En este contexto no puede pretender el presidente poner queso en una trampa a un ratón y esperar que este no salga de su madriguera.
Por: Manuel Saturio Parra
Especial para
EL PREGONERO DEL DARIÉN
Héctor Abab Gómez, el mayor referente en materia de Salud Pública de los Antioqueños e incluso de los Colombianos desde mi perspectiva, debe de estar revolcándose en su tumba, y me parece escuchar en medio de mis afujías y desconsuelo el rechinar de dientes de los salubristas en todo el territorio nacional, en las actuales circunstancias me permito decirles que su guayabo es el de todos los que trabajamos o hemos trabajado en el sector e incluso el de muchos ciudadanos entendidos en la materia o de quienes simplemente tienen conciencia de la grave situación que afrontamos con relación a la pandemia por COVID - 19, los mismos que hoy sentimos dolor de patria.
Al menos en esto me gustaría que coincidiéramos todos los ciudadanos, libre de posiciones políticas y más allá de fanatismos, y es que “hijuepucha” irresponsabilidad la cometida con el DÍA SIN IVA en plena pandemia por COVID - 19 por el gobierno nacional; incoherencia total y como dicen en mi pueblo “parece un domingo en mitad de semana”, una política económica desprovista de análisis en salud pública que nos saldrá bien costosa.
En este contexto, no tienen lugar los argumentos falaces que depositan la responsabilidad de manera directa en los comerciantes y la ciudadanía en general, puesto que para el caso concreto existen cuando menos tres niveles de responsabilidad que considero importante, primero la responsabilidad estatal, que debió establecer las políticas en coherencia con la actual emergencia y teniendo en cuenta las diferentes variables entre las que no se pueden desconocer la falta de cultura ciudadana ampliamente documentada, así como la necesidad de los comerciantes de recuperarse de las pérdidas económicas propias de las medidas de emergencias decretadas, por poner unos ejemplos.
Por otra parte, una responsabilidad que denomino social, que está en cabeza de los entes de control, organizaciones no gubernamentales y las organizaciones sociales y políticas que debieron oponerse porque que no estaban dadas las condiciones y que esta política económica suponía un riesgo, y por último, la responsabilidad individual, entiendo que la ciudadanía no debió salir de sus casas en tanto no había como respetar cuando menos el distanciamiento social, era previsible que como estaban las cosas y entendiendo el retraso tecnológico del país que todo ocurriera de esta manera.
No se trata de “Ver el mundo arder” pero debo decir que se peló el gobierno, y es el mayor responsable de lo ocurrido, puesto que no es momento de improvisaciones, porque lo que se encuentra en juego son vidas humanas, y aunque los medios de comunicación nacional minimicen el horror propio de esta decisión tan inconveniente que en nada ayuda a la construcción de esa cultura ciudadana tan anhelada y que por el contrario supone un retroceso con relación a los avances logrados.
En este contexto no puede pretender el presidente poner queso en una trampa a un ratón y esperar que este no salga de su madriguera, sin ánimos de ser ofensivo; basta ver las fotos y videos que evidencian los centros comerciales abarrotados hasta ya no poder, en medio de semejante desbarajuste nuestra racionalidad queda ampliamente cuestionada como organización socio política y de manera individual, puesto que la ciudadanía debió abstenerse en caso de no contar con las condiciones de salubridad, priorizando la salud y la vida.
Lo peor de todo es que la actual emergencia no ha pasado, con las medidas tomadas solo hemos logrado aplazar lo inevitable y con decisiones como la de hoy estamos echando a la borda más de 3 meses de sacrificio, es fundamental que la curva siga aplanada y que no alcancemos picos en territorios como el Urabá, donde la capacidad de respuesta en salud es limitada y la red de urgencias se colapsa con la atención de tres peludos (sarcasmo), siendo esta la realidad de gran parte del territorio nacional.
Por tanto es necesario evaluar la pertinencia de dar continuidad a esta política económica denominada DÍA SIN IVA, o cuando menos, ajustarla de tal forma que suponga un menor riesgo y se puedan garantizar el distanciamiento social y el cumplimiento de los protocolos de bioseguridad.
