domingo, 14 de junio de 2020

En Carepa se apagó El Viejo Tonel

El Viejo Tonel se acostó como una de las tabernas más movidas de este municipio y la pandemia lo despertó convertido en una tienta mixta. Ya no ondean las banderas de Colombia, ni reverdece el verde del Nacional en la tradicional esquina. 


Este es El Viejo Tonel, el de los buenos momentos 

Crónicas del Camino: 
Wilmar Jaramillo Velásquez 
EL PREGONERO DEL DARIÉN 

Hace diecinueve años a Diana González Giraldo se le ocurrió montar una taberna en el primer piso de su lugar de residencia en pleno corazón de Carepa, a una cuadra de la alcaldía, su nombre: Fonda El Viejo Tonel. 

Muy pronto se convertiría en el lugar preferido para la tertulia, la buena música y hasta el baile, le agregaron uno de los ingredientes más populares para los colombianos, el fútbol: fueron instaladas vistosas pantallas de TV y allí se congregaban principalmente los hinchas del Nacional, acompañados de enormes banderas verdes, que se mezclaban con la euforia de la hinchada. 


Hoy el panorama es otro muy diferente. 

En segundo lugar, la devoción por la Selección Colombia, desde allí hacían seguimiento a los partidos del seleccionado patrio, jugara donde jugara y fuesen cuales fuesen sus resultados. El tricolor nacional ondeaba airoso en esa equina. 

El Viejo Tonel era el sitio de encuentro de la clase media de Carepa, pero también recibía seguidores de todo el eje bananero, eran muchas las citas de a amor, de negocios o simplemente para compartir unos tragos o celebrar el cumpleaños de un amigo o de una amiga, que allí se daban. 

Diana ha sido recursiva, en su taberna, celebraba a manera de réplicas, la Feria de las Flores de Medellín, o el Festival Vallenato de Valledupar, el Carnaval de Barranquilla, decoraba el lugar de una manera llamativa para cada festividad; también había espacio para la Navidad con vistosas luces o para el día del padre o de la madre. Siempre había un motivo para ir al Viejo Tonel. 


Una tienda ocupa el lugar de la tradicional taberna. 

Así transcurrieron diecinueve años de trajín, en medio luces, licores música y bailes, el Viejo Tonel parecía hecho para envejecer de verdad, al calor de la fidelidad de sus clientes, pero una sorpresa que nadie había imaginado estaba por llegar. 

Y…llegó, la primera estocada mortal la recibiría un 17 de marzo del año en curso, cuando por razones de la pandemia originada por el avance del Covid-19, el gobierno local inició una serie de restricciones a este tipo de establecimientos, las cuales se fueron extendiendo, prolongando indefinidamente y ya hoy tres mes después, el Viejo Tonel vio que agonizaba, aún no sabe si su cese será definitivo o transitorio. Lo único real es que la esquina de la alegría, la de los viejos recuerdos, la de la buena música, la de los buenos tragos, la del fútbol, se ha silenciado. 

Diana González Giraldo resguardada tras un tapabocas, sello indeleble de la pandemia en los humanos, detrás de su mostrador, ahora tendera, dice con marcado optimismo: “No sé si el Tonel se irá para siempre, pero esta pandemia va para largo, si esto funciona como tienda y estanquillo, me quedaré así y le diré adiós al Viejo Tonel, si no, y se dan otras condiciones para volver con el viejo negocio, pues lo haré” 



Resguardada tras el tapabocas, sello indeleble de la pandemia 
en los humanos, Diana se dispone a enfrentar un nuevo reto. 

Diana sigue siendo recursiva y optimista, al mal tiempo le pone buena cara, sentada en el balcón de su casa, meditando, sobre el futuro de su actividad laboral, se le iluminó el pensamiento y se dijo para sí misma, que lo único que la gente estaba comprando sin aplazamiento alguno en la pandemia era comida. Todo lo demás se podía posponer.

Sin darle muchas vueltas al asunto, arrumó sillas, mesas, recogió envases, empacó botellas, guardó la música y comenzó a llenar los estantes que antes ocupaban el whisky, el ron, los vinos, el aguardiente y las cervezas, por frascos de aceite de cocina, panelas, azúcar, papel higiénico, enlatados y de todo un poquito, como funciona una tienda mixta y de la noche a la mañana hizo la conversión de su negocio. Nunca se da por vencida. 

Hoy los clientes del Viejo Tonel, miran incrédulos, asombrados las transformación de lo que fue por muchos años su lugar de encuentro. 


Las medidas de bioseguridad se extienden por todas partes. 

Pero Diana no es la única que ha tenido que evolucionar a la fuerza con su negocio por culpa de la pandemia que hace estragos en el comercio, más adelante del Viejo Tonel, funcionaba una de las discotecas más movidas de Carepa, El Angar, hoy convertida en una vistosa legumbrería y por el mismo camino, otra discoteca de la llamada Zona Rosa, es hoy una venta de comidas rápidas. 


A los comerciantes les exigen instalar un lavamos en
 sus negocios. El paisaje urbano también va cambiando. 

Otros, especialmente restaurantes y vendedores de comidas rápidas, intentan sobrevivir al desplome de sus negocios por medio de la distribución a domicilio y con horarios restringidos. 

Este panorama se repite por todo el país, los emprendedores luchando a brazo partido para mantener a flote sus ingresos, al tiempo que el desempleo se dispara, ya bordea al 20%. 

Otros buscan la forma de cumplir con los requisitos de bioseguridad para poder atender al público, mascarillas, caretas, tapabocas, gel, lavamanos, están en listado de los comerciantes y otros tantos debieron hasta sellar parte de sus asientos, para mantener el aislamiento social. 

Tienen razón quienes dicen que el mundo no será el mismo luego de superada la pandemia, los cambios serán enormes en todas las actividades y muchos serán los oficios y negocios que perecerán absorbidos por las nuevas transformaciones. 


El distanciamiento social se hace cada vez más
 notorio y las medidas se extreman. 

Carepa-Antioquia-Junio de-2020.