Eran elementos naturales que explotaban por extracción de la naturaleza de nuestras selvas tropicales. Era un tráfico sin control.
Juan Mares/Opinión/El Pregonero del Darién
Cuando
nos conocimos Iván Graciano Morelos y yo, fue en un festival del folclor en
Cañasgordas, hicimos migas ya fue un continuo encuentro en torno a la
pedagogía, la escritura, la lectura y las virtudes de nuestro territorio
urabaense con mirada desde San Juan de Urabá, Chigorodó y Apartadó.
| Juan Mares |
Morelos
ha realizado estudios varios en la Universidad Católica Luis Amigó, en la
Autónoma Latinoamericana y en la Universidad de Antioquia: Licenciado,
especialista y diplomado. Todos estos estudios, complementados, le permitieron
tener una visión universal y de la importancia de las localidades para el
desarrollo de sus inquietudes y afinidades con la poesía y la investigación. De
aquí su gran preocupación por la recuperación de un producto vegetal como la
tagua.
Ya
sabíamos de las aventuras del camaján rey de la tagua, un explotador de la pepa,
que se daba silvestre, en abundancia por todo este territorio, que utilizaban
los alemanes para la fabricación de botones, peinillas de cabello, peinetas y
hasta accesorios de cocina. No se cultivaba (la explotaban gamonales tipo
feudal como Eusebio Campillo que, entre sus caprichos de mandamás y matón,
cobraba derecho de pernada a los trabajadores que se unían a las mujeres
jóvenes del lugar de su jurisdicción, y por eso se hizo famoso pero que por derrochón
y no guardar “pan pa’ mayo” murió en la absoluta inopia, al acabarse la
comercialización del corozo).
Eran
elementos naturales que explotaban por extracción de la naturaleza de nuestras
selvas tropicales. Era un tráfico sin control. Aprovechaban el descubrimiento
de los alemanes, en el periodo de entreguerras, para la fabricación de botones
y platos muy bien elaborados con dicho producto, procesado. Su decadencia llegó
con la caída de los alemanes y cuando se hicieron populares los derivados del
petróleo que hoy tienen los océanos llenos de plásticos.
Iván,
documentado de toda esta historia y de los problemas ambientales, empezó una
tarea de promoción de esta palma en Chigorodó, promoviendo su siembra, como
planta ornamental y con la intensión de crear sentido de pertenencia por una
importante planta nativa con fines artesanales y que, sin embargo, puede tener
otras aplicaciones cultivada con proyecciones industriales propiciando trabajo a
los aborígenes y campesinos de nuestro territorio.
Reitero,
Iván se graduó en la universidad Luis Amigó en pedagogía para muchachos
emergentes. Luego, investigando con su espíritu de filosofía socrática
preguntando por el qué, de qué, para qué y por qué de las cosas y los asuntos del
ser humano se le alborotó el cotarro del sentido artístico, el de historiador, emprendedor,
escritor y poeta. Así creció nuestra amistad en tertulias dispersas y un día se
apareció con el primer número de una hoja cultural y poética con el nombre de
La tagua, que, hasta donde me doy cuenta va por el número 137. La hoja de tagua
empezó a circular entre amigos y en el colegio donde impartía sus clases, en
Chigorodó. Era en sus inicios una hoja de tamaño oficio tecleada a máquina de
escribir y donde mezclaba asuntos de la cultura popular tales como leyendas y
reseñas de personajes de la localidad como la leyenda de Juana Pío, la vaca
negra de Impancay, el Caño La cotorra, lámpara y la historia de Conejo, un
profesor de inglés que se volvió habitante de la calle y que recogió una
comunidad religiosa. Era la década de los años entre 1988 y 1995
Graciano,
es un investigador de raíces tradicionales y de asuntos pedagógicos en las
aulas, de ello dan testimonio los concursos que ha merecido como tributo a su
trabajo perseverante en muchos campos del folclor, y hasta de raíces
etimológicas en el campo de sus estudios sobre la caracterización de los
cordobeses, denominados chilapos, una asignación que identifican a los
habitantes procedentes de dicho territorio, en su mayoría, para identificar una
procedencia zenùes con mezcla de katios.
Esta designación la toman unos como peyorativo y la mayoría como signo
de identidad de un asunto antropológico ancestral. De ello da fe un ensayo,
producto de sus investigaciones, que ha venido construyendo como un aporte a la
cultura de nuestra región.
Son sus
experiencias de profesor que lo llevaron a ser promotor cultural en el
municipio de la Estrella. Ha creado
procesos culturales tendientes a destacar la labor de los artistas siderenses,
a tal punto creó los premios Tagua y la Corporación Manchas de Jaguar donde
maneja un taller de creatividad literaria y por supuesto los premios Tagua con
el doble propósito de promocionar a los artistas y creadores siderenses y
despertar el interés por la palma del MARFIL VEGETAL, planta endémica de la
región de Urabá y parte de las vertientes del Nudo del Paramillo.
Este
artista y profesor ha desarrollado investigaciones en gastronomía de la región
como elemento de la creatividad de la cocina campesina. Con libro de por medio
testimoniando la experiencia en su libro antológico Caldero de historias
Además,
tiene un taller donde enseña el trabajo manual con este corozo o piedra de
marfil vegetal, a su vez, promueve el uso artesanal del producto de esta palma
que los aborígenes denominan como antà.
A este
punto, de características ecológico ambientales y de industria artesanal
destaco el trabajo de concienciación que ha venido realizando este hombre, ya,
desde hace más de treinta años, dándole vigencia a una palma nativa con
proyecciones futuras de sustituto de ciertos derivados del petróleo, de manera
tal que sustituya el plástico puesto que es biodegradable, además que con su
cultivo dirigido agropecuariamente propicia el incremento pulmonar de la
tierra, puesto que requiere de acompañamiento de otros árboles que le den
mediana sombra.
Como de
diferente forma ya lo dije, en ese proceso de investigación, pedagogía,
creatividad y emprendimiento Iván, se ha ganado varios apoyos del Instituto
Departamental de Antioquia y del Ministerio de Cultura para publicar sus libros
tras sus proyectos propuestos a dichas instituciones y entre ellos: Caminos de
la Memoria Cantos (poemas), Entre tizas y lápices: cuentos cortos para leer en
el recreo (Pedagógicos), Antología de taller: Cocuyos de colores. Por los
caminos del jaguar y la anaconda Cantos de Candré, el libro de las gastronomías
campesinas del municipio San Juan de Urabá.
Cabe
recordar que la tagua se fue extinguiendo de los llanos de la región de Urabá
debido a la cultura de la quema para los sembradíos de pan coger de nuestros
campesinos. Aún quedan vestigios en las laderas del pie de monte de Abibe y
algunas vertientes del Paramillo.
Graciano,
en esta labor se ha empeñado en patrocinar y estimular la siembra de esta palma
en parques de Chigorodó y en los otros municipios de la región, mereciéndose el
respeto y admiración de nuestros coetáneos. Algunos lo denominan el Señor de la
tagua.

