jueves, 7 de mayo de 2020

La salud, una mercancía más

Después de superado el incendio, esperamos que ahora si se comience a gobernar

 

Por: Luis Alfonso Ossa B
Especial para El 
Pregonero del Darién 

No cabe la menor duda que ningún país del mundo puede salir a decir que se había preparado para una contingencia tan compleja como la que ha significado la súbita irrupción en el planeta de un nuevo virus, del cual por supuesto nada en particular se conocía y si apenas lo atinente a lo que pudo deducirse inmediatamente se logró aislar. Era un ARN virus y se pudo ubicar en el grupo de los que ya habían producido algunas epidemias de influenza en el pasado reciente, pero en un comienzo nada más de lo que pudiera ser determinante para enfrentarlo medicamente se supo . Evidenció de inmediato un alto poder de infección en tanto que en pocos días empezaron a surgir montones de pacientes enfermos y por supuesto se desconocía cómo tratarlo. 

Las medidas de contención se plantearon en un principio solo en el escenario de lo físico: Aislamiento social, lavado pertinaz de manos usando preferencialmente jabón y bueno, empezaron a activarse las normas que los sistemas de salud de cada país tienen para casos de epidemia como este. 

Aparece acá entonces el escenario en el cual el sistema de salud de cada país debe enfrentar una epidemia que empezó a regarse con velocidad exponencial por el mundo y fue entonces cuando debimos comenzar a evaluar los recursos con los cuales contaba nuestro SISTEMA NACIONAL DE SALUD en particular . 

Nos encontramos con un sistema manejado con criterio empresarial privado, donde la salud había sido entregada por el Estado, hace varias décadas, a aseguradoras privadas que la ley 100 llamó E.P. Ss, las cuales pudieron funcionar en forma relativamente aceptable mientras sus dueños acababan con la mala imagen que hasta la aparición de ellas había tenido el anterior Instituto de Seguros Sociales. Superada esa transición las EPS comenzaron a mostrarse abiertamente como un negocio más, donde la rentabilidad jugaba en contra de la eficiencia en la recuperación de la salud de los afiliados y no hubo un Estado capaz de ponerle coto desde un principio a esa voraz actitud de los empresarios de la salud. Es entonces cuando el país entiende que la mirada mercantil con la que se había negociado el entierro del ISS, empezaba a mostrar resultados nefastos para SALUD de los colombianos. LA SALUD PUBLICA abiertamente empezaría a mostrarse sin ambages como una mercancía más en el libre mercado, permitiendo así el indefectible destino de precarización medica al que la privatización de la salud había conducido al país. 

Ahora cuando aparece la pandemia nuestro SISTEMA NACIONAL DE SALUD arrastraba ya unas tres décadas de deterioro y verse ante semejante exigencia, que las circunstancias le imponían, obligó al Estado a aceptar que había dejado a una suerte incierta la salud, al entregársela a mercaderes de la misma, con mayores veraz cuando había creído tiempo atrás que las EPS podrían haber sido su eficiente manejador. EL SISTEMA NACIONAL DE SALUD quedó al descubierto y lo vimos desfinanciado, desfalcado, y a su personal médico y paramédico expuesto e indefenso ante un ataque viral que exigía altas condiciones biotecnológicas, cuando ni siquiera contábamos con lo mínimamente necesario para satisfacer la demanda elemental de la demás patología cotidiana. 

La pandemia dejó al descubierto las miserias a las que el maltrato estatal sometió la salud en los últimos años, con mayores veraz a partir de cuando privatizó la salud como si fuera cualquier otra mercancía. 

Creo que a grandes rasgos pudimos mostrar de manera panorámica el terrible estado de indefensión en el que está nuestro SISTEMA NACIONAL DE SALUD para enfrentar con eficacia la tragedia sanitaria que nos ataca y todo debido a que hubo un día cuando unos gobernantes con ínfulas neo capitalistas creyeron que podían desembarazar al Estado de lo que siempre había sido una de sus obligaciones fundamentales :Administrar la salud pública, y decidieron privatizarla con la anuencia del Gran Capital ávido de ganancias pero a su vez indolente ante lo que esto podría significar para la buena atención medica de la población. 


Pasemos ahora a mirar otro aspecto fundamental del Estado y que al caer este víctima de la pandemia evidenció terribles falencias que permanecían ocultas por intereses particulares no deseosos para nada en que aquellas se evidenciaran. Y vamos a hablar entonces de nuestro sistema educativo, fuertemente cuestionado por los Marchantes Indignados que desde el año anterior se tomaron las calles de las importantes ciudades para reclamarle al gobierno la obligación de empezar a ponerse al día con una vieja y engrandecida deuda que el Estado ha mantenido con la educación del país. 

Si bien la cobertura de la educación primaria ha venido mejorando ostensiblemente en cantidad de maestros, en cobertura, no podemos decir que también lo haya hecho en calidad. Tenemos miles de escuelas en los municipios y campos del país carentes de conectividad mínima con la internet, lo que en gran parte podría estar supliendo la poca posibilidad de actualización de la que muchos de nuestros maestros carecen y si el tema de la falta de conectividad logró evidenciarse en las ciudades ,ahora que se debió recurrir a la educación virtual, qué no decir de lo que pudo haber pasado con nuestros alumnos campesinos, carentes no solo de conectividad física ,sino de medios para recibir la señal en los pocos lugares donde ya hay wi fi. 

La pandemia entonces nos descubrió un sistema educativo obsoleto, carente de las herramientas modernas y necesarias para interactuar con el resto del mundo, mostrándonos cómo esa obsolescencia de nuestra escuela mantiene atrasada nuestra niñez y juventud en relación a los niños y jóvenes de los otros países. No entiende uno cuál era la urgencia de pertenecer a la O.C.D.E Y someter nuestros jóvenes a enfrentarse, en supuesta igualdad de condiciones, a los resultados de las pruebas Pisa, cuando el nivel de experticia informática de una gran mayoría de jóvenes colombianos está en condiciones abiertamente desventajosas frente a mucho de sus pares de otros países? Creo que el aparato educativo del país no está preparado para asumir ese embeleco. Nuestros estudiantes, si eso es lo que se quería, no son competitivos en informática por ejemplo, con los de muchos otros países y eso sí que se evidenció a propósito de la pandemia. Apenas un puñado de ellos, esos que se localizan en estratos altos, los de elite, pudieron interconectarse con el también puñado de maestros que estaban preparados para ejercer su docencia virtual. Yo no lamento esto, lo señalo si como factor de atraso, porque creo que nuestro país no debería abandonar nunca la modalidad presencial de la educación primaria y secundaria, sin detrimento de que se le prepare al alumno para la relación virtual, porque esa relación presencial es bastante importante para la formación del ciudadano; la relación física con el maestro y con el entorno del aula, incluidos allí los compañeros con sus afectos y desafectos, tiene una connotación fundamental en la manera como se relaciona el alumno con su entorno social. 

En conclusión, la pandemia nos destapó falencias importantes que el Estado, en vez de salir a defenderse de quienes se las señalemos, debe emprender con urgencia su corrección y mostrar así que al final ciertamente aprendimos de la coyuntura. 

Si miramos ahora lo que pasaba en la educación superior cuando el Covid 19 nos sorprendió, tenemos que volver a lo que Los Marchantes Indignados convirtieron en una de sus banderas: La necesaria financiación que el Estado debe darle a la educación superior y que este ha venido soslayando en los últimos años , lo que ahora con la crisis se evidenció más que nunca, haciéndose necesario por tanto que asuma con urgencia esa responsabilidad aplazada so pena de tenernos que enfrentar en unos 5 o más años a no poder contar con una dirigencia propia en ciencia tecnología e innovación que supla las necesidades reales del país y debamos acudir a personal extranjero para satisfacer nuestras necesidades nacionales. 

Creo que lo prioritario ahora para el País es apagar el incendio. Se hace necesario que, al momento actual de la crisis, cuando nuestros recursos económicos no nos alcanzan para costear la totalidad de las exigencias que las circunstancias nos ponen, respaldemos al gobierno en la toma de algunas decisiones de fondo que le den el musculo financiero adecuado para moverse con alguna libertad. Por ejemplo, el Congreso debe legislar (y esta es la manera de mantener el debido control constitucional sobre el ejecutivo) en términos de otorgarle herramientas al gobierno para que este recupere, por lo menos de manera temporal, la autonomía para manejar la política financiera y crediticia del país. La banca ha mostrado con exceso de evidencia, que no fue capaz de estar a la altura de las necesidades del país y ha venido obrando como si no hubiera habido crisis alguna. Creo que hoy en día no es difícil conseguir el consenso para que el ejecutivo tome esas herramientas que el Congreso le otorgaría. 

Controlada la economía ,podría ahora si el Gobierno pensar que es necesario mejorar el monto de la asistencia económica para los sectores informales, los más difíciles de mantener confinados por sus necesidades, y si este incremento exige un aumento en el nivel de endeudamiento estatal, no debemos temerle y con el respaldo mayoritario que el gobierno puede concitar alrededor de este tema, debemos atrevernos a hacer caso omiso de la calificadoras de riesgo, que entre otras cosas deberían guardar un respeto mínimo por la angustia creciente de países como el nuestro, a los que desde cómodas oficinas desalmadamente se atreven a calificar como de alto riesgo. 

Resuelta parcialmente la coyuntura de mantener flotando la pequeña y mediana empresa, asumiendo el Estado un subsidio económicamente considerable a la nómina de las empresas por unos 3 ó cuatro meses, lo que debe ser una tarea suya directa é inmediata y suplida parcialmente las necesidades básicas inmediatas de los sectores informales ,habremos preparado las condiciones para empezar a reabrir la economía con menos riesgo de que se nos reactive la infección y podrá entonces el gobierno prepararse a retomar las acciones que normalmente le son propias y que hasta ahora ha debido abandonar para apagar el incendio, recordándole eso si que ponga en su NUEVA AGENDA las reformas que deberá emprender al SISTEMA NACIONAL DE SALUD Y AL APARATO EDUCATIVO, sectores donde fundamentalmente se expresaron las grandes falencias del Estado, evidenciadas con claridad en la pandemia que aún transcurre. 

Por supuesto que para emprender dichas reformas el gobierno requerirá tener de su lado un importante nivel de respaldo nacional, que no sabemos cómo podría construir en momentos tan complicados para la vida política nacional .Lo cierto es que para emprender las reformas a las instituciones que la pandemia mostró como necesariamente cambiables, se requerirá un respaldo nacional con mayorías inobjetables que permitan un paso expedito por el congreso, con el debido debate propio de una democracia, pero sin la obstrucción que las diferencias políticas ponen en un sistema político de gobierno oposición 

Siempre que haya en los gobiernos una muy clara posición de lo que hoy en día significa la ciencia ,la tecnología y la innovación en el andamiaje general del desarrollo, tiene que existir una esperanza para el avance de la ciencia en general y por supuesto que para que estos tres aspectos puedan volverse protagónicos en la generación de conocimiento ,debe haber por lo menos instrumentos públicos incrustados en la estructura general del Estado que posibiliten la financiación y administración de los recursos destinados a la investigación 
Acá tenemos que decir y con mayor razón ahora que el COVID 19 nos agarró con los calzones abajo en temas como la salud y la educación, que debemos presionar para que el presupuesto del nuevo ministerio de ciencia, tecnología e innovación sea aumentado superando siquiera el 1,5% del PIB, que siendo aún bajo, al menos posibilita que la nueva estructura administrativa logre expandir por ahora parcialmente sus alas para comenzar así a mirar hacia donde están nuestras prioridades en esta materia. 

Es claro que cuando el país sea capaz de darle la cara a nuestros investigadores nacionales, escuchándolos y creyendo en ellos, tarea que debe cumplir a la perfección nuestro nuevo ministerio, habrá encontrado allí un filón del desarrollo que con el tiempo seguro estará produciéndole réditos al país, dándonos además respeto y acato en el concierto mundial de la ciencia, por supuesto esto podrá suceder cuando el ministerio de Ciencia Tecnología e innovación sea asumido por nuestra dirigencia con el debido respeto y no como una cuota clientelista más ,lo que seguro redundará en una posibilidad atractiva e interesante de promocionar nuestro jóvenes científicos y por su puesto su producción, hoy en día suficientemente respetable en muchas disciplinas científicas.