Como es imposible acabarlas, al menos por ahora, entonces que se sometan a una completa cirugía, pero hay que salir a su rescate.
Por: Wilmar Jaramillo Velásquez/Opinión/ El Pregonero del Darién
En lo único en que he estado de acuerdo con el
político Germán Vargas Lleras, es en que las corporaciones regionales son un
antro de politiquería y de corrupción. Los gobiernos simplemente pasan y pasan
y, como hacen parte de ese entorno de degradación del cual sacan grandes réditos
electorales, entonces no se inmutan, ni se dan por enterados, simplemente miran
para el otro lado. Lo mismo hace el Congreso de la República, allí se ha enquistado
un valioso botín de sus cuotas políticas.
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| Wilmar Jaramillo Velásquez |
Sobre los hechos de corrupción y politiquería en estas
instituciones se ha derramado suficiente tinta, basta con hacer clip en internet
para apreciar juiciosos estudios e investigaciones de prestigiosas universidades,
pronunciamientos de respetables personalidades y hasta de los entes de control que
tampoco han querido aplicar los correctivos de ley, justamente por la condición
fortines políticos que han adquirido.
El señor presidente Gustavo Petro no es ajeno a esta situación,
en sus recorridos por el país pudo escuchar de fuentes de primera mano, escabrosas
historias de como juegan allí con lo público y como abandonaron hace mucho rato
la misión de cuidar nuestros recursos naturales.
Al señor presidente le estamos pidiendo mucho en poco
tiempo, sabemos que está concentrado en temas álgidos, pero estamos seguros que
estos santuarios de la corrupción serán intervenidos de fondo en este gobierno.
La compra de la reelección de las cabezas de estas corporaciones
apunta contratos con los recursos públicos, la cooptación del poder interno por
medio de dádivas y gabelas es evidente, seguida del abandono a su suerte de la
verdadera misión ambiental
Solamente en Urabá, basta con mirar como se destruyen
humedales para sembrar banano, como se talaron las cuentas altas y medias de
los ríos, como la minería ilegal llegó hasta las barbas de Corpourabá, en medio
de un silencio administrativo que espanta.
Como ahora el término acuñado es construir sobre lo
construido bien, que no eliminen las corporaciones que sería lo correcto,
borrón y cuenta nueva, entonces que sean sometidas a una alta cirugía para adaptarlas
al nuevo modelo del gobierno, fundamentado en lo ambiental, en el cambio climático,
a retomar su labor misional que justamente la politiquería les hizo abandonar.
De acuerdo con reportes de prensa y opiniones independientes,
ya en Corpourabá comenzaron a aceitar la maquinaria para la elección de nuevo director
de la Corporación en octubre próximo y, ya hay un ambiente enrarecido, dicen
estas mismas opiniones que, ya el nuevo funcionario está prácticamente estaría elegido y obedecería a las manipulaciones
del hoy embajador en Washington, Luis Gilberto Murillo y que su pupilo sería el
señor Teófilo Cuesta Borja, un ex directivo de Codechocó, justamente una de las
regiones más depredadas desde lo ambiental en Colombia y desde donde
salen a diario las caravanas de tracto
camiones cargadas de madera por la zona de Bajirá.
De cumplirse este vaticinio, quedaría comprobada la clase
de alcantarilla en que han convertido estas entidades públicas y, se
ratificaría la urgencia de llevarlas al quirófano para someterlas a la intervención
urgente que requieren, antes que la metástasis las termine de aniquilar.
Urabá-febrero/del 2023.

