sábado, 2 de abril de 2022

Mateo Santero me “obligó” a leerlo

El escritor es dueño de una poesía que suelta al viento, despojada de todo tipo de maquillaje hipócrita, la arroja sobre los lectores sin consideración alguna, como arrojaba Vargas Vila sus libros.

Cuando uno toma el libro de Mateo Santero Peña, “Ya no siembro banano en tierras robadas al río” está obligado a leerlo, como si el título y sus atrevidas ilustraciones enviaran una orden al cerebro, orden que hay que cumplir de inmediato, al menos eso me ocurrió.

Mateo Santero Peña

Mateo es un poeta moldeado a golpes de martillo sobre yunque en estas cálidas tierras, pantanosas, regadas por la sangre de tantos obreros; ha vivido más momentos de zozobra junto a su familia, que los gozos que a veces quiere mostrar tras sus poemas como queriéndose parapetar ante la cruda realidad, pero sin lograrlo, en cada frase, en cada palabra queda al desnudo, en medio de una impotencia casi que fantasmal.

La vida pasada y presente está ahí, en la bananera, en la invasión, en el embarque, en el balazo traicionero que silencia voces y apaga gritos.

Su gran logro en este escrito es haber dicho tantas cosas en tan corto espacio, es más un historiador que se camufla tras sus versos para contar la historia de un pueblo surcado por la violencia, la ambición por la tierra, la presencia del paramilitarismo, la construcción tormentosa del barrio Obrero en tierras enajenadas, los diálogos en familia, los recuerdos, el amor, el infaltable y esquivo amor que lo deja tendido de pasión y de bohemia tirado sobre el rocío de los verdes del parque.

Es hábil y astuto con las letras, se desahoga de un pasado que lo atormenta, que lo persigue y ha encontrado en el manejo de la palabra un argumento contundente para expresarlo en el idioma universal de la poesía.

Mateo se las ingenió para decir mucho en poco espacio, gran capacidad de síntesis, rescata el mensaje social, el de la gente de abajo, denuncia, escribe la historia, para que el olvido no nos castigue, lleva sangre de indio rebelde en sus venas y esa rebeldía brota lenta y libremente con sello de libertad en sus versos.

“De profesión soy lector y poeta, me gusta la lluvia solo en la noche” dice, es errante y viajero del cosmos infinito de los zenúes.

De Mateo Santero Peña

Tica

Para la hija del dueño de la bananera:

Sombras del pasado se proyectan

en mi ventana decisiones que no tomé

besos que no di caricias que rechacé

recojo en mi mano

los últimos olores que dejaste

reviso tus redes sociales

y quedo atrapado como un pez

la palabra que te dije

el deseo que no expresé

hoy eres la piedra

con la cual me gusta tropezar

mientras duermo hay recuerdos

de posibles futuros

que se impregnan en mis pupilas

y susurro tu nombre

tantos encuentros en las esquinas de la vida

y hoy que somos más libres

no hay cama para compartir.