En la campaña presidencial anterior, el miedo, la mentira y el odio, fueron los pilares de la fórmula ganadora y espantaron el triunfo de Gustavo Petro bajo este maquiavélico método. En esta oportunidad no funcionó.
Por: Wilmar Jaramillo Velásquez/EL PREGONERO DEL DARIÉN.
Quisieron
enredar el triunfo de Gustavo Petro a la Presidencia aplicando la misma fórmula
anterior, miedo, odio, descalificaciones, mentiras, pero en esa oportunidad el
pueblo aprendió la lección y respondió masivamente al llamado del líder de la
Colombia Humana.
| Wilmar Jaramillo Velásquez |
Mientras
la clase dominante mentía, engañaba, se burlaba del pueblo desde el Congreso,
haciendo eco de sus aplastantes mayorías, mientras hundían cada reforma progresista
que se asomaba, mientras, enterraban la renta básica, encarcelaban, asesinaban
y torturaban a los muchachos de la revuelta social, mientras dilapidan millones
de pesos de recursos públicos, mientras se jactaban de volver trizas la paz y 300 desmovilizados eran asesinados
en los campos colombianos, mientras nos devolvían a la guerra, mientras robaban
a dos manos, al otro lado de la contienda estaba Gustavo Petro.
Estaba
proponiendo un nuevo país, nuevos liderazgos, estaba hablando de energías
limpias, cambio climático, de proteger la vida,
la naturaleza, de paz, de volver a la economía productiva y abandonar la
extractiva, hablaba de una revolución completa a los sistemas educativos y de salud hoy obsoletos y
respondía con inteligencia a los más atrevidos periodistas, casi todos ellos desinformados, prevenidos para
corcharlo, para bloquearlo, pero salían siempre mal librados ante
la capacidad de respuesta.
En
los debates no ha dejado títere con cabeza, confrontando a sus contradictores
con firmeza, prueba en mano, con estadísticas y cifras frescas.
Posteriormente
remontó en todas las encuestas, ganando en todos los escenarios planteados, no solamente
en primera sino en segunda en caso que la haya.
Entre
tanto seguía llenando plazas de una manera inusual, bajo fuertes temperaturas e
incluso aguaceros, allí estaban sus seguidores con estoicismo descomunal. Un
magnetismo que hacía muchos años no se reflejada en un dirigente nacional.
La
clase política se creyó dueña eterna
del país, de sus recursos, para repartirlos cual botín de guerra, del Congreso
para aplastar a los ciudadanos del común, de su burocracia; cuando salieron
hombres con un discurso diferente al de la hegemonía liberal-conservadora,
simplemente los asesinaron, así nos privaron de líderes como Uribe Uribe,
Gaitán, Carlos Pizarro. Bernardo Jaramillo Ossa y Jaime Pardo, llegaron al
extremo de proscribir partidos y cuando la UP, comenzó a lograr arraigo popular,
entonces inician el genocidio más grande en la historia reciente del país, para
acabarlos a tiros en las plazas públicas, los aeropuertos y los caminos del
campo.
Todos
estos desafueros se fueron incubando en la mente del ciudadano de a pie, del
pequeño empresario, de la golpeada clase media reducida a la mínima expresión, del estudiante, el obrero,
la ama de casa y así fue creciendo el fervor hacia Petro, quien le habla un lenguaje
distinto, digerible, pedagógico, de paz, de amor, de país, de patria, de
dignidad.
Esas
son grandes razones, sumado a la construcción colectiva de imaginarios de
cambio, aplazados, durante dos siglos por el pueblo colombiano. Hoy no tienen
reversa.
Tuvieron
los recursos políticos y económicos para promover los cambios que la sociedad
exigía y se dedicaron llenar los bolsillos
y enviar la fuerza pública a matar a
quienes se oponían a sus intereses, con la falacia de defender la
democracia y las instituciones, una democracia cerrada y unas instituciones
hechas a la medida de sus ambiciones, como poner la Fiscalía, la
Procuraduría, la Defensoría del Pueblo, el Consejo Nacional Electoral, el Congreso y la justicia al servicio del partido
de gobierno.
Fue
la misma clase política la que construyó el escenario que hoy vivimos, con su
máximo exponente hoy empacando maletas en la Casa de Nariño, para salir con sus
50 años a gozar de unas prebendas de 40 millones de pesos mensuales, cuando al
ciudadano del común le niegan, le enredan y le empapelan una mísera pensión
mínima. Iván Duque con su soberbia, su capacidad de no escuchar, pavimentó el
camino que hoy transita Petro y el progresismo. No busquen culpables en otra
parte que nos los van a encontrar.
Por
eso, en esta ocasión la falacia del castro- chavismo no funcionó, la
expropiación, Venezuela y ahora Putin, no les funcionó, uno abre las redes sociales, en especial Twitter y produce
náuseas el discurso del uribismo descalificando a Petro, no tuvieron ni la
capacidad, ni la inteligencia de cambiar el discurso, el señor Zuluaga, o
Federico repiten todo lo que les dicta el patrón, las mismas mentiras de ayer,
por eso no crecieron en las encuestas, por eso tocaron techo tan temprano y el
único que sigue creciendo es Petro.
Petro
recibirá un país en llamas, dividido, cada banda criminal es dueña de un pedazo
de nuestra geografía, las Fuerzas Armadas politizadas desde, la reserva hasta el
servicio activo, uno de los daños más profundos que el uribismo les causó a
estas instituciones, que por fortuna hoy han comenzado a entender. La economía,
así griten los banqueros que está en la gloria, ellos sí, pero afuera el pueblo
tiene hambre, las relaciones internacionales hechas trizas como la paz, la
justicia arrastrada a los más mezquinos intereses.
Hoy
grandes y serios analistas aseguran que la única forma de frenar el ascenso al
poder de Gustavo Petro, es asesinándolo, yo no creo que se atrevan a tanto, porque
ellos serían los grandes perdedores, los descamisados que siguen a Petro tienen
menos que perder. Serán tiempos muy difíciles
pero acompañados de vientos de cambio, para un país que lleva 200 años
esperando la primavera.