domingo, 6 de marzo de 2022

En esta ocasión el miedo no funcionó

En la campaña presidencial anterior, el miedo, la mentira y el odio, fueron los pilares de la fórmula ganadora y espantaron el triunfo de Gustavo Petro bajo este maquiavélico método. En esta oportunidad no funcionó.

Por: Wilmar Jaramillo Velásquez/EL PREGONERO DEL DARIÉN.

Quisieron enredar el triunfo de Gustavo Petro a la Presidencia aplicando la misma fórmula anterior, miedo, odio, descalificaciones, mentiras, pero en esa oportunidad el pueblo aprendió la lección y respondió masivamente al llamado del líder de la Colombia Humana.

Wilmar Jaramillo Velásquez

Mientras la clase dominante mentía, engañaba, se burlaba del pueblo desde el Congreso, haciendo eco de sus aplastantes mayorías, mientras hundían cada reforma progresista que se asomaba, mientras, enterraban la renta básica, encarcelaban, asesinaban y torturaban a los muchachos de la revuelta social, mientras dilapidan millones de pesos de recursos públicos, mientras se jactaban de volver trizas  la paz y 300 desmovilizados eran asesinados en los campos colombianos, mientras nos devolvían a la guerra, mientras robaban a dos manos, al otro lado de la contienda estaba Gustavo Petro.

Estaba proponiendo un nuevo país, nuevos liderazgos, estaba hablando de energías limpias, cambio climático, de proteger la vida,  la naturaleza, de paz, de volver a la economía productiva y abandonar la extractiva, hablaba  de  una revolución completa a los sistemas  educativos y de salud hoy obsoletos y respondía con inteligencia a los más atrevidos periodistas, casi  todos ellos desinformados, prevenidos para corcharlo, para bloquearlo, pero salían siempre mal librados  ante  la capacidad  de respuesta.

En los debates no ha dejado títere con cabeza, confrontando a sus contradictores con firmeza, prueba en mano, con estadísticas y cifras frescas.

Posteriormente remontó en todas las encuestas, ganando en todos los escenarios planteados, no solamente en primera sino en segunda en caso que la haya.

Entre tanto seguía llenando plazas de una manera inusual, bajo fuertes temperaturas e incluso aguaceros, allí estaban sus seguidores con estoicismo descomunal. Un magnetismo que hacía muchos años no se reflejada en un dirigente nacional.

La clase política   se creyó dueña eterna del país, de sus recursos, para repartirlos cual botín de guerra, del Congreso para aplastar a los ciudadanos del común, de su burocracia; cuando salieron hombres con un discurso diferente al de la hegemonía liberal-conservadora, simplemente los asesinaron, así nos privaron de líderes como Uribe Uribe, Gaitán, Carlos Pizarro. Bernardo Jaramillo Ossa y Jaime Pardo, llegaron al extremo de proscribir partidos y cuando la UP, comenzó a lograr arraigo popular, entonces inician el genocidio más grande en la historia reciente del país, para acabarlos a tiros en las plazas públicas, los aeropuertos y los caminos del campo.

Todos estos desafueros se fueron incubando en la mente del ciudadano de a pie, del pequeño empresario, de la golpeada clase media reducida   a la mínima expresión, del estudiante, el obrero, la ama de casa y así fue creciendo el fervor hacia Petro, quien le habla un lenguaje distinto, digerible, pedagógico, de paz, de amor, de país, de patria, de dignidad.

Esas son grandes razones, sumado a la construcción colectiva de imaginarios de cambio, aplazados, durante dos siglos por el pueblo colombiano. Hoy no tienen reversa.

Tuvieron los recursos políticos y económicos para promover los cambios que la sociedad exigía  y se dedicaron llenar los bolsillos y enviar la fuerza pública a matar a  quienes se oponían a sus intereses, con la falacia de defender la democracia y las instituciones, una democracia cerrada y unas instituciones hechas  a la medida  de sus ambiciones, como poner la Fiscalía, la Procuraduría, la Defensoría del Pueblo, el Consejo Nacional  Electoral, el  Congreso y la justicia al servicio del partido de gobierno.

Fue la misma clase política la que construyó el escenario que hoy vivimos, con su máximo exponente hoy empacando maletas en la Casa de Nariño, para salir con sus 50 años a gozar de unas prebendas de 40 millones de pesos mensuales, cuando al ciudadano del común le niegan, le enredan y le empapelan una mísera pensión mínima. Iván Duque con su soberbia, su capacidad de no escuchar, pavimentó el camino que hoy transita Petro y el progresismo. No busquen culpables en otra parte que nos los van a encontrar.

Por eso, en esta ocasión la falacia del castro- chavismo no funcionó, la expropiación, Venezuela y ahora Putin, no les funcionó, uno abre las redes  sociales, en especial Twitter y produce náuseas el discurso del uribismo descalificando a Petro, no tuvieron ni la capacidad, ni la inteligencia de cambiar el discurso, el señor Zuluaga, o Federico repiten todo lo que les dicta el patrón, las mismas mentiras de ayer, por eso no crecieron en las encuestas, por eso tocaron techo tan temprano y el único  que sigue creciendo es Petro.

Petro recibirá un país en llamas, dividido, cada banda criminal es dueña de un pedazo de nuestra geografía, las Fuerzas Armadas politizadas desde, la reserva hasta el servicio activo, uno de los daños más profundos que el uribismo les causó a estas instituciones, que por fortuna hoy han comenzado a entender. La economía, así griten los banqueros que está en la gloria, ellos sí, pero afuera el pueblo tiene hambre, las relaciones internacionales hechas trizas como la paz, la justicia arrastrada a los más mezquinos intereses.

Hoy grandes y serios analistas aseguran que la única forma de frenar el ascenso al poder de Gustavo Petro, es asesinándolo, yo no creo que se atrevan a tanto, porque ellos serían los grandes perdedores, los descamisados que siguen a Petro tienen menos que perder.  Serán tiempos muy difíciles pero acompañados de vientos de cambio, para un país que lleva 200 años esperando la primavera.

Urabá-marzo-6/2022