lunes, 14 de marzo de 2022

El triunfo del pueblo, acabar la rueda de negocios en el Congreso

Hace unos meses nos dijo en Urabá el senador Iván Marulanda que, el Congreso es una rueda de negocios, ese es el gran triunfo de los colombianos el pasado domingo, hacer naufragar esa empresa criminal.

Por: Wilmar Jaramillo Velásquez/
EL PREGONERO DEL DARIÉN

Uno de los grandes aportes del valiente senador Iván Cepeda para el desarrollo de la democracia en Colombia, para iniciar el declive del Centro Democrático, pero sobre todo poner en retirada a su llamado “jefe natural” fue expulsarlo del Congreso, ese enorme aporte pocos los han visualizado, desde allí, un escenario en el que se movía como pez en el agua, mantenía unida su bancada, hacía relaciones y componendas con otros partidos, repartían la burocracia y el presupuesto nacional.

Pero en aras de buscar ser juzgado por su fiscal de bolsillo, renunció a las gabelas de senador y eso se convirtió en el gran triunfo de Cepeda y de los colombianos.

Wilmar Jaramillo Velásquez

Ya por fuera el cacique, su figura comenzó a caer, sus parlamentarios no le escuchaban, luego vendría la “jugadita” de elección de candidato presidencial en la cual ungieron en una bien simulada consulta a Oscar Iván Zuluaga para cerrarle el paso a la Cabal, “por ser menos sumisa” dicen algunos.

A esto le sumamos el mediocre desempeño de Iván Duque, sacado del sombrero del patrón, como sacaron en las últimas horas a un tal “Fico”, llevó a su partido a recibir el voto de castigo el anterior domingo.

Pero este no será el fin de estas mafias políticas, de estas ruedas de negocios que decía el señor Marulanda, sobreviven, lánguidamente unos y otros fuertes como el Partido Conservador, todos en medio de una hermandad y convivencia que parecen una logia Masónica y me perdonan los masones, que ellos no son ladrones.

Una firma en el Congreso vale millones, un voto para aprobar una ley siempre rodeada de intereses particulares y externos cuesta mucho dinero, legislar para las mafias y los empresarios corruptos que son lo mismo, vale mucho dinero, repartirse vulgarmente el país cual mercado persa, su presupuesto, su burocracia, las obras públicas en un jugoso negocio rodeado de coimas, sobornos, un entramado que lograron perfeccionar en años.

El solo hecho de elegir un fiscal, un contralor, una procuradora, un defensor del pueblo, ya representa un negocio que va desde dinero, puestos públicos e incluso impunidad.

Es aquí donde el pueblo colombiano les asestó el golpe mortal a estas estructuras del llamado “delito de cuello blanco; al armarse un bloque infranqueable de mayorías en Senado y Cámara, como lo plantea Gustavo Petro y que está apunto de consolidarse, no habrá quien compre los votos de un Lleras, por ejemplo, por un ministerio o una embajada cada que haya una votación importante, esto para citar un solo ejemplo.

Con esto se baja el chantaje permanente del Congreso al Ejecutivo, no es tan difícil, se requiere  de un poco de decencia, el Congreso tiene que dejar de ser una rueda de negocios para  dedicare a legislar y no de espaldas a la realidad  nacional como lo ha venido haciendo y cuando estos negocios ya no sean atractivos, rentables para estos caciques, entonces ellos se desmotivarán y dejarán de invertir  estas  astronómicas sumas de dinero en sus campañas para luego ir  a robar para recuperarlas y obtener dividendos.

El Congreso ha castrado las grandes reformas, las grandes transformaciones sociales del país, ha frustrado el sueño de los colombianos durante décadas, legislando para los bancos y los ricos, negociando leyes arbitrarias y retardatarias con el ejecutivo.

El Congreso ha sido laxo al negarse a legislar temas complejos para el país, como el aborto, la eutanasia, temas mineros y de salud, la reforma a la Policía Nacional y ajustes a la Fuerza Pública en general, la aplazada reforma a la justicia y   no lo hace por timorato, por temor al castigo en las urnas.

El uribismo especialista en vender miedo y humo, ha vendido la idea que hacer reformas en la fuerza pública es desmoralizarla, como si el mundo no avanzara, como si las sociedades no evolucionaran, hay que hacer ajustes serios en materia de derechos humanos, de procedimientos, de manejos libertinos de grandes presupuestos, deben ser unas organizaciones al servicio de los colombianos, de la paz y la democracia y no agencias de seguridad de unos pocos, además de despolitizarlas.

De ahí que armar este bloque legislativo con quienes en realidad desean un cambio de verdad y dejar de poner pañitos de agua tibia a los problemas nacionales, será el gran reto del país en los próximos días.

El Congreso no puede seguir chutándole la pelota a la Corte Constitucional sobre lo que son sus responsabilidades, para luego lanzarla a la hoguera, a la picota pública.

El anterior domingo los colombianos iniciamos una gran tarea de trasformación nacional, pero falta mucho, sellarla en los próximos días con la presidencia de Gustavo Petro, muy probablemente en primera vuelta como lo dicen serios analistas de la política y armar un bloque parlamentario que se convierta en una muralla infranqueable, que permita por primera vez en nuestra historia un Congreso soberano, libre de ataduras, servicio de todos los colombianos. Que cierre de una vez por todas esa rueda de negocios de la que nos habla Iván Marulanda.

Urabá- marzo 14/ 2022