Se acerca la segunda vuelta y ambos candidatos tienen opciones de ganarla. Cuáles cosas sabemos, qué tan fuertes o débiles son los candidatos y qué podemos hacer los colombianos ante esta disyuntiva.
Por
César Caballero*/Razón Pública-análisis de la noticia/El Pregonero del Darién.
No hubo fraude
Después
de la primera vuelta de las elecciones presidenciales puede decirse que la
democracia colombiana va por buen camino.
El
54,9 % del censo electoral votó (21 millones de personas); la
participación más alta en una primera vuelta en este siglo. Más importante aún:
se acabaron los gritos de fraude. Los resultados eran claros hacia las seis de
la tarde y todos los candidatos los aceptaron.
Por
otra parte, el volumen de votos en blanco fue el más bajos de las últimas tres
elecciones, y los votos nulos y no marcados disminuyeron.
Habrá cambio
Los
resultados envían un mensaje de cambio. Petro, Rodolfo y Fajardo criticaron la
administración de Iván Duque; entre los tres recibieron el 71,7 % de los
votos. Esto muestra la valoración de los ciudadanos del gobierno actual y
confirma uno de los elementos centrales de los sistemas democráticos: las
transformaciones mediante elecciones son posibles.
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Sin
lugar a dudas estos candidatos derrotaron a la más grande coalición de
organizaciones políticas en Colombia. Los casi 80 senadores, las 54 castas
políticas, el presidente, sus ministros, el comandante del Ejército, el fiscal
general, el contralor, la procuradora y los recursos públicos no alcanzaron
para acallar la voz de los ciudadanos que exigieron un cambio en las urnas.
Los cambios que con seguridad ocurrirán
Rodolfo
Hernández y Gustavo Petro pasaron a segunda vuelta. Ahora los ciudadanos deben
elegir entre dos propuestas de cambio.
Sus
programas, sin embargo, tienen muchas coincidencias. Fescol, Cifras &
Conceptos y El Espectador realizaron el Match Presidencial con
treinta preguntas, cada una con seis opciones de respuesta. Los candidatos
respondieron igual en nueve preguntas, en otras cinco su diferencia fue de
apenas una escala y en otras seis de dos escalas. Únicamente en un tema
contestaron de modo totalmente distinto. Esto significa que en veinte de
treinta temas proponen básicamente lo mismo.
Sin
importar el ganador, habrá ajustes importantes en varios temas de política.
Ambos candidatos afirmaron durante sus campañas que:
Modificarán
las relaciones diplomáticas con Venezuela; es probable que en los próximos
meses retomen, al menos, las relaciones consulares.
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| Uno de estos hombres será el próximo presidente de Colombia |
Tendrían
diálogos con el ELN.
Apoyarán
la legalización del consumo recreativo de marihuana.
Están
de acuerdo con la sentencia de la Corte Constitucional sobre el aborto.
Desean
cumplir a cabalidad el acuerdo de paz firmado con las FARC.
Siete
hipótesis sobre la segunda vuelta
No
se sabe qué pasará el próximo 19 de junio, pero la información disponible
permite suponer que será una elección muy cerrada y se decidirá por un
porcentaje diminuto de votos.
Los
candidatos que pasaron a segunda vuelta son quienes mejor leyeron la realidad
del país e hicieron las mejores campañas. Los dos coinciden en abanderar el
cambio y, como vimos, en muchos temas específicos. Esto apoya la hipótesis de
una elección cerrada. Si esto sucede, puede afirmarse que:
La
votación general aumentará y se acercará a los 23 millones de votos. Esto
sucedió en elecciones competitivas como las de 1998 y 2014.
Ambos
candidatos aumentarán su votación y se acercarán a los 11,5 millones de votos.
Por
primera vez en muchos años el dinero no será un factor diferenciador y de
manipulación del elector.
Las
redes sociales serán la nueva “plaza pública”; ambas campañas son robustas en
este aspecto.
Los
votantes no se comportan como borregos, por eso, aunque un excandidato apoye a
Rodolfo o a Petro, esto no significa que las demás personas lo seguirán.
El
país está atento a los dos candidatos, por eso sus errores serán costosos,
habrá una montaña rusa de emociones y cambios en los indicadores de opinión.
Cada
candidato tiene fortalezas y debilidades
Las
fortalezas y las debilidades de Petro
Petro
es un candidato con experiencia. Participa en su tercera campaña electoral para
la presidencia y conoce las presiones de estos días. Además, recibió el mayor
número de votos en la primera vuelta (40 %); por eso necesita apenas 3
millones de votos adicionales (en 2018 su aumento fue de 4 millones entre las
dos vueltas). Petro puede conseguir ese número con la ayuda de sus seguidores,
quienes difundirán sus ideas de forma voluntaria.
"Este es momento de invitar a conversar. Basta ya con descalificarlas, con creer que se tiene siempre la razón o con acomodarse para evitar las tensiones"
Por
lo demás, Petro cuenta con el grueso de los 8,5 millones de votos de la primera
vuelta, su campaña es organizada y está a cargo de un grupo de líderes
conocidos y con experiencia, como Francia Márquez, un fenómeno político con voz
propia. Además, ya presentó sus propuestas de cambio durante la campaña.
Pero
su ego es su gran debilidad. Sus fanáticos han descalificado y atacado a muchos
sectores y por eso ahora es muy difícil tender puentes. Además, el voto
anti-Petro es un fenómeno cultural arraigado en un amplio sector de la población.
La
idea principal de su campaña, el cambio, quedó obsoleta con el paso de Rodolfo
a la segunda vuelta. Y el consenso general de su gestión en la Alcaldía de
Bogotá es negativo, aunque se le reconocen algunos logros importantes.
Las
fortalezas y las debilidades de Hernández
Rodolfo
Hernández derrotó a la más grande organización de maquinarias en la primera
vuelta, es la novedad de las elecciones y se apropió del mensaje
anticorrupción.
Hernández
tiene un gran margen para aumentar votos y recibirá los anti-Petro sin tener
que esforzarse. Su campaña es enérgica en redes sociales y su gobierno en
Bucaramanga recibió buenas calificaciones.
Pero
sus palabras son su principal debilidad. Su estilo estrafalario puede afectar
su campaña en la segunda vuelta, la cual ni es organizada ni cuenta con el
apoyo de líderes conocidos.
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| Foto/Biblored |
Además,
enfrenta una imputación de cargos por el escándalo de Vitalogic, algo que
podría minar su discurso anticorrupción. Por eso hasta podría perder una parte
de la votación que recibió en la primera vuelta.
El país está atento a los dos candidatos, por eso sus errores serán costosos, habrá una montaña rusa de emociones y cambios en los indicadores de opinión.
El final de un largo recorrido
Esta
campaña electoral ha sido larga y tuvo cuatro vueltas. Al comienzo 96 personas
intentaron ser el nuevo presidente. En noviembre del año pasado había 68
nombres y para las consultas en marzo llegaron 22 candidatos. De las consultas
quedaron ocho nombres y a la primera vuelta llegaron seis. Se acerca la cuarta
vuelta presidencial y el país debe escoger entre dos opciones de cambio.
Dos
firmas presentaron los resultados de sus encuestas recientas. Una firma
presentó una ventaja de 7 puntos a favor de Hernández en una primera medición
que disminuyó después a apenas 1 punto.
La segunda firma realizó dos mediciones: Hernández ganó la primera por 1 punto y Petro ganó la segunda por 3 puntos. La competencia es muy cerrada y los cambios serán muy rápidos.
En
esta temporada de discusiones familiares y entre amigos sobre temas electorales
recuerdo de las palabras de Adam Grant: quienes participan en una discusión
pueden adoptar uno de tres papeles principales:
El
del predicador, que cree que posee la verdad y trata de convencer a los demás,
quienes siempre están errados.
El
político, quien quiere quedar bien con todos, y modifica sus posiciones y
argumentos según el interlocutor.
El
fiscal, quien oye los argumentos para encontrar sus fallas, les aplicar un test
de consistencia y los descalifica.
Este
es momento de invitar a conversar. Basta ya con descalificarlas, con creer que
se tiene siempre la razón o con acomodarse para evitar las tensiones.
Es
hora de dudar de las convicciones propias y de reconocer que un diálogo sobre
la elección no es una pelea con un enemigo, sino una forma de llegar a una
mejor decisión.
La
democracia colombiana saldrá beneficiada de este proceso. Cualquiera que sea el
candidato ganador, la situación actual cambiará. Tenemos varias opciones:
Si
uno de los dos candidatos nos gusta mucho, podemos votar con alegría, optimismo
y pasión.
Si
ambos nos generan dudas, miedos e incertidumbres, podemos votar contra el que
nos cause mayor miedo.
También
podemos optar votar en blanco.
Y
algunos preferirán no votar.
La
última opción es la que menos me atrae, pero todas son alternativas reales y no
hay que descalificar a nadie por ellas. Todos administran sus miedos y
esperanzas de forma diferente, con una combinación de razones, emociones y
experiencias. Al final, en el solitario minuto frente a la urna, cada uno
elegirá lo que considera mejor para sí mismo y el país.
Afortunadamente
cada voto cuenta y será contado.
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| César Caballero |
* César Caballero*Politólogo de la Universidad de los Andes, magister en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Oxford y estudiante de doctorado en la Universidad Javeriana, exdirector del DANE, fundador y gerente de Cifras y Conceptos y columnista de Portafolio.
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