martes, 21 de febrero de 2023

Corporaciones en descomposición permanente

Como es imposible acabarlas, al menos por ahora, entonces que se sometan a una completa cirugía, pero hay que salir a su rescate.

Por: Wilmar Jaramillo Velásquez/Opinión/ El Pregonero del Darién

En lo único en que he estado de acuerdo con el político Germán Vargas Lleras, es en que las corporaciones regionales son un antro de politiquería y de corrupción. Los gobiernos simplemente pasan y pasan y, como hacen parte de ese entorno de degradación del cual sacan grandes réditos electorales, entonces no se inmutan, ni se dan por enterados, simplemente miran para el otro lado. Lo mismo hace el Congreso de la República, allí se ha enquistado un valioso botín de sus cuotas políticas.

Wilmar Jaramillo Velásquez

Sobre los hechos de corrupción y politiquería en estas instituciones se ha derramado suficiente tinta, basta con hacer clip en internet para apreciar juiciosos estudios e investigaciones de prestigiosas universidades, pronunciamientos de respetables personalidades y hasta de los entes de control que tampoco han querido aplicar los correctivos de ley, justamente por la condición fortines políticos que han adquirido.

El señor presidente Gustavo Petro no es ajeno a esta situación, en sus recorridos por el país pudo escuchar de fuentes de primera mano, escabrosas historias de como juegan allí con lo público y como abandonaron hace mucho rato la misión de cuidar nuestros recursos naturales.

Al señor presidente le estamos pidiendo mucho en poco tiempo, sabemos que está concentrado en temas álgidos, pero estamos seguros que estos santuarios de la corrupción serán intervenidos de fondo en este gobierno.

La compra de la reelección de las cabezas de estas corporaciones apunta contratos con los recursos públicos, la cooptación del poder interno por medio de dádivas y gabelas es evidente, seguida del abandono a su suerte de la verdadera misión ambiental

Solamente en Urabá, basta con mirar como se destruyen humedales para sembrar banano, como se talaron las cuentas altas y medias de los ríos, como la minería ilegal llegó hasta las barbas de Corpourabá, en medio de un silencio administrativo que espanta.

Como ahora el término acuñado es construir sobre lo construido bien, que no eliminen las corporaciones que sería lo correcto, borrón y cuenta nueva, entonces que sean sometidas a una alta cirugía para adaptarlas al nuevo modelo del gobierno, fundamentado en lo ambiental, en el cambio climático, a retomar su labor misional que justamente la politiquería les hizo abandonar.

De acuerdo con reportes de prensa y opiniones independientes, ya en Corpourabá comenzaron a aceitar la maquinaria para la elección de nuevo director de la Corporación en octubre próximo y, ya hay un ambiente enrarecido, dicen estas mismas opiniones que, ya el nuevo funcionario está prácticamente  estaría elegido y obedecería a las manipulaciones del hoy embajador en Washington, Luis Gilberto Murillo y que su pupilo sería el señor Teófilo Cuesta Borja, un ex directivo de Codechocó, justamente una de las regiones más depredadas desde lo ambiental en Colombia y desde  donde  salen a  diario las caravanas de tracto camiones  cargadas de  madera por la zona de Bajirá.

De cumplirse este vaticinio, quedaría comprobada la clase de alcantarilla en que han convertido estas entidades públicas y, se ratificaría la urgencia de llevarlas al quirófano para someterlas a la intervención urgente que requieren, antes que la metástasis las termine de aniquilar.

Urabá-febrero/del 2023.