Gracias Monseñor Hugo por habernos inducido entonces a dar rienda suelta a la solidaridad con quienes de alguna forma la requieren.
Por:
Luis Alfonso Ossa B./Opinión/ El Pregonero del Darién.
| Médico/Luis Alfonso Ossa B. |
Recordaremos a Monseñor Hugo Alberto Torres
Marín dando la cara y exponiendo su seguridad personal en momentos como
aquellos en los que los paros armados de los grupos violentos arrinconaban a la
población civil y en ausencia de los gobernantes y de la dirigencia política
tradicional, la figura de Monseñor aparecía para convocar las mesas de diálogo
y representar allí a la población que
la dirigencia cobardemente abandonaba.
Por
supuesto que tendremos que recordar con gratitud a Monseñor cuando vengan a la
memoria esos días difíciles para los ciudadanos cuando los paros armados nos abocaban al desabastecimiento, a la
imposibilidad de acceder a los centros de salud y a la inseguridad de mantener
su integridad si desobedecían las órdenes de los actores armados.
Gracias
Monseñor por habernos hecho sentir a los ciudadanos de su Diócesis sujetos de
su preocupación permanente, unas veces por la eventual incertidumbre de nuestra
seguridad ciudadana, y otras por defender el derecho de los pobres para acceder
a las oportunidades de supervivencia, sentándose con estos a pensar y diseñar
alternativas para la generación y producción de los ingresos necesarios para
superar las necesidades mínimas insatisfechas.
En
todos esos escenarios, desde aquellos en los que se ponía en duda la seguridad
ciudadana hasta en los que se comprometía de manera cotidiana la seguridad alimentaria
de tantos pobres en la región, en todos esos espacios, que ahora ya estarán sin
su presencia, lo recordaremos siempre y con mucha gratitud Monseñor Hugo.
Y
cuando se trate de pensar y discutir los diferentes proyectos de innovación y
emprendimiento tendientes a mejorar la vida cotidiana de los pobres, también
tendremos que echar de menos su liderazgo y capacidad de convocar a los demás
para aunar solidaridades alrededor de la satisfacción de las necesidades de los
pobres.
Gracias
Monseñor Hugo por habernos inducido entonces a dar rienda suelta a la
solidaridad con quienes de alguna forma la requieren.
Que la
vida le sea siempre generosa¡¡
Y por,
sobre todo, gracias monseñor Hugo por habernos dejado ser su amigo.
