El fracaso de la anterior negociación entre el Gobierno y el ELN era inevitable. Recomendaciones para no cometer los mismos errores.
Egoitz
Gago Antón*/Razón Pública/Análisis de la Noticia/El Pregonero del Darién.
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| "El inicio de díalogos con esta guerrilla va por buen camino" |
El retorno de las negociaciones
En los
próximos días, el Gobierno nacional retomará las negociaciones de paz con el
ELN. Esta acción se enmarca en la búsqueda de paz total, que hace parte del
programa de gobierno de Gustavo Petro.
La
última mesa de negociación con esta guerrilla se instaló el 7 de febrero de
2017 durante el segundo mandato de Juan Manuel Santos. Sin embargo, llegó a su
fin en 2019 por decisión del presidente Iván Duque; la decisión se tomó tras el
atentado del ELN contra Escuela de Cadetes de Policía General Santander en
Bogotá. el 19 de enero de 2019.
Pero
esa no fue la única razón del fracaso de las negociones entre el Gobierno y
esta guerrilla.
¿Por qué fracasaron ?
El
atentado fue una oportunidad para que Duque pusiera fin al proceso con el ELN.
En
efecto: desde el comienzo de su mandato, Duque se había opuesto a estos
diálogos; por eso desatendió las conversaciones en La Habana, pidió que Cuba
desconocerá un protocolo obligatorio en el derecho internacional y se aferró al
atentado como argumento para endurecer su postura.
Pero
aún si Duque hubiera mostrado voluntad, el proceso era “la crónica de una
muerte anunciada” desde el momento de su instalación en 2017. Esto se debió a
tres factores: la falta de convicción del presidente Santos, la división
interna en el ELN y, muy especialmente, la falta de confianza entre las partes.
– El
proceso con el ELN comenzó con el pie izquierdo. Cuando se instaló la mesa de
negociación en 2017, Santos pretendía construir sobre los acuerdos ya firmados
en La Habana, en 2016, con la guerrilla de las FARC-EP. Pero su falta de
convicción para los nuevos diálogos surgió de la derrota del Acuerdo de la
Habana en el plebiscito de 2016.
– Por
otro lado, el ELN no tenía pleno apoyo de todos sus frentes para seguir
conversando, y el poderoso Frente Occidental se negó a acompañar el proceso.
-Otro
aspecto importante para tener en cuenta es la repetida disolución de acuerdos
de confianza entre las partes, que se repitió durante todo el proceso de
negociación. Estos hechos llevaron a la ruptura de las negociaciones en 2019.
La confianza es condición fundamental para el éxito de las negociaciones que se
debe considerar en el retorno de los diálogos.
El concepto de negociación
Toda
negociación es un proceso de acercamiento entre las partes. Normalmente se entiende
como un arreglo entre personas, de manera que el punto es acordar un reparto de
las cargas aceptable para ambas personas. Cuando se acepta el resultado de esa
negociación, se da legitimidad a la contraparte.
Esto es
un poco distinto de los procesos de diálogo político para finalizar procesos de
violencia crónica. Para llegar a tal punto, se necesita dar un estatus de
igualdad a actores que tradicionalmente (y en muchos casos, institucionalmente)
se les ha negado la posibilidad de hablar.
Por lo
tanto, acceder a hablar con un grupo guerrillero o con cualquier grupo al
margen de la ley implica, necesariamente, dar una posición de igualdad, voz y
voto en las decisiones a las que se lleguen en esas negociaciones. Por esto, la
construcción de confianza es vital para que esos procesos de diálogo lleguen a
buen puerto.
Confianza compartida
Las
negociaciones políticas prosperan cuando se adopta el “modelo de confianza
compartida”. Bajo este modelo, lo importante no es lograr el resultado más
ventajoso para una de las partes, sino llegar a una fórmula que las dos partes
vean como satisfactoria.
Este
modelo permite avanzar en espacios y demandas que no se pueden percibir en un
principio, debido a la gran cantidad de trabas y prejuicios que las partes
tienen como consecuencia de una relación histórica hostil.
"Acceder a hablar con un grupo guerrillero o con cualquier grupo al margen de la ley implica, necesariamente, dar una posición de igualdad, voz y voto en las decisiones a las que se lleguen en esas negociaciones".
Adicionalmente,
el modelo ayuda a encontrar caminos creativos para resolver los conflictos del
caso. También ayuda a crear puentes que en un futuro o a mediano plazo
hagan posible revisar o modificar aspectos del hipotético acuerdo que necesiten
ser revisados.
A
diferencia de los modelos distributivos de negociación —aquellos en los que una
de las partes obtiene mayor ventaja—, el de confianza compartida necesita de
tiempo y de constancia. Tiempo para desarrollar esa confianza entre partes. Y
constancia para llegar a un resultado satisfactorio.
De lo
anterior se sigue que el proceso de paz es especialmente vulnerable a las
acciones de quienes quieran sabotear las negociaciones y a la frustración
natural de procesos tan largos.
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| Foto: Radio Nacional de Colombia - Toda negociación es un proceso de cercanía entre partes. |
¿Cómo va la negociación?
Por
ahora, se puede observar un buen comienzo del proceso negociador. Se han dado
reuniones bilaterales entre el gobierno y el ELN, se han establecido mecanismos
de veeduría y garantía para tales negociaciones.
Estos
mecanismos se han planteado de la mano de actores internacionales. Destacan los
gobiernos de Cuba y Noruega. Además, existe un consenso de la comunidad
internacional en apoyar y ayudar de forma directa el proceso. Así lo demostró
el gobierno de España en su reciente visita a Colombia.
Pero, como
ya dije, esto no es suficiente. La clave es la confianza. Para llegar a un
acuerdo exitoso las dos partes deben tener y mostrar voluntad, y esto implica
mecanismos efectivos de confianza y resolución de crisis. En resumidas cuentas,
las partes deben creer en el proceso.
La confianza y el éxito
La
construcción del modelo de confianza compartida debe comenzar con las
condiciones de negociación.
Para
que tanto el Gobierno como el ELN confíen de verdad en el proceso habría que
cumplir las denominadas “condiciones de negociación”, que proponen la
literatura de resolución de conflictos. Medidas como el alto al fuego y los
límites a la acción militar son parte de estas condiciones, las cuales vienen
heredadas de los intentos de diálogo anteriores.
En esta
oportunidad, sería preciso añadir dos estrategias novedosas: los países
garantes y la participación de la sociedad.
La
participación de gobiernos directamente interesados en la resolución pacífica
del conflicto, como es el Gobierno de Venezuela, constituye la figura de países
garantes. Un mayor protagonismo de los países garantes, como lo demostró la
negociación con las FARC, es primordial para el éxito de los procesos de
diálogo.
Mientras
tanto, la participación de la sociedad alude a una intervención directa de la
sociedad civil colombiana y la mesa de negociación. La adopción de instrumentos
que, de manera clara y formal, permitan a la sociedad civil monitorear en
tiempo real y con efectos sólidos el proceso de negociación puede ser el elemento
que garantice el final feliz de los diálogos.
Sin
embargo, esto requerirá un gran compromiso de las partes y una gran creatividad
del gobierno nacional, del ELN, de la academia y de la sociedad colombiana. Por
fortuna, hoy parece que todos estos actores están en la misma página. Confiemos
en que esto no cambie.
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| Egoitz Gago Antón |
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Clínica veterinaria-Barrio Boston/Medellín |







