Cuando los encargados de investigar inclinan la balanza a lado de los delincuentes, cuando la politiquería se impone ante la justicia y la ley, el estado social de derecho simplemente se paraliza, no opera, no existe, es fallido.
Por: Wilmar Jaramillo Velásquez/El Pregonero del Darién
Siempre
se escucha desde diferentes ángulos de la opinión que sin justicia un estado
será fallido, Colombia, no tiene justicia, la poca que se aplica es clasista,
racista, vengativa, politizada, mediocre, enclenque.
Hitler
fortaleció su imperio, se hizo indestructible al hacerse a todos los poderes
del estado y montar una poderosa policía política (Gestapo) para eliminar a sus
oponentes.
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| Wilmar Jaramillo Velásquez |
Razón
tuvo la Corte Constitucional al echar por tierra la idea del presidente Duque
de aplicar la cadena perpetua, con semejante modelo de justicia que tenemos,
muchos serían los condenados con pruebas compradas y balanzas inclinadas por
siniestros intereses que serían condenados. Además, si ya tenemos instaurada la
pena de muerte para qué cadenas perpetuas.
En
nuestro desbaratado orden jurídico los funcionarios públicos pecan por acción u
omisión, cometen peculados por las mismas causas, por apropiación, etc.
El
gobierno nacional se armó con todos los poderes para favorecer a sus aliados y
perseguir a la oposición, por eso los funcionarios hacen y deshacen con los
presupuestos públicos, porque conocen la mecánica del poder, que una discreta
llamada a los organismos de control bastará para archivar las investigaciones
en su contra o llevarlas cautelosamente al tan de moda “vencimiento de
términos”, que se traduce en buen romance a impunidad pura, legalizada como
dicen ahora.
En
Carepa, el entonces personero Arlinton Cuesta Mosquera denunció a su debido
tiempo el descalabro de un proyecto de saneamiento básico dirigido a solucionar
ese problema en la vereda El Encanto, por más de cuatro mil millones de pesos.
Acudió
a la Fiscalía, la Procuraduría y la Contraloría, pruebas en mano para reclamar
por la terminación de una obra iniciada en el 2016, durante la gobernación de
Luis Pérez y con recursos del Departamento Para la Prosperidad Social (DPS)
Son
cinco años de burlas, de humillaciones para estas familias, de mentiras y
promesas permanentes, la obra no se termina, los problemas son los mismos,
siguen sin agua potable satisfactoria, en ocasiones el cubrimiento alcanza un
50% y del alcantarillado ni hablar, las aguas servidas rebosan los manjoles y
se riegan por las calles, contaminaron sus tradicionales pozos de aguas
subterráneas que antes los surtían de agua, hoy ya ni con ese recurso cuentan.
La
obra ha tenido todos los problemas juntos, dos reformulaciones, suspensiones,
adiciones y más adiciones, sesiones, incumplimientos de pagos, entre muchos
otros.
La
obra quedó mal terminada, no se requiere ser ingeniero para ver que las aguas
que deben llegar a la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PETAR), se
devuelven, rebosan los manjoles y se dispersan por las calles del caserío,
produciendo problemas de salud pública en los habitantes, erosiones y brotes en
el cuerpo, es decir, sin agua, sin alcantarillado y ahora enfermos.
Los
trabajos los continuó la gobernación de Aníbal Gaviria, pero ante sus líos ju[L1] diciales supuestamente las prosiguió su reemplazo,
Luis Fernando Suárez Vélez, y fueron dados por terminados a comienzos de este año a tal grado de insatisfacción,
que la misma comunidad se negó a recibirlos.
Pero
lo más vergonzante no es únicamente el silencio cómplice de las autoridades
encargadas de investigar estos desafueros, es el cinismo del entonces
gobernador encargado Luis Fernando Suárez Vélez y el alcalde de Carepa Jonnan
Alexis Cerquera, ambos en afán politiquero y de protagonismo, que van a
inaugurar una obra inconclusa, a caminar por encima de la mierda para fijar una
flamante placa de inauguración, “la placa de la vergüenza, de la infamia” como
dicen algunos moradores.
También
es vergonzante el silencio cómplice de la actual personería de Carepa, que no
se atreve a salir en defensa de los inermes ciudadanos pisoteados por el
gobierno, por su pereza administrativa, por la corrupción y la negligencia
generalizada. Esta Personería también debería ser investigada por omisión en el
cumplimiento de su deber.
Entonces,
mientras que los organismos de control duermen como buenos burócratas, la
comunidad de El Encanto sigue pagando su desidia, pagando los platos rotos de
la corrupción.
Y
son tan descarados que pagan publicidad invitando a los ciudadanos para que
denuncien este tipo de desafueros. Como se burlan de nosotros.
Carepa-Antioquia/Octubre del 2021.
