Hace unos meses nos dijo en Urabá el senador Iván Marulanda que, el Congreso es una rueda de negocios, ese es el gran triunfo de los colombianos el pasado domingo, hacer naufragar esa empresa criminal.
Uno
de los grandes aportes del valiente senador Iván Cepeda para el desarrollo de
la democracia en Colombia, para iniciar el declive del Centro Democrático, pero
sobre todo poner en retirada a su llamado “jefe natural” fue expulsarlo del
Congreso, ese enorme aporte pocos los han visualizado, desde allí, un escenario
en el que se movía como pez en el agua, mantenía unida su bancada, hacía
relaciones y componendas con otros partidos, repartían la burocracia y el
presupuesto nacional.
Pero
en aras de buscar ser juzgado por su fiscal de bolsillo, renunció a las gabelas
de senador y eso se convirtió en el gran triunfo de Cepeda y de los
colombianos.
| Wilmar Jaramillo Velásquez |
Ya
por fuera el cacique, su figura comenzó a caer, sus parlamentarios no le escuchaban,
luego vendría la “jugadita” de elección de candidato presidencial en la cual
ungieron en una bien simulada consulta a Oscar Iván Zuluaga para cerrarle el
paso a la Cabal, “por ser menos sumisa” dicen algunos.
A
esto le sumamos el mediocre desempeño de Iván Duque, sacado del sombrero del patrón,
como sacaron en las últimas horas a un tal “Fico”, llevó a su partido a recibir
el voto de castigo el anterior domingo.
Pero
este no será el fin de estas mafias políticas, de estas ruedas de negocios que
decía el señor Marulanda, sobreviven, lánguidamente unos y otros fuertes como
el Partido Conservador, todos en medio de una hermandad y convivencia que
parecen una logia Masónica y me perdonan los masones, que ellos no son ladrones.
Una
firma en el Congreso vale millones, un voto para aprobar una ley siempre rodeada
de intereses particulares y externos cuesta mucho dinero, legislar para las
mafias y los empresarios corruptos que son lo mismo, vale mucho dinero, repartirse
vulgarmente el país cual mercado persa, su presupuesto, su burocracia, las obras
públicas en un jugoso negocio rodeado de coimas, sobornos, un entramado que
lograron perfeccionar en años.
El
solo hecho de elegir un fiscal, un contralor, una procuradora, un defensor del
pueblo, ya representa un negocio que va desde dinero, puestos públicos e
incluso impunidad.
Es
aquí donde el pueblo colombiano les asestó el golpe mortal a estas estructuras
del llamado “delito de cuello blanco; al armarse un bloque infranqueable de
mayorías en Senado y Cámara, como lo plantea Gustavo Petro y que está apunto de
consolidarse, no habrá quien compre los votos de un Lleras, por ejemplo, por un
ministerio o una embajada cada que haya una votación importante, esto para
citar un solo ejemplo.
Con
esto se baja el chantaje permanente del Congreso al Ejecutivo, no es tan
difícil, se requiere de un poco de
decencia, el Congreso tiene que dejar de ser una rueda de negocios para dedicare a legislar y no de espaldas a la realidad
nacional como lo ha venido haciendo y
cuando estos negocios ya no sean atractivos, rentables para estos caciques, entonces
ellos se desmotivarán y dejarán de invertir estas astronómicas
sumas de dinero en sus campañas para luego ir a robar para recuperarlas y obtener dividendos.
El
Congreso ha castrado las grandes reformas, las grandes transformaciones sociales
del país, ha frustrado el sueño de los colombianos durante décadas, legislando
para los bancos y los ricos, negociando leyes arbitrarias y retardatarias con
el ejecutivo.
El
Congreso ha sido laxo al negarse a legislar temas complejos para el país, como
el aborto, la eutanasia, temas mineros y de salud, la reforma a la Policía
Nacional y ajustes a la Fuerza Pública en general, la aplazada reforma a la
justicia y no lo hace por timorato, por temor al castigo
en las urnas.
El
uribismo especialista en vender miedo y humo, ha vendido la idea que hacer reformas
en la fuerza pública es desmoralizarla, como si el mundo no avanzara, como si
las sociedades no evolucionaran, hay que hacer ajustes serios en materia de
derechos humanos, de procedimientos, de manejos libertinos de grandes
presupuestos, deben ser unas organizaciones al servicio de los colombianos, de
la paz y la democracia y no agencias de seguridad de unos pocos, además de
despolitizarlas.
De ahí que armar este bloque legislativo con quienes en realidad desean un cambio de verdad y dejar de poner pañitos de agua tibia a los problemas nacionales, será el gran reto del país en los próximos días.
El Congreso no puede seguir
chutándole la pelota a la Corte Constitucional sobre lo que son sus responsabilidades,
para luego lanzarla a la hoguera, a la picota pública.
El anterior domingo los colombianos
iniciamos una gran tarea de trasformación nacional, pero falta mucho, sellarla
en los próximos días con la presidencia de Gustavo Petro, muy probablemente en
primera vuelta como lo dicen serios analistas de la política y armar un bloque parlamentario
que se convierta en una muralla infranqueable, que permita por primera vez en nuestra
historia un Congreso soberano, libre de ataduras, servicio de todos los
colombianos. Que cierre de una vez por todas esa rueda de negocios de la que
nos habla Iván Marulanda.
Urabá-
marzo 14/ 2022