En
todo caso, estos hechos abrieron el debate sobre la participación de militares
y policías en política. ¿Hasta dónde tienen derecho a exponer sus opiniones
políticas los militares y exmilitares?
Juan
Esteban Ugarriza*/Razón pública/Análisis de la noticia
Dos
actuaciones partidistas
Un grupo de reservistas y un general activo tomaron posiciones públicas respecto de los candidatos presidenciales. ¿Cómo se explican estas intervenciones y hasta dónde se deben permitir en una democracia?
Esta
semana tuvieron lugar dos hechos que involucran a militares y policías en la
campaña electoral:
El
18 de abril, un grupo de reservistas encabezado por el general (r) y
exnegociador de paz Jorge Enrique Mora anunció que apoyará la campaña de
Federico Gutiérrez. En su comunicado sobre el particular, el grupo se
compromete “como nunca a participar decisivamente para hacer realidad la
victoria” del candidato.
Unos
días después, el general Eduardo Zapateiro contestó un tuit de Gustavo
Petro según el cual “algunos de los generales [del Ejército] están en la nómina
del Clan [del Golfo]”. Zapateiro replicó que “a ningún general he visto en
televisión recibiendo dinero mal habido. Los colombianos lo han visto a usted
recibir dinero en bolsa de basura”. El episodio que menciona el general ya
había sido puesto en conocimiento del Consejo Nacional Electoral y de la Corte
Suprema de Justicia, pero ambas instituciones archivaron sus investigaciones y
afirmaron que “el dinero recibido por el congresista tuvo origen lícito”.
En
todo caso, estos hechos abrieron el debate sobre la participación de militares
y policías en política. ¿Hasta dónde tienen derecho a exponer sus opiniones
políticas los militares y exmilitares?
La
ideología militar
Una
vez retirados del servicio, los militares y policías pueden expresar con
libertad y de manera pública sus opiniones y preferencias políticas.
Pero
es un error pensar que estas personas comienzan su vida política a partir del
momento de dejar el uniforme. No existe el uniformado apolítico. Policías y
militares, activos o no, tienen opiniones, y su quehacer en temas de seguridad
y defensa está impregnado de un carácter y un sentido ideológico.
Nuestros
estudios en la Universidad del Rosario muestran que los soldados que
participaron en el conflicto armado abrazaban el discurso anticomunista y que
su entrenamiento y su vida en la institución los llevaban a asumir actitudes de
aversión hacia la izquierda democrática. Reconocer que los militares peleaban
una guerra en defensa de la Constitución y la ley, pero también una guerra
ideológica, es fundamental para entender la relevancia de sus opiniones una vez
que han dejado el uniforme.
En
época de elecciones, las opiniones de los uniformados tienen un eco especial
dentro y fuera de las instituciones militares y policiales. Aunque los activos
mantienen estas opiniones en secreto y algunos retirados las hacen públicas, en
ambos casos se da un debate político entre los soldados o policías, que a
menudo se extiende a sus familias.
Aunque
la voz de los retirados no constituye la posición oficial de los activos,
claramente es el resultado de su vida como parte de una organización con sus
propias demandas, ideologías y aspiraciones. Durante años, los uniformados se
entrenan para defender un corpus ideológico, compuesto de valores y símbolos
como el honor, el patriotismo, el orden, Dios, la familia, la bandera y la
Constitución. Es imposible abandonar de un momento a otro estos valores y
símbolos que han sido ratificados durante tanto tiempo.
Cuándo
dejaron de opinar los uniformados
Recién
nacida la República, en el siglo XIX, los políticos y acaudalados se asignaban
a sí mismos rangos militares, de modo que los mandos militares casi siempre
eran líderes políticos.
La
adopción de la carrera militar y policial, ya en el siglo XX, resultó del
acuerdo entre los partidos liberal y conservador para restablecer la paz entre
ellos y dotar al país de una Fuerza Pública relativamente neutral. Pero la
expansión mundial del discurso anticomunista en el contexto de la Guerra Fría caló
con rapidez entre las fuerzas militares colombianas.
"Policías
y militares, activos o no, tienen opiniones, y su que hacer en temas de
seguridad y defensa está impregnado de un carácter y un sentido ideológico"
La
dictadura del general Rojas Pinilla (1953-1957) promovió activamente la
inclusión en la doctrina militar de la defensa de la civilización cristiana, la
democracia y los valores occidentales, en contraposición a la amenaza del
comunismo ateo, apátrida y esclavizante. Bajo el Frente Nacional que sucedió a
la dictadura se mantuvo la defensa de esos valores por parte de los militares
en el terreno militar, pero no en el político. En 1958, el presidente Alberto
Lleras les advirtió a los miembros de las fuerzas militares que no debían
participar en el debate público y que, a cambio, tendrían todo el apoyo del
Estado y de la sociedad para cumplir su misión armada.
Por
eso desde entonces fueron mal vistos los militares que osaran opinar en
público. Por ejemplo, en 1962, el general Alberto Ruiz Noboa dirigió la
redacción del Plan Lazo, una estrategia que atribuía el conflicto armado al
abandono e ineficiencia de las instituciones, y abogaba por una combinación
entre acciones militares y trabajo social en las comunidades para derrotar a
las guerrillas. Pero solo se aplicaron los elementos militares, el resto del
plan fue abandonado y el general Ruiz pasó al retiro. Si bien emblemático, este
no ha sido el único caso en el que los mandos militares y policiales han probado
las consecuencias de cruzar la línea política.
En
los años 80, los militares activos y retirados expresaron su rechazo a la
política de paz del presidente Betancur, pero lo hicieron casi siempre en forma
anónima o indirecta. Lo mismo ocurrió con sus dudas sobre la legitimidad del
gobierno de Ernesto Samper en los 90 y con sus reparos a la negociación entre
el presidente Andrés Pastrana y las FARC en el Caguán a principios de este
siglo.
Cada
vez que atrevían a opinar en forma abierta, los mandos militares se veían
obligados a presentar su renuncia o a retirarse.
Foto: Twitter: General Eduardo Enrique Zapateiro - Las manifestaciones electorales del general Zapateiro y de los militares y policías retirados no pueden entenderse como la opinión de individuos aislados.
La
participación política de militares
Debido
a las razones anteriores, los militares y policías se han acostumbrado a no
expresar públicamente sus posiciones políticas. Pero eso no significa que esas
posiciones no existan.
Es
muy probable que aquellas opiniones se hagan visibles apenas cuando son
expresadas por grupos u organizaciones de exmiembros de la Fuerza Pública. Y,
aunque no necesariamente coinciden con el sentir de los activos, estas
declaraciones sí reflejan la continuidad en la defensa de los valores y el
marco ideológico dentro del cual combatieron.
En
el caso de los soldados, no existe la idea de convertirse en “exmilitar”.
Incluso en el retiro, tienen la convicción de seguir luchando por ser
reconocidos, por defender a la institución, por justificar su lucha y, también,
por derrotar a su enemigo ideológico.
En
el escenario del postconflicto, la Fuerza Pública ha hecho un gran esfuerzo por
presentar a sus miembros como víctimas y héroes. Casi todas las contribuciones
de las fuerzas militares a la Comisión de la Verdad se apoyan en esta idea. En
ese esfuerzo encaja perfectamente la candidatura presidencial de Íngrid
Betancur, símbolo de las víctimas del conflicto, con la candidatura
vicepresidencial del coronel (r) José Luiz Esparza, protagonista de la
Operación Jaque.
Las
manifestaciones electorales del general Zapateiro y de los militares y policías
retirados no pueden entenderse como la opinión de individuos aislados. Sus
posiciones son representativas, aún de manera imperfecta, de cientos de miles
de activos con una manera particular de ver el mundo.
*
Doctor en Ciencia Política de la Universidad de Berna, Suiza y magíster en
Historia en la Universidad de Carolina del Norte. Entre 2013 y 2017 fue
delegado asesor del gobierno colombiano para los diálogos con el ELN en
Venezuela y Ecuador. Actualmente es Profesor Titulador e Investigador en la
Universidad del Rosario (Bogotá). juan.ugarriza@urosario.edu.co