domingo, 7 de junio de 2020

Están matando el estado de derecho

Saltarse a los brincos la institucionalidad, se ha vuelto el pan de cada día por parte del gobierno nacional y, ese matrimonio incestuoso entre ejecutivo y fiscal, terminará por desmoronar nuestra frágil democracia. 


Por: Wilmar jaramillo Velásquez
Columnista/EL PREGONERO
DEL DARIÉN

Por estos días la clase política fue sacudida, por la orden de captura en contra del gobernador de Antioquia Aníbal Gaviria Correa, un hombre carismático, que goza de gran favorabilidad entre sus electores, más no por ello intocable y excepto de ser arropado por la justicia. 

Voces desde todas las orillas, recolección de firmas y comunicados de gremios y partidos, sumados a un oportunismo popular para alabar y congraciarse con el sindicado, son la comidilla en este platanal en que se ha convertido la política en Colombia. 

El problema radica en que las tres instituciones más importantes del país, para el control y sanción del delito, cada partido de gobierno las ha convertido en su policía política, es así como la Procuraduría General de la Nación, la Contraloría y más peligroso aún, la Fiscalía, son brazos políticos de gran impacto, cuando son usados para sacar del ring al oponente que no lograron vencer en las urnas. 

Citaremos algunos casos puntuales: el entonces alcalde mayor de Bogotá, Gustavo Petro, el actual gobernador del Magdalena, Carlos Caicedo, Rodolfo Hernández, ex alcalde de Bucaramanga, el ex alcalde de Cali Maurice Armitage, el ex gobernador de Nariño Camilo Romero, y ya está en la mira, con grandes probabilidades de destruirla políticamente la alcaldesa de Bogotá, Claudia López. 

Montarle procesos a estos personajes, construirles pruebas, armar testigos, inhabilitarlos, sancionarlos, aplicarles multas impagables, acosarlos judicialmente, no dejarles espacio para gobernar, ponerlos todo el tiempo a defenderse es la estrategia. 

Esto ocurre acá, mientras las grandes investigaciones contra poderos delincuentes de cuello blanco duermen el sueño de los justos, son archivadas, se dejan a la espera del vencimiento de términos para absolverlos disimuladamente sin siquiera llevarlos a juicio. Estos procesos son dilatados por carteles de abogados, expertos en moverse fácilmente por los entornos de los carteles de la toga. 

Investigar y acorralar al denunciante es otra estrategia perversa y criminal para arrinconar a la sociedad y llevarla a no denunciar, cuando no es que son asesinados. 

La aberración no es que la Fiscalía lleve a juicio al señor Gaviria, la sospechosa actitud es que esperen quince años para hacerlo, que esperen a que presente su nombre a la gobernación de Antioquia y una vez se posesione y, en plena pandemia le caigan como buitres, un proceso que tenía todos los ingredientes jurídicos para resolverlo hacía muchos años. Es ahí está el aguijón ponzoñoso de la justicia. 

La Fiscalía ha sido convertida en la prostituta del poder político, mientras actué con esa actitud de ramera y perdonarán las rameras, Colombia no tendrá justicia, sin justicia no hay paz, no habrá estado social de derecho del que tanto se ufanan, seremos siempre un estado fallido, con la capacidad incluso de legislar para beneficiar a un delincuente, en medio de la vergüenza mundial. 

Ojalá que esos sectores que hoy han puesto el grito en el cielo por la medida en contra del gobernador de Antioquia, hubiesen movido un solo dedo, cuando tenían en el horno a Gustavo Petro o mientras le meten a las barbas al horno a los otros ya citados. “Primero se llevaron a los obreros, pero yo no dije nada porque yo no era obrero, ahora me llevan a mí, dice por ahí un poema. 

El caso de Aníbal Gaviria ha sido removido y manipulado por pesos pesados de la política, será una pelea por todo lo alto del poder nacional, independiente de su responsabilidad en los hechos que le imputan. Es una actitud oscura y sospechosa de la Fiscalía, movida por gente extremadamente poderosa y peligrosa. 

En conclusión, están asesinado en nuestras narices lo que queda de este enclenque estado de derecho, ya el ejecutivo pisoteando la Constitución y la Ley, pasando por el encima del Congreso y de las cortes, autorizó el ingreso de tropas extranjeras a territorio colombiano y se muere de risa en la televisión contando lo que para él es un simple chiste.

Urabá-junio de 2020.