martes, 19 de mayo de 2020

Lo bueno, lo malo y lo feo de la pandemia


“¿Qué nos enseñó La Peste, de Albert Camus ?: Que las peores epidemias no son biológicas, sino morales. En las situaciones de crisis, sale a luz lo peor de la sociedad: insolidaridad, egoísmo, inmadurez, irracionalidad. Pero también emerge lo mejor. Siempre hay justos que sacrifican su bienestar para cuidar a los demás” Rafael Norbona del portal, El Cultural. 


La solidaridad también salió a flote

*670 trabajadores de la salud contagiados en Colombia, cuatro médicos muertos y dos funcionarios de apoyo. A la fecha. 

Reportaje de: Wilmar 
Jaramillo Velásquez/ EL 
PREGONERO DEL DARIÉN 
El hombre iba sin freno, se movía por el espacio, por los mares y el planeta en general a la velocidad de la luz, nada lo detenía, descubría planetas, invadía países, inventaba armas letales, desafiaba la naturaleza por los cuatro puntos cardinales y asombraba segundo a segundo, con sus descomunales hazañas. El hombre no tiene el mundo a sus pies. 

Su egoísmo no tiene límites, alimenta ese yo perverso que llevamos dentro para acumular poder, riqueza, para avasallar al otro, para dominar, nada ni nada podría detener estos avances que a diario deslumbran a la humanidad. El hombre se ha convertido en un semi dios, imparable, imperturbable, dueño de un poder ilimitado.
El trapo rojo se impuso como símbolo de 
pobreza en Colombia (Foto-vía-News/ Mundo) 

Nada imposible que el hombre y la ciencia no lograran; amo y señor del universo en todas sus manifestaciones, capaz de crear lo que le viniera en mente, por ilógico o inverosímil que pareciera, la realidad había superado con creces la imaginación hacía mucho tiempo. 

Pero un día, el menos esperado, cuando las economías del mundo florecían y el hombre se jactaba de su descomunal poder, en una rica y próspera ciudad de China, donde la supremacía de la arquitectura del siglo XI resplandece como producto de esa gloria alcanzada por el hombre, un virus, uno de los tantos que han atacado a la humanidad desde los principios de la creación, salta al mundo civilizado y le pone el palo a la rueda. 

En cuestión de días el mundo se detiene y los cementerios se hacen pequeños para recibir a los muertos, los ataúdes se hacen escasos para cubrir la demanda, las medicinas y la ciencia toda en su conjunto, observa impávida como la muerte gana la batalla, con la misma celeridad con la que la civilización ha crecido. 

Prósperos negocios convertidos en desiertos 

Los gobiernos más precavidos corren a cerrar sus fronteras como en las épicas guerras de la antigua Grecia y comienzan a tomar todo tipo de medidas para cerrarle el paso al mortal virus, que también se mueve a la velocidad de la civilización, en cuestión de días había invadido cinco continentes y casi doscientos países, dejando una estela de terror y muerte. Los más soberbios y arrogantes dijeron que no se dejarían amedrentar de una gripe; que no afectarían sus economías. El dinero por encima de la vida, pero la muerte apilada en sus calles, les mostró la cruda realidad y muy pronto los pondría a la defensiva. 

El mundo fue paralizado, inmovilizado, confinado en sus hogares, aterrorizado ante la presencia invasiva de la muerte, que rápidamente iba dejando miles de cadáveres a su paso. La máquina de la producción industrial se paralizó y lentamente la dirigencia mundial tuvo conciencia de la magnitud del virus, cuyo avance fue rápidamente calificado por la Organización Mundial de la Salud, como pandemia. 

La tercera edad tratada como muebles viejos (Foto vía AFP) 

El virus identificado en el laboratorio como de la familia de los coronavirus, fue clasificado como Covid-19, para el cual al día de hoy no existe vacuna alguna y su contagio se produce de persona a persona, de ahí la importancia del aislamiento. 

El virus que nos recordó la última pandemia que azotó a la humanidad hace cien años, conocida como “la Gripe Española” que de acuerdo a las cifras más conservadoras mató a 50 millones de personas en todo el mundo, sigue su paso por diferentes países, golpeando a unos más fuerte que a otros, siendo los más azotados culturas de los llamados países civilizados, con economías fuertes como Italia, España o Reino Unido, donde los muertos y los contagiados se cuentan por miles. 

No hubo nación del mundo en la que el virus no asomara su mortífera presencia, unos con más rigor que otros. El Reino Unido, el poderoso Reino Unido, postrado ante el virus con su primer ministro Boris Johnson, uno de los soberbios ante la crisis, internado en una UCI, de la cual por fortuna salió bien librado y con 247.706 personas infectadas y 34.876 muertos y 1.058 recuperados.


Los supermercados implementaron rigurosas 
medidas para el ingreso de personas 

El virus ha sido letal, implacable y sin misericordia a la hora de seleccionar a sus víctimas, atacó al heredero de la corona inglesa, el príncipe Carlos, el Príncipe Alberto de Mónaco, al tenor, Plácido Domínguez; Sophie Grégoire, esposa del primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, y María Begoña Gómez, la mujer del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez. 

Otros, también famosos, no tuvieron la misma suerte y la muerte se los llevó sin dar muchas explicaciones: Juan Gabriel Cotino, ex director general de la Policía, el ex vicepresidente del gobierno valenciano, Bishop Gerald Glenn, fundador y predicador de la Iglesia Evangelista Nueva Liberación, famoso por su frase "Dios es más grande que este temido virus", expresada en plena pandemia; Ann Sullivan, de 91 años, dibujante de Walt Disney Studios, que participó en películas clásicas como “El Rey León” y “La Sirenita”; Luis Sepúlveda, escritor chileno de 70 años radicado en Asturias desde 1997; Norman Hunter, ex futbolista campeón del mundo con Inglaterra en 1966. Jugó 700 partidos en el Leeds United, entre muchos otros.

Negocios aislados del público 


El mundo encerrado 


De acuerdo con la agencia de prensa francesa (AFP) “Al menos 4.500 millones de personas en 110 países o territorios del mundo están obligadas o incitadas a confinarse en sus casas para luchar contra la Covid-19, según un recuento realizado a partir de una base de datos de la AFP. Esta cifra representa a cerca de seis humanos de cada diez de la población mundial, que la ONU estima en 7.790 millones de personas en 2020” 

Los ancianos, los sabios que han ayudado a construir este mundo a brazo partido, los que transmiten conocimiento y sabiduría a las nuevas generaciones, fueron los primeros en ser enviados al destierro. “Viven mucho”, “son una carga para la economía” dicen algunos “dignatarios” mundiales y como muebles viejos los archivaron. 

En Colombia, con una pobreza de conectividad y de computadores en los hogares, hasta de un 70%, por decreto los estudiantes fueron enviados a casa, para estudiar por plataformas digitales, muchas de ellas imaginarias para el alcance de las familias. 


Arterias viales bajo la soledad 

De otro lado el “Goliat” del mundo, los Estados Unidos de Norteamérica, duramente golpeado por la pandemia, llegó a registrar en un solo día (jueves 17 de abril) el record mundial de muertos con 4.491, desde el inicio de la emergencia. 

Suma además 1.490.195 infectados y 89.666 personas muertas y 272.265, recuperados, al tiempo que su presidente Donald Trump, anuncia la apertura de la economía; de las actividades laborales por fases, mientras que Italia registra 32.007 muertos y 225.886 contagiados, 127.326 recuperados; España 27.709 muertos y 231.606 enfermos, 150.376 recuperados; Francia 28.108 muertos, 142.441 infectados y 61.213 recuperados. 

Entre tanto China, país origen del virus, presenta 4.634 muertos, 82.954, diagnosticados y 78.238 recuperados, mientras que la cifra global es de: 4.597.894 contagios, 311.598 muertos y 1.721.884 recuperados 

En Colombia, el número de contagiados es de 15.574 recuperados, 3.751 pacientes y 574 personas fallecidas. (Cifras a la fecha: mayo-18 -2020, datos que varían, minuto a minuto) 

Autoridades sanitarias controlan el ingreso de alimentos.

El mundo no será el mismo 


Unos lo asimilarán más rápido que otros, pero al final tendremos que entender que el mundo no será el mismo después de superada la pandemia, nuevos hábitos, nuevas costumbres vendrá, un reacomodo de poderes universales, presiones y luchas de los países por los primeros lugares en la hegemonía mundial, muchos reflexionarán sobre lo que serán sus nuevos proyectos de vida, de estudio y de trabajo y por mucho que se esfuercen, el mundo será otro muy diferente. 

Varios hechos serán cruciales en este nuevo mundo: La importancia de la agricultura y su industrialización, de invertir en el campo, en la salud, en la investigación farmacéutica, equipos biomédicos, todo esto, sumado al mundo digital, incluyendo el teletrabajo, copará la atención del mundo en las próximas décadas. 


Hombre prevenido, vale por dos 


El pico y cédula 


También de la noche a la mañana la movilidad individual fue alterada y terminamos sometidos a turnos de pico y cédula, haciendo filas en los supermercados y bancos, dependiendo del último dígito del documento de identificación, turnos que se volvieron pesadilla para muchas personas que no comprendían hasta dónde ha llevado el virus a la sociedad. 

En Bogotá fueron más lejos y decretaron el pico y género, unos días podían salir los hombres y otros las mujeres y así, lentamente se ha ido armado una verdadera torre de babel. 

También surgieron nuevas fronteras entre departamentos, municipios, corregimientos, veredas y hasta barrios, la gente aterrorizada ha puesto sus propias barreras para ingresar a sus territorios y con el acompañamiento de las autoridades, armados de barricadas y máquinas manuales de fumigación, montan guardia pretoriana, para evitar que el virus llegue a sus hogares. 

El virus también ha traído cosas agradables, el reencuentro de la familia, volver a viejos y tradicionales juegos sepultados durante años por el “modernismo”, cocinar y comer en casa, aunque como no hay dicha completa, las autoridades han reportado, que la violencia intrafamiliar se ha disparado en todo el país. 

Compras por turno en los mercados


La pandemia nos desnudó 


El ataque descomunal del virus, sirvió para desnudar a la humanidad, para llevarla a un punto de reflexión, sacó del interior del ser humano, ese yo que todos llevamos dentro, desenmascaró esa doble personalidad del individuo, fue así como el yo grotesco, individualista, egoísta y perverso saltó en primera fila. 

Despavorido ese yo, ingresó a los supermercados de cadena a cargar con todo lo que podía su vehículo y su bolsillo, barrió con las existencias en las estanterías: los jabones, el alcohol, el gel antibacterial y el papel higiénico, se hicieron productos costosos, exóticos y escasos en cuestión de minutos (nadie entendió por qué lo del papel higiénico). Ocurrió en el Reino Unido, Francia, España e Italia, con la misma intensidad que en países tercermundistas como Colombia. 

Todo cambió de la noche a la mañana

Ese yo diabólico llenó sus despensas, sin mirar qué le faltaba a su vecino, lo importante era él, estar lleno, con todo lo necesario y en lugar seguro, lejos de la plebe, del populacho infeccioso. 

También salió el yo imperioso del gobierno nacional en cabeza del presidente Iván Duque Márquez, a legislar para los de siempre, para los ricos y para los bancos, allí se han quedado al momento la mayoría de las ayudas, mientras que los alcaldes y gobernadores hacen maromas para afrontar la crisis; el sector salud sigue en la mayor desprotección y poniendo gran número de víctimas. La mayoría de los pequeños empresarios, rumbo a la ruina, o de esclavos de los bancos durante los próximos quince años. 

Tampoco faltó el yo de los corruptos, de algunos alcaldes y gobernadores que salieron a realizar negocios con la pandemia, a sobrefacturar mercados y productos en general, a contratar a su antojo, para llenar sus bolsillos. 


Ese mismo yo, el perverso saltó de nuestros corazones, en un hecho cruel y sin precedentes, arremetió contra la misión médica, atacan a los médicos en sus apartamentos, en los supermercados, los expulsan de sus lugares de residencia y los tratan peor que a los animales, a los mismos que sin protección y hasta sin salarios exponen sus vidas y las de sus familias en turnos inhumanos para salvar, incluso, a quienes los persiguen. 670 entre médicos y enfermeras contraminados, además de cuatro médicos muertos y dos funcionarios de apoyo, ha sido la cuota de sacrificio, a la fecha. 

“Si no te vas, matamos a su esposa e hijos” se leía en una unidad residencial de Bogotá, así le pagaba la sociedad “civilizada” “la gente de bien” a un médico que se encontraba en una clínica salvando vidas. Raza de Caín. 

Los cambios han sido bruscos
 hasta en lo más elemental

Ese yo infernal, que pocas veces mostramos saltó de varios gobernantes, Donald Trump, que al inicio de la pandemia se mofaba de las medidas preventivas, cuando vio su país rumbo a convertirse en una fosa común, arremetió contra la Organización Mundial de la Salud (OMS) le limitó los recursos para asfixiarla; en plena emergencia desplazó un monstruoso aparato militar hacia el Atlántico para sitiar y amenazar a Venezuela, para retar el mundo, con el pretexto de estar luchando contra el narcotráfico, cuando sus propios asesores le gritan al oído que el narcotráfico se mueve es por el pacífico colombiano, justamente donde tiene numerosas bases militares y amplia presencia de la DEA. Pero él quería seguir enviando mensajes de poderío y hegemonía en medio de la muerte, para asegurar su reelección.

*La arrogancia y la soberbia de algunos gobernantes empeora la situación. 


El egoísmo se encerró en sus propias trincheras, con el estómago lleno, pero con el corazón vacío. Allí estaba Colombia, la misma que en una campaña presidencial utilizó a miles de hermanos venezolanos como escudo para evitar supuestamente que el país cayera en manos del “castrochavismo” les escupía la cara, los insultaba, les negaba ayuda y los expulsaba en doloroso éxodo a pie bajo implacables temperaturas hacia su país de origen, olvidando que allí le habían tendido la mano a cinco millones de compatriotas cuando huían del hambre y de la guerra en Colombia. También estaría Colombia dolorosamente respaldando a Donald Trump en su política de agresión a la OMS. 

Los registros aumentan con el miedo

El dios billete 


No faltaría el salto de ese yo, que convirtió a Dios en diezmo, en negocio, en empresa particular y familiar, de inmediato comenzaron a vender miedo, “las señales divinas”, “la inaplazable llegada del Mesías” y, hábilmente fuerzan el cobro de extorsivas vacunas, se ofrecen a recibir el dinero a domicilio y presentan una oferta bancaria para la recepción de la “ofrenda”, que ya envidiaría la empresa más organizada. 

Las dificultades se pueden convertir en fortalezas, reza por ahí una frase y, vaya que estos mercaderes de la fe sí que la saben utilizar, la pandemia se volvió una oportunidad para hacer dinero en nombre de su Dios y no faltó el hábil que le metiera el diente al presupuesto nacional, supuestamente para sobrevivir. En la viña del señor hay de todo, dice otra frase. 

La pandemia tiene al mundo aterrorizado
(Foto-Oficina de Comunicaciones Alcaldía de Turbo)

El yo bondadoso 


Pero para mantener el equilibrio universal, al otro lado de la orilla, de la desolación, estaba el yo bondadoso ese que salió a salvar el mundo, a compartir el pedazo de pan con el vecino o simplemente con el desconocido, a tocar la puerta del amigo para preguntar, cómo podían distribuir la pobreza. 

Cómo desde la distancia llaman a su familiar o amigo para enviarle poco o mucho dinero por los bancos, para ayudarle a paliar la tragedia, cómo lo llaman por teléfono o le envían mensajes esperanzadores por las redes sociales para acompañarlo en la soledad del confinamiento. 

Ese yo que se apoderó de naciones como Cuba, con más de medio siglo de bloqueo económico, para salir por decenas de países, incluyendo a sus contradictores, a llevarles brigadas de médicos y de ayuda humanitaria; estaba China y Rusia desplegando aviones, no para amenazar ni matar, sino llevando vida y esperanza. Italia los recibía como héroes. 

Ese otro yo, el bueno despertó la solidaridad de varias organizaciones sociales, de la Iglesia, de muchos alcaldes y gobernadores, que ante la falta de apoyo del gobierno nacional y por iniciativa propia, comenzaron a recolectar ayudas y diseñar planes de contingencia para llevarle alimento a los más necesitados. 

*El virus que le puso el palo a la rueda al mundo, justamente cuando iba a toda máquina. 



Un ejército de nobles voluntarios anónimos acudió en ayuda. Ese es y será el yo que salvará al mundo de esta pandemia y cuanta plaga lo ataque. El yo que sabe llegar al alma. No hay otro. 

Ya la Organización Mundial de la Salud, advirtió que la siguiente pandemia será una hambruna de consecuencias terribles. 

Cada día el ingreso a los municipios se hace más 
difícil (Foto-Oficina de Comunicaciones Alcaldía de Turbo)

Urabá mayo de 2020. 

*Este reportaje está dedicado a la misión médica, en el lugar del mundo donde se encuentre. 


Fuentes: Revista Semana 
Clarín- Argentina 
Agencia de Prensa Francesa (AFP) 
Ministerio de Salud y Protección Social 
Rtve-España 
Organización Mundial de la Salud (OMS)