miércoles, 8 de febrero de 2023

Un periodismo postrado de rodillas

De rodillas ante políticos delincuentes, ante empresarios descompuestos, de rodillas ante la mentira y el dinero sucio.

Por: Wilmar Jaramillo Velásquez/Opinión/El Pregonero del Darién

El grotesco acto protagonizado por el exsenador de la república Julián Bedoya, ante un numeroso grupo de periodistas, justamente en la semana en que se conmemora el día clásico de los comunicadores, es una afrenta más contra este desprestigiado gremio.

Wilmar Jaramillo Velásquez

En el dantesco espectáculo público se ve cómo el corrompido poder político, compra y manipula la prensa, como a dos manos entrega bonos y tabletas, ofrece buena mesa y hasta concierto vallenato a un gremio que prefirió postrarse de rodillas ante sus patronos de siempre, entregar las banderas de la decencia y “mezclarse en el mismo lodo, todos manoseados”, como dice el viejo tango.

Uno impávido, observando esa feria de mercaderes de la información a carcajada abierta recibiendo las prebendas, esperando que siquiera uno solito se rebelara contra esa ignominia, rechazara ese concierto de la infamia contra la prensa y nuestras libertades viniendo del detestable capo de la política regional, pero no, no fue posible encontrar allí un solo hombre o una mujer que respondiera por la poca decencia que les queda a los periodistas en este país.

Julián Bedoya representa el delito de frente, sin tapujos, así ha actuado desde la época en que se embolsilló la pistola cuando era cadete de la Policía, allí aprendió hacer trampas, a saltar los códigos de ética, el penal y todo lo que le huela a justicia, esa justicia que no muerde sino a los descalzos como dijo Eduardo Galeano.

Ni su título de abogado fraudulento, donde cayó la cúpula de la Universidad de Medellín, pero él se mantuvo firme como un roble, ni en otro de los delitos que le imputan resulta afectado, y sale con una poderosa maquinaria a conquistar la gobernación de Antioquia por la puerta grande, con una recua de periodistas rodilleros comprados para que laven su sucio pasado. Esos periodistas son su gran avanzada.

Cuando uno ve a Julián Bedoya, dueño absoluto de la Contraloría de Antioquia, cuando lo ve posando con su padrino político César Gaviria, cuando lo ve intentando incluso arroparse con la sombrilla del Pacto Histórico, no solamente entiende la degradación a la que llegamos, sino el origen de la impunidad que lo protege y lo que nos espera con este personajillo como mandatario de los antioqueños.

Amargo Día del periodista bajo estos antecedentes, amargo bajo el comportamiento de periodistas y medios como Semana, El Colombiano, El Tiempo, RCN, Caracol, Blu Radio o la FM, entre muchos otros, aliados del gran capital para destruir cualquier asomo de cambio que medio favorezca a unas amplias mayorías golpeadas por décadas. Mentir y mentir de frente, sin sonrojarse se volvió el pan de cada día.

Y como si algo faltara la ONG (Fundación para la Libertad de Prensa (Flip) se unió a este coro anti cambio, anti gobierno, un gobierno nacido en el más complejo proceso democrático que al menos deberían respetar; y todas estas actuaciones y aberraciones las hacen y las predican en nombre de la libertad y la democracia, claro la libertad y la democracia de ellos, la que construyeron a punta privilegios para ellos, porque la de los demás les importa un comino.

A todo este oprobio se suma la familia Gilinski con su poderoso capital, apuntalado por jeques árabes, para comprar los medios de comunicación a su alcance y su medida, ponerlos a favor de su imperio económico y volcarlos contra los cambios que plantea el actual gobierno, añadiendo suspicaces invitaciones a un golpe de estado, al lado de la extrema de derecha colombiana.

Día amargo para el periodismo postrado de rodillas al gran capital, a empresarios inescrupulosos, a políticos ladrones, pero también día dulce para aquellos héroes que se mantienen firmes ante su profesión y que aún sobreviven con sus miserables ingresos, sin optar por venderle el alma al dinero sucio de los corruptos.

Por mi parte, yo no tengo nada que celebrar, madrugaré a trabajar como siempre, a seguir arando en el desierto de la incomprensión, sin importarme que muchos de mis colegas naden en dinero y privilegios, estoy seguro que no duermen tranquilos, ni pueden mirar a la cara a sus hijos; sus conciencias apestan, hieden como los falsos dioses que ayudan a construir a diario con sus mentiras.

Carepa Antioquia/febrero/9/2023