De rodillas ante políticos delincuentes, ante empresarios descompuestos, de rodillas ante la mentira y el dinero sucio.
Por: Wilmar Jaramillo Velásquez/Opinión/El Pregonero del Darién
El grotesco
acto protagonizado por el exsenador de la república Julián Bedoya, ante un
numeroso grupo de periodistas, justamente en la semana en que se conmemora el
día clásico de los comunicadores, es una afrenta más contra este desprestigiado
gremio.
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| Wilmar Jaramillo Velásquez |
En el dantesco
espectáculo público se ve cómo el corrompido poder político, compra y manipula
la prensa, como a dos manos entrega bonos y tabletas, ofrece buena mesa y hasta
concierto vallenato a un gremio que prefirió postrarse de rodillas ante sus patronos
de siempre, entregar las banderas de la decencia y “mezclarse en el mismo lodo,
todos manoseados”, como dice el viejo tango.
Uno impávido,
observando esa feria de mercaderes de la información a carcajada abierta
recibiendo las prebendas, esperando que siquiera uno solito se rebelara contra
esa ignominia, rechazara ese concierto de la infamia contra la prensa y nuestras
libertades viniendo del detestable capo de la política regional, pero no, no fue
posible encontrar allí un solo hombre o una mujer que respondiera por la poca decencia
que les queda a los periodistas en este país.
Julián
Bedoya representa el delito de frente, sin tapujos, así ha actuado desde la época
en que se embolsilló la pistola cuando era cadete de la Policía, allí aprendió hacer
trampas, a saltar los códigos de ética, el penal y todo lo que le huela a justicia,
esa justicia que no muerde sino a los descalzos como dijo Eduardo Galeano.
Ni su
título de abogado fraudulento, donde cayó la cúpula de la Universidad de
Medellín, pero él se mantuvo firme como un roble, ni en otro de los delitos
que le imputan resulta afectado, y sale con una poderosa maquinaria a conquistar la
gobernación de Antioquia por la puerta grande, con una recua de periodistas rodilleros
comprados para que laven su sucio pasado. Esos periodistas son su gran
avanzada.
Cuando
uno ve a Julián Bedoya, dueño absoluto de la Contraloría de Antioquia, cuando
lo ve posando con su padrino político César Gaviria, cuando lo ve intentando
incluso arroparse con la sombrilla del Pacto Histórico, no solamente entiende
la degradación a la que llegamos, sino el origen de la impunidad que lo protege
y lo que nos espera con este personajillo como mandatario de los antioqueños.
Amargo Día
del periodista bajo estos antecedentes, amargo bajo el comportamiento de periodistas
y medios como Semana, El Colombiano, El Tiempo, RCN, Caracol, Blu Radio o la
FM, entre muchos otros, aliados del gran capital para destruir cualquier asomo
de cambio que medio favorezca a unas amplias mayorías golpeadas por décadas. Mentir
y mentir de frente, sin sonrojarse se volvió el pan de cada día.
Y como
si algo faltara la ONG (Fundación para la Libertad de Prensa (Flip) se unió a este
coro anti cambio, anti gobierno, un gobierno nacido en el más complejo proceso democrático
que al menos deberían respetar; y todas estas actuaciones y aberraciones las hacen
y las predican en nombre de la libertad y la democracia, claro la libertad y la
democracia de ellos, la que construyeron a punta privilegios para ellos, porque
la de los demás les importa un comino.
A todo
este oprobio se suma la familia Gilinski con su poderoso capital, apuntalado
por jeques árabes, para comprar los medios de comunicación a su alcance y su
medida, ponerlos a favor de su imperio económico y volcarlos contra los cambios
que plantea el actual gobierno, añadiendo suspicaces invitaciones a un golpe de
estado, al lado de la extrema de derecha colombiana.
Día
amargo para el periodismo postrado de rodillas al gran capital, a empresarios
inescrupulosos, a políticos ladrones, pero también día dulce para aquellos héroes
que se mantienen firmes ante su profesión y que aún sobreviven con sus
miserables ingresos, sin optar por venderle el alma al dinero sucio de los
corruptos.
Por mi parte, yo no tengo nada que celebrar, madrugaré a trabajar como siempre, a seguir arando en el desierto de la incomprensión, sin importarme que muchos de mis colegas naden en dinero y privilegios, estoy seguro que no duermen tranquilos, ni pueden mirar a la cara a sus hijos; sus conciencias apestan, hieden como los falsos dioses que ayudan a construir a diario con sus mentiras.
Carepa
Antioquia/febrero/9/2023

