolmo a recibirlo, se daría el once de diciembre del mismo año. Con él estaba entrando también la tragedia, la desigualdad, la inequidad y la violencia generalizada de nuestra América Latina.

Wilmar Jaramillo Velásquez

Llegó sereno, luciendo el tradicional Liqui liqui, para bronca de las élites culturales del mundo. Contestatario y rebelde, apartado de la tradicional y centenaria etiqueta de palacio.

América Latina era un hervidero, los déspotas más sanguinarios de su historia cazaban como conejos a sus opositores y los que no eran torturados y encarcelados, eran desaparecidos y tirados a fosas comunes donde nadie lograra identificarlos y darles una digna sepultura.

Gabo de por sí era un perseguido, un perfilado por diferentes organismos de seguridad en varios países, la reacción no le perdonaba su amistad con Fidel Castro, el fuerte mensaje de sus escritos, sus gritos de rebeldía, de inconformidad y libertad que saltaban de las páginas de sus libros a las conciencias en ebullición de miles de personas en el continente.

Sus artículos en la revista Alternativa en Colombia, eran combustible que avivaba la inconformidad en colegios, universidades, en los trabajadores, en las amas de casa. Finalmente terminaría exiliado en México, huyendo de la represión de uno de los tantos sátrapas que han gobernado el país, Julio César Turbay Ayala y su temido “Estatuto de Seguridad”.

 “Hace once años, uno de los poetas insignes de nuestro tiempo, el chileno Pablo Neruda, iluminó este ámbito con su palabra. En las buenas conciencias de Europa, y a veces también en las malas, han irrumpido desde entonces con más ímpetus que nunca las noticias fantasmales de la América Latina, esa patria inmensa de hombres alucinados y mujeres históricas, cuya terquedad sin fin se confunde con la leyenda”

Con el peso de esta frase, reivindicaría en ese escenario a otro gigante de la pluma rebelde que incomodaba a las dictaduras de todas las pelambres, con la fuerza ciclónica de sus poemas.

"Vengo de la tierra de las
mariposas amarillas"

Seguidamente revindicaría, sin nombrarlos, al inmolado Salvador Allende, a los asesinados, pero nunca comprobados, el general Omar Torrijos en Panamá y de Jaime Roldós Aguilera en Ecuador.

Luego hablaría con franqueza y sin titubeos de la represión, de la violación a los derechos humanos, de los muertos y desaparecidos, del brazo siniestro de las dictaduras. Gabo también le recordaría a Europa su pasado bajo de barbarie.

“Cada año hay 74 millones más de nacimientos que de defunciones, una cantidad de vivos nuevos como para aumentar siete veces cada año la población de Nueva York. La mayoría de ellos nacen en los países con menos recursos, y entre éstos, por supuesto, los de América Latina. En cambio, los países más prósperos han logrado acumular suficiente poder de destrucción como para aniquilar cien veces no sólo a todos los seres humanos que han existido hasta hoy, sino la totalidad de los seres vivos que han pasado por este planeta de infortunios” Hoy, cuarenta años después, el mundo está a un clic, no lejano ni imposible de enfrentar la tercera guerra mundial en el conflicto, Rusia-Europa-OTAN.      

“Un día como el de hoy, mi maestro William Faulkner dijo en este lugar: ‘Me niego a admitir el fin del hombre’. No me sentiría digno de ocupar este sitio que fue suyo si no tuviera la conciencia plena de que, por primera vez desde los orígenes de la humanidad, el desastre colosal que él se negaba a admitir hace 32 años es ahora nada más que una simple posibilidad científica.

Ante esta realidad sobrecogedora que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo lo creemos nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra.” Finalizó Gabo su premonitorio discurso.

La utopía de Petro

También cuarenta años después Gustavo Petro, impregnado por esa aura macondiana, por esa esperanza  de paz, de  vida, de amor, en esa obsesionada lucha por una segunda oportunidad para Colombia, para esa América Latina de Gabo, para ese mundo al borde de la hecatombe, en  las puertas  del apocalipsis, mientras Putin y Biden, duermen con su índice derecho sobre el botón atómico, mientras se desafían en público como niños de escuela, desconociendo que es la humanidad entera  la que está en riesgo.

También como un número cabalístico, Petro duró cuarenta años construyendo, madurando sus ideas, sus propuestas para gobernar al país, hasta lograrlo el pasado siete de agosto cuando tomó posesión del cargo, luego de cruzar una amplia pista de obstáculos, casi que infranqueables.

“Los colombianos y las colombianas hemos sido muchas veces en nuestra historia enviados a la condena de lo imposible, a la falta de oportunidades, a los NO rotundos. Quiero decirles a todos los colombianos y todas las colombianas que me están escuchando en esta Plaza de Bolívar, en los alrededores, en toda Colombia y en el exterior que, hoy empieza nuestra segunda oportunidad” diría en su discurso de posesión, siempre aferrado a Gabo.

“La ciencia ha anunciado la extinción posible de la especie humana en apenas uno o dos siglos por los efectos en la salud que traería la crisis climática. El virus del Covid le mostró a toda la humanidad la alerta viva y real de esta posibilidad”.

“La ciencia no parece equivocarse. Por eso desde esta Colombia le pedimos al mundo acción y no hipocresía. Se acabaron los «no se puede» y los «siempre fue así». Hoy empieza la Colombia de lo posible. Hoy empieza nuestra segunda oportunidad” concluiría citando directamente al Nobel.

Luego diría en su primer discurso ya como presidente ante la ONU: "Vengo de la tierra de las mariposas amarillas y de la magia".

Petro llegó a ofrecer la utopía del cambio, frente al poder de una docena de familias y sus socios de negocios, incluyendo la influencia de los otrora poderosos medios de comunicación, de sus aliados  atornillados a los privilegios de los presupuestos públicos durante dos centurias; comenzó a desmontar el abuso, las nóminas paralelas, a suprimir vehículos a recortar los desmesurados gastos, a ofrecer pan y techo a los pobres, trabajo, a combatir esa inequidad concentrada en dos siglos de dominio.

Comenzó a hacer realidad  la utopía García-marquiana, a fortalecer las políticas en defensa de los derechos humanos, a evitar los abusos policiales y esto de inmediato desencadenó la ira y el odio de esos potentados que,  durante las 24 horas del día y por todos los medios a su alcance, mienten, engañan a los más indefensos ciudadanos para sacarlos a marchar con libreros escritos que, no son capaces ni de leer, se asocian con multinacionales mineras depredadoras del medio ambiente y evasoras  de impuestos, para crear un ambiente de zozobra. La economía del mundo está en crisis, incluyendo las más boyantes, pero para estas familias, el único responsable es Petro.

Hoy convocan a protestar a los mercaderes de la fe, con el cuento que Petro ataca la libertad de culto, cuando fue el defensor de las libertades religiosas en la Constitución del 91 y hasta los jugadores de gallos son llamados a la rebelión, en el desespero por recuperar sus privilegios.

Petro es terco como el coronel Aureliano Buendía y también dedica con su equipo de trabajo las 24 de horas del día a mostrar resultados, a intentar poner andar el país, aún con el palo en la rueda, con unas familias que se creyeron dueñas de Colombia, que intentan matar al piloto con ellos abordo, que esperan la menor oportunidad para quemar la casa con ellos adentro, que no vacilarán un segundo para llevarnos a un nuevo genocidio. Todo en nombre de la libertad, la defensa de la patria, la propiedad privada, la lucha contra el comunismo y la defensa de la cristiandad, los mismos argumentos exhibidos durante dos siglos. Cero evolución.

Mario Mendoza:

El escritor Mario Mendoza también nos recordó el mundo macondiano de Petro luego de leer su libro, “Una Vida Muchas Vidas” y de escuchar su discurso de posesión:

“Me ha  conmovido  mucho el libro de Petro, es un gran lector, no han recuperado algo, a mí me gustaría mucho que algún periodista recuperara esa información y, es que Petro estudia en el mismo colegio de García Márquez en Zipaquirá, es un colegio de curas y cuando Petro llega en los años 70s, Gabo todavía no era premio Nobel, le dice a sus amigos, aquí estudió un escritor que yo admiro mucho, un escritor increíble, ellos le dicen , aquí que escritor  famoso, eso es imposible, él dice, estoy  seguro y, él chiquito,  con quince  años, se sube  por allá y empieza a esculcar en los cuartos de San Alejo de los curas y encuentra  el anuario del colegio donde está García Márquez, dice, el tipo estudió acá”

 “Lo que pasa es que a los curas no les gustaba decir que García Márquez había estudiado allí por sus ideas de izquierda, ya era amigo de Fidel Castro, entonces funda el Club de Lectura Macondo y ese club lo mantiene toda la vida, incluso en la cárcel, él estaba preso, torturado y los amigos del M-19 se sorprenden cuando les dice, vamos a la biblioteca, vamos a hablar de la obra de García Márquez”

 “Es un libro bellísimo. ¿Cómo se llamaba Petro en el M-19?, comandante Aureliano y hablando de los desdoblamientos, él es Aureliano, en homenaje a Aureliano Buendía y en ese discurso de posesión, él regresa a sus orígenes y cita la obra de García Márquez con propiedad, porque es un experto en el tema” dice el escritor Mendoza.