martes, 27 de diciembre de 2022

El descuadernamiento social de Apartadó

Cuando a un mandatario le dé por poner la casa en orden, por asumir el deber que juró cumplir, por aplicar la ley, muy seguramente será demasiado tarde.

Por Wilmar Jaramillo Velásquez/Opinión/El Pregonero del Darién

Por estos días navideños se ha disparado el delito en Apartadó, especialmente contra la vida, los llamados pandilleros o jóvenes en conflicto han ganado terreno y sus ataques violentos en grupos numerosos dejan un sabor amargo entre la temerosa comunidad.

Estos hechos no son nuevos, hace años diferentes sectores de la sociedad y la opinión pública vienen alertando sobre un problema que crece, dejando atrás un reguero de muertos, para mayor fatalidad jóvenes, que no escuchan ni atienden a nadie.

La intranquilidad reina en amplios sectores de la ciudad, vecinos prácticamente secuestrados en sus hogares dominados por el miedo de ser apedreados, ellos, sus viviendas o sus hijos asesinados, en una de estas descontroladas refriegas.

Wilmar Jaramillo Velásquez

Como si algo faltara, la propiedad raíz pierde valor, muy pocos se atreven a comprar un predio en medio de estos polvorines que explotan a cualquier hora del día o de la noche.

Desde hace años unos alcaldes de Apartadó (pero también se extiende a otros municipios) aprobaron un libertinaje al que le han puesto el nombre de “Amanecederos” en los suburbios, donde grupos de consumidores de drogas y alcohol hacen de las suyas, perturban el sueño y la tranquilidad de quienes tienen que madrugar a sus labores cotidianas, al tiempo que la autoridad mira para el otro lado. ¿Para qué carajos se rasgaron las vestiduras aprobando un nuevo Código de Policía, para qué diablos apodan a los alcaldes con el flamante nombre de “jefes de la policía” si ni siquiera se han tomado la molestia de leer y aplicar las normas que los facultan para poner la casa en orden?

Los alcaldes comienzan entregando el espacio público a cambio de votos, no se atreven a tocar el tema porque luego no votan por su sucesor, por el que aspiran imponer para que tapen la alcantarilla que van dejando atrás, ahora entregan el orden público para que acorralen la ciudad con cantinas de mala muerte por los cuatro puntos cardinales y detrás llegan las ollas del microtráfico, la prostitución, los muertos y los heridos que enseguida colapsan el deteriorado servicio de salud.

Imponer el cemento como prioridad de un gobierno es absurdo, a los mandatarios les dio por sobre pasar las metas del cemento, descuidando áreas sociales que claman inversión a gritos, nunca hemos estado en contra de las obras de infraestructura, pero debe haber un equilibrio mínimo.

Cuando el actual alcalde de Apartadó estaba culminando su campaña, le propuse entre otras ideas, priorizar el tema de jóvenes en conflicto por las consecuencias que este problema traerá a corto y largo plazo, estos muchachos desatendidos serán los sicarios de mañana y los relevos de los grupos criminales de hoy.

Le hablaba de dos personas con amplia experiencia en el manejo de estos temas, Luis Guillermo Pardo, ex comisionado de paz de Antioquia y Felipe Palau, exsecretario de gobierno de Medellín, ambos con toda la voluntad de replicar experiencias exitosas, no solamente en Apartadó, sino en otros municipios de Urabá.

Escuchó atentamente en campaña, pero como alcalde se tapó los oídos, igual caso se dio en Carepa, somos convencidos  que este problema  hay  que afrontarlo de una manera integral, sumando apoyos gubernamentales, desde  la Gobernación de Antioquia hasta la Presidencia de  la República, vincular a la Iglesia Católica con su obispo Hugo Alberto Torres Marín a la cabeza, siempre presto a intervenir en estos procesos y con alto grado de credebilidad y confianza.

Hay  que generar oportunidades de empleo, de educación, de cultura y deporte, combinar con la aplicación de la ley, algo  así  como zanahoria y garrote, involucrar decididamente a los padres, que  por varios factores  han perdido la autoridad  frente a sus hijos, una tarea nada  fácil, pero tampoco imposible.

Recuerdo que en el mandato de Gonzalo Giraldo, este logró recuperar varios espacios que estaban en manos de la anarquía, lamentablemente los últimos dos gobiernos se abrieron a sus anchas, bajaron la guardia y Apartadó terminó acorralado de pequeñas repúblicas independientes en las que tienen acceso todo el mundo, menos la autoridad.

Ojalá cuando alguien se atreva a gobernar de verdad y con seriedad no sea muy tarde y la ciudad no se haya salido de control y el hampa no le gane el pulso a la sociedad que trabaja y sueña con la paz, con poder dormir al menos con tranquilidad.

Qué bueno ahora que comenzó el festín de las promesas electorales, los votantes dejen de sufragar por los mismos, con los mis cuentos y elijan un alcalde con pantalones, con visión social de ciudad, de región, frente a la realidad que presenta Apartadó, sujeto a una anarquía y a un descuadernamiento en su orden público y social.

Pereira/diciembre/27/2022