De acuerdo con informes de la Mesa Intersectorial contra la explotación sexual comercial de niñas, niños y adolescentes, esta problemática sigue en incremento en Medellín y el Área Metropolitana.
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| Foto: Mujeres para la Paz |
Día tras día vemos especialmente niñas en diferentes espacios del territorio
colombiano siendo víctimas de explotación sexual comercial, en donde
adultos o incluso algunos grupos al margen de la ley, obtienen de ellas
ganancias sexuales, económicas, sociales o políticas, fruto del aprovechamiento
de una posición de vulnerabilidad, desequilibrio de poder o confianza respecto
del adulto abusador o explotador, siendo en ocasiones obligadas a tener hijos
no deseados o a interrumpir un embarazo de manera clandestina.
Según se plantea en el texto: Diagnóstico y recomendaciones para la
erradicación de la Explotación Sexual Comercial de Niños, Niñas y Adolescentes
en Medellín, elaborado por la Mesa Intersectorial contra la explotación sexual
comercial de niñas, niños y adolescentes de Medellín, este es un delito que
lleva a la cosificación y mercantilización de esta población, vulnerándoles sus
derechos y afectando su dignidad e integridad.
Es importante destacar, a propósito de la conmemoración del 8 de marzo, y con
el ánimo de apoyar espacios de incidencia que en Colombia, explicitar que
la Explotación Sexual Comercial de Niños, Niñas y
Adolescente -ESCNNA está sancionada por la ley y tipificada en
varios delitos descritos entre los artículos 213 y 219a del Código penal
colombiano (Ley 599 de 2000). Existen varias modalidades en las que esta se
puede presentar, entre ellas la trata con fines de explotación sexual; la
explotación en el contexto de viajes y turismo; las uniones serviles y/o
forzosas y la explotación sexual en vía pública o lugares privados destinados
para ello, entre otros.
Abordar esta situación desde una perspectiva multicausal involucra el análisis
de varias problemáticas de tipo económico, social, cultural y político. La desigualdad, la inequidad, la desintegración
familiar, el consumismo, la migración rural-urbana, la discriminación, el abuso
sexual intrafamiliar, el tráfico de drogas y de seres humanos pueden citarse
como los factores de riesgo estructurales y estructurantes en la construcción
de relaciones de violencia (Bonasso, 2003).
Muchas de las niñas que son y han sido víctimas de este flagelo, se prostituyen
para sobrevivir, luego incluso de haber sido presas del silencio que envuelve
la violencia sexual intrafamiliar. Así mismo, de la pobreza y el hambre junto
con el descuido o la complicidad de los familiares.
La presencia de determinantes culturales como el patriarcado y el adultocentrismo ocasionan que estas problemáticas sean invisibilizadas y toleradas socialmente. La ausencia de políticas públicas de protección social y seguridad para los niños, niñas, adolescentes y sus familias, facilita la actuación de redes delincuenciales internacionales que se aprovechan de las condiciones de vulnerabilidad de niñas y adolescentes.
Según el profesor Iván Felipe Muñoz, quien ha venido liderando desde la Facultad Nacional de Salud Pública el tema de la lucha contra la ESCNNA, es importante resaltar que existe un instrumento del derecho internacional llamado La Convención de los Derechos de las niñas y los niños, que reconoce que quienes son menores de 18 años son sujetos portadores de derechos humanos y establece la prioridad de sus derechos sobre los de los demás.
“Colombia no es ajena a este mandato internacional y a través de la ley 12 de 1991 ratificó esta convención; y luego, en 2006, reordena su marco jurídico a través del Código de la Infancia y la Adolescencia (Ley 1098), el cual además de refrendar los derechos humanos de la niñez en Colombia, sanciona como vulneraciones de derechos una serie de conductas que afectan su dignidad y desarrollo integral.
A pesar de este ambicioso marco normativo, es preciso acentuar que, en el territorio nacional, departamental y local, muchas niñas y adolescentes afrontan multiplicidad de situaciones que vulneran sus derechos y ponen en riesgo su vida. En este orden de ideas se presentan algunos datos que deberían motivar indignación y horror:
Según el Centro Nacional de Memoria Histórica, el 30% de las víctimas de violencia sexual en el conflicto armado son niñas o adolescentes.
El Instituto Nacional de Medicina Legal y
Ciencias Forenses (INMLCF) durante el año 2021, realizó 18.043 valoraciones
medicolegales por violencia intrafamiliar, de los cuales 5.145 (28,52%)
corresponde a violencia contra niños, niñas y adolescentes (NNA) (Informe
FORENSIS 2021)
A partir de datos de la fundación FAN, El
Colombiano indicó en junio de 2022, que Cada día 5 niños son víctimas de
violencias sexuales en Antioquia.
La organización social RedPapaz informó que a
través de la línea virtual Te Protejo (www.teprotejocolombia.org) recibió en
2022, 36.486 reportes de violencias sexuales en contra de la infancia y la
adolescencia, de los cuales el 13% correspondió a casos de Antioquia.
De acuerdo con informes de la Mesa
Intersectorial contra la explotación sexual comercial de niñas, niños y
adolescentes, esta problemática sigue en incremento en Medellín y el Área
Metropolitana. Las mayores afectadas son las adolescentes entre los 14 y 18
años, sin embargo, está en aumento el número de víctimas menores de 14 años”.
También se destacan los casos de
desapariciones y el fenómeno que viene visibilizando la estrategia #BuscarlasHastaEncontrarlas del movimiento Estamos Listas, consistente en
la desaparición de niñas y adolescentes (mujeres y niños también) especialmente
los fines de semana y feriados, sin conocerse con claridad los móviles y
afectaciones que esto produce en las víctimas.
* Comunicadora periodista, Mg. en Salud Pública.
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