Sin ninguna otra opción, tomó la decisión de partir a pie de Cusco en el Perú, rumbo a Colombia, tras ser abandonado por embajadores, cónsules, vicecónsules y acosado por una pandemia.
Keddy Andrés Machado-Rumbo a su patria
Crónicas del Camino
Por: Wilmar Jaramillo Velásquez
De EL PREGONERO DEL DARIÉN
Keddy Andrés Machado nació con espíritu aventurero, con alma de andariego y, esa mezcla genética, sumado a su juventud, fue precisamente la que lo sacó con vida del Perú y lo puso rumbo a Colombia, más precisamente a su Chigorodó natal, en el Urabá Antioqueño, tras ser perseguido por la pandemia del Covid-19 y una serie de peripecias, dignas de un guión cinematográfico.
En diciembre de 2019, Keddy partió rumbo al país de los Incas, llamado justamente por la aventura, trabajaría en una zona turística y de paso probaría la suerte del corazón que también le hacía extraños latidos.
Ya en el terreno los hechos cambiaron radicalmente, lo del corazón fue una quimera y cuando apenas se estaba adaptando al nuevo lugar, comenzaron las noticias de un virus que estaba atacando a la humanidad, virus que se esparció rápidamente por el mundo y sin tiempo a reaccionar, resultó sometido a cuarentena, abandonado a su suerte, sin dinero, sin amor, lejos de la patria, sin trabajo, con terminales terrestres, marítimos y aéreos cerrados.
Fue ahí donde sacó a relucir su espíritu aventurero y tras agotar todos los recursos y la paciencia, buscando apoyo en embajadas y consulados y no obtener sino mentiras y desengaños, tomó la radical determinación de salir de Cusco en Perú, rumbo a Lima y a pie.
Fatigado, pero con su
espíritu inquebrantable
Salió ligero de equipaje para tan largo viaje, como la canción y se sometió en cuerpo y alma a los rigores de la naturaleza y de los estrictos controles policiales.
Por medio de un video, le informó a su familia en Colombia sobre su aventura y por el camino enviada audios, videos o fotos, recibía ánimo y algunos recursos económicos.
Desde Chigorodó, su entrañable amigo, Ramsés Escobar Henao lo animaba y apoyaba, le buscaba contactos, hacía llamadas y gestionaba en su favor, en procura que no fuera a desmayar en su intento de volver a su casa.
La peor parte del viaje lo esperaba en territorios de la provincia de Abacay, en el departamento de Apurimac, al sudeste de Lima, cuando evadiendo un control policial intentó cruzar un río, y donde estuvo a punto de morir ahogado, de milagro pudo cortar con un bisturí la mochila que se le había enredado en el cuello y salir como Dios lo trajo al mundo. Allí perdió todo incluyendo su único medio de comunicación que era su celular.
Amparado en manos caritativa se pudo volver a comunicar de nuevo con su familia en Chigorodó, informó lo ocurrido y contó que estaba bien, su cuerpo maltratado, pero su espíritu inquebrantable.
Tras cruzar durante dos días descalzo una montaña con los pies hechos trizas, pudo finalmente llegar a Lima, donde unas personas localizadas por sus amigos desde Chigorodó, lo recibieron y ayudaron.
En Lima hizo otro intento, con la vicecónsul, Laura Díaz en busca de apoyo para regresar al país en un vuelo humanitario, pero de nuevo comprobó que el gobierno lo había abandonado a su suerte, que de la boca de la funcionaria no salían sino mentiras, evasivas y desprecio.
En la capital peruana, se unió a un grupo de venezolanos y el último reporte conocido, es que se movilizaba a bordo de un camión, que lo dejaría en un sitio conocido como Chimbote, muy cerca del ecuador, iba preocupado por la fuerte ola de infectados del Coronavirus que azota al norte del Perú y al Ecuador, pero dijo que seguía como un guerrero, que aunque sus pies le dolían y seguía afectado, su voluntad no sufría mella.
Allí recordó los cuatro días que duró bajo la lluvia, abandonado y hambriento, hasta que una familia lo auxilió, recordó el cruce descalzo por la montaña llena de cardos, que le lastimaron fuertemente sus pies; la salida casi que milagrosa del río que lo arrastraba, recordó las mentiras y la falsedad de los diplomáticos, que lo abandonaron, mientras veía como otros países rescataban apresurados a sus nacionales.
De allí se comunicó nuevamente con su familia, les pronostico que en una o dos semanas estaría de vuelta en Chigorodó, y aunque su semblante se veía castigado por la fatiga del viaje, les ratificó nuevamente su condición de guerrero, de volver para abrazarlos y comenzar una nueva aventura, esta tal vez en Cuba, donde tiene planes de irse a estudiar medicina y de pronto hacer una pausa en la vida de trotamundos.
La odisea de Keddy Andrés, no termina, cruzar del Ecuador hacia Colombia, en medio de la pandemia que golpea duramente al vecino país, sortear las decenas de retenes que encontrará en su ruta hacia Urabá, será muy difícil, pero cuenta con la ventaja que estar en su patria y que una familia lo espera con los brazos abiertos en Chigorodó, un padre y una madre que han sufrido a la par con él sus peripecias y unos amigos como Ramsés Escobar, que siempre ha sido su ángel guardián, en el tenebroso camino que ha tenido que cruzar.


