Lo magnífico de este libro, es como la autora dibuja las estampas de la cotidianidad, y como traslada al lector por un viaje corto, pero intenso, por un canto general a la naturaleza; también tiene tristezas y lágrimas, ese rescoldo de la violencia que nadie puede ocultar.
Wilmar Jaramillo Velásquez/
EL PREGONERO DEL DARIÉN
La primera sorpresa al comenzar a leer el libro de Yadira Rosa Vidal Villadiego, “Río Arriba”, me la dio la prologuista, Nanny Zuluaga Henao, de quien había leído poemas sueltos hace ya varios años, cuando construía sus primeros versos.
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| Carátula de la obra |
Ya
adentrándonos un poco, o mejor Río Arriba, nos encontramos con un juicioso y talentoso
trabajo en el cual se destaca la mano de la antropóloga escarbando en sus
raíces, párrafo por párrafo está la presencia de esa cosmovisión que encierra
ese Chocó mágico, es como un canto general a la vida, a la naturaleza, al mestizaje,
al génesis.
El
libro es un puñado de experiencias que no por cotidianas dejan de sorprender
ante la forma lúcida, diáfana y cristalina como la escritora las pone a correr,
ella juega de local, se mueve con sus versos como pez en el agua, recorrió de
niña por su pantanos, navegó por esas autopistas sin fin, se trepó a los árboles y voló con
sus pájaros, escuchó las historias de los viejos, al pie del pilón o del fogón
de leña, convivió con indios, negros y mulatos, aprendió sus costumbres su
dialecto, sus supersticiones, sus mitos y leyendas.
Bajo
su prodigiosa memoria embarcó los lejanos recuerdos, para luego recogerlos en
puerto seguro y llevarlos al papel convertidos en pulidos versos, allí plasmó
paisajes de atardeceres cual policromas acuarelas; amores sobre la corriente de
los ríos, al ritmo del aleteo de los remos, mañanas bajo conciertos de pájaros,
inmortalizó a los Nadie de Eduardo Galeano, a los NN y convirtió su pasado en
un poemario.
Río
Arriba es un canto general a la vida, la naturaleza, nos transporta por aguas,
quebradas y pantanos bajo el aspaviento de los pájaros, el colorido de las
flores, pero con la figura humana en el centro, es un buen compendio entre sociología
y antropología, genialmente tejido en verso, es el producto de una gran abrevadora,
como dijo el académico Juan Carlos Bayona: “El poeta es un paciente observador”
y este libro es un producto justamente de una paciente observación.
También
está la mano de la educadora, la docente, la maestra, que nos traduce palabras extrañas
a nuestra lexicografía, para una mejor comprensión de la lectura.
Pero
hay un hecho trascendental en este libro y es la forma inteligente, poco usual
de mostrar la violencia que se toma el territorio con toda su crudeza, la
matanza, el despojo, el desarraigo; tampoco escapa la corrupción, ese cáncer
que carcome la patria por los cuatro puntos cardinales con total impunidad. Los
ataques del hombre a la naturaleza, en fin, otra forma de narrar esta tragedia,
bajo recursos muy válidos y ahí está la magia de la literatura.
El
libro también es un grito de rebeldía, de denuncia, de gran valor civil y es
ahí cuando la poesía, las letras en su conjunto sirven más allá de aprender a preparar
los garbanzos como decía irónicamente Gabriel García Márquez.
En este trabajo
de Yadira Rosa Vidal Villadiego, hay un elemento hoy poco visible en nuestros literatos
y es el compromiso social con la gente, más allá de un verso pulido entre rosas
y alelíes, debe estar la denuncia, el grito de la gente, desde luego sin caer
en el panfleto desabrido y doctrinario, entonces así recobraría valor la poesía
de Bertolt Brecht, los mal logrados, Roque Dalton, Nazim Hihmet y el mismo García
Lorca, entre muchos otros.
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| Yadira Rosa Vidal Villadiego-la autora |
Las tierras del árbol del pan
Mario Castaño, In Memoriam:
Líder del Consejo Comunitario
De los Ríos la Larga y el Tumaradó.
Como se fija el Abrazapalo
a los
yarúmos del Tumaradó,
se
fijaron los ojos de Mario
al
Corazón de Edilia.
El amor
nació
en la espesura,
florecieron
hijos
entre
dorados cortes de arroz,
cultivados
por un
hombre
de manos
anchas y largas,
como el
nombre
de la tierra que amó.
Árbol
generoso
entre corrientes
del Bajo
Atrato.
Ese día sombrío
los
ángeles custodios
dormían
nadie,
asió la espada de la justicia.
Densas nubes
oscurecieron
el horizonte,
se escondieron
Fue una
noche larga
solitaria
en la
espera de una luz
que no
llegó.
¿Quién
selló la boca de la justicia?
hay
júbilo
en la casa
del malo.
Un
quejido
se esparce
entre las aguas.
Velado
está,
el canto
de la boca de los niños.
El
vendaval
arrancó
de raíz el árbol;
se han
caído los nidos al río;
esparcidos,
están los
frutos en el lodo;
ocultos
en la podredumbre
de la selva,
a la
espera de la luz
para que
la verdad
retoñe en
la manigua.
Del libro Rio Arriba de Yadira Vidal Villadiego y como cuña, en la Liberia Argos de Apartadó, aún pueden comprar el ejemplar.
Urabá/marzo/2022.
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