viernes, 17 de marzo de 2023

Gracias Monseñor: para Urabá usted nunca será olvido

Gracias Monseñor Hugo por habernos inducido entonces a dar rienda suelta a la solidaridad con quienes de alguna forma la requieren.

Por: Luis Alfonso Ossa B./Opinión/ El Pregonero del Darién.

Médico/Luis Alfonso Ossa B.
Lo recordaremos  no solo como El Pastor que siempre estuvo al frente de sus fieles ,no solo para guiarlos por el camino  correcto de la espiritualidad que era su tarea fundamental, sino  por hacerlo también como el líder,  que asumiendo el papel abandonado  por otros dirigentes  estos sí obligados a estar del lado  de su gente, defendiendo los intereses  de esas mismas personas con las que algún día se comprometieron a acompañar decididamente , cuando se vendieron como los portadores irrestrictos de su suerte.

 Recordaremos a Monseñor Hugo Alberto Torres Marín dando la cara y exponiendo su seguridad personal en momentos como aquellos en los que los paros armados de los grupos violentos arrinconaban a la población civil y en ausencia de los gobernantes y de la dirigencia política tradicional, la figura de Monseñor aparecía para convocar las mesas de diálogo y representar allí   a la población que la dirigencia cobardemente abandonaba.

Por supuesto que tendremos que recordar con gratitud a Monseñor cuando vengan a la memoria esos días difíciles para los ciudadanos cuando los paros armados   nos abocaban al desabastecimiento, a la imposibilidad de acceder a los centros de salud y a la inseguridad de mantener su integridad si desobedecían las órdenes de los actores armados.

Gracias Monseñor por habernos hecho sentir a los ciudadanos de su Diócesis sujetos de su preocupación permanente, unas veces por la eventual incertidumbre de nuestra seguridad ciudadana, y otras por defender el derecho de los pobres para acceder a las oportunidades de supervivencia, sentándose con estos a pensar y diseñar alternativas para la generación y producción de los ingresos necesarios para superar las necesidades mínimas insatisfechas.

En todos esos escenarios, desde aquellos en los que se ponía en duda la seguridad ciudadana hasta en los que se comprometía de manera cotidiana la seguridad alimentaria de tantos pobres en la región, en todos esos espacios, que ahora ya estarán sin su presencia, lo recordaremos siempre y con mucha gratitud Monseñor Hugo.

Y cuando se trate de pensar y discutir los diferentes proyectos de innovación y emprendimiento tendientes a mejorar la vida cotidiana de los pobres, también tendremos que echar de menos su liderazgo y capacidad de convocar a los demás para aunar solidaridades alrededor de la satisfacción de las necesidades de los pobres.

Gracias Monseñor Hugo por habernos inducido entonces a dar rienda suelta a la solidaridad con quienes de alguna forma la requieren.

Que la vida le sea siempre generosa¡¡

Y por, sobre todo, gracias monseñor Hugo por habernos dejado ser su amigo.