Cuando
a un mandatario le dé por poner la casa en orden, por asumir el deber que juró
cumplir, por aplicar la ley, muy seguramente será demasiado tarde.
Por Wilmar Jaramillo Velásquez/Opinión/El Pregonero del Darién
Por estos
días navideños se ha disparado el delito en Apartadó, especialmente contra la
vida, los llamados pandilleros o jóvenes en conflicto han ganado terreno y sus
ataques violentos en grupos numerosos dejan un sabor amargo entre la temerosa
comunidad.
Estos hechos
no son nuevos, hace años diferentes sectores de la sociedad y la opinión
pública vienen alertando sobre un problema que crece, dejando atrás un reguero
de muertos, para mayor fatalidad jóvenes, que no escuchan ni atienden a nadie.
La
intranquilidad reina en amplios sectores de la ciudad, vecinos prácticamente secuestrados
en sus hogares dominados por el miedo de ser apedreados, ellos, sus viviendas o
sus hijos asesinados, en una de estas descontroladas refriegas.
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| Wilmar Jaramillo Velásquez |
Como si
algo faltara, la propiedad raíz pierde valor, muy pocos se atreven a comprar un
predio en medio de estos polvorines que explotan a cualquier hora del día o de
la noche.
Desde hace
años unos alcaldes de Apartadó (pero también se extiende a otros municipios)
aprobaron un libertinaje al que le han puesto el nombre de “Amanecederos” en los
suburbios, donde grupos de consumidores de drogas y alcohol hacen de las suyas,
perturban el sueño y la tranquilidad de quienes tienen que madrugar a sus labores
cotidianas, al tiempo que la autoridad mira para el otro lado. ¿Para qué carajos
se rasgaron las vestiduras aprobando un nuevo Código de Policía, para qué diablos
apodan a los alcaldes con el flamante nombre de “jefes de la policía” si ni siquiera
se han tomado la molestia de leer y aplicar las normas que los facultan para poner
la casa en orden?
Los
alcaldes comienzan entregando el espacio público a cambio de votos, no se
atreven a tocar el tema porque luego no votan por su sucesor, por el que
aspiran imponer para que tapen la alcantarilla que van dejando atrás, ahora entregan
el orden público para que acorralen la ciudad con cantinas de mala muerte por
los cuatro puntos cardinales y detrás llegan las ollas del microtráfico, la prostitución,
los muertos y los heridos que enseguida colapsan el deteriorado servicio de
salud.
Imponer
el cemento como prioridad de un gobierno es absurdo, a los mandatarios les dio
por sobre pasar las metas del cemento, descuidando áreas sociales que claman
inversión a gritos, nunca hemos estado en contra de las obras de
infraestructura, pero debe haber un equilibrio mínimo.
Cuando
el actual alcalde de Apartadó estaba culminando su campaña, le propuse entre
otras ideas, priorizar el tema de jóvenes en conflicto por las consecuencias
que este problema traerá a corto y largo plazo, estos muchachos desatendidos serán
los sicarios de mañana y los relevos de los grupos criminales de hoy.
Le hablaba
de dos personas con amplia experiencia en el manejo de estos temas, Luis
Guillermo Pardo, ex comisionado de paz de Antioquia y Felipe Palau,
exsecretario de gobierno de Medellín, ambos con toda la voluntad de replicar experiencias
exitosas, no solamente en Apartadó, sino en otros municipios de Urabá.
Escuchó atentamente en campaña, pero como alcalde se tapó los oídos, igual caso se dio en Carepa, somos convencidos que este problema hay que afrontarlo de una manera integral, sumando apoyos gubernamentales, desde la Gobernación de Antioquia hasta la Presidencia de la República, vincular a la Iglesia Católica con su obispo Hugo Alberto Torres Marín a la cabeza, siempre presto a intervenir en estos procesos y con alto grado de credebilidad y confianza.
Hay que generar oportunidades de empleo, de
educación, de cultura y deporte, combinar con la aplicación de la ley,
algo así
como zanahoria y garrote, involucrar decididamente a los padres,
que por varios factores han perdido la autoridad frente a sus hijos, una tarea nada fácil, pero tampoco imposible.
Recuerdo
que en el mandato de Gonzalo Giraldo, este logró recuperar varios espacios que
estaban en manos de la anarquía, lamentablemente los últimos dos gobiernos se abrieron
a sus anchas, bajaron la guardia y Apartadó terminó acorralado de pequeñas repúblicas
independientes en las que tienen acceso todo el mundo, menos la autoridad.
Ojalá
cuando alguien se atreva a gobernar de verdad y con seriedad no sea muy tarde y
la ciudad no se haya salido de control y el hampa no le gane el pulso a la sociedad
que trabaja y sueña con la paz, con poder dormir al menos con tranquilidad.
Qué bueno
ahora que comenzó el festín de las promesas electorales, los votantes dejen
de sufragar por los mismos, con los mis cuentos y elijan un alcalde con
pantalones, con visión social de ciudad, de región, frente a la realidad que
presenta Apartadó, sujeto a una anarquía y a un descuadernamiento en su orden
público y social.
Pereira/diciembre/27/2022

