El escritor es dueño de una poesía que suelta al viento, despojada de todo tipo de maquillaje hipócrita, la arroja sobre los lectores sin consideración alguna, como arrojaba Vargas Vila sus libros.
Cuando
uno toma el libro de Mateo Santero Peña, “Ya no siembro banano en tierras robadas
al río” está obligado a leerlo, como si el título y sus atrevidas ilustraciones
enviaran una orden al cerebro, orden que hay que cumplir de inmediato, al menos
eso me ocurrió.
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| Mateo Santero Peña |
Mateo
es un poeta moldeado a golpes de martillo sobre yunque en estas cálidas tierras,
pantanosas, regadas por la sangre de tantos obreros; ha vivido más momentos de
zozobra junto a su familia, que los gozos que a veces quiere mostrar tras sus
poemas como queriéndose parapetar ante la cruda realidad, pero sin lograrlo, en
cada frase, en cada palabra queda al desnudo, en medio de una impotencia casi
que fantasmal.
La
vida pasada y presente está ahí, en la bananera, en la invasión, en el
embarque, en el balazo traicionero que silencia voces y apaga gritos.
Su
gran logro en este escrito es haber dicho tantas cosas en tan corto espacio, es
más un historiador que se camufla tras sus versos para contar la historia de un
pueblo surcado por la violencia, la ambición por la tierra, la presencia del
paramilitarismo, la construcción tormentosa del barrio Obrero en tierras
enajenadas, los diálogos en familia, los recuerdos, el amor, el infaltable y
esquivo amor que lo deja tendido de pasión y de bohemia tirado sobre el rocío
de los verdes del parque.
Es
hábil y astuto con las letras, se desahoga de un pasado que lo atormenta, que
lo persigue y ha encontrado en el manejo de la palabra un argumento contundente
para expresarlo en el idioma universal de la poesía.
Mateo
se las ingenió para decir mucho en poco espacio, gran capacidad de síntesis,
rescata el mensaje social, el de la gente de abajo, denuncia, escribe la
historia, para que el olvido no nos castigue, lleva sangre de indio rebelde en
sus venas y esa rebeldía brota lenta y libremente con sello de libertad en sus
versos.
“De profesión soy lector y poeta, me gusta la lluvia solo en la noche” dice, es errante y viajero del cosmos infinito de los zenúes.
De
Mateo Santero Peña
Tica
Para la hija del dueño de la bananera:
Sombras del pasado se proyectan
en
mi ventana decisiones que no tomé
besos
que no di caricias que rechacé
recojo
en mi mano
los
últimos olores que dejaste
reviso
tus redes sociales
y
quedo atrapado como un pez
la
palabra que te dije
el
deseo que no expresé
hoy
eres la piedra
con
la cual me gusta tropezar
mientras
duermo hay recuerdos
de
posibles futuros
que
se impregnan en mis pupilas
y
susurro tu nombre
tantos
encuentros en las esquinas de la vida
y
hoy que somos más libres
no
hay cama para compartir.



