miércoles, 11 de enero de 2023

Iván Graciano Morelos: el profesor de la tagua

Eran elementos naturales que explotaban por extracción de la naturaleza de nuestras selvas tropicales. Era un tráfico sin control.

Juan Mares/Opinión/El Pregonero del Darién

Cuando nos conocimos Iván Graciano Morelos y yo, fue en un festival del folclor en Cañasgordas, hicimos migas ya fue un continuo encuentro en torno a la pedagogía, la escritura, la lectura y las virtudes de nuestro territorio urabaense con mirada desde San Juan de Urabá, Chigorodó y Apartadó.

Juan Mares

Morelos ha realizado estudios varios en la Universidad Católica Luis Amigó, en la Autónoma Latinoamericana y en la Universidad de Antioquia: Licenciado, especialista y diplomado. Todos estos estudios, complementados, le permitieron tener una visión universal y de la importancia de las localidades para el desarrollo de sus inquietudes y afinidades con la poesía y la investigación. De aquí su gran preocupación por la recuperación de un producto vegetal como la tagua.

Ya sabíamos de las aventuras del camaján rey de la tagua, un explotador de la pepa, que se daba silvestre, en abundancia por todo este territorio, que utilizaban los alemanes para la fabricación de botones, peinillas de cabello, peinetas y hasta accesorios de cocina. No se cultivaba (la explotaban gamonales tipo feudal como Eusebio Campillo que, entre sus caprichos de mandamás y matón, cobraba derecho de pernada a los trabajadores que se unían a las mujeres jóvenes del lugar de su jurisdicción, y por eso se hizo famoso pero que por derrochón y no guardar “pan pa’ mayo” murió en la absoluta inopia, al acabarse la comercialización del corozo).

Eran elementos naturales que explotaban por extracción de la naturaleza de nuestras selvas tropicales. Era un tráfico sin control. Aprovechaban el descubrimiento de los alemanes, en el periodo de entreguerras, para la fabricación de botones y platos muy bien elaborados con dicho producto, procesado. Su decadencia llegó con la caída de los alemanes y cuando se hicieron populares los derivados del petróleo que hoy tienen los océanos llenos de plásticos.

Iván, documentado de toda esta historia y de los problemas ambientales, empezó una tarea de promoción de esta palma en Chigorodó, promoviendo su siembra, como planta ornamental y con la intensión de crear sentido de pertenencia por una importante planta nativa con fines artesanales y que, sin embargo, puede tener otras aplicaciones cultivada con proyecciones industriales propiciando trabajo a los aborígenes y campesinos de nuestro territorio.

Reitero, Iván se graduó en la universidad Luis Amigó en pedagogía para muchachos emergentes. Luego, investigando con su espíritu de filosofía socrática preguntando por el qué, de qué, para qué y por qué de las cosas y los asuntos del ser humano se le alborotó el cotarro del sentido artístico, el de historiador, emprendedor, escritor y poeta. Así creció nuestra amistad en tertulias dispersas y un día se apareció con el primer número de una hoja cultural y poética con el nombre de La tagua, que, hasta donde me doy cuenta va por el número 137. La hoja de tagua empezó a circular entre amigos y en el colegio donde impartía sus clases, en Chigorodó. Era en sus inicios una hoja de tamaño oficio tecleada a máquina de escribir y donde mezclaba asuntos de la cultura popular tales como leyendas y reseñas de personajes de la localidad como la leyenda de Juana Pío, la vaca negra de Impancay, el Caño La cotorra, lámpara y la historia de Conejo, un profesor de inglés que se volvió habitante de la calle y que recogió una comunidad religiosa. Era la década de los años entre 1988 y 1995

Graciano, es un investigador de raíces tradicionales y de asuntos pedagógicos en las aulas, de ello dan testimonio los concursos que ha merecido como tributo a su trabajo perseverante en muchos campos del folclor, y hasta de raíces etimológicas en el campo de sus estudios sobre la caracterización de los cordobeses, denominados chilapos, una asignación que identifican a los habitantes procedentes de dicho territorio, en su mayoría, para identificar una procedencia zenùes con mezcla de katios.  Esta designación la toman unos como peyorativo y la mayoría como signo de identidad de un asunto antropológico ancestral. De ello da fe un ensayo, producto de sus investigaciones, que ha venido construyendo como un aporte a la cultura de nuestra región.

Son sus experiencias de profesor que lo llevaron a ser promotor cultural en el municipio de la Estrella.  Ha creado procesos culturales tendientes a destacar la labor de los artistas siderenses, a tal punto creó los premios Tagua y la Corporación Manchas de Jaguar donde maneja un taller de creatividad literaria y por supuesto los premios Tagua con el doble propósito de promocionar a los artistas y creadores siderenses y despertar el interés por la palma del MARFIL VEGETAL, planta endémica de la región de Urabá y parte de las vertientes del Nudo del Paramillo.

Este artista y profesor ha desarrollado investigaciones en gastronomía de la región como elemento de la creatividad de la cocina campesina. Con libro de por medio testimoniando la experiencia en su libro antológico Caldero de historias

Además, tiene un taller donde enseña el trabajo manual con este corozo o piedra de marfil vegetal, a su vez, promueve el uso artesanal del producto de esta palma que los aborígenes denominan como antà.

A este punto, de características ecológico ambientales y de industria artesanal destaco el trabajo de concienciación que ha venido realizando este hombre, ya, desde hace más de treinta años, dándole vigencia a una palma nativa con proyecciones futuras de sustituto de ciertos derivados del petróleo, de manera tal que sustituya el plástico puesto que es biodegradable, además que con su cultivo dirigido agropecuariamente propicia el incremento pulmonar de la tierra, puesto que requiere de acompañamiento de otros árboles que le den mediana sombra.

Como de diferente forma ya lo dije, en ese proceso de investigación, pedagogía, creatividad y emprendimiento Iván, se ha ganado varios apoyos del Instituto Departamental de Antioquia y del Ministerio de Cultura para publicar sus libros tras sus proyectos propuestos a dichas instituciones y entre ellos: Caminos de la Memoria Cantos (poemas), Entre tizas y lápices: cuentos cortos para leer en el recreo (Pedagógicos), Antología de taller: Cocuyos de colores. Por los caminos del jaguar y la anaconda Cantos de Candré, el libro de las gastronomías campesinas del municipio San Juan de Urabá.

Cabe recordar que la tagua se fue extinguiendo de los llanos de la región de Urabá debido a la cultura de la quema para los sembradíos de pan coger de nuestros campesinos. Aún quedan vestigios en las laderas del pie de monte de Abibe y algunas vertientes del Paramillo.

Graciano, en esta labor se ha empeñado en patrocinar y estimular la siembra de esta palma en parques de Chigorodó y en los otros municipios de la región, mereciéndose el respeto y admiración de nuestros coetáneos. Algunos lo denominan el Señor de la tagua.